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Mi casero el africano

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Les relato de la primera vez que me fui a vivir sola, y como por desorganizada no pude juntar la renta de mi departamento. Lo bueno fue que mi casero, el africano, encontró una manera rica para cobrarse sus rentas

Hola, y gracias por seguir leyendo mis relatos, les recuerdo mi nombre: soy Paulina, una mujer Tv a medio tiempo, esto básicamente quiere decir que aunque si salgo vestida de mujer a la calle y realizó la mayoría de mis actividades como tal, aún hoy en día me veo obligada a tener que realizar algunas pocas como niño, algunos trámites relacionados a mi negocio y a mi hogar básicamente, pues aún no me decido a dar el gigantesco pasó de cambio de género.

El relato que hoy les contaré tiene que ver con mis años como estudiante universitaria, casi en la etapa final de mi carrera le pedí oportunidad a mis padres para que me ayudaran a independizarme, por lo que me ayudaron a rentar un pequeño departamento por la zona del metro rosario, la única condición de mis padres fue que ellos pagarían el depa y lo referente a mis estudios, sin embargo tendría que hacerme cargo de mis gastos personales, por lo que me vi en la necesidad de buscar un trabajo después de la hora de mis estudios.

El departamento era céntrico entre mi universidad y la oficina en donde entre a trabajar como auxiliar. Este relato tuvo lugar en la ciudad de México y sucedió por allá año 2008, cuando tenía yo 21 Añitos, ya para ese momento yo era un chavo gay totalmente declarado, me vestía de mujer mayormente en la intimidad de mi departamento, sin embargo si salía con regularidad a fiestas y citas, y ya lo hacía con ropas femeninas, y sin penas ni miedos, pues afortunadamente me toco aterrizar en una zona donde había mucho movimiento juvenil, por la cercanía de las mismas universidades, por tal motivo había muchos homosexuales, travestis y transexuales en la zona, y por ende había mucha tolerancia por parte de los vecinos.

La zona donde yo vivía era un conjunto de edificios departamentales, aparentemente pequeños, pero una vez adentro de los edificios te percatabas que su distribución estaba bien realizada, absolutamente todos constaban de dos habitaciones, un baño pequeño pero decente, a la entrada, cada departamento tenía espacio para una mesa con 4 sillas y para una sala, además contaba con una cocineta, con un par de anaqueles, estufa eléctrica, dividido por una pared donde estaba una pequeña barra para el refrigerador y que además servía como dispensario, en las habitaciones cabía una cama hasta matrimonial, y quedaba buen espacio para algunos muebles bien acomodados, frente al espacio designado para las camas todas las habitaciones contaban con un closet pequeño, pero si sabias acomodarlo podías hacer maravillas, (lo sé, pues en el closet de mi habitación estaba mi ropa de niño y la de niña).

Los edificios eran de 3 plantas, cada planta tenía 4 departamentos, hasta arriba en la azotea todos tenían asignada una zona para su lavadora y una jaula para tender la ropa. El dueño del departamento, mi arrendador, Don Kujah, un hombre de aproximadamente 55 años, de pelo cano y siempre corto, de padres africanos, obviamente era de piel negra, muuuy alto, hablaba español perfecto pues llevaba toda su vida en México, dueño de al menos una docena de departamentos en esta zona, se decía a el mismo “amigo de la juventud mexicana“ pues un requisito para rentarte uno de sus departamentos, es que debías ser estudiante y tener buen promedio”, a cambio Don Kujah te ofrecía un departamento pequeño pero lindo a precio accesible. Don Kujah parecía distinguido, siempre vestía de traje y lo caracterizaban sus zapatos de charol siempre perfectamente boleados, Don Kujah era un tipo muy callado pero muchas veces yo misma note que a sus inquilinas nos veía con cierto interés, nos miraba de arriba abajo con disimulo. Recuerdo que Don Kujah tenía su departamento en la planta baja del edificio contrario a donde estaba el mío, solo había pasado una vez, justo cuando firmamos mis padres y yo el contrato de renta con él. Su departamento era mucho más grande que cualquiera de los demás, pues había acondicionado dos departamentos contiguos y derribado algunas paredes para formar uno solo.

En aquél entonces era una buena estudiante, aunque me gustaba mucho la fiesta y mi vicio principal era comprar ropa digamos de manera compulsiva, por ello tenía muchos problemas con mi administración mensual. Mis papas me depositaban lo acordado y siempre un generoso extra de dinero para ayudarme con el equipamiento de mi nuevo hogar, sin embargo, era tan mal mi organización que gastaba de mas en ropa y maquillaje, por lo que mas de una vez tuve que pedir un poco mas de dinero a ellos para lograr sobrevivir ese mes, mis padres no me dejaban sola, pues mis calificaciones y el hecho de haber conseguido un trabajo de estudiante hablaban bien de mi, sin embargo me advirtieron una vez que sería la última vez que me sacarían del problema, hicieron esto para que aprendiera a administrar mi dineros de forma mensual… ¡Por supuesto no lo logre!

Los siguientes días intenté conseguir prestado de algunos compañeros de la universidad, aunque si logre conseguir que se solidarizaran conmigo, la verdad es que no llegaba a cubrir todo lo necesario. Así que después de pensarlo mucho, me decidí a pedirle apoyo a Don Kujah. Un día antes de que se cumpliera mi fecha límite para pagar mi renta, llegando del trabajo, como a eso de las 9:30pm, antes de pasar a mi departamento, decidí ir a hablar con mi arrendador, totalmente convencida toque el timbre de su departamento, tardo un poco en abrir, hacía mucho frio por lo que me ofreció pasar a su estancia, así lo hice. Era una sala antigua de cedro, con tercio pelo rojo; después podía verse los pasillos que conectaba con los respectivos baños y las habitaciones. Comencé a contarle mi falta de administración, incluso invente que no podía pagarle la renta a tiempo debido a que necesitaba unos materiales para la escuela. El me miro un poco frío, se levantó de su asiento, el sillón individual de cedro, que tenía un respaldo alto, y unos descansabrazos aterciopelados. Dio unos pasos hacía mí, cabe decir que ese día la ropa me sentaba bien, pues incluso cuando tenía que vestir de niño, buscaba el toque femenino en mis atuendos, vestía unos pantalones color vino súper entalladísimos, unos botines color negro con un poquito de tacón y una playera de manga larga, también muy ajustada que descaradamente parecía ser un blusón de mujer también de color negro, me cubría justo apenas debajo de las nalgas, por lo que a simple vista parecía que venía usando leggins, en fin se veía mi buena figura, me encantaban este tipo de prendas, pues a pesar de que la tela cubre mis redondas nalgas, se alcanzan a adivinar mis lindos atributos femeninos. Don Kujah se paró frente a mí, ante mi cara de sorpresa me extendió sus grandes y negras manos, me levanto del sillón y entonces me rodeo con sus manotas la cintura, poco a poco, me pego hacía él y me dijo:

DJ- Si eres buena conmigo, te perdonaré la renta.

Quede asombrada, sin pensarlo y un poco asustada, afirme con la cabeza, como pude di la media vuelta y salí casi trotando de su departamento. Me dirigí al mío, trate de tranquilizarme, me di un regaderazo y no pensé más en lo que acababa de ocurrir.

Al día siguiente, ya en la noche, yo estaba casi lista para dormir pues ya tenía la pijama puesta, tocaron a mi puerta era Don Jukah, quien me pidió un café, así que lo invite a pasar, se sentó en mi pequeño comedor que estaba en la estancia que compartía también como sala y cocineta, tuve que darle la espalda para preparar el café. De pronto, sentí las negras manotas de Don Jukah sobre mis nalgas, por encima del pequeñísimo short que usaba como pijama y comenzó a sobarlas primero lentamente y luego fue subiendo de tono, como notó que no puse objeción alguna metió las manos debajo del short, y se entretuvo un rato jugando con el borde de la también diminuta tanga oculta pene que como era costumbre para mi usaba ya para ese momento casi del diario, entonces Don Jukah se puso de pie y acerco su abultado paquete a mi culo de tan alto que era este hombre tenía que flexionar sus rodillas para quedar a mi altura y poder restregármela a su antojo, después cambio su movimiento a uno lateral, para poder rozar mis gordas nalgotas con un delicioso vaivén, obviamente no soy de palo y yo comencé a ponerme cachonda, como Don Jukah se percató de que no ponía objeción, y no decía nada para detener sus acciones, el continuó en lo suyo, hasta que de pronto avanzo un paso mas y sus grandes manotas africanas se posaron sobre mis excitados pezones por encima de mi blusa, si han leído mis antiguos relatos recordaran que de niño desarrolle un grave caso de ginecomastia, que básicamente se trata de un desbalance hormonal que sufre el adolescente masculino, lo que provoca que los cambios normales que su cuerpo debería de desarrollar en la pubertad sucedan a la inversa, justo como si el cuerpo fuera de una persona del sexo femenino, lo que provocó para mí buena suerte que mis rasgos faciales se acomodaran de una manera que yo determinó como favorable para mí, jamás desarrolle músculos en los brazos ni en la espalda, y al contrario, la grasa que debió acomodarse en estas partes fue a dar a mis partes traseras, regalándome un hermoso, bien definido y respingón par de nalgotas, mis piernas y mis caderas también se ensancharon de manera deliciosa, mis manos y mis pies no crecieron mucho, mis cuerdas vocales se afinaron, y desarrolle un pequeño pero bien definido busto, que era coronado por mi enorme par de pezones, los cuales crecieron demasiado, casi del tamaño de una pelota de ping Pong. Bueno, pues Don Jukha estaba aprovechando esta situación, y los masajeaba en círculos pellizcando mis pezones, acercó su boca a mi oído, introdujo su lengua y la jugueteó, humedeció cada canalito para luego susurrar algo que para mi fue como una orden:

DJ- Quítate la ropa….

Obedecí como la niña buena que soy, y comencé a hacerlo muy lentamente, primero me despoje de mi playerita, de frente a Don Kujah, hasta dejar salir mis pequeñas bubis, adornadas por su areola y su pezoncito color café claro. Me di cuenta como Don Jukah me morboseaba, y a decir verdad me dio mucha excitación. Mientras él también se iba despojando de su ropa hasta quedar en sus ajustados boxers, yo continué con mi improvisado striptease, me gire 180 grados de modo que quede dándole la espalda, y entonces me incline sin doblar las rodillas bajándome el pequeño shortcito hasta los tobillos, regalándole a este hombre una visión de mis nalgotas enfundadas solo en mi pequeña tanga blanca. Quise hacerlo así porque no sabía si Don Jukah se molestaría si mi diminuta verguita que comenzaba a mostrar signos de excitación quedaba frente a él, para entonces él ya estaba recostado en la cama y me ordeno dando pequeñas palmaditas en el colchón que me acostara junto a él, en ese momento Don Jukah se dio cuenta de que me cubría con mi mano izquierda mi diminuto sexo, por lo que me dijo:

DJ- Está todo bien… No tienes de que apenarte o tener miedo, a mi me encantan los mujercitos como tu, como puedo llamarte?

P- En esta faceta de mi vida me llamo Paulina.

DJ- Eres muy hermosa Paulina, la vida te regalo un hermoso cuerpo de mujercita.

Escuchando esto me logre tranquilizar mucho, entonces deje que Don Jukah hiciera conmigo lo que quisiera, por lo que me colocó justo para quedar frente a él, subió una pierna a mi cadera para acercar su aun semidormido paquete al mío, me tomó de las nalgas para aferrarme y comenzó a restregarlos aun por encima de las telas de nuestra ropa interior, con su otra mano tomo mi cabeza y me acerco para quedar mi cara frente a él, lamía mis labios con la punta de su lengua, con delicadeza. Yo estaba excitada, pero al mismo tiempo, perpleja, no podía moverme, ni siquiera abrí la boca para recibir su lengua, sólo me dejaba llevar, ahí estábamos: él restregando su paquete, sobándome las nalgas y lengüeteando mi boca y yo inmóvil, disfrutando de sus caricias No puede aguantar más y comencé también a mover mis caderas para se diera cuenta que lo disfrutaba y me hiciera más, me sentí más suelta y deseosa, me sentí bien PUTA!!! pude por fin abrir la boca y responderle a su caricia también con mi lengua, le jugueteaba ansiosa, así que cuando se vio correspondido supo que podía hacer y deshacer a su antojo, Don Kujah bajo un poco para lamer mis pezones, los lamia con tremenda maestría, de arriba abajo, sin dejar pasar el pliegue, mordisqueaba los pezones, halaba de ellos, y a mí me daba una mezcla de placer con un toquecito de dolor, comencé a gemir, mientras continuaba el vaivén de nuestros sexos, Don Kujah busco de nueva cuenta mis labios, esta vez nos besamos como poseídos, este africano besaba como un dios, nos comíamos las bocas con verdadera pasión descontrolada, él puso especial atención en mi labio inferior, rosado y carnoso, y lo mordió tan sutilmente que no me di cuenta, hasta que se separó, que estaba sangrando un poco, eso me enloqueció totalmente, toque mis pezones y sentí que estaban totalmente erectos y llenos de saliva, yo estaba excitada como pocas veces y con pocos hombres logro ponerme, y aun no conocía ni había visto siquiera la virilidad de Don Kujah, nuevamente unimos nuestras bocas, nuestras lenguas se recorrían la una a la otra, entonces Don Kujah interrumpió el delicioso roce de su prominente paquete sobre el mío, que era por muchísimo mas pequeño, mi diminuta tanga y sus boxers estaban mojados a causa de nuestros juegos presexuales, de pronto Don Kujah de un solo tiro se deshizo de su ajustada prenda interior y para mi deleite me dejo recrear mis ojos con su enorme vergota negra, mucho mas larga que gruesa, casi no se le marcaban las venas, su cabeza casi del mismo tamaño que el tronco era de un color rosado y hasta abajo, ocultos tras una espesa selva de vello púbico se dejaban adivinar dos grandes huevotes africanos, a pesar de que no era la primer verga negra que yo había visto y mucho menos la mas grande que yo me había comido, la verga de Don Kujah era algo digno de respetar, y además de que disfrutaría de esta delicia africana, pagaría la renta de mi departamento.

Don Kujah me puso boca arriba, me quito mi pequeña tanguita, la olió y me dijo:

DK- Tu olor de hembra es delicioso Paulina!!

En efecto mi olor pareció enloquecerlo, entonces se acomodó sobre mi cuerpo, siempre cuidando de no aplastarme, la puntiaguda cabeza de su negra verga estaba totalmente húmeda, me la restregó completa en mi cara, delineaba con ella mis labios, yo ya estaba gimiendo de ansiedad, y Don Jukah solo estaba jugando con su vergota en mi carita, me la ofrecía pero al momento en que abría mi boca para permitir la entrada, la alejaba de mí, un tanto desesperada por la excitación le miraba con cierta desesperación y molestia, a lo que el asomaba una sonrisa irónica y jocosa. Entonces me dijo:

DK- Mi novia mexicana quiere chupar mi negra verga?

P- Si por favor!!

Entonces me volvió a acercar su larga virilidad a mi cara, y pude observarla con mayor detenimiento: no era muy gorda pero era larga y el centro mas carnosa que en sus extremos, casi no se veían sus venas por sobre el tronco que estaba un poco arrugado, supongo por la edad, yo tenía mis manos sobre sus velludos y negros muslos, los cuales acariciaba, hasta que finalmente me indicó:

DK- Anda mariconcita chúpale la verga a tu novio africano!!

Tomo mi cabeza y comenzó primero un lento bombeo, para después subir el ritmo a un furioso mete y saca, de repente, Don Kujah metió toda su larga y negra verga a mi boca, debí haber engullido poco mas de la mitad yo trataba de abrir la mandíbula todo lo que podía, salivaba mucho y por momentos tenía pequeñas arcadas, pero seguía mamándole la verga a Don Kujah, pues ese es un tema en el que yo puedo presumir mucha experiencia y siempre trato de que cada hombre que disfrute de una deliciosa mamadita de mi parte se vaya con la mejor imagen de puta de mi. Don Kujah debió haber estado sumamente excitado también, pues saco violentamente de mi garganta su verga, me tomo de mi brazo y me acostó de ladito, en posición de cucharita, se levantó con su larga y hermosa herramienta masculina, de su cartera extrajo un condón y se lo colocó, después se posiciono detrás mí, subió mi pierna a la suya y una vez así, comenzó a meterme su espada africana como si atravesara un jamón, sus largos 20 cm (posteriormente pude medírselos… jijiji) me entraron dolorosamente pero los recibí sin pedir que se detuviera, Don Kujah me hizo gemir como puta, sus movimientos arrebatados, me volvían loca en aquel momento, yo también comencé a moverme de arriba hacia abajo, con la intención de que me entrara completa su hermosa y larga virilidad, la cual resbalaba delicioso, su respiración era, cada vez más, acelerada, jadeaba y a mi oído me murmuraba un poco sofocado:

DK- Eres deliciosa Paulina!!! Que rico es metértela nenita mexicana!!

Apenas atiné a decir entre gemidos:

P- Ahhh!! S… siga por fa… vor Don Kujaaah!!! Ssss…e siente taaan saaa…brosa su vergota africana!!!

Evidentemente le gustaba lo que le decía, pues su penetración se volvía más violenta, con empujones en mis nalgas y sus manos apretando mis pequeñas bubis, de tal manera que mis pezones se tornaron rojos, en ocasiones, giraba mi cabeza para verlo, y la imagen era digna de un cuadro, allí estaba aquel hombre africano, concentrado en la deliciosa tarea de darle duro a esta putita mexicana, ocasionalmente cuando se percataba de mi mirada, se acercaba a mi cara y la besaba con ternura, lo cual evidentemente también me encantaba. De pronto sus movimientos comenzaron a ser aún mas rápidos y contundentes, fue entonces que comenzó a gemir como un león, entonces caí en la cuenta de que Don Kujah iba a eyacular, así que con la mirada mas putona que pude hacer le dije:

DK- Puede terminar en mi cara Don Kujah?? Me encantaría probar su delicioso semen!!

Sin pronunciar palabra, Don Kujah bruscamente saco su pedazo de carne negra de mi interior, y me puso boca abajo, se montó nuevamente sobre mi, y mientras gritoneaba entre dientes, una de sus manos la coloco por debajo para masturbar mi pequeña verguita, y con la otra comenzó a masturbar su larga y dura vergota negra, tuve una excitación mayor al ver tan de cerca la virilidad de Don Kujah que comencé a venirme, mis jugos brotaron en un chorrito, los cuales este hombre negro los recibió en su mano y enseguida los llevo a su boca para saborearlos, demostrando poseer un total control de su cuerpo, Don Kujah comenzó a eyacular también, pareció que estaba esperando que termináramos juntos, fue una deliciosa experiencia, todo el semen que este hombre africano expulso de sus enormes testículos fue a encontrar refugio en mi rostro, abrí mi boca todo cuanto pude y recibí una generosa cantidad del preciado líquido masculino, el cual deguste con verdadera alegría ante la satisfecha mirada de Don Kujah. Intente alcanzar un poco de papel que había en el cajón del buró, quise incorporarme pero este enorme africano aún estaba sobre mí, reponiéndose y embarrándome las gotitas de semen que salían todavía de su miembro que evidentemente perdía su dureza de momentos previos, por lo que mirarme atrapada, opte por recoger todo cuanto pudiera con mis dedos y degustarlo con delicia, en cuanto Don Kujah se repuso el mismo me alcanzo el papel de mi buró y se recostó en la cama. Yo me dirigí al baño para enjuagarme y a mi regreso Don Kujah me invito a recostarme con él, así lo hice y platicamos un poco de cosas sin sentido, hasta quedarnos dormidos. Cuando desperté, era muy de mañana, seguía desnuda y Don Kujah ya no estaba ahí, levanté las cobijas de la cama y me envolví en ellas, aun pensando en lo cachonda que me había puesto la situación, almenos yo sabía que el tema de la renta estaba saldado, me di una ducha, y mientras lo hacía, comencé a masturbarme, pensé en la negra vergota de Don Kujah. En mi mente surgió la idea de repetir todo, esperaba que mi desempeñó hubiera sido el adecuado para que Don Kujah aceptara mi pago de la renta mensual con ricas sesiones de sexo cada que él quisiera que fuera su puta. Me aliste para ir a la universidad, y cuando salí de mi departamento, a lo lejos Don Kujah me grito:

DK- Buenos días señorita!!!

P- Son muy buenos Don Kujah!!!

Le respondí, ambos con un tono muy alegre, lleno de complicidad.

FIN

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