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Ezequiel versus Sebastián

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Le dije al oído a mi novio que fuéramos a la barra a pedir un trago, estaba incómoda y adiviné que en esa retirada el tipo me comió el culo los ojos, hecho que me excitaba en cualquier hombre pero en este caso me molestaba demasiado

Recién salía de mi adolescencia cuando conocí a Ezequiel, mi primer hombre, mi primer novio formal, en ese momento pensé que había conocido al hombre de mi vida, él era mayor que yo, casi diez años, pero a mí no me molestaba, me trataba como a una princesa y me daba demasiado, incluso me tenía toda la paciencia del mundo con algunos temas sexuales en lo que yo era un poco promiscua, o en los que tenía miedos, o dudas, o solo hacían que me sintiera mal.

Tuve que luchar por esa relación, en especial en mi hogar, mis padres veían a Ezequiel como un tipo demasiado grande para mí y tuve que soportar que pusieran demasiados palos en la rueda.

Pero con el correr de los años empezaron a quererlo, a aceptarlo y a tomarle cariño como parte de la familia, además ya había llegado a mis veinte años y habíamos pasado mucho tiempo de pareja.

Y hasta acá todo pareciera una historia normal, sin ningún sobresalto, y todo sería así hasta esa fiesta…

Nosotros estábamos en planes de futura convivencia, pero aún vivía en casa de mis padres, era la fiesta de quince de una sobrina de Ezequiel, y obviamente yo conocía a toda su familia así que estuve invitada, como no podía ser de otra manera.

Recuerdo me había comprado un vestido de fiesta, en un color manteca, ajustado al cuerpo, entallado, tengo excelente cola así que me quedaba dibujado al cuerpo, dejando desnudas mis piernas y mostrando un pronunciado pero decente escote. Por suerte era a la noche puesto que el color claro hacía que se notara demasiado mi ropa interior.

La fiesta debería haber sido una más, pero no lo fue…

En esos lugares una conoce gente que probablemente jamás volverá a ver en su vida y fue de casualidad que lo conocí…

En una rueda de algunas personas nos presentaron, Sebastián era amigo de la prima del novio de no sé quién, un perfecto extraño, vestía un ridículo traje a cuadros, con el cabello de corte asimétrico, cayendo hacia el lado derecho de su rostro, con unos enormes ojos claros y cristalinos que me devoraron al mirarme, pude notarlo, y su mirada fue tan fuerte, directa e insistente, que me sentí obligada a bajar mi propia mirada, enfocarme en otra cosa, pero sentí como si miles de alfileres se clavaran en ese momento en mi cuerpo, sentí calor, Ezequiel estaba a mi lado y lo tomé fuertemente del brazo como para querer mostrar un ‘ves? deja de mirar, no estoy disponible’, pero pareció no importarle, crucé nuevamente como sin querer mi mirada con la suya y el ahí estaba, insistiendo…

Le dije al oído a mi novio que fuéramos a la barra a pedir un trago, estaba incómoda y adiviné que en esa retirada el tipo me comió el culo los ojos, hecho que me excitaba en cualquier hombre pero en este caso me molestaba demasiado.

Nos sentamos un rato sobre unos altos taburetes, Ezequiel pidió un margarita y yo me incliné por un jugo de naranja exprimido.

Pasaron algunos minutos, la gente bailaba y en eso una de mis amigas llevó a mi novio a bailar, me reí mucho porque el odiaba bailar así que me quedé sola divirtiéndome con los pasos grotescos de Ezequiel

Fue justo ese momento, no lo vi venir pero Sebastián aprovechó que estaba sola y se acercó con sigila por detrás, me sobresalté al sentirlo apoyarse a mis espaldas y tomarme por la cintura, un frío corrió por mi espinazo y entonces me dijo al oído

Que hermoso culo tenes putita… no imaginas las ganas que tengo de cogerte toda…

Y mientras decía eso bajaba la mano de mi cintura hasta mis glúteos que sobresalían del taburete hasta darme un buen apretón en una de mis nalgas.

Normalmente hubiera protestado, le hubiera dado una cachetada, o hubiera llamado mi novio para que lo pusiera en su sitio, pero por alguna extraña razón me quedé petrificada, preocupada en observar el entorno, para que nadie notara lo que estaba pasando

Acarició mi cuello, estaba tan cerca que sentía su aliento en mi oreja, luego dijo

Llamame, no te vas a arrepentir…

Al tiempo pasaba su brazo por sobre mi hombro y dejaba caer en mi escote, entre las tetas una tarjeta personal…

Estaba roja como un tomate, me moría de vergüenza, y Ezequiel volvía a mi lado!

Con premura saqué la tarjeta de tal incómoda y grotesca situación, giré un poco, él había desaparecido, mi pareja me notó molesta y preguntó si estaba todo bien, solo disimulé la situación.

De esa noche solo me llevaría su tarjeta y el sentirme sucia por permitir que ese extraño jugara con mi trasero, pero por alguna extraña razón me había seducido toda esa locura, que me tocara, que me dijera puta, que me dijera que quería cogerme, tal vez, estaba tan acostumbrada a la perfección de mi vida junto a Ezequiel que lo hecho por Sebastián había sido como una cachetada a la realidad…

Una semana después estaba acomodando mi cuarto, de una de mis agentas cayó al piso la famosa tarjeta, ya me había olvidado de ella, la tomé entre mis dedos, me senté en la cama y me puse a pensar, y a pensar y a pensar, estuve más de una hora perdida, sin hacer nada, solo pensando mientras jugaba con ese pedazo de cartulina entre mis dedos, tomé mi celular y marqué el número, su voz contestó al otro lado, pero como en esa noche en la barra no pude decir palabra y corté la comunicación.

En minutos sonó mi móvil, atendí

Hola, recibí una llamada de este número, quién es?

Mala jugada la mía, él ya tenía mi número, contesté y él no me recordaba, le dije de la fiesta, de la tarjeta y me dijo

Ahhh!!!! la chica del culo perfecto y las tetas saltonas! Por cierto… como es tu nombre?

Fue la segunda vez que tuve ganas de abofetearlo, hombres… recordaba mi culo y mis tetas, pero claro, como recordar mi nombre!

Pero como un imán algo me atraía a él, hablamos como una hora, era un loco de remate, todo lo opuesto a Ezequiel, me dijo que vivía solo en un departamento, que trabajaba en un club de barrio, mantenía la concesión del bufet y que el sábado estaba invitada a una fiesta que daría su primo en su casa.

Era todo tan loco… le dije que no sabía, que podría ir con una amiga, dado que ni siquiera lo conocía, el me pidió que me vistiera muy perra para el… así era, tomarlo o dejarlo.

Cuando llegó el sábado no había conseguido una puta amiga que me acompañara, maldije mi suerte, aproveche que mi novio tenía otras ocupaciones y me arriesgué a ir a un lugar desconocido con un tipo desconocido.

Me arreglé bien, ropa interior negra y sexi, tanga colaless como acostumbraba a usar, camisa bordada también negra con transparencias que dejaba ver a medias el sostén, pollera mini de cuero y botas tacos altos, recuerdo aun la protesta de mi padre diciéndole a mi madre que me veía como una puta, pero él era mi padre y ya estaba grande para estas cosas.

Tomé un taxi hasta la dirección que me había dado, ya al bajar del coche se escuchaba tecno a alto volumen y escapaba por los ventanales los multicolores de la iluminación al compás de la música.

Llamé a Sebastián al celular y en cinco minutos apareció a recibirme, tenía un porrón en su mano y me señaló diciendo

Sabía que vendrías, conozco a las de tu clase…

No supe si tomar eso como un insulto o como un halago, pero me convidó su bebida del pico de la botella, me tomó por el hombro y me llevó adentro.

El ruido era ensordecedor, y me presentó demasiada gente en demasiado poco tiempo, imposible recordar, era gracioso que a todos les hablaba de mi como ‘mi chica’ y jamás mencionara mi nombre.

Empezamos a bailar, me encontré con un tipo loco y divertido, bebida tras bebida, tomé cuanta cosa me ofreció, cigarros y por primera vez fumé hierbas…

Estaba perdida, me sentía eufórica y caliente, el amargo de mi prometido jamás me había hecho vivir algo así, poco a poco fui cediendo, al principio alejaba las manos de Sebastián de mi cuerpo, pero con el correr de las horas mi culo y mis tetas pasaron por sus manos, bailamos pegados y calientes, refregué mis nalgas en su falo, lo sentía duro, me metió su lengua en mi boca, respondí con locura, en algún punto me dijo

Vamos para arriba, así estaremos más cómodos…

Una escalera caracol nos llevó a la planta alta para alejarnos del bullicio, no me importó que por lo corto de mi pollera se viera desde abajo más de lo conveniente, me dejé llevar, el parecía conocer la casa de memoria, llegamos a la puerta de un cuarto a media luz, pero no pasamos, nos quedamos bajo el umbral, me dio un profundo beso y luego me giró sobre mi eje, quedé de espaldas a él, Sebastián pasó sus brazos hacia adelante, como esa noche, solo que ahora empezó a masajearme las tetas, soltó mi camisa y corrió el sostén, mis pechos quedaron semidesnudos, entre telas y la nada misma, pegó mi frente al frio marco de chapa de la puerta, y también como esa noche apretó ms nalgas, solo que ahora había levantado la pollera de cuero hasta la cintura y mis carnes estaban entregadas, sus dedos recorrían las curvas de mi culo y se divertía enterrando entre mis cachetes la delgada tanga, como si no hubiera estado bastante enterrada ya…

Lo deseaba, sacaba culo hacia atrás para llegar a él para darle más, me dijo al oído

Puta… queres probar mi chota?

Si… cógeme toda…

Él tomó la tanga entre sus dedos y la hizo a un lado, abrí más mis piernas y me dispuse a recibirlo, lo sentí arrodillarse, luego separó mis glúteos y empezó a recorrer mi vulva y mi esfínter con su lengua, se sintió exquisito, bebió mis jugos y perforó con paciencia mi culito.

Estaba encerrada en estos juegos, cuando a trasluz miré hacia lo profundo del cuarto, fue cuando divisé a un tipo semi recostado que era espectador de lujo de lo que pasaba, quise detenerme, Sebastián ya se había incorporado y se disponía penetrarme, le dije

Pará, pará! hay alguien observando…

El miró a hacia la cama y me dijo muy suelto de cuerpo

No te preocupes, es Fabián, mi primo…

Y no me dio tiempo a más, su verga entró por completo en mi concha arrancándome un grito de placer, me hizo respirar hondo, me tenía inmovilizada y empezó a cogerme toda…

Solo diré que empecé a masajear mi clítoris y en segundos llegaron eternos orgasmos, su verga dura se sentía hermosa, Sebastián no dejaba de ser un desconocido para mí, sumado a la situación de ese extraño mirando cómo el me cogía, me sentía semidesnuda, y cada vez que abría los ojos miraba a su primo que permanecía en silencio, me sentía tan puta…

No duró mucho, la respiración de Sebastián se agitó a mis espaldas, me apretó con fuerzas, sentí su verga hincharse y empezó a llenarme de leche, Dios… fue lo último que exclamé, aun parada bajo el marco de la puerta…

CONTINUARA

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