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Pam, la modelo

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Cuando decidimos asociarnos con Enrique, amigo de toda la vida, solo pensábamos en hacer negocios y dinero.

La agencia de modelos y publicidad no prosperó jamás con el éxito que imaginamos en un principio, pero al menos nos permitía vivir con decencia.

Pero todo este mundo nos atraería aparejado un beneficio extra que jamás habíamos soñando, ustedes no creerán la cantidad de putitas que fueron desfilando por la agencia, chicas jóvenes, bonitas, casi ángeles, que se convertían en demonios y se inclinaban a nuestros pies por un poco de éxito, hasta algunas que hoy en día se hicieron famosas y se las trata como señoras…

Lo cierto es que Enrique y yo nos acostumbramos a esta vida, y siempre con respeto tratamos de sacar el máximo provecho a cada chica que se cruzara en nuestro camino, jamás vamos más allá de lo que ellas quieren ir, nosotros solo proponemos, sugerimos, si aceptan bien, sino también, ellas ponen los límites y nosotros las respetamos.

Podría contar muchas historias, mi socio es divorciado, yo soy soltero, comprenderán que vivir rodeados de bellezas no ayuda a una relación estable de pareja, y pocas mujeres podrían soportar un permanente estado de competencia, asumiendo que tarde o temprano perderían.

Así somos nosotros, dos tipos cuarentones, nos matamos en el gimnasio, debemos mantener nuestra imagen, tanto para la empresa como para damas de turno.

Hacía alrededor de un año que veníamos trabajando para una pequeña empresa local que se especializaba únicamente en sugerentes trajes de baño y algo de lencería, así llegó a nosotros una dama, solo por recomendaciones, una morena de poco más de metro setenta de altura, con un trasero y unas piernas envidiables, de pequeña cintura y pechos perfectos, aunque operados estaban muy bien logrados, su nombre? Pamela.

Y nosotros valorábamos mucho el físico para esta actividad, pero más importante que el físico era la predisposición, y ella la poseía. Evidentemente no tenía las dotes de modelo, ni sabía cómo posar, pero su personalidad desinhibida ante la lente de la cámara hacía que corriera con ventaja, con una actitud desafiante y provocativa.

Muchas chicas se ponían molestas, avergonzadas, les costaba abrirse a un trabajo profesional, más cuando las fotos se aproximaban a su intimidad, pero Pamela no tenía problemas, era un diamante al que empezábamos a pulir.

Enrique y yo solíamos hablar de ella, de lo fuerte que estaba y lo puta que sería en la cama, se había transformado en nuestra obsesión, queríamos cogerla a como diera lugar, pero una y otra vez fuimos rechazados por ella. Pamela manifestaba ser homosexual, cosa que nos rompía el corazón, muchas veces la vimos en charlas pícaras con compañeras de turno, pero no pensábamos darnos por vencidos, de alguna manera intentaríamos hacerla caer en nuestras redes…

Llegaba el verano, necesitábamos un par de perras bien decididas para eventos de promociones en toda la costa atlántica, y pensamos en ella con solo mirarnos.

Así fue que la llamamos aparte y le comentamos los planes, sus ojos se agrandaban a medida que largábamos el rollo y una emotiva sonrisa se dibujaba en sus labios, eran casi dos meses en los mejores lugares, con todo pago, era el plan casi perfecto, casi, pero le advertimos que solo tendría que hacer alguna pequeña ‘concesión’ con quienes le ofrecían esta oportunidad.

Jaque Mate, Pamela sabía que, si quería disfrutar este bonus, tendría que acostarse con nosotros.

Ella lo pensó solo un par de días, nos dijo que éramos unos tramposos y que jugábamos sucio, pero no pensaba perderse esa oportunidad por nada del mundo.

Todo parecía alinearse, pero se daría de improvisto…

Esa mañana estábamos haciendo unas fotos de lo que sería en principio parte de la nueva colección de verano, un traje de baño demasiado pequeño, por demás audaz, en negro con unos bordes en verde, el culo de Pamela se veía enorme, le habíamos dado una camisa blanca para hacerlo más sensual y bajarle el voltaje erótico, pero el calor se respiraba en el ambiente.

Recuerdo que luego la producción fue desechada porque parecía exageradamente provocativo, pero ella suplicó para que se lo obsequien, quería usarlo en las playas de todas maneras…

Lo cierto es que a Pamela lo puta se le escapaba por los poros y al terminar la sesión mi verga parecía explotar bajo mi jean.

Bajé a la cochera, hasta mi coche, para buscar mi maletín con unos papeles, luego subí hasta la oficina de Enrique, abrí la puerta y el con un gesto me indicó que me calmara, estaba de costado, tras el escritorio, observé mejor y vi las inconfundibles piernas y el enorme culo de Pamela, evidentemente le estaba chupando la verga.

Fui por detrás y a medida que avanzaba mi pija volvía a endurecerse, al llegar, ella estaba en cuatro patas, giró un tanto su rostro, con su mano derecha sostenía el miembro de mi socio, solo me guiño un ojo y sonrió, como invitándome a la fiesta, para luego volver a concentrarse en lo que estaba haciendo.

Me arrodillé tras ella, los ruidos de su succión llegaban a mis oídos, su trasero era perfecto, y era solo para mí, acaricié sus nalgas bronceadas, llenando mis manos con ellas, recorriendo sus anchas caderas, sus curvas endiabladas.

Abrí sus carnes, la delgada tira del traje de baño dividía su dilatado esfínter en dos mitades perfectas, como haciendo un puente sobre la boca de un cráter, su trasero se abría del tamaño de una moneda y esto me volvía loco, ella volvió a girar y preguntó:

- Te gusta? es lo que querías?

Vaya si me gustaba, bajé un tanto, acerqué mi boca a ella, su aroma de mujer invadió mi olfato, sexi, dulce.

Pasé mi lengua por su anillo marrón empujando el delgado cordel hacia adentro, casi sin oponer resistencia, la tela se fue perdiendo en su intimidad descubriendo sus labios depilados, hice a un lado la pequeña prenda, desnudando su sexo ante mis ojos, enterré entonces mi lengua en su húmedo hueco, probando su exquisito sabor a mujer, apreté mis labios contra sus labios, los llene de besos.

Las uñas de Pamela acariciando rítmicamente su clítoris arañaron mi mentón por lo que me retiré un tanto solo para observarla, mojé en mi boca mis dedos índice y mayor para introducirlos en lo profundo de su concha, estaba húmeda, caliente, y con mi otra mano hice lo mismo, solo que por su culo.

Jugué con mis dedos en sus distintos orificios, metiendo y sacando, apretando unos con otros, la perra no podía evitar jadear, a pesar de tener la verga de mi amigo casi permanentemente en su boca.

Enrique vino donde estaba, me hizo a un lado y tomando la iniciativa la giró acostándola sobre el piso, levantó sus piernas sacando su pequeño traje de baño, su argolla desnuda y depilada lucía atrapante a los ojos, en segundos empezaba a cogerla, metiéndosela por completo hasta el fondo, Pamela gemía con sus ojos cerrados, sus grandes pechos se movían rítmicamente con los embates de Enrique, aunque aún permanecían cubiertos por la blanca camisa.

Estaba enceguecido, tomé esa camisa y casi se la arranco, los pequeños botones salieron despedidos por el aire, rebotando en la lejanía del lugar.

Sus pechos siliconados quedaron desnudos, grandes aureolas oscuras bordeaban dos pequeños pezones, duros como piedritas que respondieron creciendo en tamaño ante el estímulo de mis dedos.

Fui sobre su cabeza, apoyé el glande en sus labios, ella permanecía con los ojos cerrados, pero abrió la boca al sentir mi estímulo.

Mi verga se deslizó en su húmeda intimidad mientras mi socio la seguía cogiendo con fuerzas, fui empujando hasta donde ella me permitiera empujar, pero ella no ponía límites, solo parecía acomodar sus mandíbulas a mi miembro, sentí la punta ajustarse al pequeño diámetro de su garganta y ver como esta parecía ampliarse ante la entrada del intruso, la sensación era alucinante, al fin la línea de los bellos de mi pubis llegaron a su labios, empecé a meterla y sacarla suavemente en el interior, ella respiraba con esfuerzo por la nariz, estando atacada por ambos frentes.

En esos instantes Pamela no me dio la impresión de ser todo lo lesbiana que decía ser, más bien parecía una mujer salida de un convento, con la furia de la abstinencia, como un huracán, como un tornado. Ella tomó la iniciativa, ahora quería mi verga, me recosté el piso, sobre la mullida alfombra, con mi sexo ardiendo por ella, Pam, como la llamábamos vino sobre mí, con una pierna a cada lado se sentó sobre mi pija hasta comerla toda, la tomé por la pequeña cintura y nos movimos al unísono, veía el placer en su rostro, en sus ojos entreabiertos, en el jadeo de sus labios, en la respiración compulsiva. Sus enormes pechos se balanceaban como dos campanas, comía sus pezones, acariciaba sus formas, los hacía rozar contra mi propio pecho provocando en ella una dulce sensación.

Mi socio había quedado al margen, pero no tardaría mucho en romper nuestra intimidad, sus manos apretaron fuertemente a Pamela inmovilizándolos. Se abrió paso entre mis piernas y lo que imaginé que el degenerado haría lo estaba haciendo. Ella apretó con fuerza mis brazos y largó una exhalación, mi verga en su concha sentía como mi amigo invadía su otro agujero, nunca habíamos llegado tan lejos y esto era lo más parecido a una película pornográfica.

No me es posible describir el rostro de esa mujer al ser penetrada por ambos agujeros, por mi posición era difícil moverme por lo que solo me concentraba en que no escapara de su concha, Enrique por detrás hacía todo el trabajo, lo sentía bombear una y otra vez y Pam ya no jadeaba, ahora gritaba…

Con palabras entrecortadas e inconexas pedía que no dejáramos de bombearla por ambos orificios, sus labios pecaminosos alternaban besos profundos entre mi boca y la de mi socio.

Enrique dejó su trasero, por lo que ella casi sentándose sobre mi paso mi pene de un agujero a otro, realmente asumo que casi no sentí la diferencia, apenas si me apretaba un poco más, mi socio se paró a un lado y otra vez a jugar con su boca, veía como le besaba y le comía la cabeza, como lamía su tronco, como apretaba sus testículos.

De repente el ceño de Pam de contrajo, mi socio bramaba y los cachetes de nuestra chica parecieron inflarse, aún con el pene en su boca el líquido blanco empezó a escaparse por sus labios, mezclado con saliva fue cayendo por su cuerpo hasta llegar a sus pechos, ella los acariciaba llenando sus pezones como si fuera una crema nutritiva.

Pam se incorporó, con resto de semen en su boca, en su cara y en su torso y me pidió que la siguiera, se acomodó sobre un taburete sentándose sobre el mismo con sus piernas, curvando su espalda, dejando su enorme trasero suspendido hacia atrás, fui sobre ella, su esfínter permanecía dilatado, estirado, asquerosamente apetecible, la tomé con fuerza y se la enterré hasta el fondo, se contrajo de placer, se la di con fuerza, con furia, una, dos, tres veces, mientras tiraba hacia atrás su cabeza, tomándola de sus renegridos cabellos, ella entre gemidos me decía:

- Más fuerte… mmm… es lo que… mmm… lo que querías?... mmm… dale, rom… mmm… rómpeme toda…

Era evidente que mucho mas no podría resistir, me sentía venir, saque mi miembro y tirando piel bien hacia atrás, desnudé mi glande para meterlo y sacarlo lentamente en su anillo, solo la cabeza en su puerta, ella lo apretaba por instinto, mi leche comenzó a brotar mientras yo mantenía el movimiento, su cráter se fue llenando, parte adentro, parte chorreando por sus labios, hasta la última gota, saqué mi miembro aún rígido luego de mi orgasmo para enterrárselo en la concha y moverme en su interior, Pam no podía cerrar su anillo marrón, me miraba de reojo y mientras la cogía ella metía sus dedos índice y mayor en su culo, sacando mi semen viscoso para llevarlo a su boca, eso me enloquecía…

Esto parecía ser el final de la historia, pero era solo el principio de una jornada maratónica de sexo, Enrique a un lado ya estaba dispuesto a volver al juego, yo necesitaba un descanso, pero ella, ella no se cansaba…

Nos cansamos de cogerla, en todas formas y posiciones, una ninfómana, nos ganó por abandono.

Lo cierto es que al fin de la jornada no quedaban dudas, Pamela sería nuestra estrella en la temporada de la costa atlántica…

NOTA: pasaron algunos años ya, hoy Pamela es una famosa vedette del medio, una señora, modelo de mujer a imitar.

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