La ingenua Michelle y su viejo vecino (Parte 2)

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La historia continúa y Michelle se da cuenta de que no será tan fácil dejar lo ocurrido atrás

Las clases le resultaron eternas a Lucia la cual no podía dejar de pensar en su hermana mayor. ¿Por qué había ignorado todas esas señales? Es decir en un primer momento le parecieron raras ¿Pero cómo podía saber en ese mismo momento que le había pasado algo si ella no le decía nada? De todas formas se sentía culpable, cuando la escucho sollozar en el baño, tendría que haber insistido más. Michelle siempre había sido muy reservada y por ende por cómo había aprendido de convivir una vida con ella era siempre mejor darle su espacio y privacidad. Pero ahora era distinto, si era algo grave necesitaría ayuda y su instinto sugería que algo había pasado, de ello estaba segura.

La campana que anunciaba el fin de la última clase ayudo a calmar un poco los sentimientos de ansiedad que estaba experimentando. Recogió sus cosas e inicio el camino rumbo a su casa. Era temprano aún y probablemente Michelle no estuviera en casa todavía. De todas formas en el trayecto Lucia comenzó a pensar en cuál sería la mejor forma y momento para confrontar a su hermana. Decidió que lo haría en la noche después de comer, quería tener tiempo para hablar con ella y que estuviera tranquila.

Una vez en su casa Lucia se sentó en el sillón del living donde saco su celular y comenzó a chequear las redes sociales en un intento de ocupar su cabeza en algo. Para su desgracia le estaba costando demasiado y la imagen de su hermana continuaba volviendo a su mente. Envuelta en el remolino que se había convertido sus pensamientos escuchó el sonido de la puerta al abrirse.

—Hola Lu —Dijo casualmente Michelle que paso caminando detrás del sillón hacia la cocina.

— ¡Michi!

Lucia dejo rápidamente el celular y fue detrás de su hermana donde la encontró de pie frente a la mesada preparándose unas tostadas. Enseguida se acercó y le dio un fuerte abrazo por detrás, no se podía contener, quería muchísimo a su hermana.

— ¡Ay Lu! ¿Qué pasa que estas tan cariñosa? —Dijo entre risas Michelle sorprendida.

—Te quiero mucho Michi… —Pronuncio en voz baja sin soltarla.

Lucia sintió como su hermana se dio vuelta y le devolvió el abrazo, se sentía tan bien y protegida bajo los brazos de hermana mayor. La idea de que algo le pudiera haber pasado la hacía sentir mal, ella era una persona muy buena y no merecía que le pasara algo malo. Era tan considerada que probablemente esa fuera una de las razones por la cual no acudía a nadie cuando tenía problemas, era muy independiente. A Lucia se le hizo un nudo en la garganta mientras pensaba en su hermana.

— ¿Te pasa algo Lu, estas bien?

Lucia reacciono, se había quedado congelada en el abrazo.

—Sí, si estoy bien —Se separó un poco del abrazo y la miró a los ojos, tomo fuerza y le pregunto—. ¿Vos estas bien?

A Michelle la tomó por sorpresa la pregunta y el tono de voz quebradizo que su hermana menor uso. Noto que sus ojos estaban húmedos y su expresión era desanimada. Recordó el mensaje de texto que ella le había enviado esa mañana haciéndole esa misma pregunta. ¿Qué le pasaba?

—Si estoy bien Lu quédate tranquila que no me pasa nada.

Lucia llevo su cabeza al hombro de Michelle en un nuevo y fuerte abrazo, segundos después se separó dejando rápidamente la cocina atrás rumbo al living.

Esta interacción dejó descolocada a Michelle. Se dio vuelta para resumir su labor para prepararse una merienda pero momentos después se encontró quieta sosteniendo un trozo cortado de pan sin hacer nada. Su ánimo y energía habían cambiado, lo podía sentir, se conocían muy bien con su hermana y cuando algo andaba mal con una eso afectaba a la otra.

Pero lo que también la inquieto era la pregunta. ¿Por qué le preguntaba a ella como estaba si era su hermana menor la que parecía estar mal? Sacudió su cabeza y se puso a terminar de preparar su merienda. Una vez terminó sirvió dos platos y fue al living pero encontró que su hermana no estaba. Se resignó a sentarse y comer sola.

Llegada la noche la cena fue incomoda, Michelle y Lucia no intercambiaron muchas palabras con la última que no se animaba a mirarle a los ojos. Era tan distinta la interacción que hasta su madre Marta reparo en lo inusual de la situación, lo normal era que estuvieran hablando todo el tiempo y riendo, pero en esos momentos era silencio.

— ¿Qué pasa que están tan calladas?

—Nada má —Respondió Michelle moviendo su comida con los cubiertos.

Lucia por su parte se puso de pie y se fue a su cuarto. Esto dejo sorprendidas a las otras dos mujeres.

— ¿Qué le pasa a Lucia? —Pregunto Marta.

—No sé, capaz extraña a papá.

Esa respuesta no era convincente, habían pasado meses desde que el padre había tomado un segundo trabajo y si bien solo lo veían los fines de semana Lucia nunca se había puesto así de rara. Al final optaron por no seguir indagando y terminaron con la cena en silencio.

Lucia estaba hecha un manojo de emociones, se sentía tan culpable y triste por no haber estado para ayudar a su hermana. Claro, todavía no sabía que le había pasado a Michelle pero su instinto le daba todas las señales de que algo le había sucedido, no solo eso sino que también lo que había visto aquella fatídica noche cuando la encontró totalmente desalineada y cuando momentos después la escucho llorar en el baño, esto confirmaba sus sospechas.

No se podía perdonar por haber ignorado todas esas señales clarísimas, aquella semana había estado muy ocupada con tareas del secundario y tal vez fuera esa la razón por la cual no insistió tanto, pero de todas formas no era excusa. Recostada en su cama pensó que ya era suficiente, iba a esperar una hora a que su madre se fuera a acostar e iba a ir al cuarto de su hermana mayor. Necesitaba hablar con ella, la culpa la estaba consumiendo.

Tomo su celular e intento despejar nuevamente su cabeza consultando las redes sociales hasta que una serie de golpes en su puerta la llamaron.

— ¿Si? Pase —Dijo Lucia.

Al abrirse la puerta vio que era Michelle, la misma ingreso y cerró la puerta tras su espalda. En silencio se sentó en la cama a su lado. No era necesario que cruzaran palabras, se conocían muy bien y era evidente que iban a tener una larga conversación. Luego de un periodo de quietud Michelle rompió el silencio.

—Lu… ¿Estas enojada conmigo, hice algo que te molestara?

—No Michi, no estoy enojada contigo… Pero… —Trato de recomponerse, su voz estaba empezando a flaquear—. Es que…

Michelle abrazo a su hermana menor. Lucia podía llegar a ser en ocasiones muy emocional y por experiencia sabía que le iba a costar expresarse. Quería que se sintiera contenida, todavía no sabía que estaba sucediendo con ella pero sin duda tenía que ser importante.

—Tranquila Lu tenemos tiempo, cuando estés lista contame lo que te pasa, soy tu hermana mayor y estoy para escucharte.

Lucia pensó, ¿Cómo había pasado esto? Se suponía que iba a ser ella la que iba a confrontar. Ahora se encontraba hecha un nudo de nervios bajo la contención de su hermana intentando encontrar las palabras adecuadas para expresarle su preocupación.

—Bueno Michi es que… —A Lucia le estaba costando encontrar las palabras correctas— Es que estuviste muy rara esta última semana y…

A Michelle se le dio vuelta el corazón ¿Podía su hermana haber notado algo de lo que le había pasado? Se esforzó en mantener su rol de hermana fuerte pero la cataratas de sentimientos que siguieron hacían que esa tarea fuera increíblemente difícil. El cambio de semblante de su hermana no paso desapercibido en Lucia la cual sintió sin lugar a dudas que había acertado en un lugar sensible, decidió continuar.

—Y… Quiero que se sepas que me podes contar todo Michi. Yo sé que me ocultas algo y tengo miedo de que te haya pasado algo. ¿Por qué no me decís lo que te paso?

—No me pasa nada Lucia estoy bien, deja de preocuparte —Contesto intentando sonar segura, aunque ya a esta altura ni siquiera la estaba mirando a los ojos a su hermana.

—No me mientas Michi, te conozco muy bien y se cuando me estas mintiendo.

—Nada que ver Lu estoy bien deja de hacerte la cabeza.

—No soy boba, yo se que te paso algo —A esta altura Michelle ya se había separado de su hermana y estaba mirando hacia otro lado—. Me acuerdo muy bien hace una semana cuando llegaste tarde que te encontré toda desarreglada, el olor, las marcas en el cuello… Después te escuche llorar en el baño…

Lucia miró nuevamente a su hermana que ahora estaba de brazos cruzados mirando hacia el piso, estaba colorada y sus ojos estaban llenos de lagrimas, se notaba que estaba haciendo muchísima fuerza para no romper en un llanto, la escucho pronunciar:

—No Lu yo… yo… —Su voz quebró y las lagrimas comenzaron a caer.

Lucia rápidamente la tomo en sus brazos y le prestó su hombro para que su hermana se descargara. Debía de ser muy difícil tener que admitir que algo grave le había sucedió. Lucia continuo consolando a su hermana abrazándola, diciéndole que todo estaba bien y que ya había pasado. Lo mejor era que su hermana mayor se tranquilizase para después preguntarle exactamente qué había ocurrido, después de veinte minutos y con el llanto calmado Lucia comenzó a preguntar.

— ¿Alguien te hizo algo? Por favor contame que no soporto la idea de no saber.

—No es eso, nadie me hizo nada.

—Michi por favor —Lucia no quería que su hermana se comenzara a cerrar de nuevo.

Para Michelle esto era volver a una pesadilla. Justo cuando pensó que había superado aquel episodio con su vecino y solucionado aquella situación su hermana volvía a la carga. ¿Cómo le iba a contar que había tenido relaciones con un hombre de 70 años? Y el juego de provocación en el que ella misma se había conducido voluntariamente a las garras de aquel hombre, motivada por un coctail de emociones morbosas y lujuria. ¿Cómo le podía explicar a su hermana menor todo lo que había hecho? Sin dudas se arrepentía de lo que había sucedido pero no podía negar que aquella situación la había excitado muchísimo por mas mala que hubiera sido.

Y el episodio del día después, cuando tuvo que enfrentar a Alberto para conseguir dinero para la pastilla. Eso era algo muy fuerte, revelaba su irresponsabilidad como mujer y su falta de principios y fortaleza personal cuando accedió a chuparle el miembro por dinero. Esto último era inconcebible, decidió que jamás le revelaría eso último a su hermana menor.

—Bueno está bien —Hizo una pausa para estructurar lo que le iba a decir y continuó—. Primero quiero que sepas que nadie me obligo a nada y nadie me hizo nada que yo no aceptara.

Esta primera declaración trajo un gran alivio a Lucia, los peores escenarios de asalto y violación dejaron su cabeza dejándola tranquila. De todas formas quería saber más, esto no explicaba del todo la rara actitud de su hermana.

—Segundo es q-que… yo… —Ya estaba tartamudeando por decirle una media verdad a su hermana, ahora tenía que seguir con el resto pero no sabía cómo.

—Tranquila Michi —Lucia reconforto a su hermana—. Podes contarme todo, no te cortes.

Michelle miró a su hermana y sonrió, de verdad la quería, ya no se sentía tan sola en ese asunto. Aun así esto no resolvía el hecho de que tenía que contarle de alguna manera lo que había hecho con Alberto.

—Me da mucha vergüenza Lu.

— ¿Por qué te da vergüenza Michi? ¿Con quién fue? ¿Volviste con Nacho?

Nacho era el ex novio de Michelle, desde que cortaron no se habían vuelto a hablar. Ante la ráfaga de preguntas la hermana mayor decidió mentir, tal vez así se salvaría de decirle la humillante verdad.

—Si, fue con Nacho —Dijo tratando de sonar convincente.

Lucia miró a los ojos a su hermana y estudio su expresión. No tardo ni tres segundos en darse cuenta de que le estaba ocultando algo. Michelle enseguida aparto la mirada al darse cuenta que había sido descubierta.

—No me mientas Michelle, te conozco y sé que si hubiera sido algo con Nacho no te hubieras portado tan rara todos estos días. ¿Por qué te estás cerrando tanto?

—Es difícil Lu, vas a pensar muy mal de mí si te digo con quien fue.

—Nunca voy a pensar mal de vos querida hermanota —Le dió un abrazo—. Podes decirme que yo te voy a seguir queriendo igual, pase lo que pase.

—No sé si puedo…

De esta manera quedaron en silencio por un buen intervalo de tiempo, Michelle con su cabeza apoyada en el hombro de su hermana menor. Lucia se puso a pensar la razón por la cual su hermana estaba sintiendo tanta vergüenza. ¿Quién o como podrían haber sido las circunstancias que hicieran que se cerrara tanto? Se puso a pensar en la rutina de aquel día de su hermana. Sabía que iba temprano a la universidad y que volvía a la tarde con cierta variación dependiendo del horario de salida. Por ende descartaba que hubiera tenido algún episodio en alguna fiesta o reunión social. Podía haber hecho algo con algún compañero de curso… o hasta profesor. La sola noción de imaginar a su hermana en esas circunstancias mando un escalofrió a su cuerpo, no era para nada propio de ella. Y en el trayecto de retorno, en el autobús, en la calle. Iba a ser imposible saber, quien podía ser que le diera tanta vergüenza…

—Fue con Alberto —Dijo de forma seca Michelle.

— ¡¿Qué?!

Lucia se iluminó. ¡Alberto! Enseguida recordó cuando llego con su madre del supermercado trayendo las compras, cuando los vio a los dos hablando en el frente de la casa de él. La imagen de la mañana de hoy cuando salían de su casa también volvió a su cabeza. “Mi Michelita” le había dicho su vecino a su hermana, la cual ni siquiera contesto al saludo, contrastando ampliamente con el trato amable que habían tenido los días anteriores. ¡Claro!

—Si, fue con Alberto con quien lo hice —Michelle no se animaba a mirar a la cara su hermana.

— ¿Pero porque Michelle? ¿Por qué lo hiciste? ¿Te trató bien?

Michelle no contesto y Lucia se dio cuenta de que iba ser mejor no seguir presionándola, ya había sido demasiado sacar esa “confesión”, lo mejor que podía hacer ahora era acompañar a su hermana.

—Vení Michi —Dijo poniéndose de pie y levantando a su hermana.

Lucia destapo las sabanas de su cama y guio a su hermana para que se acostara, luego la siguió acostándose detrás de ella quedando en cucharita.

Era así como se ponían cuando eran niñas y tenían miedo o estaban tristes. Con la diferencia de que antes era Michelle quien tranquilizaba y cuidaba a su hermana menor. Ahora era a la inversa y Lucia se encontró acariciando y peinando el pelo tal cual como lo hubiera hecho su hermana mayor varios años atrás.

—Gracias por seguir queriéndome Lu.

—No seas tonta, mira si te voy a dejar de querer por algo así —En algunas cosas era tan inocente su hermana pensó Lucia—. ¿Querés seguir hablando de lo que paso?

—Si, aquí vamos… —Respiro hondo y comenzó a hablar.

Michelle comenzó desde el principio contándole como días antes del suceso había comenzado a tener fantasías sobre sentirse dominada, el episodio del autobús donde la habían apoyado. El como sentía emociones conflictivas entre lo que estaba bien y lo que estaba mal. Le costó abrirse ante Lucia, era difícil decirle como le excitaba sentirse doblegada e invadida bajo la mano de otros hombres. La idea de que otros individuos fuera de su liga la desearan, el concepto de sentirse perseguida y vulnerable, eran elementos que le habían hecho sentir una cantidad de emociones que nunca había experimentado.

—Pero Michi todas tenemos distintas fantasías ¿Por qué me estas contando esto?

—A eso voy, pasa que es ahí donde entra Alberto. Siempre fue un viejo raro e insinuador y fue eso lo que comenzó a despertar emociones en mí. Y es como que siempre sentí una tensión con él. Desde que el empezó a ponerse un poco mas toqueteador me quedo claro que el me deseaba y yo simplemente actuaba inocentemente como si no me diera cuenta de sus intenciones. Pero creo que en el fondo los dos sabíamos a donde podía llegar ese juego, era muy raro Lu, la verdad que nunca me había sentido tan expectante y emocionada ante algo tan incorrecto. Habíamos estado hablando de varias cosas los días anteriores y él insistía en mostrarme su jardín y flores y que le enseñara a usar su cámara nueva, pero en el fondo creo que eran todo excusas para hablar y pasar tiempo con conmigo. Y yo le seguía la corriente a veces, me hacía sentir rarísima.

A Lucia le estaba costando conciliar lo que su hermana le estaba contando. Se suponía que ella era la santa, la que siempre se portaba bien y daba el ejemplo, una chica bien. Nunca imagino que Michelle tuviera una faceta de ese estilo. Imaginarse a ella en esa clase de situaciones estaba comenzado a despertar una sensación extraña, quería saber más.

— ¿Y cómo terminaste con Alberto? —La curiosidad estaba consumiendo a Lucia.

—Fue una tarde cuando volvía de la universidad, me invitó de nuevo a pasar a su jardín para ver las flores y… —Michelle pauso, no sabía si todavía quería contarle gráficamente como había ocurrido todo—. Preferiría guardármelo por ahora Lu si no te molesta.

—No pasa nada, no tenés porque, ya estoy tranquila sabiendo que nadie te lastimo.

—Gracias.

Se quedaron acostadas en silencio, mientras Lucia acariciaba y peinaba el cabello de su hermana comenzó a imaginarse como podría haber sido la escena de Michelle con Alberto. Le impactaba mucho saber que su tierna hermana había tenido relaciones con el horroroso vecino de al lado y de verdad no quería pensar en ello. Pero la curiosidad y el morbo eran muy fuertes y su imaginación comenzó a generan imágenes de los dos participes teniendo sexo. ¿Cómo trato Alberto a su hermana? ¿Acaso ella lo disfruto? ¿Qué clase de relaciones tuvieron? ¿Por qué había actuado tan rara esa semana, acaso lo habían hecho varias veces? Miles preguntas inundaron su cabeza y a medida que pasaban los minutos la curiosidad y ansiedad fueron creciendo. Al final después de varios minutos rompió el silencio.

—Michi perdona que siga insistiendo pero tengo que saber. ¿Por qué seguiste actuando tan rara después de haberlo hecho con él… o lo hiciste más veces?

—No, no lo hicimos más de una vez, pasa que estaba preocupada porque no usam… —Michelle enseguida se arrepintió de haber hablado, se calló.

— ¿Preocupada de que? No me digas que…

Lucia enseguida se sentó apoyando su espalda en la cabecera de la cama, miró a su hermana que seguía acostada dándole la espalda sin contestar.

—No me digas que no te cuidaste Michi…

— ¡No! Al final compre la pastilla del día después, pero estaba preocupada de que no me bajara la regla pero al final me bajo.

Lucia se estiro y abrió el cajón de su mesa de luz donde comenzó a hurgar en su interior. Michelle se reincorporo y se sentó al lado de su hermana ¿Qué estaba buscando Lucia?

—Tomá —Dijo alcanzándole una caja de pastillas anticonceptivas— Parece mentira que tu hermanita menor te tenga que enseñar de estas cosas. —Agrego con un tono de rezongo cariñoso.

Ambas se miraron y rompieron en una carcajada. Eran esos momentos de humor que las ayudaban a romper la tensión.

— ¿Y por que tenes esto Lu? No me digas que ya llegaste a esa etapa con Franco…

—Mmm puede que si hermanota —Dijo de forma pilla con una sonrisa—. Me dijo que no le gustaba usar preservativos y bueno, esta era la otra alternativa.

—Sos fatal hermanita.

—Y vos con Alberto… —Le replico en tono burlón.

— ¡Lucia!

Y continuaron riendo las dos. Así se llevaban y en cuestión de minutos se encontraron cotilleando como cualquier dúo de amigas de su edad. De a poco fueron dejando el tema sexual de lado y volvieron a charlar y bromear como lo hacían siempre, las dos lo necesitaban, querían despejarse y pasar un buen momento juntas.

—¿Sabes qué Michi? ¿Qué te parece si mañana de mañana vamos a la feria artesanal que hay en la plaza mayor?

—Excelente idea mi estimada hemanita —Contesto bromeando

El resto de la noche la pasaron hablando entusiasmadamente de varios temas. Fue cerca de la medianoche que comenzaron a calmarse y a ponerse mas reflexivas. Si bien podían pasar horas y horas hablando de cualquier cosa la realidad era que no podían simplemente olvidar lo que había pasado con Alberto.

Lucia sobre todo tenía esa inquietud en su cabeza, mientras hablaba con su hermana no podía evitar imaginársela a ella en un plano sexual con un hombre tan feo y peculiar. Michelle era el arquetipo de lo que vendría a ser una chica buena. Mientras ella hablaba Lucia en ocasiones perdía el hilo de la conversación, imaginarse a su hermana tan delicada teniendo sexo con su vecino era tan escandaloso. Tenía que apretar sus muslos para suprimir las sensaciones que invadían su cuerpo, era como si le costase concentrarse ahora que estaban mas tranquilas.

—Luuuu, llamando, llamando ¿Estás ahí? Me parece que estamos con sueño.

Lucia salió de sus pensamientos y enseguida contesto.

—No creas, aunque probablemente sea mejor que nos vayamos a dormir.

—Cierto, bueno me voy para mi cuarto entonces.

Lucia vio como su hermana se disponía a levantarse, pero la verdad que no quería que se fuera aún, por alguna razón le gustaba tenerla cerca. Antes de que Michelle saliera de su cama se le ocurrió una idea.

— ¡AAAyyyy!

—Mujaja te vas a quedar conmigo querida hermanota —Exclamo Lucia mientras tria a su hermana de nuevo a su cama a través de un fuerte abrazo.

—Ay Lu pareces que no cambias mas —Dijo entre risas mientras intentaba contener un nuevo ataque de cosquillas de su hermana.

—Puede que tengas razón, pero hoy dormís acá —Rió

Michelle acepto, las dos querían seguir juntas. Lo cierto era que luego de la íntima conversación sobre los sentimientos y vivencias que Michelle había experimentado en los últimos días ambas hermanas se sentían aun mas unidas. Ser capaz de abrirse en aquel ámbito tan personal y poder conferirse todas sus inquietudes elevaban la relación a un nivel aun mas alto.

Luego de que cesara la pequeña escaramuza de cosquillas y jugueteos las volvieron a acostarse y taparse. Lucia apago la lámpara de la mesa de luz y con la oscuridad volvió el silencio y la paz. Le costó conciliar el sueño, la débil luz que entraba por un pequeña abertura en las persianas iluminaba tenuemente el cuarto. Podía ver a su hermana mayor de espaldas a ella, se veía tan delicada con su pelo negro corrido hacia un lado, podía ver parte de sus hombros y cuello desnudos que sobresalían del holgado pijama. Todavía no podía sacarse de la cabeza como una chica tan hermosa y delicada como su hermana había terminado teniendo sexo con alguien tan horrible. Miró de nuevo su cuello, era el mismo que su vecino había tal vez chuponeado y besado. Recordó también lo que le había dicho sobre que compro la pastilla del día después, nuevamente su imaginación se acelero. ¿Cómo podía haber dejado su hermana que un hombre tan horrible la penetrara y encima se descargara dentro de ella? Lucia apretó sus muslos para contener la inquietud que estaba experimentando en su intimidad. Desesperó un poco al darse cuenta de que su mente no estaba tan preocupada en lo repudiable del hecho si, sino que ahora estaba mas ocupada creando imágenes de la inusual pareja teniendo relaciones.

¿Cómo lo habrían hecho? La realidad de que Michelle no le hubiera contado nada sobre como fue el encuentro no sirvió mas que para impulsar su curiosidad e imaginación. Odiaba que fuera así pero no podía sacar de su mente los distintos escenarios que implicaban a su hermana en toda clase de posiciones siendo poseída por su viejo vecino. ¿Acaso su hermana lo disfruto? Parecía tan fuera de carácter siendo ella una persona tan tranquila y vergonzosa. Al centrar de nuevo sus ojos sobre la inocente silueta de su hermana no se pudo contener más, tenía que saber.

— ¿Estas despierta Michi?

—No.

—Uy diculpa —Al menos seguían con sus bromas.

—Dale decime Lu.

—Vos… —De verdad no sabía como planteárselo pero continuo— ¿Vos emm, vos disfrutaste con lo que hiciste con él?

Michelle desde el primer momento que sintió la vacilación en el tono de su hermana supo de lo que iba a ser su pregunta. Giro sobre la cama para quedar enfrentándola aunque termino con su rostro apuntando hacia abajo, le costaba tomar responsabilidad y mirar a los ojos a su hermana cuando hablaban de eso.

— ¡No es que sea malo! —Lucia enseguida se apresuro a agregar, sintió que había sido muy brusca con su pregunta—. Es que no se. Perdoname Michi es todavía no se que pensar.

—No pasa nada Lu, te entiendo, yo todavía no sé como sentirme sobre lo que paso, es difícil. —Hizo una pausa para recolectar sus pensamientos—. Te digo la verdad, creo que sí, lo disfrute por lo menos la primera vez, pero sé que esta muy mal lo que hice…

— ¿La primera vez? —Lucia estaba muy sorprendida ¡Lo había disfrutado! Pero, ¿Acaso lo habían hecho más de una vez?

—Lo hicimos dos veces en la misma tarde por eso —Mintió rápidamente Michelle, lo último que quería era que su hermana supiera que había vuelto el día después. Prefería que se quedara con la imagen de que había sido algo de una sola ocasión.

—Bueno, al menos me tranquiliza saber que no fue una mala experiencia en ese sentido para vos.

Lucia reparo en que su hermana no la estaba mirando a la cara. ¿Por qué era tan vergonzosa siempre? Si ella quería venirse a términos con lo que hizo lo primero que tenía que hacer era tomar responsabilidad por lo que había hecho y perder esa vergüenza. Tenía que ayudar a su hermana en ese aspecto, si bien Michelle era la mayor Lucia sentía que no había madurado del todo en muchos aspectos, siempre estaba perdida en su arte y dibujos.

Tomo suavemente el mentón de su hermana mayor y lo fue levantado hasta que sus dos caras se enfrentaron, Michelle esquivaba la mirada de su hermana y parecía no sentirse cómoda. Acto seguido Lucia se acerco y le dio un beso en la frente, cuando volvió a su lugar se encontró con la mirada de su hermana que ahora la observaba con una tímida pero alegre sonrisa. Sin dudas ese pequeño gesto había calmado a Michelle.

—Quiero que sepas que siempre te voy a querer y que voy a estar acá para que me cuentes y hables de lo que quieras. No quiero que sigas sintiendo vergüenza, lo hecho está hecho y lo mejor que podes hacer es sacarte de arriba toda culpa, aprender de los errores y continuar con tu vida.

—Gracias, sos la mejor hermana del mundo —Michelle se acerco y la abrazo.

—Soy la única que tenes tontita.

Era un lindo momento para Michelle, su hermana tenía razón, no podía seguir siendo la chica vergonzosa de siempre. Si quería enfrentar el mundo iba a tener que cambiar su actitud frente a las cosas y tenía que volverse mas asertiva y segura. Esto en parte la motivo pero también se dio cuenta de que iba a ser difícil, sería imposible para cualquier persona cambiar su actitud y costumbres de la noche a la mañana. Pero bueno, al menos lo intentaría, “Baby steps”, o pasos de bebé como le decía una amiga.

—Michelle… ¿Te puedo hacer una preguntiña?

Por el tono y el enunciado ya sabía que se venía una de esas preguntas en broma que cada tanto hacia su hermana, sonrió y se preparo.

—Por supuesto mi hermanita.

— ¿La tenía grande Alberto?

— ¡LUCIA!

Se separo del abrazo y le dio un golpecito en el hombro, su hermana menor se descascaraba de la risa. Lucia tenía la costumbre de hacer esos comentarios fuera de lugar que cambiaban el ánimo de la conversación en un instante, por lo menos en ese momento las dos estaban riendo.

—Mejor intentamos a dormir que sino no nos vamos a levantar.

Michelle se levanto un poco aturdida producto de la luz que entraba por la ahora abierta ventana. Quería seguir durmiendo pero la voz de su hermana se lo impidió.

—Vamos Michi que quedamos de ir a la feria.

Michelle se reincorporo como pudo y se sentó al borde de la cama, su hermana recién había salido de bañarse y estaba a un costado de la ventana esperando a que ella se levantara. Miró a su costado y vio la caja de pastillas que le había dado a su hermana la noche anterior, sujeto la caja y la examino, que raro era.

— ¿Cómo se supone que se toma esto? —Le pregunto Michelle a su hermana sonriente la cual ya sabía de antemano que le iba a formular esa pregunta.

—Parece que soy yo ahora la hermana mayor —Rió.

Lucia le explico como debía hacerlo y cuando, le explico los beneficios que tenía o al menos los que recordaba de haber leído, como que te ayudaban a regular el ciclo, disminución de dolores menstruales, menos sangrado, etcétera... A Michelle le pareció convincente, es decir no lo necesitaría, pero se lamentó, si tan solo hubiera estado bajo ese régimen de pastillas se podría haber evitado totalmente el episodio del día después con Alberto. Le pregunto como había conseguido esas pastillas, Lucia rió y le dijo que salud pública las vendía a precios baratísimos ya que estaban subsidiadas. Al final acepto la ofrenda de su hermana menor.

Una hora y media más tarde salían animadas las dos jóvenes dialogando sobre que era lo que querían ver primero en la feria. Apenas llegaron a la acera y viraron hacia la dirección donde tenían que ir, Michelle se dio cuenta de que tendrían pasar por frente a la casa de su vecino de al lado, Alberto. Trató de mantener la animada conversación con su hermana y excluir el mundo exterior de su mente pero una conocida voz se lo impido.

—Buenos días vecinas ¿Cómo están? ¿Les gustaría ver las flores? —Pregunto con tono insinuador.

Era Alberto desde su pórtico con su tono incambiable, estaba en un asiento tomando cerveza desde la botella. A Michelle le incomodaba todavía tener que ver a su vecino, no sabía como enfrentar esa ocurrencia diaria aún ¿Qué le podía decir? Sin duda la pregunta de las flores estaba dirigida a ella, él quería repetir lo ocurrido y era esa la excusa que habían usado para acercarse y consumar el acto. Probablemente lo estuviera disfrutando, debía de saber que ella estaba enojada y tenía mucha vergüenza. El ancho de la propiedad en el cual ella estaba a la vista de él se le hacía eterno, quería salir de la vista de él.

Lucia por su parte reparo en el tono de la segunda pregunta y podía intuir el doble sentido. No le gustaba la manera en la cual su hermana había cambiado de ánimo, la veía incomoda y retraída. Decidió cambiar la dinámica situación y mostrarle a su hermana como Alberto era un hombre más.

—Estamos muy bien estimado Alberto, aunque no creo que me gusten tus flores.

El viejo que estaba tragando un buen sorbo de su cerveza instantáneamente tocio y escupió la bebida ante la sorpresa que sintió ante el comentario de su vecina. ¿Acaso había entendido la pregunta? ¿Su hermana le habría contado lo que paso? No podía ser, se estaba haciendo la cabeza, de todas formas su mente se disparo. Una vez dejo de toser miró nuevamente hacia el dúo el cual se alejaba entre risas, había sido ridiculizado.

Ya fuera de la vista de su vecino las dos hermanas continuaban riéndose, aunque era Lucia la que más lo disfrutaba, Michelle sentía que con el comentario por mas corto que hubiera sido le había dado mucho que entender a su vecino.

—Lucia te voy a matar, ahora el viejo va a pensar que yo te conté todo y lo que es peor, ahora te va a decir cosas a vos.

—Que me diga lo que quiera el jubilado panzón —Respondió entre risas—. No le tengo miedo y ese es el punto Michi. ¿No te das cuenta?

Michelle quedo en silencio ¿Qué le quería decir su hermana? Ahora no sentía mas que vergüenza y quien supiera si cuando se cruzara con Alberto en el futuro él le diría algo relacionado con su hermana menor.

—Ay hermanota, hermanota —Lucia se puso más seria—. El punto es que él no va a poder avanzar mas de lo que vos se lo permitas, no te dejes atropellar ¿No ves que es un viejito verde más? Yo me cruce con muchos y los que tienen el poder en la dinámica somos nosotras, nosotras tenemos lo que ellos quieren y somos nosotras las que decidimos lo que pasa o no pasa.

—Si… Pero no es tan así, el ya estuvo conmigo y sab…

—No es eso. No me gusto como veníamos felices charlando de la vida y ver como te achicaste ante él. No quiero que sigas sintiéndote con vergüenza. Tenés poner más actitud y no te tiene que importar lo que diga él, no dejes que sus dichos como los de ahora afecten tus emociones. Yo quiero verte bien Michi.

—Vos sabes que no es tan fácil, a mi me cuesta.

—Siempre fuiste medio ingenua —Dijo con cariño Lucia mientras se acerco para propinarle un beso en el cachete—. De a poco lo vas a lograr Michi.

Su hermana menor la conocía tan bien y era así como también siempre la animaba. Le pareció extraña la dinámica que habían desarrollado en las ultimas 24 horas. Lucia era la menor pero debido a su mayor experiencia en el plano amoroso y su personalidad mas fuerte se había convertido en la consejera de facto. No le molestaba para nada que fuera así aunque sin dudas esto cambiaria la imagen que ella tendría sobre Michelle en cuanto a ser la “hermana mayor”.

Se pregunto cómo serian sus consejos si ella supiera la historia completa. Sobre todo por lo que había pasado el día después del primer acto sexual con Alberto. Que le diría su hermana sobre el cuasi-chantaje al cual se sometió para poder comprar la pastilla del día después. Y lo que era peor, que le diría ella si supiera que toda la barbarie la había excitado.

Michelle se dio que cuenta que si bien podía recibir y seguir los consejos de su hermana había cosas las cuales tenía que resolver sola. Eso incluía sus secretos y las emociones conflictivas que sentía, no le quedaría más que explorar y observar.

“Como la cagué” Pensó Alberto mientras miraba perdidamente la televisión en su oscuro cuarto. No le estaba prestando atención a lo que pasaba en la pantalla sino que estaba recordando lo que había sucedió en la última semana y media.

Lamentaba en parte que su naturaleza manipuladora que lo había dejado sin amigos y pareja a esta altura de su vida haya vuelto aquel segundo día cuando chantajeo a Michelle. No era necesariamente que le importara mucho lo que sentía la jovencita, para nada, él era totalmente apático en ese sentido. No, lo que ahora sentía era un cierto vacío ya que su vida había vuelto a la normalidad. Ya no mas ansias y expectación para generar interacciones con su vecina, no mas conversaciones con ella y por supuesto, no mas sexo por mas breve que haya sido.

Lo que sentía ahora era un profundo aburrimiento y una falta de propósito. Desde que tuvo relaciones aquel ultimo día sus otros hobbies comenzaron a perder su encanto. Lo único que quería hacer ahora era cogerse de nuevo a su vecinita. Mientras pensaba nuevamente en aquello su cabeza no podía evitar llenarse de nuevo de un profundo sentimiento de frustración sexual.

Se maldecía, como había jugado mal sus cartas. Por querer saciar su apetito de lujuria y poder en aquel fatídico día decidió jugar a ser Dios y usar su poder para que Michelle chupara su verga por dinero. Pensar en aquello le trajo una sonrisa y lo excito, pero en seguida menguó, nunca más tendría una chance para hacer aquello de nuevo. La había espantado, había jugado sus cartas de forma pésima y ahora se encontraba como siempre; viejo, solo, aburrido y con una gran frustración sexual.

Si tan solo se hubiera controlado aquella mañana y hubiera actuado de forma mas cooperativa ¿Acaso ella hubiera vuelto por mas? Se le hacía agua la boca en solo pensar en eso, garcharse una pendejita como esa de nuevo era lo que quería, ya ni le importaba sus hobbies de viejo, lo único que quería ahora era cogerse a Michelle de nuevo.

¿Pero cómo? Ya ni siquiera le dirigía la mirada pero… lo que su deliciosa hermana le había contestado esa mañana. Eso sí que hacia girar su engranajes. Sabía por su experiencia que las mujeres se contaban todo, seguramente sería lo mismo para ese dúo de hermanas. Como podría jugar con aquello. Al menos no todo estaba perdido, había que ser cuidadoso y no cagarla de nuevo.

Una sonrisa se dibujo en la cara del viejo. No todo estaba perdido.

Había sido un día agotador para Michelle, había pasado toda la mañana y parte de la tarde con su hermana en la feria y en sus zonas aledañas caminando todo el trayecto. Ahora estaba recostada en la cama debatiendo sus dos opciones entre cerrar los ojos y dormir o esperar una hora para comer la cena que su madre preparaba puntualmente todos los días a las nueve.

Paso bien aquella tarde con Lucia, si bien la dinámica había cambiado un poco en vista de todas las revelaciones que le había hecho se sentía bien sabiendo que su hermana menor conocía sus problemas. Era todavía un poco raro, ya no era frente a los ojos de ella la hermana mayor, fuerte y sabía, ahora era la autentica Michelle, ingenua, vergonzosa y totalmente inexperimentada en temas amorosos. La realidad era que se sentía bien compartir ese lado tan vulnerable con alguien y mucho más si la otra persona la podía aconsejar. Las palabras que le había conferido aquella mañana le habían dado bastante en que pensar. Tenía ganas de hablar con Lucia, hacerle mas preguntas y pedirle consejo, eso implicaría contarle más de lo que había sucedido con Alberto lo cual no estaba del todo lista para contar.

¿Por qué Lucia era tan confiada y segura de si misma? Michelle sonrió ante su pregunta, hacían un gran contraste ahora que se ponía a pensar. Probablemente sus personalidades hayan sido producto de las circunstancias. Sabía que Lucia había perdido su virginidad a una temprana edad durante un viaje a Bariloche, ella misma se lo había contado que no había sido la mejor de las experiencias. Sabía también que desde ese entonces su hermana había tenido relaciones con mas personas, no es que fuera una puta ni nada por el estilo, pero si era un espíritu un poco mas libre en ese sentido, vaya a saber si esto último fuera resultado de su temprana iniciación sexual.

Michelle se dio cuenta en ese momento la razón por la que su hermana era mas segura que ella, había perdido su inocencia mucho mas temprano lo cual probablemente la hay obligado a madurar mucho mas. La experiencia que debía de haber adquirido mas adelante seguramente ayudo a construir esa confianza que tenía. Por eso era mas segura que ella en esos temas a pesar de ser la menor.

En ese momento le hubiera gustado plantearle mas de sus dudas en cuanto Alberto y lo que sentía. Se arrepentía de lo que había pasado pero no podía negar que cuando volvía a pensar en lo sucedido parte de su mente la ponía en un estado de excitación. Se humedecía al solo recordar aquella primera tarde cuando Alberto la postro sobre la mesa, le bajo su jean y la penetró. Estaba tan mal pero era tan excitante, ni con su ex novio había sentido algo parecido, había sido todo tan morboso y primal, ser esclava de sus instintos, no lo podía explicar.

Mientras recordaba aquello Michelle bajo casi sin darse cuenta una mano a su entrepierna por debajo del short de pijama y apenas lo noto sucumbió ante sus emociones. No iba a ser la primera vez desde aquel suceso que se masturbara recordando lo ocurrido, había perdido la cuenta ya. Sabía que estaba mal pero ese era el hecho que lo hacía tan excitante, lo que le daba el morbo a todo aquello. Entregar su cuerpo a aquel viejo indeseable para que hiciera lo que quisiese con ella, que la usara, la doblegara y que acabara dentro de ella.

Michelle se mordió el labio para contener un gemido producido por la excitación de todas esas ideas, ya se estaba colando dos dedos y estaba en plena sesión de masturbación. La calentaba tanto la idea de que un hombre horrible como Alberto la humillara, quería estar a la merced de él, que le hiciera lo que quisiera, era esa su fantasía y a diferencia de muchas mujeres ella la había cumplido, el problema era que estaba mal y lo que era peor, quería repetirla. Quería que la volviera a usar, que le metiera el miembro enorme, que la manoseara, que le tirara del pelo. La idea de que ese hombre la poseyera, sentir como él la doblegaba, no entendía porque la calentaba esa idea pero en ese momento no le importaba. No faltaba mucho ya y estaba por experimentar un orgasmo ante aquellos pensamientos embriagadores, estaba a punto…

Hasta que escucho la puerta de su cuarto:

—Michi me mostrás al final que compr…

Michelle retiro su mano instantáneamente y miró a la cara a su hermana menor que estaba congelada, tenía sus ojos como platos al igual que ella probablemente, la pausa duro 3 segundos nada mas.

—Uy perdón.

Y enseguida cerró la puerta rápidamente y desapareció. “Dios mío” pensó Michelle, ahora para colmo quedaría como una pajera ante su hermana. En estos dos últimos días había expuesto mas de su sexualidad ante ella que en los últimos 5 años.

Se acomodo un poco y salió de su cuarto en busca de Lucia ¿Que le iba a decir? La encontró sola en el living sosteniendo el celular y riéndose.

—Ehm.. Lu no se que decirte pero…

—No tenes que decirme nada —Dijo intentando contener su risa—. No hay nada nuevo en lo que estabas haciendo… ¡Aunque la cara que pusiste!

Lucia exploto en una carcajada mientras Michelle seguía ruborizada aunque estaba riendo también suavemente. Lo bueno era que se lo había tomado con humor y no estaban pasando un momento incomodo.

—Lo único que te voy a decir es que la próxima tranques la puerta, mira si era mamá... o papá.

—Pensé que había trancado pero bueno, no conté con que mi hermanita no iba a tocar la puerta antes de abrir —Y le sonrió.

Al final terminaron bromeando, era bueno que el tabú de la temática sexual se estuviera disolviendo. Al cabo de de unos minutos la tensión había desparecido y continuaron hablando de cualquier cosa, hasta que sin darse cuenta habían pasado 40 minutos. Interrumpieron su charla con la llegada de sus padres que retornaban de su paseo de fin de semana con bolsas de comida china, pasaron el resto de la noche comiendo en familia hasta que cada uno se fue a sus respectivos cuartos para dormir.

Por fin era momento de descansar pensó Lucia. Lo cierto era que había vivido unos dos últimos días ciertamente intensos emocionalmente y ahora que por fin se encontraba sola acostada en su cama, se puso a reflexionar.

Había pasado casi todo el tiempo con Michelle y aprendió mucho sobre ella, o mejor dicho había aprendido mucho de su nueva faceta, lo demás ya lo conocía. Le parecía algo tan surrealista, como en cuestión de 2 días la percepción de su hermana había cambiado tanto. La veía como una persona en proceso de formación, no había lugar a dudas que a pesar de tantas charlas la cabeza de su hermana debía de ser un huracán de ideas y sentimientos, pero era tan inusual y mientras más pensaba mas se shockeaba ante lo que había pasado con ella.

Había otra cosa que la estaba inquietando pero no era sobre Michelle en sí, aunque si estaba relacionado y era sobre lo que estaba sintiendo en aquel momento. Estaba mal pero le resultaba imposible no comenzar a imaginar a su tierna hermana teniendo sexo con aquel viejo. Recordó la cara de placer que vio antes de la cena cuando la sorprendió en su cuarto masturbándose, si bien solo pudo contemplar su rostro por unos segundos la imagen se le había quedado grabada en su cabeza. Se imagino a su hermana con esa misma cara de placer tendida sobre una cama, abierta de piernas con el viejo gordo encima de ella penetrándola. Era tan grotesca la escena pero tan morbosa, los dos cuerpos tan diferentes siendo unidos por la lujuria, el ambiente, el calor, los ruidos, debía de ser un panorama arrollador presenciar algo así.

No podía contenerse más, la noche anterior cuando durmió junto a su hermana imaginaba lo mismo y no podía aguantar. Por más que le pesara le excitaba la idea de su hermana siendo tomada por aquel viejo panzón. La personalidad de Michelle, su carácter eran tan opuestos a esos actos tan lujuriosos. ¿Tener relaciones con un viejo de esa edad? Ella era tan juvenil y delicada ¿Cómo se comportaría entonces ante un hombre tan grotesco teniendo relaciones con ella? Su cabeza no paraba de apilar cientos de imágenes de los dos participes en el acto del sexo. Dejo de lado todos los reparos y comenzó a estimularse, ya no le importaba si estaba bien o mal, estaba muy caliente y se iba a sacar las ganas, se iba a imaginar a su hermana siendo cogida por Alberto. Y así lo hizo.

Diez minutos después se encontró mirando perdidamente el techo ¿Qué clase de hermana era? Había tenido un orgasmo pensando en todo aquello.

El fin de semana terminó y el resto de los días de la semana siguiente dieron lugar a una normalización de la situación. Las dos hermanas estaban más unidas y sentían que su vínculo era más fuerte que nunca. De todas formas había algo que merodeaba en el fondo de los pensamientos de ambas, no habían vuelto a hablar del asunto de Alberto pero la cuestión volvía a reflotar en la mente de las jóvenes por mas de que no lo hablaran entre ellas.

Era como el elefante en la habitación del cual ninguna de las dos se animaba a mencionar. Michelle por un lado tenía muchas dudas e inquietudes pero todavía tenía ciertos reparos en contarle más detalles de cómo había transcurrido las cosas con Alberto, lo que era peor era también el hecho de que le había ocultado y mentido sobre el episodio del día después cuando necesitó conseguir dinero para las pastillas. Contarle esto último a su hermana menor sería devastador y revelaría ante ella una debilidad y falta de fortaleza increíbles, había tirado todos sus valores a la basura aquel fatídico día, no sabía si su hermana le perdonaría eso. Lo que le generaba conflicto también era el hecho de la forma en la cual su cuerpo había reaccionado, a pesar de haber sido humillante se había excitado, eso lo hacía peor ¿Cómo la vería su hermana si le contara que se excito ante una situación tan grotesca y degradante?

Lucia por el otro lado estaba luchando contra sí misma. No se sentía nada orgullosa de lo que generaba su cabeza, pero en los últimos días sus fantasías involucraban siempre a su hermana, se la imaginaba a Michelle con Alberto teniendo relaciones. O lo que era mas grave, se imaginaba a Michelle con ella misma. La amaba pero como hermana, siempre lo hizo, pero este salto tan repentino que la hizo percibirla como un ser sexual había sin dudas cambiado sus engranajes. Le costaba verla de la misma manera, ya no era la inocente chica que pasaba todo el día soñando despierta dibujando y haciendo arte. Ahora era una chica que había experimentado uno de los actos más morbosos e imprudentes posibles, se había dejado coger por un espantoso hombre mayor sin protección, y lo había disfrutado según ella. Si a eso le sumaba la imagen que se había llevado al verla por unos segundos masturbándose esto hacia que todo se le hiciese muy dificultoso de llevar. Sentía culpa de tener esos pensamientos pero era imposible negar los efectos que tenían en ella, muchas veces sucumbía ante ellos y se dejaba llevar con gran placer, pero lo que venía después de cada sesión de masturbación era la culpa ¿Cómo haría para seguir siendo honesta con ella?

Era una cuestión sin aclarar entre las hermanas, pero esto no podría durar para siempre, tarde o temprano algo sucedería que les obligaría a confrontar sus interrogantes y blanquearse. La pregunta era cuándo y cómo.

Alberto estaba sentado en su pórtico bebiendo una cerveza como lo hacía muchas veces durante las tardes. Le gustaba aprovechar que el clima se estaba poniendo más caluroso para sentarse en el frente de su casa y ver pasar a la gente. Como un buen jubilado no tenía mucho para hacer y al menos así podría ver pasar alguna jovencita. Todavía no se olvidaba de Michelle, no tenía nada mas con que ocupar su mente pero lamentablemente no podía hacer nada. Volvía a ser un viejo sin nada que esperar.

Veía pasar los autos, alguna madre con sus hijos y demás personas pero nadie reparaba en él, se sentía tan aburrido. Hasta que reparo en una joven que venía con dos bolsas de supermercado bajo los brazos, era su vecina Lucia.

Era muy parecida a su hermana solo que un poquito más baja y de caderas más anchas, además tenía el pelo castaño. Era sin lugar a dudas una delicia, pero transmitía un aire distinto al de su hermana, no contaba con aquella inocencia que tenía Michelle y por la contestación que le había dado el fin de semana anterior parecía ser mucho más valiente y segura de sí misma.

Apenas estuvo al alcance Alberto decidió saludarla, como hacia siempre con sus vecinos:

—Buenas tardes vecina.

—Buenas tardes —Contesto Lucia mientras caminaba sin pensar demasiado, pero enseguida se dio cuenta quien lo estaba saludando y lo miró a los ojos.

Tenía una mirada intensa y segura la chica pensó Alberto, no era nada como su hermana y por lo que transmitía parecía saberlo todo.

— ¿Anda bien tu hermana? —Pregunto con un tono casual, quería medir la reacción de la joven.

La expresión de Lucia permaneció inmutable aunque Alberto noto un pequeño cambio en sus ojos, la escucho contestar con un tono seco:

—Anda muy bien, gracias.

Y con ese comentario miró al frente y continuó hacia su casa.

El intercambio fue breve y no duro más de diez segundos, no habían articulado más de quince palabras pero la cantidad de información que habían intercambiado con aquella interacción era enorme. Alberto se mostraba desafiante y estaba casi seguro de Lucia sabía todo. Ella descubría que aquel hombre era diferente y que había que tratar con precaución.

Lucia se sentía un poco descolocada por aquel intercambio, una cosa era lidiar con hombres de la calle que soltaran piropos y cosas por el estilo pero otra era lidiar con su vecino. El hecho era que él se había dado cuenta de que ella sabía todo y con la pregunta que hizo toco un nervio sensible, su hermana Michelle. Le intimido un poco saber que él trajera el tema de esa manera, ese hombre no tenía reparo alguno. Lo sentía por su hermana mayor, ella era mucho mas tímida y menos dominante ¿Cómo estaba lidiando ella ante sus avances? Tenía que saber.

Espero a la noche después de la cena para visitar a Michelle a su cuarto. Quería preguntarle como venia llevando el tema aunque a su vez se sentía un poco culpable por todos los pensamientos eróticos que había tenido que involucraban a su hermana y Alberto.

— ¿Si? —Contesto Michelle a los golpes en la puerta.

—Soy yo Michi ¿Puedo pasar?

—Si, dale.

Lucia ingreso al cuarto cerrando la puerta detrás de ella, se encontró con su hermana sentada frente al escritorio, rodeada de pinceles, recortando papel y diarios, componiendo algún tipo de collage artístico. Así era ella, siempre perdida en sus ensoñaciones y delirios creativos.

Opto por sentarse en la cama, su hermana mayor seguía componiendo, estaba tan inmersa en su mundo que parecía haberse olvidado de que tenía visita. Lucia contempló la figura que estaba frente al escritorio, estaba vistiendo su pijama y se podían observar sus hermosas piernas blancas, parte de su hombro y cuello eran visibles también, era preciosa su hermana. Tenía ganas de abrazarla, besarla, la quería tanto, quería estar con ella, se veía tan inocente.

Lucia sacudió su cabeza, su mente otra vez comenzaba a traicionarla, mejor le decía algo.

— ¿Cómo estas Michi?

—Muy bien Lu ¿Qué querías? —Ella seguía recortando papel y parecía estar animada.

—Nada, quería hablar un poco —Lucia pensó como podría sacar el tema de Alberto, no buscaba arruinar el ánimo de su hermana pero no había demasiadas opciones—. Me crucé hoy con Alberto.

El ruido de la tijera y el papel se detuvo, Michelle contesto ya en un tono diferente:

— ¿Si?

—Sí y me pregunto por vos —¿Para que le estaba contando esto a su hermana? La iba a hacer sentir mal, lo mejor era ir al grano—. Pero bueno ese no es el tema, el asunto es me hizo acordar a todo lo que habíamos hablado y quería saber como te estás sintiendo.

—Ehm.. Yo bien, no sé, me ayudaron tus consejos de cómo ser fuerte.

—Que suerte Michi ¿Todavía te sentís culpable por lo que paso?

—Un poco, mas que nada es arrepentimiento, pero no se es que a veces… —Ahora era Michelle la que no sabía como continuar—. A veces no se que pensar cuando me acuerdo de ello, la cabeza me da vueltas y siento cualquier cosa y está mal.

¿Qué le quería decir con eso su hermana mayor? Ella había dejado de componer en el escritorio y había rotado sobre la silla giratoria quedando de frente a la cama lo que le daba una vista de su rostro. Su expresión era vacilante, se estaba conteniendo algo.

— ¿Qué esta mal para vos?

—No sé, hay ocasiones en las que… ay no se Lu. Pasa que cuando lo recuerdo en el momento no me parece tan malo y me hace sentir rara, pero esta mal en realidad.

Lucia estaba cruzada de piernas conteniendo las electrizantes emociones que invadían su cuerpo y mente ¿Le estaba diciendo que no le parecía mal? ¿Qué era? ¿Acaso se excitaba recordando lo que le sucedió? Aguardo en silencio para que su hermana continuara.

—Es que fue tan distinto lo que paso, yo ya te conté lo de mis fantasías y el juego con Alberto. Esta muy mal lo que hice con él, tener relaciones con un viejo 3 o 4 veces mayor que yo, pero hay veces que lo recuerdo y ya sabes, no me hagas decírtelo Lu…

No necesitaba que se lo dijera, Lucia entendía lo que estaba diciendo. Parecía que su hermana se excitaba a veces recordando lo que le sucedió pero le costaba admitirlo en sus propias palabras. Lo que ahora le estaba preocupando a Lucia era la creciente humedad en su entrepierna, se sentía horrible y su mente y cuerpo la estaban traicionando nuevamente. Quería saber más pero ahora dudaba de la razón por lo cual deseaba seguir indagando ¿Acaso era para ayudar a su hermana mayor? ¿O era para satisfacer su insaciable curiosidad?

—No pasa nada Michi, te entiendo —Hizo una pausa para recolectar sus pensamientos, quería hacerla sentir mejor, continuó así—. Lo que pienso a veces es que tampoco es tan grave lo que hiciste, hay historias peores.

La cara de Michelle cambio y se mostro mas inquisitiva y un poco más animada, la misma pregunto:

— ¿Qué historias peores?

—Si… ¿Te acordás de Mayra la que estaba una generación más adelante que vos?

—Me acuerdo si.

—Bueno dicen que ella perdió la virginidad en el secundario… con el profe de educación física, el veterano aquel…

— ¿Qué? No sabía.

—Bueno por eso, lo que te quería decir es que no tenes porque sentirte mal por lo que hiciste —La expresión de Michelle iba mejorando—. Varias chicas de nuestra edad a veces experimentan con encuentros… inusuales, por eso si al final la pasaste bien ¿Qué importa? No tenes que probarle nada a nadie mas que a vos misma.

Las palabras parecieron reconfortar a su hermana, era eso lo que quería, que se sintiera mejor. Pero Lucia sabía en el fondo que el consejo era pésimo, le había dicho aquello para que su hermana no se desanimara tanto.

—Gracias hermanita —Así Michelle se levanto y le dio un abrazo a su hermana.

Lucia devolvió el abrazo, el contacto con su cuerpo despertó nuevamente sensaciones extrañas, su mente seguía haciendo maquinaciones, tenerla de esa manera, quería besarla y acariciarla. Se contuvo, no se sentía bien en el fondo, ya no sabía ni porque le seguía hablando del tema de Alberto. Lo único que lograba era recordarle a su pobre hermana lo que había hecho y probablemente la hacía sentir peor, todo en nombre de satisfacer su propia curiosidad y así alimentar sus fantasías. Se sentía falsa, una mala hermana, lo mejor sería intentar olvidar todo aquello.

Pero antes tenía que rectificar aquello, no quería que Alberto siguiera jugando con Michelle y sus emociones. Temía que ella se dejara llevar por sus fantasías o que fuera manipulada a través de ellas por su vecino. La idea de que pudieran lastimar a su hermana mayor la preocupaba y verla en aquel momento, siendo tan inocente como siempre, le hizo pensar si se iba a poder cuidar sola. Por eso decidió pedirle algo a ella, para que estuviera segura.

—Igual Michi, quiero que me prometas algo.

Michelle la miró extrañada pero igual contesto.

—Decime.

—Quiero que me prometas que nunca te vas a dejar avasallar por Alberto, no quiero que hables más con él. No me gusta que te pueda llegar a manipular y me gustaría que no le prestes atención así como estas haciendo ahora. Sé que te dije que no te tenes que sentir mal por lo que hiciste y que todas las mujeres tenemos a veces una etapa de experimentación y que está bien probar cosas nuevas, pero igual, no quiero que hagas nada con él, hay algo que me da mala espina sobre ese tipo.

—Bueno si vos lo decís, yo confió en vos y tu criterio. Te prometo entonces que no voy a dejarme pasar por arriba por Alberto.

Lucia sonrió satisfecha, al menos había podido remediar la situación, aunque todavía no podía sacarse la culpa de las conjuraciones de su cabeza y sus pensamientos sucios sobre su hermana y Alberto. Eso lo tenía que resolver en otro momento, escucho a Michelle hablar más animada:

—De todas formas Lu, no es que fuera a tirarme a los brazos de ese hombre de nuevo.

Las dos rieron y Lucia se dio cuenta de que podía estar tranquila, tal vez se estaba preocupando demasiado.

—Bueno me voy a dormir hermanota.

Así se despidió y se dirigió a la puerta de aquel cuarto, cuando la estaba cerrando escucho a su hermana decir “Te quiero” a lo que le contesto “Yo también” para luego cerrar la puerta y quedar inmersa en la oscuridad del pasillo. Se sentía mal, estuvo al borde de manipular a su hermana para que le contara más cosas sobre el encuentro a costa de su bienestar anímico, todo para satisfacer su propia curiosidad. La había hecho sentir mejor tal vez con el primer consejo que le había dado aunque no fuera correcto. Se conformo con la promesa al final, era algo que le traía cierta paz de mente. Igual al final lo mejor hubiera sido ni siquiera mencionar el tema.

Exacto, dejar pasar aquel suceso, la próxima vez le hablaría del tema solo si Michelle se lo mencionaba, sería lo más correcto. El tiempo arreglaría todo, Alberto se cansaría de saludarla y su hermana se iría olvidando de lo ocurrido, todo volvería a la normalidad.

“Así que todavía piensa en mí” Pensó Michelle luego de que Lucia se fuera y sin darse cuenta se le dibujo una sonrisa que enseguida borró, que tonta que era, claro que él la recordaba sin dudas que le gustaría repetir lo sucedido. Lo cierto era que ella también pensaba en él y en el mismo plano lujurioso, por más que no fuera correcto ella continuaba recordando lo sucedido y era estos pensamientos los que ocupaban su mente cuando se estimulaba, por más que le pesara y odiara.

Dejo los útiles sobre el escritorio y ordeno un poco el lugar, ya no tenía ganas de seguir con su collage. No le gustaba volver a tener que pensar en el tema de Alberto pero de alguna manera siempre parecía reflotar, ya sea por sus fantasías o en este caso por su hermana.

Le llamó la atención el consejo de Lucia, al parecer no le parecía tan malo lo que había hecho con Alberto, la anécdota de la ex compañera de secundario Mayra acentuaba esa idea y si lo pensaba mejor en ese contexto efectivamente no parecía algo tan grave. Esto la tranquilizó un poco aunque en el fondo seguía sintiendo que aquello no estaba bien, tal es era esa la parte de madurar, ver de forma diferente lo que había hecho.

También le pareció extraña la promesa que le hizo hacer. Pero al pensarlo mejor se dio cuenta de que Lucia quería lo mejor para ella y seguramente todo aquello viniera de su experiencia. Pero como le dijo, no era como si fuera a correr a los brazos de Alberto ¿Quién lo haría? Bueno, en circunstancias normales claro.

Opto por irse a dormir, iba a tener un par de semanas bastante ocupadas con las visitas de familiares del interior del país junto con las entregas de trabajos finales para la universidad. Tenía que concentrarse en sus estudios ahora ya que cuando vinieran sus tíos y más concretamente sus primitos chicos ya que no iba a tener mucho tiempo en calma.

Pasada otra ajetreada semana universitaria Michelle se encontró otro domingo mas con la cara enterrada en un libro de historia del arte. Le estaba resultando tedioso seguir los conceptos y las fechas pero no porque no le gustara sino por el constante ruido de los dos pequeños rufianes que estaban jugando al futbol en su patio. Le había tocado hacer de niñera aquel día mientras sus padres y tíos paseaban por la ciudad y descansaban. Lucia había salido también y no volvía hasta más tarde. Por ende lo que le quedaba en aquellos momentos era intentar estudiar para la prueba del miércoles y cuidar a sus dos queridos primitos.

“GOOOOOOOOOOL”

La voz infantil de su primo de 7 años le estaba empezando a irritar, le iba a costar mucho estudiar teniendo al dúo dinámico constantemente pegando pelotazos y gritando, no ayudaba para nada que la ventana de su cuarto diera al patio. Tenía que dejar de prestarle atención a los ruidos y concentrarse, debía sacar buena nota en la prueba si quería exonerar y no quedar a examen. Era cuestión de concentrarse nada mas, si le ponía empeño lo conseguiría y así lo hizo. Le estaba costando menos y estaba progresando bien, demasiado bien, noto enseguida que reinaba el silencio, por eso le costaba menos ¿Habían dejado de jugar? Un golpe en la puerta de su cuarto contesto su pregunta, era su primito.

—Michelle… —Su voz era la de un niño que se había metido en problemas.

La joven fue a abrir la puerta y se encontró con el primo mayor de 7 años con una mirada suplicante y al menor de 6 con la cara llorosa, su corazón se derritió ante la vista de los pequeñuelos ¿Qué les había pasado?

— ¿Por qué esta Ricardito llorando? ¿Qué pasó? —Dijo Michelle arrodillándose para abrazar al pequeño triste, para luego mirar al mayor esperando una respuesta.

—Es que estábamos juagando a la pelota y sin querer pegue un pelotazo muy, muy fuerte y tire la pelota para afuera, perdóname.

—No pasa nada Pablito la vamos a ir a buscar ¿Dónde cayó? ¿La tiraste hacia el fondo?

—No, no fue para ahí, la tire para la casa del al lado donde hay árboles.

Aquella respuesta la desconcertó, era el patio y jardín de Alberto, ahora si tenía que ir a enfrentarlo. Estaba sola, Lucia no volvía en un par de horas y los demás adultos vendrían mas tarde en la noche. Tenía un desafío en las manos ¿Qué podía hacer?

— ¿La vas a ir a buscar? —Ahora el que le hablaba era el menor de todos con su vocecita— Esa pelota me la regalo mamá y es de la que usaron en el mundial, no la quiero perder.

— Si, la voy a ir a buscar quedate tranquilo primito —Michelle abrazo nuevamente al retoño, la llenaba de ternura aquel niño y quería hacerlo feliz— Ustedes vayan al living que les voy a dar los controles de la Play para que jueguen.

El rostro de ambos cambio al instante y luego de un animadísimo “¡Gracias!” se fueron disparados a los sillones del living frente al televisor. Michelle fue al cuarto de sus padres donde tomo del escondite los controles de la consola y momentos después se los estaba entregando a los chicuelos.

— ¡Gracias prima!

—Por ustedes hago cualquier cosa diablitos —Extendió su mano para estrujar cariñosamente el cachete regordete del mas pequeño—. Pero no le digan a los grandes que les deje jugar a la Play tan temprano, acuérdense que a sus papás no les gusta que pasen todo el día jugando a esto.

—Siii... —Respondieron los dos a la vez.

Michelle miró al dúo que ya estaba perdido en la pantalla de la televisión. Al menos ahora estaban mas tranquilos y además eso le daba tiempo para pensar que podía hacer ahora. Empezó a sentir nervios, no había cruzado palabra nunca más con su vecino desde aquel fatídico día donde le pidió dinero para la pastilla. Ahora iba a tener que enfrentarlo sola y pedirle que le devolviera al pelota de su primo.

Volvió a mirar a los dos niños y pensó, tal vez si fuera con ellos… Pero no, no los iba a exponer a aquel hombre horrible por más que esto disuadiera algún posible avance del vecino. Iba a tener que ir sola.

Se miró al espejo del living y comenzó a arreglarse un poco ¿Pero para que lo hacía? Su mente estaba en cualquier lugar, tomo las llaves y su celular y se dirigió a la puerta, antes de salir le dijo a sus primos:

—Ya vengo ¿Ta? Pórtense bien.

—Siiiiii —Respondieron los dos al unísono, estaban mas concentrados en la pantalla que en ella, ahora entendía porque su tía no había querido comprarle una consola a sus hijos, podían pasar horas frente a la misma.

Así salió de su hogar hacia a la casa de Alberto. Mientras se acercaba recordó los nervios que había sentido tres semanas atrás cuando salió a enfrentarlo aquel día que necesitó dinero para la pastilla de día después. Por alguna razón ahora se sentía con cierta confianza, había aprendido de los consejos de su hermana y si bien todavía sentía nervios se le hacía más fácil controlarlos.

Llego a la puerta del frente y toco timbre, tuvo que aguardar menos de diez segundos hasta que se abrió la puerta. Ahí estaba él, ligeramente desarreglado y vistiendo una camiseta holgada blanca desgastada y unas bermudas marrones. Después estaba su mirada la cual la desalentó, seguía siendo lasciva y segura, Michelle sintió como sus defensas flaqueaban.

—Hola Michelle, hace tiempo que no hablamos —Su tono seguía siendo insinuador, aquel hombre no cambiaba.

—Hola Alberto, vine a buscar una pelota de futbol que cayó a tu jardín ¿Me la podrías traer?

Con esas palabras Michelle intento ir al grano y no darle charla a su vecino pero noto que él ni se inmuto y permaneció en silencio, mirándola con una expresión un poco mas seria. Tal vez había sonado como una mal educada, por lo que enseguida agrego intentando mantener su temple serio:

—Por favor.

Alberto sonrió levemente y la miró de la cabeza a los pies. El silencio estaba matando a la joven, la tensión la estaba desarmando. En seguida reparo en que ella no tenía el control de la dinámica, todas las defensas que había construido a base de la reflexión de las últimas semanas y los consejos de su hermana parecían servirle menos. Al mirar al hombre a los ojos reparo en que él también la estaba leyendo, era él el que decidiría todo.

— ¿Estás segura de que cayó de este lado vecina? Yo no escuché caer nada.

—Si estoy segura, me lo dijeron mis primitos que me esperan solos en casa ¿Me la podrías devolver por favor? —Insistió la joven, tal vez si le mencionaba que tenía niños solos en una casa se apuraría y dejaría ese jueguito.

Alberto se desperezo tranquilamente, parecía importarle poco el sentido de urgencia de su vecina. Michelle contemplo ese gesto, estaba jugando con ella y la situación la estaba inquietando.

—Es muy grande el jardín ¿No te acordás? —Dijo haciendo clara referencia a la tarde donde tuvieron sexo—. A un pobre viejo como yo le tomaría mucho tiempo encontrar la pelota, y no estoy para andar arrasándome en el suelo para encontrarla entre todas las plantas y arbustos.

—Bueno, igual te espero acá entonces a que lo traigas.

Alberto contemplo a su vecina. Seguía estando hermosa a pesar de vestir un simple pantalón de jogging ligeramente holgado y una remera polo de manga corta, debía de ser la ropa que usaba para andar dentro de su casa. Parecía tener una actitud diferente y más segura aquel día, pero si algo aprendió de sus años lidiando con mujeres era que aquello era una fachada. Al principio de la conversación le basto nada más con guardar un poco de silencio y mirarla fijamente para notar como se iba incomodando. No quería dejarla ir todavía, se le ocurrió una idea.

—Está bien, voy a ir a buscarla —Respondió sonando resignado el viejo y cerrando la puerta.

Era una pequeña victoria pensó Michelle, se sintió satisfecha. Había logrado dejar el jueguito del pervertido de su vecino e hizo que le hiciera caso. Su hermana tenía razón, eran ellas la que tenían algo que ellos querían y eran las mismas las que decidían que pasaba o no, solo había que ser firme.

Alberto salió a su gran jardín y apenas con un rápido vistazo localizo la pelota. La tomo y puso en marcha su plan, miró a su alrededor y busco un buen lugar donde esconderla, no iba a dejar a Michelle escaparse tan fácil.

Un par de minutos después la puerta del frente se abrió nuevamente y Michelle observo que Alberto no tria la pelota consigo. Inmediatamente la sensación de bienestar se disolvió, al parecer no iba a ser tan fácil el asunto.

—No la encontré vecina, te dije que es un lugar grande ¿Por qué no pasas y me ayudas a buscarla? Así terminamos mas rápido.

Que molesto que era ese viejo, no le importaba que en la casa de al lado hubieran dos niños sin acompañar, lo único que le importaba era él mismo y poner excusas para interactuar con ella. Tenía recuperar la pelota por el bien de su primito, al final no le quedaba otra opción que tomar el camino más corto e ir directamente al lugar para encontrar la pelota.

—Bueno está bien, vamos.

—Después de ti.

Alberto se hizo a un lado y dejo ingresar a la joven. Inmediatamente Michelle sintió los ojos de aquel hombre recorriendo su retaguardia, por un momento pensó que haber aceptado entrar no había sido una buena idea.

Su vecino la guió por la casa hacia atrás hasta que llegaron al patio. Apenas salieron hacia afuera Michelle recorrió aquel lugar con su mirada. Le costaba entender como un hombre tan horrible como Alberto había creado un espacio tan maravilloso, al mirar a su cercanía vio la mesa y el par de sillas donde él la tomo por primera vez. Un torrente de emociones inundaron su cabeza al recordar aquel suceso. Se sentía rara, hacía tan solo 3 semanas había estado ahí con su pantalón a medio bajar y con un hombre de más del triple de su edad penetrándola y ahora se encontraba en el mismo lugar tratando de ignorar aquel hecho y rechazando los avances de su vecino.

—Como podes ver vecina la pelota debe estar perdida entre las plantas, a simple vista no la encuentro.

Michelle lo miró y simplemente asintió para luego adentrarse en aquel jardín en búsqueda la pelota. La joven noto enseguida que el viejo ni siquiera la estaba siguiendo, al contrario, había tomado asiento en una de las sillas y simplemente la observaba, que viejo inútil pensó, no la estaba ayudando.

Al final lo mejor era ignorar a aquel hombre y concentrarse en encontrar la pelota. Recorrió el lugar observando detenidamente bajo las plantas, hojas y maleza del lugar pero no podía encontrar la preciada esfera. Ya había recorrido la mayoría del jardín y se estaba empezando a frustrar, escuchó los pasos de Alberto detrás de ella.

— ¿No la encontraste todavía? Te dije que era difícil, te voy a ayudar a buscarla.

—Bueno, gracias.

Ya era hora pensó Michelle que vio como el hombre daba media vuelta y se perdía entre las plantas buscando por donde ella ya había pasado. La verdad no creía que él la fuera encontrar, tal vez la pelota no estaba en el jardín, se podría haber ido más lejos, de igual manera era mejor estar seguro, continuó con su búsqueda.

— ¡Michelle! —Escucho decir a Alberto a la distancia—. La encontré.

¡Por fin! La joven se acerco al hombre y lo vio contemplando la fuente de agua.

— ¿Dónde está la pelota? —Pregunto confundida la joven.

—Es extraño vecina —Pareció sonar reflexivo— a veces uno encuentra las cosas que desea en los lugares donde menos se lo espera.

¿Qué le estaba diciendo Alberto? ¿Acaso seguía intentando jugar con ella? Michelle lo miró a la cara y vio una renovada expresión lasciva, él la miró a ella y agrego con su usual tono.

—Creo que de eso sabemos los dos ¿No te parece mi Michelita?

Acto seguido recorrió lentamente el cuerpo de la joven con su mirada, Michelle se estremeció. Desde que había tocado el timbre la interacción con aquel hombre se volvía cada vez más inquietante y tensa. No ayudaba en nada que su cuerpo comenzara a comportarse de una manera totalmente contradictoria, la tensión de poco la iba humedeciendo. Tenía que salir de ahí cuanto antes.

—Alberto tengo a mis primos chicos solos en casa, decime donde esta la pelota por favor —Si bien intento sonar firme su voz contenía cierto nerviosismo que no paso desapercibido.

—Por supuesto vecina está ahí.

Alberto señalo el medio de la gran fuente donde detrás de uno de los adornos flotaba la buscada pelota de futbol. ¿Cómo no la había visto?

Michelle se inclino por sobre la fuente para alcanzar la pelota, estaba un poco lejos pero al alcance de su mano, solo tenía que cerciorarse de no caerse al agua. Apenas toco la pelota con la punta de sus dedos hizo un movimiento de manera de que la pelota se fuera acercando hasta que pudiera agarrarla con toda la mano, apenas había tomado la pelota y sintió un ligero empujón hacia adelante en su espalda baja.

— ¡Ayyy…! —Gritó por un instante la joven.

Pero la caída fue detenida por Alberto que la sostuvo pasando su antebrazo tomándola del torso y descansando su mano por debajo de uno de sus pechos. Enseguida la atrajo fuertemente hacia él resultando que los dos cuerpos quedaran en contacto.

Michelle sintió en seguida como toda la cara posterior de su cuerpo entraba en contacto con aquel hombre y sobre todo sintió el bulto de él apoyarse en sus nalgas. Sorprendida giro su cabeza y se encontró con la horrorosa sonrisa lujuriosa de su vecino.

—Alberto… —Pronunció casi sin aliento ante el shock de la situación, sentía una mezcla de miedo y excitación.

El viejo contemplo satisfecho a la jovencita que tenía sujetada, la expresión de ella era de total sorpresa y su boca ligeramente abierta. Seguramente no se esperaba que algo así fuera a ocurrir. Ese hecho le fascinaba Alberto, le iba a demostrar a esa fémina quien tenía el control de la situación. Esto lo alentó y comenzó a hacer aun más presión con su creciente erección en las nalgas de su vecina, las cuales podía sentir con detalle debido a lo holgado y fino del pantalón de jogging que ella llevaba.

—Alberto… pará por favor… —Dijo la joven entre jadeos producidos por la inercia de los movimientos a lo que estaba sometida.

Michelle no lo podía creer, había sido reducida y no podía contener a su vecino, ahora sí que no sabía como salir de esa situación. Comenzó a sentir como una de las manos de Alberto estrujaba sus pechos por encima de la ropa, sentía también con claridad la erección de aquel hombre acomodada entre sus nalgas, después sintió la otra mano…

—AAAAyyyyy por favor paraaaaá —Exclamó ante la joven ante la invasión de su entrepierna.

Alberto había colado su mano fácilmente por debajo del elástico del pantalón y procedía a sentir por encima de la bombacha la intimidad de Michelle. Ella intentaba contener su avance cerrando sus piernas e intentando quitar sus brazos pero era inútil, la tenía dominada.

—Jeje estas empapada pendeja, porque no te dejas hacer.

—Alberto por favor dejame ir Ayygh —Nuevamente Michelle gimió ante los estímulos que estaba recibiendo, segundos después continuo con su suplica—. No quiero estar acá aaagh…

Alberto comenzó a chuponear el cuello de la joven la cual no dejaba de gemir y suspirar, fue subiendo hasta que llego a su oreja, a esa altura Michelle había bajado sus defensas y estaba ofreciendo una resistencia simbólica. El orgullo y dignidad de esa chica de no dejarse hacer, Alberto decidió que había que cambiar eso, había que quebrarla y hacerla aceptar su nueva realidad. Llevo su boca al oído y le dijo:

—Yo se que sos una santita y que para vos no esta bien que yo te haga esto pero lo cierto es que tu cuerpo no miente mi Michelita.

Michelle giro ligeramente su cabeza y lo miró por la comisura de los ojos con una expresión que era una mezcla de preocupación y placer. La inquietaba que aquel hombre la pudiera leer de esa manera.

—No ves que estas empapada pendeja, yo se que vos queres pija, ufff desde que te apareciste aquella tarde para ver el jardín lo supe. Lo vi en tu cara, te morías de ganas de que te dieran una buena cogida.

Michelle se moría de vergüenza mientras Alberto le recordaba aquello. Él estaba rompiendo la percepción que tenía ella de sí misma como una chica de bien y la estaba pintando como una puta cualquiera, no le gustaba, pero el hecho era que lo que le decía él era en parte cierto.

—Hoy te vas a ir de esta casa bien cogidita putita, sé muy bien que viniste a eso.

Y así Alberto le bajo el pantalón de jogging de un tirón que cayó hasta los tobillos. Con una mano dejo de morrear sus pechos y la llevo hacia la intersección del cuello y la mandíbula de la joven haciendo que quedara mirando hacia arriba e inmovilizándola. Con su otra mano le dio unos buenos manoseos a su hermosas nalgas para después por detrás colocar la mano en la entrepierna para darle mas estímulos de forma más impetuosa.

—AAyghh despaciooo…

Michelle no sabía si a esa altura podía detener a Alberto. En aquel momento la estaba tratando de una forma más agresiva y dominante. Todas las cosas que le estaba diciendo, como la manejaba, la rudeza con la que la estaba tratando. En parte la asustaba un poco pero a su vez la calentaba en gran medida. Eran escenarios como estos los que ella se imaginaba en sus fantasías, de ser usada sin ningún reparo por su opinión, ahora lo estaba viviendo.

—Que cogida que te voy a dar putita… sacate esa camiseta mi Michelita quiero ver esos pechos tuyos.

Después de pronunciar esas palabras el viejo saco la mano del cuello de la joven para luego tomar por debajo la polo y después tirar bruscamente hacia arriba. Michelle enseguida se vio enredada en su camiseta y no le quedo mas que colaborar con el objetivo de Alberto y desvestirse, no hace falta decir que el sutién voló por los aires también de la mano del viejo.

Apenas quedaron los pechos al aire Alberto se abalanzo a tomarlos. Los trato de forma dura y no se contuvo en lo absoluto a la hora de manosearlos y estrujarlos. Le presto atención a los pesones los cuales el viejo deboro con su boca, dándole chupones los cuales arrancaron sonoros gemidos por parte de la jovencita. Pero el vecino tenía otros planes para ella y apenas terminó de besar y chupetear esos senos continuó con su objetivo.

—Mmm que linda pendeja que sos ¿Sabes qué? Te quiero garchar bien de bien hoy, vamos a otro lugar más cómodo.

Apenas él termino de hablar Michelle sintió como el hombre paso un brazo por debajo de sus piernas para luego levantarla y cargarla. Nuevamente se sorprendía ante la manera brusca en la cual la estaba tratando, para él seguramente ella no fuera más que una muñeca de trapo. Este pensamiento fue confirmado cuando llegaron al cuarto de Alberto y este la soltó sin mucha delicadeza a la joven en la cama de dos plazas.

—Alberto me tengo que ir—Suplicó en un último vano intento para detener aquello, mientras contemplaba al viejo desvestirse.

Alberto ignoro la suplica y una vez termino de desvestirse tomó los tobillos de la joven y los atrajo hacia él, dejando el pelvis de Michelle sobre el borde de la cama. Se arrodilló sobre el piso quedando frente a la entrepierna de la chica, enseguida la despojo de su bombacha y coloco las juveniles piernas sobre sus hombros. Quería probar su esencia, degustar después de tantos años el sabor de una mujer tan joven. Antes de fundir su boca con la intimidad de ella quería apreciarla y tocarla.

La cabeza de Michelle no paraba de cuestionarse. ¿Cómo había llegado de nuevo a estar en una posición tan comprometedora? Había tantas cosas que había hecho mal pero aquello poco importa ahora. Tenía la cara de su viejo vecino entre las piernas y el mismo la estaba mirando a los ojos con una expresión dominante y lujuriosa. Comenzó a sentir su gruesas manos invadir y toquetear todo su cuerpo, sus muslos, vientre, pechos, es como si él le quisiera hacer saber que le podía hacer lo que quisiese y tocar donde se le antoje. ¿Qué iba a hacer Alberto? La estaba toqueteando pero solo le miraba la cara y la vagina. La joven empezó a sentir una electrizante ansiedad ¿Por qué no le hacía nada? Estaba calentándola.

—Bufff —Soplo el viejo a la entrepierna de la joven.

Michelle instantáneamente gimió y arqueo su espalda hacia adelante ante la corriente de aire frio que impacto su intimidad. Sintió luego como las manos de aquel hombre retomaban el manoseo de su cuerpo con más ímpetu que nunca lo que provoco que el deseo de la joven se dispare.

Alberto no espero más y zambulló su boca en la rajita de su vecina. No había dudas que ya la tenía fuera de sí, lo único que podía escuchar ahora eran sus delicados gemidos. Quería sacarla de sus casillas, emputecerla y hacer que dejara de desinhibirse.

—Dale, soltate mi Michelita —Comento para luego volver a chupar esa preciada parte— dejate hacer putita que yo sé te esta gustando.

La expresión de Michelle la delataba y estaba a punto de perder el control. Ya no tenía sentido contenerse, aquel viejo le estaba haciendo sentir cosas que nunca había experimentado. Al final tiró todo por la borda al escuchar a su vecino, no le importaba más que él la doblegara y rompiera su orgullo, ahora solo quería disfrutar. En un gesto que ni ella se hubiera imaginado se entrego al viejo pervertido.

—Siii pendejita asiii —Exclamo Alberto que se vio sorprendió ante el hecho de que Michelle movió su pelvis hacia adelante para sentir su boca, le dio una lamida y agrego— Yo sabía que te estaba gustando.

Alberto continuó saboreando a Michelle pero no puedo contenerse más, trepo al colchón y se sentó al lado de la joven la cual se recostó sobre sus codos. El viejo llevo una mano a la ya enchastrada vagina la cual continuó estimulando y otra a la mandíbula de Michelle, giro su cabeza para verla mejor y quedo deleitado con la expresión de ella.

Era una expresión intensa de deseo, su bella boca no dejaba de soltar gemidos desinhibidos y su mirada era indescifrable. No cabía duda que esta joven era presa de sus instintos, se estaba dejando hacer. El viejo casi se desmaya cuando vio a la joven cruzar un brazo hacia su verga la cual envolvió con su manito y comenzó suavemente a masturbar. No lo podía creer, disfruto del momento hasta que varios segundos después le pregunto:

— ¿Querés te coja eh?

Las pupilas de Michelle se contrajeron, por más que fuera algo obvio la certeza de la pregunta la sorprendió. Ni siquiera se había dado cuenta de lo que estaba haciendo hasta que él la hizo volver a la realidad con aquella interrogante ¿Por qué estaba actuando de esa manera? No pudo pensar demasiado, su pobre vagina fue sometida a un nuevo ritmo más fuerte de estímulos la cual la sacaron de su reflexión.

—Aaayayyyyyghhhhhh… Albeeeertooooo.

—Dale decímelo Michelle, se que queres que te meta esta pija que estas sosteniendo, decímelo.

Así que era eso lo que él buscaba, quería quebrarla, era solo eso lo que le faltaba a él. Hacer que ella le admitiera en sus palabras lo que deseaba, quería que admitiera que no era ninguna santa y lo que buscaba en ese momento era ser cogida.

A esta altura Michelle estaba intentando cerrar sus piernas fútilmente ante la fuerte mano de Alberto la cual estaba castigando su intimidad.

—Ayyygg… Alberto… por favor m… mmaas despacioooooo —Suplico entre gemidos.

—Dale admitilo, decime lo que queres putita —Alberto tomo el mentón de la joven y se acerco a su rostro quedando a escasos centímetros de su cara.

Michelle lo miró a los ojos como pudo y pensó. Hasta ahí había llegado, la última de sus barreras personales iba a ceder, no soportaba mas el deseo y lujuria que había en su interior. La había quebrado, Alberto había logrado despojarla de sus últimos vestigios de autocontrol y dignidad, había logrado doblegarla a través de sus deseos. Dijo en voz baja intentando contener los gemidos:

—Cojeme.

—¿Cómo? No te escucho —Dijo con una sonrisa Alberto, claro que le había escuchado, quería que se lo dijera de nuevo.

—Ayyygh cojeme Alberto —Soltó obligada por una nueva arremetida de los dedos de su vecino.

No necesitó escuchar nada mas, Alberto le plantó un profundo beso de lengua y segundos después se separo de la joven. Se arrodillo y se sentó sobre sus talones para después bruscamente maniobrar a Michelle de sus piernas dejándola boca arriba con sus piernas separadas. La tomo de su caderas y la fue atrayendo hacia él, hasta que sus dos sexos quedaron enfrentados. Miró el rostro de la joven que iba a poseer, jamás se olvidaría de esa carita.

Michelle contemplo expectante como Alberto manipulaba su pene en preparación para lo inevitable. A diferencia de la primera vez que tuvieron sexo ahora si podría apreciar con toda claridad como aquel hombre la iba a ir penetrando. Se estremeció un poco al sentir como él comenzó a restregar el glande contra su húmeda entrada, miró su cara nuevamente y se encontró con la ya familiar sonrisa lasciva y su mirada intensa.

La mirada de ese hombre le decía mucho, era de triunfo, la había doblegado. Todo el trabajo personal, las charlas con su hermana, horas de reflexión, promesas, expectativas, todo se había ido a la basura. Ahora se encontraba frente al hombre causante de todos sus tumultos esperando a que él simbólicamente plantara su bandera para asegurar su conquista.

Y no se hizo esperar, segundos después comenzó a sentir el calor y la presión de la herramienta de Alberto, al mirar pudo ver como ese gran miembro de tono marrón se iba adentrando en su intimidad y su pálido cuerpo hasta llegar al fondo. Se sintió tremendamente llena, le costaba no gemir ante el placer, vio las gruesas manos del viejo pasearse por su vientre y pechos mientras él claramente disfrutaba de aquella conquista. Era como si él quisiese saberle hacer que lo había logrado, que la poseía, que ella al menos por ese momento le pertenecía a él.

Momentos después Alberto volvió las manos a las caderas de la joven para comenzar con el acto del sexo. Comenzó con un ritmo firme y constante, se aseguro de que la joven sintiera toda su masculinidad. La lubricación era abundante y en cuestión de minutos ambos se encontraron totalmente envueltos en el acto de apareamiento.

El ambiente en aquella habitación era denso. Allí se encontraba la inusual pareja en pleno acto primal. Ambos habían dejado de lado toda su conciencia e inhibiciones y se concentraban solo en el acto sexual. Ninguno de los dos se contenía y los gemidos y bufidos retumbaban en aquel cuarto. Ambos estaban poniendo mucha energía en el acto y no demoraron demasiado en transpirar. Michelle recibía gratamente las arremetidas de su vecino, su cara estaba ruborizada y tenía algunos pelitos pegados en la frente debido al sudor, su boca no dejaba de soltar gemidos desinhibidos y sus ojos entrecerrados no dejaban de contemplar su cuerpo y el de su conquistador. Aceptaba sumisamente los espiración morreos y toqueteos de Alberto sobre sus pechos y demás partes del cuerpo y mantenía su brazos por encima de su cabeza recostados sobre la cama para brindarle a él fácil acceso, estaba totalmente entregada a aquel hombre y lo estaba disfrutando.

Alberto estaba eufórico, allí tenía a su jovencita, no pensó verdaderamente que la iba a volver a tener de esa manera. Pero cuando la oportunidad se presento ese día supo que iba a ser todo o nada. Estaba tremendamente satisfecho y estaba logrando lo que el quería sobre ella, total sumisión. Se concentro en esos momentos en disfrutar pero sabía también que si quería lograr su objetivo iba a tener que hacer acabar a aquella jovencita, no tuvo que esperar demasiado, varios minutos después comenzó a ver los signos del inminente orgasmo de aquella joven.

El sonido del choque de los cuerpos, los resortes del colchón, el sonido de los fluidos y la fricción de ambos sexos, la visión que tenía sobre su propio cuerpo siendo tomado por Alberto, eran demasiados estímulos para la joven. Las sensaciones y emociones se iban apilando y en ese momento Michelle supo que no iba a durar muchos más. Comenzó a sentirse terriblemente acalorada, no pudo controlar su respiración y su mente se quedo en blanco, inmediatamente comenzó a sentir los efectos de un arrollador orgasmo totalmente diferente a los que había sentido antes durante su vida.

Su cuerpo temblaba a medida que los efectos se iban disipando e iba volviendo a la realidad. Sintió que Alberto continuaba ahora con un mayor ritmo con sus arremetidas, supo entonces que era el turno de él. En ese punto no le importaba que hiciera él con su cuerpo, lo que vendría ahora sería la acción que consumaría toda su conquista. Vio su expresión cambiar y supo que se vendría el momento.

—AAAGGGHHH MICHELLEEE TOMAAAA.

Alberto fortaleció su agarre sobre las caderas de Michelle y arremetió hasta el fondo, disparo cinco potentes descargas al interior de su joven vecina. Durante el acto no aparto su mirada sobre los ojos de esa chica, lo hacía más excitante aun apreciar la expresión de esa jovencita satisfecha con sus mejillas rojas y la mirada vergonzosa, lo hacía muy morboso.

Michelle sintió las palpitaciones de las descargas siendo disparadas en su interior y sintió como se iba llenando de la semilla de ese hombre. Durante el acto de concreción mantuvieron sus miradas conectadas y sintió un extraño vínculo de cuando se comparte algo profundo, no sabía cómo explicarlo. Era extraño, era a un nivel mucho más primitivo pero todavía no comprendía el porqué de esa sensación. Era algo fuerte pero difícil de entender.

De a poco los dos participantes se fueron recomponiendo y sus respiraciones se iban desacelerando. La realidad de a poco iba volviendo a la mente de Michelle cual tomo la iniciativa en desacoplarse. Sintió su vagina retraerse ante la salida del miembro de Alberto, sintió también como el semen se derramaba de su entrada hacia abajo, se sentía sucia pero por alguna razón no la hacía sentir mal. Se puso de pie y esquivo la mirada de su vecino para luego dirigirse sola al jardín.

El aire fresco la renovó y le dio energías, de a poco iba recobrando todos sus sentidos que estaban adormecidos. Se puso a caminar desnuda por aquel hermoso lugar, se sentía liberada estando rodeada de tanta naturaleza sobre todo estando desnuda, podía sentir el semen derramándose por sus muslos pero no le importaba y continuó caminando por el lugar, ocasionalmente sus manos acariciaban las ramas y las flores. No podía entender el concepto de porque se sentía liberada, era otro plano de entendimiento pero no podía comprender como estaba sintiéndose tan bien y satisfecha. Escucho el ruido del correr del agua y se dirigió allí, ahí estaba la hermosa fuente hermosamente decorada, y a sus pies la pelota, sus zapatillas, pantalón, remera…

Se congeló. Todo su mundo se comenzó a derrumbar cuando Michelle recordó porque había ido a aquel sitio en primer lugar ¡SUS PRIMOS! Todos sus sentimientos de bienestar se esfumaron en un instante y fueron reemplazados progresivamente por una sensación de culpa y ansiedad ¡Que irresponsable que era! ¿Cómo había podido haber dejado solo a sus primos chicos? Michelle enseguida corrió hacia el lugar para recoger su ropa y vestirse, apresuradamente intento limpiarse todo el semen que tenía con el agua de la fuente y apenas estuvo satisfecha se puso el pantalón y se calzo las zapatillas, busco el sutién pero treinta segundos después abandono su búsqueda y se puso la remera, tenía que ir a su casa cuanto antes ¿Cómo estarían sus primos? Recordó también que no se había puesto su bombacha y se dio cuenta de que debían de estar en el cuarto de Alberto. Tomo la pelota de futbol y se fue rápidamente hacia el portón que conectaba el jardín con el exterior pero al llegar noto que estaba trancado con llave. Volvió a la casa y por fortuna estaba la puerta frontal estaba con la llave puesta, apenas se apresto a tomar el pomo de la puerta para salir escuchó una voz en su espalda.

— ¿Ya te vas mi Michelita, sin despedirte?

Michelle giro y se encontró con aquel horrible hombre desnudo. Él por su parte se acerco a escasa distancia de la joven la cual terminó con su espalda contra la puerta acorralada ante la presencia del viejo. Alberto tomo el mentón de su vecina y lo subió para que ella quedara cara a cara con él. Su expresión era dominante, Michelle no pudo evitar sentirse un poco asustada ante él.

—No te olvides de lo que paso hoy Michelle, hoy me mostraste tu verdadera naturaleza y créeme que vamos a repetir esto.

El hombre le planto un beso de lengua que fue acompañado por toqueteos en el cuerpo de la joven. Esto se vio enseguida interrumpido por la misma que forcejeo y logro escabullirse del agarre de su vecino, enseguida abrió la puerta y salió disparada de aquel lugar. No podía creer lo que había acontecido, se había entregado a ese horrible personaje.

Pero este no era el único de sus problemas ya que apenas estuvo nuevamente al frente de su casa se dio cuenta de que ahora tenía que lidiar potencialmente con mas consecuencias potenciales de sus irresponsables acciones.

Michelle llegó a la puerta de su casa e intento tranquilizarse, tenía que mostrarse tranquila ante sus primos, se suponía que ella era la figura de autoridad, pero recordó que ni siquiera llevaba puesta ropa interior lo que la hizo sentirse aún peor.

Tomo sus llaves y abrió suavemente la puerta, suspiro de alivio cuando vio a los dos pequeños frente al televisor tal cual los había dejado antes de irse, seguían concentradísimos en la video consola. Que afortunada que era, podía haber sucedido cualquier cosa en su ausencia y seria toda responsabilidad de ella, esta vez se había salvado de todo.

O así lo pensó hasta que visualizo las llaves de Lucia sobre la mesa del living. ¡No podía ser! Había llegado antes, escucho pasos venir del pasillo y se encontró con la figura de su hermana de brazos cruzados, estaba en problemas.

— ¿Y vos donde estabas? —Pregunto manteniendo una mirada severa, parecía estar muy enojada.

—Fui a buscar la pelota de Ricardito que habían tirado hacia afuera —Contesto rápidamente Michelle intentando apaciguar la situación y mostrándole la pelota.

Lucia ni siquiera le prestó atención a la esfera y estudio de arriba abajo a su hermana mayor. Su cara de enojo se fue transformando en una de indignación y rabia.

—Sabes que cuando llegue hace 40 minutos me encontré con estos dos peleándose a golpes y en la pelea cayó la lámpara de cerámica, todo por culpa de una partida de ese juguito, sabes que Pablito se cortó con uno de los pedazos de la lámpara. ¿Dónde estaba la adulta responsable?

—Ehm había ido a buscar la pelota Lu —Dijo Michelle esforzándose por no tropezarse en sus palabras sorprendida también por aquel hecho.

— ¿Y por qué estas toda así? —Replico Lucia haciendo referencia al inconfundible aspecto de su hermana mayor. No había duda de que se estaba dando cuenta de lo que había pasado.

Michelle ya no sabía que contestar, su hermana la había descubierto en el peor de los escenarios. No solo había hecho algo terriblemente irresponsable al dejar solo a sus dos primos sino que también ella se estaba enterando de que rompió la promesa que le había hecho.

—No Lu… no es como pensas es que…

Intento contestar Michelle hasta que un grito del primo más pequeño la interrumpió.

— ¡LA PELOTAAAAAAAAAA!

El pequeño junto con su hermano saltaron del sillón y fueron corriendo alegremente a recuperar su preciado objeto. Lucia tomo el balón de las manos de Michelle y se los dio a los dos primitos antes de que se acercaran demasiado a su prima mayor. Era como si Lucia no quisiese que los pequeños se acercaran a ella.

— ¡Gracias prima! ¿Por qué demoraste tanto? —Pregunto inocentemente el más pequeño.

Michelle casi se muere de vergüenza, no lo podía ni siquiera mirar. ¿Cómo les había podido fallar a sus dos primos? Se sentía horrible por lo que había pasado en su ausencia.

—Vayan a jugar al patio primitos que yo ya voy con ustedes —Dijo Lucia captando su atención, ambos se fueron entusiasmados a reanudar su partido de futbol en el patio.

Quedaron unos segundos en silencio hasta que Lucia se dio vuelta y la miró a los ojos.

—Así que haces esto, te vas a coger con Alberto y dejas que tus dos primitos chicos se maten. Las charlas, los consejos y todo lo que me preocupe por vos no te importo en nada. Vas y haces lo que queres, dejando a ellos que no tienen nada que ver solos. Increíble.

Michelle intento contestar pero estaba muda, abrió su boca pero ninguna palabra salió de sus labios. Lucia indignada hablo:

—Ni me contestes, no necesito saber nada mas de vos. Veo que tus promesas no valen nada tampoco.

Y así se dio media vuelta y se dirigió al patio para estar con sus primos. Michelle se quedo sola en el living mirando al vacio. Le dolió que su hermana le diera la espalda, no podía contenerse más, se fue a su cuarto y una vez cerrada la puerta detrás de ella, colapsó sobre su cama y comenzó a llorar.

¿Por qué siempre todo terminaba mal? Nunca podía controlar las situaciones, siempre terminaba donde la llevara el viento, o en este caso las personas. Todavía no lograba hacerse respetar, su criterio fue malo y termino accediendo al hogar de un hombre que quería poseerla. Aborrecía su ahora descubierta poca capacidad de controlarse ¿Cómo había cedido tan fácilmente ante los avances de Alberto? Él la doblego como quiso, la tomó, la uso y ella simplemente se rindió ante el placer y la excitación a la que fue expuesta. ¿Cómo podía ser tan débil y entregarse de esa manera a ese despreciable individuo? Al final siempre se resumía entre la eterna lucha entre la conciencia y sus instintos. Era difícil luchar contra lo que le decía su cuerpo. Y lo peor de todo, no solo su cuerpo era lo que la hacía actuar de esa manera, sino que también parte de su mente que conjuraba miles de fantasías sexuales de esa índole.

Pero eso no era lo único importante, había traicionado a sus primos a los cuales le habían confiado su cuidado y bienestar. Ya ni siquiera era un problema individual que la afectara solo a ella. Ahora su pobre juicio había afectado la integridad temporal de sus dos primos, era imperdonable como los había abandonado. Michelle se tiro de los pelos al pensar en aquello ¿Cómo podía haber hecho algo así?

Por último las palabras de Lucia le dolieron. No pudo explicarle siquiera el contexto en lo que todo había transcurrido pero daba lo mismo. El resultado era lo que importaba y una vez más había sido arrollada por la voluntad de Alberto rompiendo la promesa que le había hecho a Lucia, todo lo que había hablado, las largas charlas y consejos, todo había sido en vano. Esto seguramente había hecho sentir traicionada a Lucia que se preocupo y la ayudo. No cabía duda de que era esa la razón también por la cual había estado furiosa junto con la irresponsable negligencia del cuidado de sus primos.

Por segunda vez en aquel agitado mes Michelle se sintió sola. Había hecho enfurecer a su única confidente con la cual podía compartir su problemática. No sabía si su hermana la respetaría después de eso, seguramente su percepción debía de haber cambiado tanto en los últimos tiempos. Ya no era la hermana mayor, responsable, de buen comportamiento y segura, no, ahora era todo lo contrario.

Michelle hundió su cara en el almohadón para silenciar sus llantos, no sabía que hacer con su vida.

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