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Terminé claudicando y le entregué el culo al musulmán

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Se llamaba Mustafá, trabajábamos juntos desde hacía unas semanas eventualmente para una empresa que llevaba la limpieza, mantenimiento y ambigús de las instalaciones deportivas del municipio.

Cuando había cualquier acontecimiento deportivo, nos encargábamos de proporcionar almohadillas a los que la solicitaban, luego de recogerlas, limpiarlas, lo mismo que las instalaciones, y quedaran listas para el próximo evento.

Otros se encargaban del ambigú, donde se vendía bebidas, café, bocadillos, etc.

Mustafá y yo, nos encargábamos siempre de las almohadillas, recogerlas, limpiarlas y servirlas a quien las solicitara.

Un domingo por la mañana, antes de que comenzara el evento deportivo, después de sacar las almohadillas y colocarlas para su distribución, coincidimos ambos en los aseos. Ambos habíamos ido a mear. Cuando me coloqué en el urinario, el ya casi terminaba de hacerlo. Se puso a sacudir la polla, con prácticamente los pantalones por la rodilla, donde se le podía ver parte del culo, la polla y huevos en su totalidad.

Yo quedé mirando con la boca abierta, tenía la vista fija en aquella tremenda polla y huevos que le colgaban como si fueran melones.

¿Que, nunca has visto una polla? Me soltó.

Levanté la vista mirando a sus ojos, empezando a enrojecer, a la vez que la polla se me empezaba a empalmar. No fui capaz a contestar nada, solo girar la cabeza, y mirar al frente tratando de ocultar el empalme que estaba teniendo.

No te pongas colorado, si te gusta mi polla, solo tienes que pedírmela, y te aseguro que la tendrás.

Se acercó a mí, tocándome el culo con su mano y diciéndome, veo que sí te gusta, mira cómo te has empalmado con solo vérmela.

Todavía tenía su polla de fuera, me la enseñaba sujetándola con su mano, mientras seguía sacudiéndola. Que no te de vergüenza, puedes cogerla con la mano, no te va a morder, ya verás que suave y caliente la tengo.

Llevó la mano con la que me estaba acariciando el culo a mi mano, cogiéndola y acercándola a su polla para que se la cogiera con la mano.

Cógela, me dijo, no tengas miedo.

No, yo no no, tartamudeaba mientras posaba mi mano sobre su polla.

La solté como si me hubiese dado un calambrazo, agachando la cabeza y tratando de serenarme.

Vamos me dijo volviéndome a coger la mano y ponerla sobre su polla. Que no te de vergüenza, sé que lo estás deseando.

Quedé con la mano sobre su polla y la vista puesta en aquella verga que mi mano sujetaba.

Anda, acaríciala un poquito, ya verás que caliente y cómo crece. Está deseando que lo hagas, y tú también lo estás deseando.

Recorrí con mi mano todo lo largo de aquella polla, notando lo suave que era, haciendo que se empezara a empalmar.

Ves cómo lo estabas deseando, mira cómo crece y se pone dura cuando la acaricias.

Puso una mano sobre mi hombro diciéndome, agáchate y chúpala ya verás cómo te va a gustar.

No no, tartamudeaba. Si nos ven nos nos pueden echar.

Tranquilo, aquí nadie nos ve, y no se va a enterar nadie. Esto solo es entre tú y yo. Anda agáchate y pruébala. Solo chupa la puntita, ya verás cómo te gusta.

Después de mucho insistir, consiguió convencerme, y con muchos nervios y tembloroso, me fui agachando, hasta que Mustafá colocó la polla sobre mis labios.

Anda abre la boca y deja que te la meta. Solo la puntita, la chupas un poquito, y le pasas la lengua por la punta, ya verás que rica sabe.

Abrí la boca, empezando a chupar la cabeza de la polla de Mustafá.

¡Ohhh! Exclamó Mustafá al notar mis labios sobre su polla.

Así, así, abre bien la boca, chúpala con los labios. Haz cómo si fuera un caramelo.

¡ohhh! Así, así, ves cómo te gusta, ¡ohhh! ¡ohhh! Que bien lo haces.

Sigue, sigue, ¡ohhh! Que gusto, ¡ohhh! Que bien la chupas, ¡ohhh! Que gusto.

Mustafá me sujetaba la cabeza, empujando su pelvis haciendo que cada vez tragara más polla. Trágala, trágala toda, me decía, ya verás que rica está. Ves cómo te gusta.

Por varias veces me dieron arcadas, haciendo que los ojos me lloraran y no dejará de babear, pero el cabrón de Mustafá no paraba. Cada vez iba más rápido, pidiéndome que abriera bien la boca, y que le acariciara los huevos con la mano.

No podía más, no daba respirado, me abría en arcadas, la baba me caía por la barbilla y costados. Como pude me zafé de sus manos pudiendo sacarme la polla de la boca.

No puedo más, me estás ahogando, le dije.

Ya falta poco, solo un poquito más y ya termino, me decía Mustafá.

No, no puedo más, casi me ahogas, le contesté a Mustafá, poniéndome de pie.

Deja entonces que te la meta en el agujerito; me decía metiéndome mano en el culo y llevando un dedo a mi ano; Solo meter la puntita y que me corra.

Estás loco, no, además aquí nos pueden ver, y tengo miedo de que me lastimes.

Joder, no me vas a dejar así, deja al menos que me corra, tu solo acaríciame los huevos, y chupa la puntita mientras yo me la meneo.

Tanto insistió, que le volví a hacer caso, pero pidiéndole que cuando fuera a correrse, me avisara. Me agaché de nuevo, dejando que metiera solamente el glande, acariciándole yo los huevos, mientras él se la meneaba.

¡ohhh!, Maricón, que bien lo haces, ¡ohhh! Chupa la cabeza, así, así, chupa y juega con la lengua.

El muy cabrón, cuando me avisó, ya se estaba corriendo, Me largó 2 trallazos de leche, y el resto me lo soltó por la cara.

Protesté y me cabreé, pero lo que recibí fue un calla maricón, que te ha gustado.

Luego me hizo abrir la boca.

Abre la boca maricón y traga todo, ya verás cómo te gusta, ya verás que rico sabe.

Abrí la boca, dejando que volviera a meter su polla, terminando de soltar las últimas gotas de semen, tragarlas y chuparle la polla hasta dejarla limpita.

Así me gusta maricón, me decía. Límpiate la cara que tienes todavía restos de semen.

Mientras me lavaba la cara, me metía mano en el culo, diciendo que ahora solo me faltaba que le dejara abrirme el culito. Ya verás cómo lo vas a disfrutar y vas a querer repetir. Vas querer que te dé por el culo todos los días.

Tienes un culito muy sexi y apetecible, maricón.

No paraba de meterme mano el muy cabrón, y por encima, yo había quedado con una calentura de 3 pares de cojones. No me había corrido, y la polla la tenía a reventar.

Durante todo el domingo, en cada oportunidad que tenía, Mustafá, me decía que le tenía que entregar el culito. Me tocaba el culo metiendo mano, diciendo que ese culito tenía que ser suyo. Ya verás cómo te va a gustar, Dani, luego tu solito me vas a pedir que te dé por el culo.

Cuando fuimos a comer, se sentó a mi lado, cuando no nos veía nadie, se aprovechaba, me metía mano tocándome el culo, sobándome la polla y huevos. Mira cómo estás de empalmado, te gusta que te meta mano y cuando te magreo y toco el culo. Mueres porque te lo abra, ¿verdad? Estás deseando entregarme este culito, sé que mueres de ganas por tener mi polla dentro, ya verás que gusto te va a dar.

Al terminar de comer, tuve que ir al servicio, cuando estaba meando, allí me apareció Mustafá. Se acercó a mí, me agarró la polla mientras me magreaba y sobaba el culo.

Dani, ay que culito tienes, este culito va a ser mío, me vas a dejar que te lo abra, Verdad Dani.

Mira cómo te gusta que te meta mano, ay cómo me gusta cuando lo mueves, mira la pollita cómo se te pone dura y caliente.

Mustafá, joder, déjame de una vez. Ni a mear voy a poder venir.

Calla maricón, que bien te ha gustado mi polla cuando me la chupabas. Hasta la lechita me bebiste. Así que ahora no te hagas el estrecho.

Callé la boca, y con la cara enrojecida sabiendo que tenía razón, conseguí abrocharme el pantalón. No sin haber tenido dificultades, ya que no paró de meterme mano, incluso llegó a bajarme el pantalón y slip por detrás, sobándome el culo, casi meterme un dedo en el ano, y arrimarme su polla restregándose por él.

Cuando terminamos por la noche, tuve suerte y me di zafado de Mustafá, pudiéndome marchar sin que se diera cuenta.

Pero los siguientes días, volví a tenerlo encima y no me dejaba en paz.

El sábado había partido de fútbol por la noche, y ese día iba ser peor, tendríamos que quedar a limpiar las almohadillas, ya que tenían que estar listas para el domingo por la mañana. La salvación iba estar en que no quedáramos solos.

El sábado durante todo el partido, Mustafá no paró de acosarme. Después del descanso del partido, me cazó en los aseos, allí ya me hizo que le chupara de nuevo la polla. No pudo terminar de correrse, ya que entró gente, y pude escapar. Casi nos pillan en plena función, gracias que venían 2; parecían un padre e hijo; venían hablando, que, si no llegan hacerlo, nos hubieran pillado infraganti; yo agachado con la polla de Mustafá en la boca, y a él con los pantalones en los tobillos.

Al terminar el partido, nos pusimos a recoger las almohadillas, luego teníamos que limpiarlas y dejarlas listas para la mañana siguiente. Solíamos quedar 4 o 5 personas, pero ese día como había faltado gente, primero nos mandaron ayudar a limpiar las gradas, luego mientras 3 limpiaban los aseos, Mustafá y yo, limpiaríamos y ordenaríamos las almohadillas.

Cuando fuimos Mustafá y yo al cuarto donde limpiábamos y dejábamos ordenadas las almohadillas; bueno cuarto no Hera, ya que era una zona abierta, pero era como una especie de almacén sin puertas, que quedaba al final del pasillo; al llegar ya me agarró por la espalda empezando a meterme mano y sobarme el culo. Ahora no vas a tener tanta suerte, ahora tenemos que terminar lo que dejamos a medias, dijo Mustafá.

Primero vamos a limpiar y dejar listas las almohadillas, y luego si quieres te la chupo, le dije.

No, contestó Mustafá, vamos ahora, que los otros están ocupados, y luego pueden venir.

Me llevó a la esquina donde había un montón de almohadillas, allí me tiró sobre ellas. Se tumbó sobre mí, abrazándome e intentando besarme. Pudo colocarme los brazos sobre mi espalda, y apoderarse de mi boca, empezando a morrearme.

Quiero metértela en el culo, Dani. Tienes un culito muy sexi que me vuelve loco, y hoy quiero que sea mío, hoy te voy a dar por el culo.

Puso su boca sobre la mía, empezando a morderme los labios, para luego meterme su lengua hasta las amígdalas.

Cuando pude hablar, le dije que estaba loco, que solo habíamos quedado en terminar la mamada.

Mustafá sin salir de encima de mí empezó a desabrocharme el cinturón, una vez conseguido desabrochármelo, hizo lo mismo con el pantalón, empezando a bajarlo junto al slip.

Cuando ya tenía el pantalón por los tobillos, tiró por las zapatillas de deportes que llevaba puestas, sacándolas. Luego terminó de sacarme el pantalón y slip, poniéndose a continuación a bajar su pantalón y calzoncillo.

La polla ya la tenía tiesa y bien dura el muy hijo de puta. Se fue arrastrando hasta mi cabeza, hasta que pudo acercar su polla.

Me levantó la cabeza por la nuca con una de sus manos, y con la otra sujetaba su polla llevándola hasta ella.

Vamos Dani, abre la boca y empieza a chuparla, y hazlo bien, que hoy te la voy a meter en el culo. Así que lubrícala bien que hoy me vas a entregar tu culito.

No Mustafá, aquí nos pueden ver, además tu polla es muy grande y no creo que me entre en mi culo.

No te preocupes, Dani, ya verás como sí te entra. Te va a gustar cómo te da por el culo mi polla.

Me vas a hacer daño, y además aquí nos pueden ver y se van a enterar los demás.

No te preocupes, Dani, abre la boca y chúpala bien.

Abrí la boca empezando a tragar la polla de Mustafá.

El muy cabrón me la enterró hasta los huevos, empezando a darme arcadas atragantándome, y a llorar los ojos. No podía respirar, me empezaba a salir la baba cayéndome por la barbilla y cuello, pero no podía hacer nada.

Menos mal que Mustafá debió ver mi cara y ojos de súplica, y sacó la polla de la boca dejándome respirar.

Me ahogas, le dije. Es mejor que me ponga de rodillas, y dejes que yo la chupe.

No, solo otro poco y te la meto en el culo, contestó Mustafá.

La volvió a meter hasta hacer que me abriera en arcadas, caerme la baba por la barbilla y costados, haciendo que no parara de llorarme los ojos; el muy hijo de puta, en una de las embestidas, llegó a traspasarme la campanilla con la polla. Pensé que me quedaba sin aire.

Bueno ahora vamos a darte por el culo. Así que pórtate bien y no hagas ruido si no quieres que nos pillen follando, y vean cómo te abro el culo.

Ábrete de piernas, para que me pueda colocar.

Abrí las piernas, dejando que él se pusiera en medio.

Me subió la camiseta dejándome el pecho al descubierto, haciéndome que pasara la cabeza, luego sobó mi polla y huevos, diciendo: Mira cómo te has empalmado, te gusta lo que te hago, ¿Eh maricón? Me iba diciendo mientras me meneaba la polla y sobaba los huevos.

Cogió unas almohadillas, ordenándome levantar el culo, poniéndolas de bajo. Así te quedará el culo más elevado, y será más fácil metértela.

Metió sus manos por medio de mis piernas, levantándolas haciendo que mi culo fuera respingándose hacia arriba, quedando el agujero de mi ano, totalmente expuesto para meterme la polla.

Escupió en su mano, llevando la saliva a mi culo, y metiendo uno de sus dedos, me iba abriendo el esfínter. Volvió a escupir varias veces, introduciendo cada vez su dedo en mi ano.

Yo temblaba por los nervios que tenía, suspirando cada vez que notaba cómo el dedo hurgaba en mi culo, haciendo que se abriera cada vez más. Metió un segundo dedo, fue haciendo como si fueran unas tijeras o pinzas, haciendo que el esfínter se abriera cada vez más.

Joder, Dani, que culito más rico tienes, está pidiendo que le meta mi polla. Se abre como una almejita, mira que bien entran mis dedos, sé que lo estás deseando, te voy a cumplir ese deseo, maricón.

Colocó su polla en la entrada de mi agujero, se fue echando sobre mí, y fue poco a poco empezando a meter su polla. Cuando vio que ya se había empezado a abrir mi esfínter, dio un movimiento de pelvis, metiendo toda la polla.

¡Ohhh! ¡ooohhh! Grité al notar entrar toda su polla. Me la había enterrado hasta los huevos. ¡Ufff! Suspiré al ver que ya había entrado toda.

Notaba su pelvis y huevos pegados en mi culo, mientras Mustafá se terminaba de colocar, dejando que mi culo se acostumbrara a su polla.

Ya, ya la tienes toda dentro, Dani. Ves que fácil entró. Tienes un culito muy tragón, deseoso de polla.

¡Ahhh! Que bueno está, Dani, ¡aaahhh! Que calentito y suave se nota.

Empezó a mover su pelvis, haciendo que su polla entrara y saliera, rozando mi próstata con cada movimiento de pelvis que me daba.

¡Ohhh! ¡ohhh! Gemía al notar la polla rozarme la próstata, ¡ohhh! ¡ohhh! ¡ohhh!

Te gusta, ¿eh maricón?

Lo estabas deseando, ¿eh? Decía Mustafá, mientras metía y sacaba la polla dentro de mi culo.

¡Ahhh que culito! Cómo me gusta tu culito, Dani, ¡aaaahhh! que calentito y gusto me estás dando, ¡aaahhh! Que gusto.

Llevaba un buen rato Mustafá sacando y metiéndome su polla en el culo, sin que paráramos de gemir, jadear, y cada vez sudar más, cuando me fijé que desde uno de los cañones de las escaleras que daban a la grada superior, estaba uno de los compañeros viendo como Mustafá me daba por el culo.

En la posición que yo estaba, no podía distinguir muy bien quien era, ya que apenas había luz, y yo estaba muy inclinado. Para para, le decía a Mustafá, nos están viendo, le decía.

Con pocas ganas Mustafá, dejó de mover su pelvis dejando su polla enterrada en lo más hondo de mis entrañas, para preguntarme. ¿Dónde está?

Allá en las escaleras que vienen de la grada, le dije.

Miró hacia allí, y comenzando a darme de nuevo por el culo, dijo, no te preocupes, es el cabrón de Juan. Le dije que hoy te iba abrir el culo y hacerte mío. Y el muy cabrón nos está espiando.

También está loco por tu culito, y tiene muchas ganas de follártelo. Fue el que me dijo que estaba seguro de que a ti te iba el rabo.

Mustafá seguía metiendo y sacando la polla en mi culo, jadeando y sudando cada vez más. Solo se escuchaba los suaves jadeos y el sonido de la polla al entrar en mi culo, chof, chof, chof.

Mientras yo gemía al notar su polla palpitar dentro de mí culo, y notar cómo iba rozando mi próstata. A la vez que el nerviosismo se apoderaba de mí, temiendo que nos pillaran en aquella situación.

Menos mal que Mustafá, ya empezaba a soltar todo el semen que llevaba, dejándome el culo lleno de esperma.

Empezó a eyacular, a la vez que soltaba pequeños gritos, ¡ahhh! ¡ahhh! Dani, que culo, ¡ahhh! ¡ahhh! Te voy a preñar maricón, ¡ahhh! Jadeaba mientras iba soltando su esperma dentro de mi culo.

Cuando terminó de eyacular, quedó tumbado sobre mí, dejando que su polla fuese saliendo poco a poco.

Yo aún no me había corrido, pero estaba a punto de explotar, cuando hizo aparición Juan.

Cabrones, que bien lo estáis pasando, decía mostrando su polla y huevos mientras se la estaba meneando.

Tenía un empalme de campeonato, y unos ojos de lujuria, que no se apartaban de mí.

Dejarme meterla a mí también, que quiero llenar ese culito con mi leche.

Mustafá, se giró hacia un lado, dejando mi culito a la vista, libre y dispuesto a ser penetrado por la polla de Juan.

No no, le decía yo, aquí no, que nos van a pillar, y además estoy cansado.

Calla, decía Juan, ocupando el sitio de Mustafá, levantándome las piernas y metiendo su polla en mi culo.

Mira que empalmado estás maricón. Si te gusta que te den por el culo más que a un niño un caramelo. Y sin contemplaciones, me metió la polla en el culo.

¡ohhh! Que culito, ¡ohhh! Que gustito y ganas tengo maricón. Decía mientras empezaba a meter y sacar su polla dentro mía.

Ya se volvía a escuchar el chof, chof, chof, de la polla al entrar en mi culo, y ahora los jadeos de Juan, dándome por el culo.

Mientras Juan movía su cadera metiendo y sacando su polla manteniéndome las piernas levantadas, con una de sus manos, agarró mi polla, haciéndome una paja. Cosa que hizo que me corriera casi al momento.

Empecé a soltar trallazos de semen dando unos gemidos, ¡ohhh! ¡ohhh! Me corro, me corro, ¡ohhh!

¡Ay maricón! Que bien me aprietas la polla con el culito, ¡ahhh! Que gusto me das, ¡ahhh!

Ya me corro, ya ya, ¡ay que gusto! ¡ay que gusto!

Ahora era Juan el que se estaba corriendo dentro de mi culo. Soltó 5 trallazos en el fondo de mi culo. Sacó la polla, dejando que cayeran las últimas gotas sobre mis huevos y ano.

Recuperamos el aliento, y antes de que me diera levantado, Mustafá, me lanzó un paño para que me limpiara. Límpiate un poco y vístete que tenemos que terminar con las almohadillas antes de que venga el jefe.

Me vestí y nos pusimos a limpiar y ordenar las almohadillas, siendo ayudados por Juan, ya que él había terminado su trabajo.

En cuanto tenían oportunidad de meterme mano, me sobaban el culo; ¡ay Dani que culito! Me decían, pasando la mano por el canal de mi culo y magreándome. Que bien lo vamos a pasar, Dani, te vamos a dar polla hasta dejarte preñado.

Y así me tuvieron hasta que tuve que dejar el trabajo. No hubo semana que no me preñaran bien preñado de leche el culito.

Mustafá consiguió que le entregara el culo, a cambio él siempre que podía me lo dejaba bien abierto, repleto de semen y muy feliz.

Podéis escribirme a:

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