El ser amable me entregó una madura

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Un día común y corriente se transforma en el inicio del cumplimiento de unas de mis grandes fantasías. En una serie de relatos espero contar como el ser amable me consiguió una madura

Era mediodía y venia de regreso de la universidad camino a mi hogar, estaba agotado después de tener que haber despertado muy temprano y mi cansancio era notorio. Debía hacer un largo viaje que incluía el uso de bus y metro por más o menos de dos horas, lo único que alegraba un poco el trayecto lleno de gente era que por esas dos horas observaba disimuladamente a todo tipo de mujeres que utilizan el transporte público. Debo admitir que soy muy caliente y me la pasó mirando culos y tetas, especialmente a mujeres maduras, que son mi mayor debilidad y fantasía, intento hacerlo lo más disimuladamente posible y sin propasarme pero no pierde detalle de cada mujer madura que me llama la atención. Hasta ese punto jamás había podido cumplir mi fantasía de culearme a una mujer madura, no conocía a ninguna de manera cercana, tampoco soy el tipo más guapo para acercarme a una y ser bien aceptado, soy bastante regular y promedio por eso me sorprendió cuando la situación que describiré sucedió.

Venía sentado en el metro, como siempre poniendo atención a alguna buena madura, hasta que divise algo que me cautivo. Una mujer madura que me daba la espalda, lo que llamo poderosamente mi atención fue su gran y escandaloso culo, apretado y a punto de reventar en unos ajustados jeans se encontraba el mejor culo que había visto, muy grande, de señora madura, pero se veía muy firme y respingado pese a la edad y su voluminoso tamaño. Quede hipnotizado y con cara de tonto mirando el abundante culo frente a mí, cuando pude quitarle la vista a ese monumento observe a la dueña de tan potente trasero. Era una madura de aspecto regular, tenía la contextura de una mujer madura pero aún conservaba unas notorias curvas, algo de panza pero al mirarla de lado pude notar unas tetas bastante grandes, atrapadas en una blusa, no tan grandes como su culo, pero sí bastante levantadas para su edad. Quede embobado con la madura hasta que note que llegue a mi estación, note que se agacho dejando su enorme culo en pompa y recogió varias bolsas que se veían muy pesadas, las levanto dejando escapar un quejido de molestia y procedió a bajar.

Aproveche que bajo en mi estación para seguirla desde atrás y seguir mirándole el culo, caminaba bastante lento por el peso de las bolsas así que me mantenía a cierta distancia, el culo se lo movía de manera increíble al caminar, bamboleaba de un lado a otro atrapado en esos jeans. El movimiento de su culo ya me había provocado una erección y cada vez me ponía más caliente, nunca antes fui tan atrevido de seguir a una mujer solo para verle el trasero así que me sentía excitado y nervioso. Estábamos llegando a las escaleras para bajar cuando se da vuelta y me mira directo a la cara. La mire directamente bastante asustado, pensé que me había descubierto mirándole el culo y no sabía dónde meterme para salvarme del cabreo que me caería encima, pero para mí sorpresa me pidió amablemente que la ayudara con las bolsas porque estaban muy pesadas. Enseguida respondió con alivio que claro que sí, tome todas las bolsas y le dije que yo me encargaba, me acaricio el brazo agradeciéndome por la ayuda. Fuimos conversando en el corto trayecto y me contó que venia del supermercado muy cansada, justo cuando me disponía a despedirme me dijo que se dirigía a tomar un colectivo, el mismo que tomaba yo para mi suerte.

Nos subimos al auto después de guardar las bolsas en la parte trasera, nos sentamos juntos y me siguió conversando de manera muy amable, yo hacia mi más grande esfuerzo por mirarla a su moreno rostro y no perderme en su escote, pero esas tetazas pedían a gritos atención y mi vista caía sin remedio entre sus grandes pechos. El conductor se unió a la conversación de cosas triviales, como política o clima, mientras hablaban yo miraba de reojo sus potentes tetas que rebotaban alegremente cada vez que el auto avanzaba. Para mi sorpresa apoyo una de sus manos en mi muslo, apretó con delicadeza mi pierna y me pregunto dónde bajaba, le dije mi dirección y sonriendo me respondió que vivía cerca, se comportaba muy dulcemente pero me tenía con una erección brutal que intentaba disimular con mi mochila.

Bajamos y yo baje sus bolsas, me agradeció la ayuda y me pidió si es que podía acompañarla hasta su casa, accedí sin dudarlo y solo caminamos un par de cuadras hasta llegar a su pasaje y al frente de su casa. Sonriendo me dio las gracias y me ofreció un vaso de agua, torpemente contesté que no se preocupara, se acercó a mi e insistió siempre con una sonrisa en su rostro, se acercó a mí y una de sus manos agarro suavemente mi erección y la froto sobre el pantalón, me dijo que solo quería pagarme mi amabilidad. Soltó mi entrepierna y comenzó a abrir la reja con una amplia sonrisa, entre nervioso y excitado y me senté sobre su sillón, entro a la cocina con las bolsas y volvió trayendo un vaso con agua. Se sentó a mi lado mientras bebía, procedió a sacarse los zapatos y coquetamente se sentó a lo largo del sillón poniendo sus pies descalzos sobre mi entrepierna, no pude evitar que mi pene diera un respingo al tacto y avergonzado no dije nada.

Comenzamos a hablar, le conté sobre mí y ella sobre quien era, se llamaba Sara, me dijo con una mirada triste que se la pasaba aburrida y sola en su casa ya que su marido se la pasaba todo el día trabajando, me desanime al escuchar que tenía marido pero al terminar esa oración frotó sus pies con mi entrepierna como si fuera de casualidad. Se produjo un silencio y me miró fijamente, me dijo que le gusto como la miraba en el metro, me quede mudo hasta que con la planta de unos de sus pies y con los dedos del otro acaricio sin reparos mi pene sobre el pantalón, deje escapar un suspiro de excitación, quise disculparme pero me interrumpió y dijo con un tono de excitación que hace mucho nadie le miraba así.

Sin decir más me abalance sobre ella, nos besamos rápidamente y baje a besarle las tetas descontroladamente, mis manos buscaron su culo aun atrapado en sus ajustados jeans. Se quitó la blusa seguido del sostén y ante mis ojos quedaron unas tetas más grandes de lo que imaginaba, morenas, grandes y voluptuosas, de mujer madura, pero más firmes de lo normal, sus grandes pezones estaban erectos pidiendo ser comidos. Me volví loco chupándole las tetas y diciéndole que era una mamacita, ella muy excitada me pedía que no parara y afirmaba mi cabeza contra sus tetas, parecía infante de tanto que mamaba de tan buen par de tetas. Me aparto un momento y con una sonrisa bien caliente se levantó frente a mí, se puso de espaldas y comenzó a bajar su pantalón, su enorme culo comenzaba a asomarse pero era tan grande que el jeans apenas bajaba, finalmente cayó al piso dejando a mi vista un culazo enorme apenas cubierto por una diminuta tanga negra, un culo escandaloso, como dije grande, de señora madura con algo de celulitis pero bastante firme con cachetes bien duros. Me baje rápidamente el pantalón junto con toda mi ropa, Sara observo de reojo mi erecto pene y sonrió, bajo su tanga y pude ver la enorme raja de su culazo de señora madura. Estaba tan excitado por su cuerpo y la situación que al ver ese culo sin nada que lo cubriera... acabé, eyacule de un gemido de placer manchándole la alfombra de semen al ver su maduro cuerpo desnudo.

Me disculpe algo avergonzado, sin dejar de sonreír me dijo que no me preocupara que lo tomaría como un halago. Me dijo coquetamente que un hombre joven como yo debería recuperarse rápido mientras procedía a ponerse de rodillas entre mis piernas, chupo suavemente mi pene y tal como ella dijo mi erección volvió en todo su esplendor. Miraba y acariciaba mi pene con devoción, Sara con una mirada de fiera me dijo que se sentía tan bien sentir que aun podía atraer a un hombre, que hace mucho no tenía un pene erecto para ella, Me lo chupo con unas ganas increíbles, me retorcía de placer con tal espectacular mamada, estaba como poseída chupándome el pene. La experiencia se notaba, una maestra en chupar el pene, manejaba mi ritmo y su lengua acariciaba la punta de mi pene de vez en cuando, agarraba con suavidad mis bolas mientras lo chupaba delicadamente. Nuevamente no aguante más y le dije que me correría, para mi sorpresa no se sacó el pene de la boca y derrame todo mi semen en su boca. Se relamió el semen y me dio un último beso en el glande, abrió sus piernas y sentó sobre mí, me abalance a chupar sus tetas mientras mis manos acariciaban sin parar ese enorme culo.

Me pidió ir a su habitación, tomó mi mano y me condujo por las escaleras, mi vista estaba fija en el culo de tan rica mujer, los cachetes subían y bajaban y el ritmo del bamboleo de su culo haría correrse a cualquiera. Llegabas a su alcoba, me lanzo en la cama y se subió a besarme, nos revolcamos entre besos, yo con mis manos fijas en culo, se sentía tan duro y grande, no aguante y le pedí que se parara al borde de la cama y que se agachara. Con su culo en pompa me dedique a agarrarle el culo y tocarla por todas partes, no sabía cuándo tendría otra oportunidad así que me dedique a masajearle el culo, luego pase a tocar su vagina, con el solo tacto se mojó aún más y gimió sonoramente, la masturbe un largo rato lentamente hasta que se retorció en un sonoro orgasmo. Desesperada me pidió que se lo metiera, y así de golpe ella se sentó en mi pene. Comenzó a cabalgar como poseída sobre mi pene mientras yo me aferraba como a su duro culo, chupaba sus enormes tetas que rebotaban de una forma exquisita, le pedí que se diera vuelta para mirarle el poto mientras lo hacíamos. Por unos minutos me cabalgo mientras tenía ese monumento de culo frente a mí, no aguantaría mucho más y se lo hice saber. Me dijo que por favor no lo sacara y de una sacudida de sus caderas y su tremendo culo me hizo acabar una abundante cantidad de semen dentro de ella.

Me besó con pasión y nos recostamos al lado del otro, Sara me dijo que su marido ya no la satisface y probablemente la engaña, que no la toca en meses y que al ver mi mirada en el metro se sintió deseada y que mi amabilidad le dio esta idea. Mientras hablamos no dejaba de acariciarle las tetas y el culo, Sara sonriendo dijo que se sentía bien tener a un hombre a sus pies. Nos acariciamos una última vez y me dijo que debía irme pero que volviera cuando quisiera pero que esto era puro sexo, su marido jamás debía saberlo. Me vestí y me fui sonriendo después de tremenda culeada, tan excitado quede que le dedique una paja al llegar a mi casa. Volví a la casa y al culo de Sara y pasaron muchas cosas más en los siguientes meses pero eso será en otro relato.

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