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No sé porqué soy tan puta

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La verdad es que este día del padre que pasó, me la he pasado de lujo y espero que el relato que en seguida te cuento, también a ti te guste.

El sábado por la tarde, cuando mi esposo llegó del trabajo me comentó que se había puesto de acuerdo con Roberto y Lalo, dos compañeros de su trabajo para ver el partido de la selección mexicana contra la selección alemana en un bar muy cerca del ángel de la independencia. Si la selección mexicana perdía, pues no habría problema, pero que si llegara a ganar, tendríamos que ir a celebrarlo.

El domingo muy temprano nos levantamos a desayunar algo para no llegar al bar con el estómago vacío; preparé unas tortas, café y después nos arreglamos para irnos a disfrutar el partido. Él se llevó un pants verde justamente de la selección que se había comprado para estas ocasiones del mundial y una playera oficial de la selección. Yo, en cambio, me fui vestida como a mi esposo le gusta verme; un short de licra blanco, muy ceñido al cuerpo y corto, por supuesto, unas pantimedias de color natural de alta compresión y opacas marca foreva, también una blusa de la selección, tenis y lista. Y como era de esperarse, que no sólo fui el centro de atención de mi esposo, también de sus amigos, que al verme vestida de esa forma, se les alegró la carita, obvio, yo me sentía feliz.

Aunque era muy temprano para estar ingiriendo bebidas alcohólicas, la ocasión lo ameritaba. Primero se pidió un cubetazo con 8 cervezas, prácticamente dos para cada quien.

Las emociones durante todo el partido estuvieron a flor de piel. En el bar todos gritaban, aplaudían y sufrían con el juego que veíamos en las pantallas. En la mesa donde estábamos sentados, el lugar que me tocó fue estar sentada entre Lalo y mi esposo, pero eso fue solo al principio. No tardé mucho tiempo en entender que, tanto Lalo como Roberto se compartían el lugar para poder estar cerca de mi y aprovechar cualquier situación de emoción para felicitarse entre ellos, a mi esposo y ya de ribete, a mi. Ellos se daban la mano, se abrazaban y como no queriendo, al acercarse a mi, siempre procuraban rozar o de plano, tocarme las piernas. Me imagino que les gustaba sentir la sensación de sentirme las pantimedias puestas, eso me comenzaba a calentar.

En la segunda ronda de cervezas, yo solo tomé una y mi esposo se tomó la otra que me correspondía, aunque siento que estos cabrones le dieron algo extra de tomar, porque de un momento a otro, ya se veía demasiado tomado.

Uno de los momentos más cachondos fue al momento del gol. Cuando se dio el gol, lo primero que yo hice fue abrazar a mi esposo y Lalo también nos abrazó, solo que me puso su verga casi a la altura de quedar en medio de mis nalgas y la verdad, sentí delicioso, pues ya la traía bien erecta, así la sentía. En seguida de esta acción, solté a mi esposo y me voltee a abrazar a Lalo y este cabrón más me pego su verga, pero ahora a la altura de mi pelvis. Fue lo mismo después con Roberto, pinches atascados, no me querían soltar.

Ya casi para terminar el partido, se pidió la última ronda de cervezas y en esta ocasión preferí tomar las dos que me correspondían, bien o mal, también ya me estaban haciendo efecto, pero las cosas se estaban poniendo interesantes y no podía dejar pasar este momento.

Terminó el partido y motivados por la felicidad de haber ganado la selección mexicana nos fuimos a celebrar al ángel. Mi esposo ya iba ebrio, pero en ningún momento dado hizo cosas extrañas o raras, más bien iba como muy tranquilo, pero borracho. Tanto Lalo como Roberto iban más efusivos; gritaban, vitoreaban y lanzaban consignas de alegría y apoyo a los jugadores mexicanos.

Mientras caminábamos al ángel, Lalo entró a un Oxxo y compró varios tequilas enlatados que íbamos bebiendo, aunque mi esposo se veía que ya no podía ni con su alma, pero aun así le invitaron una lata. Yo si me tomé como tres latas, bueno, por lo menos eso recuerdo.

Llegando al ángel había ya una multitud gritando y celebrando el triunfo de la selección. Caminábamos en círculo al rededor del ángel, gritábamos, aplaudíamos, echábamos porras a los jugadores y toda la algarabía posible, pero los amables amigos de mi esposo no me dejaron ni un minuto a solas. Me abrazaban por la cintura, me acercaban a sus vergas paradas, me rozaban las nalgas, trataban de sujetarme abiertamente de las tetas y las piernas mientras sentía los movimientos que hacían con sus manos para acariciar hasta donde tenían la posibilidad de hacerlo, al grado que ya las pantimedias las sentía un poco flojas, pero no dejaban de hacerlo.

Dice Lalo, sabes qué? Vamos a llevarlos a tu casa, porque tu esposo está hasta la madre, de repente todos comenzamos a reír y si, efectivamente nos fuimos a casa.

Llegamos al departamento y mientras trataba de abrir la puerta, Lalo había desaparecido. Roberto me ayudaba a sostener a mi esposo. Finalmente entramos al departamento y mi esposo lo dejamos sentado en uno de los sillones de la sala. Cinco minutos más tarde sonó el timbre, era el desaparecido de Lalo. Se había quedado en el Oxxo de la esquina, había compadro muchos tequilas, botanas, cigarros y eso fue de lo que me pude dar cuenta.

Después de dejar sentado a mi esposo me fui al baño, ya me estaba haciendo. Pensé por un momento cambiarme de ropa y ponerme algo más cómodo, pero después pensé, así me están disfrutando, pues también voy yo a disfrutar. Lo único que hice fue deshacerme de la ropa interior; me quité el bra, las pantaletas y me volvía vestir como al principio. La verdad es que a estas alturas, ya estaba yo muy, pero muy caliente. Me vi parada frente al espejo y mis pezones se veían muy erectos.

Regresé a la sala y seguimos la fiesta, puse unos platos para la botana, les ofrecí unos ceniceros a ellos y encendí la pantalla para ver unos videos en Telehit. El tequila cada vez me sabía más sabroso.

Comenzamos a cantar algunas canciones, también nos felicitábamos y cada vez que tenían la oportunidad de hacerlo, se acercaban mucho a mi. Ya sin tanto pudor pasaban sus manos por encima de mi blusa, a la altura de mis pezones y sin lugar a duda se dieron cuenta de que no traía bra, de repente sus manos ya iban directamente a mis nalgas y yo, como sin darme cuenta, me dejaba tocar más de la cuenta.

Me levanté a traer otra bolsa de botanas y cuando regresaba a mi asiento fingí doblarme el pie; ellos muy amablemente se acercaron a mi para llevarle al sillón, Lalo me quitó el tenis, la calceta y comenzó a sobarme el pie, solo que no era una sobada normal, sino que se sentía muy rico, con una mano me apretaba el chamorro, con la otra acariciaba mi pie. Roberto tomó el control remoto de la pantalla y comenzó a cambiar de canal, hasta que llegó a cierto canal de adultos. Volteamos a ver la pantalla y Lalo no dejaba de acariciarme el pie. Hicimos algunos comentarios cachondos.

Le agradecí a Lalo su apoyo y les pedí que me ayudaran a llevar a mi esposo a la recamara para acostarlo, ya estaba con la cabeza bien chueca y comenzaba a roncar, y eso no es bueno.

Entre ellos lo cargaron y lo acostaron en mi cama. Le quité los zapatos, el cinturón y lo arrope.

Cuando regresé a la sala ellos platicaban muy en secreto, les dije, no sean así, díganme que están tramando, entonces dice Lalo, la verdad es que estamos hablando acerca de cómo tu esposo te hace el amor.

Creo que me puse de mil colores y solo reí. Le dije, mira, te puedo decir que hay una posición en la que mi esposo le gusta mucho hacerme el amor. De inmediato su cara cambió y me dijo, a ver explícanos?

Le dije siéntate, se sentó en el sillón y en seguida me fui a sentar encime de él, claro, llevaba puesta mi ropa, pero aun así me senté en él y comencé a moverme hacia arriba y hacia abajo. Sin pensarlo me sujeto de mis tetas y comenzó a pellizcarme los pezones, y eso me mata, ellos por alguna razón lo saben, no sé si se los ha platicado mi esposo. Trató de meter sus manos por debajo de la blusa pero no se pudo, mi blusa estaba más o menos ajustada. Le dije, espérame y decidí quitarme la blusa.

Roberto, al ver la situación se paró frente a mi, sacó su verga que la tenía bien dura, no muy grande pero si bien dura; me tomó de la cabeza y me hizo que se la comenzara a mamar. Creo que me desesperé, quería meterme hasta los huevos a mi boca, pero eso si ya era imposible.

Me dice Lalo, porque no te quitas el short y las pantimedias, así vamos a estar más cómodos. Me saque la verga de Roberto de la boca, me levanté, me quite la licra, me despojé de las pantimedias y cuando Lalo metió una de sus manos en mi panocha me dijo, estas bien mojada. Y porque no traes calzones? Ah, le dije, es que a mi esposo no le gusta que yo use ropa interior.

Lalo se baja los pantalones, de una de sus bolsas sacó unos condones, abrió una bolsita, se puso uno con mucho cuidado y me dijo, ahora si, siéntate bien. Me senté con mucho cuidado, pero el lubricante del condón y mi lubricante natural ayudó mucho para que, con una sola sentada se me fuera su verga hasta el fondo. Seguía moviéndome, el me seguía pellizcando las tetas y seguía mamando la verga de Roberto. Nuevamente Lalo pregunta, oye y porque eres tan puta? Lo único que logre contestarle, puesto que en ese momento y con lo que me decía estaba alcanzando un delicioso orgasmo, le dije, lo que pasa es que me encanta la verga y tú la tienes riquísima.

Después de unos minutos dice Roberto, ya cabrón, ahora me toca a mí. Se puso él también un condón y me senté ahora en Roberto. Me moví más rápido, Lalo metió su verga en mi boca y en 5 segundos se vino en mi. Me tragué prácticamente todo su semen y mientras lo saboreaba Roberto eyaculó. Para estas alturas ya había yo tenido fácil tres orgasmos.

Lalo fue al baño y ya regresó bien arreglado, yo estaba tirada en el sillón grande de la sala. Roberto fue a limpiarse al baño y mientras llegaba, Lalo me mamó suavemente las tetas y me dice, entonces que putita, cuando quieres un trio nuevamente? Me sonreí y le dije, pues no te preocupes, falta muchos partidos del mundial, sólo encargase de mi esposo y yo soy materia dispuesta, mientras sigas trayendo tequilas, que esos si me gustaron. Me pregunta, me regalarías tus pantimedias? Le dije si, no hay problema, pero no le comentes a mi esposo porque él es quien me las compra; me dice, justamente por eso me las llevo, para conseguirte unas iguales, porque me gustaron mucho y las luces de maravilla. Ok, si es así, no hay problema, me traes uno paquete extra va? Reímos y me agradeció con un largo beso en la boca.

Salió Roberto del baño, nos despedimos y se fueron de casa como a eso de las 12 de la noche.

Mi marido ni enterado esta de lo sucedido y espero que así se mantenga esto, prefiero que sea un cornudo feliz.

Si te ha gustado mi relato te invito a que leas los demás que tengo en este sitio o bien, en mi sitio propio, además de que en mi sitio puedes disfrutar de algunas de mis imágenes que tengo para ti, vestida en pantimedias y con atuendos muy sugestivos. Solo ve a mi perfil y ahí encontrarás la liga a mi sitio personal.

Besos y nos vemos en el próximo relato.

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