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Ezequiel versus Sebastián (Final de la historia)

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Sebastián salió de mi interior y me mantuvo inmóvil en esa posición, sentí el semen que empezaba a escurrir y a chorrear por mis piernas, aún caliente, se acercó y me susurró al oído

Que putita resultaste…

Lo que no percibí, o lo que no imaginé es que ese extraño, según dijo su primo Fabián, se había acercado a nosotros, yo estaba paralizada, por algún motivo el parecía siempre paralizarme, él me hablaba, me hipnotizaba, me llevaba al infierno.

Me sostenía con fuerza el rostro, apretando mi mandíbula, mirándome fijamente, la verga de ese extraño del cuarto se metió en mi concha, empezó a cogerme sobre la leche que Sebastian me había dejado, empecé a gritar nuevamente, fuerte, fuerte, fuerte, más fuerte… pronto tendría una mezcla de semen en lo profunde de mi ser…

Sebastián sonrió, tomó la tanga que permanecía a un costado, y con la misma delicadeza que la había retirado, ahora la colocaba entre mis nalgas, sin importar cuan chorreada estaba, bajó la minifalda y me llenaba la boca con un beso mientras me daba una fuerte nalgada que me sacaba un suspiro.

Esa noche marcaría un antes y un después de mi situación con Ezequiel, siempre tan correcto, siempre tan perfecto, siempre tratándome como princesa.

Sin proponerlo cambié mi carácter, me mostré hostil hacia él, a la defensiva, también con mis padres, que en este punto de la relación lo querían como a un hijo, es que no entendían, como podrían entender?

Si era una situación que ni yo misma podía comprender, acaso no me había portado como una puta? en vano trataba de justificarme a mí misma, sabía que no había sido el exceso de alcohol, ni tampoco esas malditas hiervas que había fumado…

Mi cabeza parecía estallar en esos días, estaba en los dos extremos, Ezequiel era sin dudas el hombre que toda mujer deseaba conseguir, pero Sebastián en un arrebato de locura me había llevado a sacar esa puta escondida que tenía…

Mi mente trastabillaba a cada paso, perdida sin control, no volví a llamar a Sebastián, tenía miedo a volver a cruzarlo, no quería ni imaginar que podía llegar a hacer…

No pensaba volver a hablar con Sebastian, era una carga demasiada fuerte en mi conciencia, era la primera vez que era infiel en una relación de pareja, sería la última…

El empezó a llamarme a mi celular, mañana, tarde, noche, siempre me trataba en forma guarra, y aunque nunca se lo conté eso solo hacía que se mojara mi sexo…

Y sabía que no podía dar el brazo a torcer, pero él me empujaba al abismo, al fin consiguió arrancarme un nuevo encuentro, una visita a su lugar de trabajo, el bufet de ese club de medio pelo.

Ingenuamente me imaginé protegida en ese lugar, asumí que habría varias personas y no tendría posibilidades de jugar nuevamente conmigo, y mi idea era darle un corte a la situación, no soy de las personas que huyen y si te he visto no me acuerdo.

Esa tarde salí a correr con Ezequiel, era ya una rutina en nosotros, calor de primavera.

Me había puesto un sostén de esos para hacer gimnasia, de algodón para absorber la transpiración, mi short de licra multicolor y una remera discreta para cubrir un poco mi torso, zapatillas y medias.

Mi amor habló por demás esa tarde, la verdad mi cabeza estaba en otra cosa, me mantuve demasiado pensativa y casi no lo escuchaba, la situación era inversa a lo acostumbrada, pero el posterior encuentro que había programado me tenía fuera de eje.

Ezequiel ajeno a todo, por una parte me daba pena, no podía desandar el camino recorrido ni esa infidelidad impensada, pero también tenía un enojo por la perfección de su mundo.

Había bajado el sol cuando me dejó en casa, se me había hecho tarde, esperé su partida y me apresuré a ir al club, me sentí tan sucia, dejando un hombre para ir en busca de otro…

El club era peor de lo pensado, un viejo bodegón sucio y mal oliente, lleno de tipos mayores, entre sesenta años y la muerte. Sentí ojos de caranchos carroñeros clavarse en mi figura, estaba transpirada en exceso, y mi vestimenta era acorde a una plaza donde la gente hace ejercicios, ahí era una más, pero en ese lugar… me sentí como una gallina entre viejos lobos.

El aroma a tabaco y humedad se mezclaban en uno solo, al fondo divisé a Sebastián que me hizo señas con su mano para que fuera a su encuentro, me dirigí entre las mesas, ante atentas miradas que parecían desnudarme paso a paso…

Llegué al mostrador, él tenía una pícara sonrisa, vino a mi encuentro y me dio un beso en la mejilla, me olfateó como perro y me dijo

Venis de hacer ejercicios? Que bien hueles… me encantan los olores de una mujer sucia y transpirada…

Me puse colorada de vergüenza, yo no quería parecer provocativa, pero tampoco verme mugrienta. Con disimulo olí mis axilas, y presté atención para notar un hedor que subía de mi concha, me maldije.

Solo quise hablar las palabas justas, pero Sebastián no me daba la atención necesaria, él estaba ocupado con los vejetes del club, o como él les decía, los dinosaurios.

Y era cierto, parecían caprichos del destino pero siempre había alguien pidiendo algo. Me dijo que le diera tiempo, que ya entrada la noche todos se irían y podríamos hablar.

Pasaron unas horas, solo observé el cuadro de esos tipos perdidos en partidas se naipes, entre copas, a tal punto que pronto se olvidaron que era la única mujer en el lugar.

Me invadió el aburrimiento, tan solo cortado por un sándwich con papas fritas y gaseosa que me regaló Sebastián, y por una llamada telefónica que hizo a un amigo según entendí, lo llamaba ‘negro’ y le comentaba que estaba con su chica, como me había llamado esa noche, nunca por mi nombre.

Cuando se fue el último dinosaurio, las agujas del reloj ya habían pasado las doce de la noche con creces, al fin solos…

Me apuré a hablar, era tarde, pero él me cortó en seco y volvió a llamar a su famoso amigo, hablaba tan bajo que no pude captar palabra, pero su sonrisa macabra me resultó conocida.

Nuevamente quise hablar, pero él otra vez me interrumpió, me dijo que no había apuro y que me llevaría a recorrer las escuetas instalaciones del club.

Poco me interesó este tour improvisado, que tendría de interesante para alguien que solo quería despedirse…

Entre tantos lugares oscuros pasamos por el vestuario de hombres, yo no quería pasar pero al fin y al cabo estábamos solos, solo por no discutir lo seguí, había unos largos bancos viejos contra la pared, duchas que perdían gotas de agua, paredes escritas, media luz, lavabos deteriorados y tres mingitorios, eso último llamó mi atención, nunca había visto esos ‘símbolos masculinos’ en vivo y directo, además, un pestilente olor a orina llenaba la atmósfera.

Estaba totalmente distraída en ese cuadro cuando Sebastián me tomó y me beso por la fuerza, metió su lengua profunda en mi boca y me levantó en el aire como a una pluma llevándome hasta la pared posterior, me apretujó contra el húmedo revoque, quise detenerlo, puse excusas, la hora, el lugar, mi transpiración, pero él era una locomotora, jamás se detendría, pronto había levantado mi sostén de gimnasia y se comía mis tetas en forma salvaje, Sebastián era cero romántico y su forma de tratarme hacía que me derritiera ante él, nunca estuvieron en una situación similar?

Se las ingenió para sacarme el pequeño short de licra y mis nalgas quedaron expuestas a sus peligrosas manos, me besaba, me tocaba, mi colaless sucia de transpiración se manchaba ahora con jugos de mi calor, lo deseaba nuevamente en mi interior…

Se sentó sobre esos bancos con la espalda recta contra la pared, había desnudado su pija y me llevó sobre él, apenas pude arrodillarme sobre a la gastada madera, me hizo cabalgarlo, solo corrió la tanga y me senté sobre el… lo maldije…

Empecé a moverme con su sexo dentro del mío, estaba en la posición más incómoda que imaginen, pero era todo tan loco que no podía detenerme.

Estaba perdida en mi gozo, de repente descubrí que éramos tres en el lugar, ese amigo con el que había hablado por teléfono antes, estaba mirando, como esa noche en la fiesta, todo parecía ser planificado por Sebastián, parecía ser su forma de excitarse, dos veces la misma situación era mucha casualidad.

Y saben qué? no me importó, seguí moviéndome, casi desnuda, como si solo nosotros dos estuviéramos, él le decía algo como que estaba ‘con su chica’ y supuse que luego me haría coger por el… y saben qué? no solo no me importó… solo esperé el momento.

Seguía tan incómoda como antes, me dolían las rodillas, y hasta las sentí lastimarse, el morocho ya se había desnudado y lo vi blandir una buena verga…

Vino sobre mi sin decir palabra, como si fuera solo un trozo de carne, escupió en su miembro e intentó metérmelo en el culo… protesté, mi culo era virgen!

Pero Sebastian me retuvo y me dijo que me tranquilizara, que no podía hacer nada por evitarlo y en verdad… yo no quería evitarlo…

No pasó mucho tiempo, ese extraño me metió la pija en el culo y experimenté la primera y única doble penetración de mi vida, algo que había sido motivo de eternas masturbaciones en soledad, de repente todo se hacía realidad…

Dolió un poco, lo asumo, una verga en mi concha, otra en mi culo, pero estaba tan caliente que en ese momento hubiera hecho cualquier cosa…

Me dieron duro, el moreno era quien llevaba el ritmo ya que era el único que estaba en posición cómoda, yo solo gemía con los ojos entrecerrados y llenaba de placer los oídos de esos dos machos…

Cuando se saciaron de darme por ambos lados me hicieron salir, me obligaron a doblegarme y mis rodillas se fueron al piso, sobre un húmedo líquido que no quise saber que era…. agua? orina?...

Se puso uno a cada lado de mi rostro, un pene blanco, un pene negro, como desesperada intenté chuparlos pero ese no era el plan de los hombres, no querían que se los chupara, no… solo querían someterme, solo buscaban un agujero para meter su carne, empezó uno, luego el otro, me la metieron bien adentro, y más, y más, parecía pasar mi esófago, no podía respirar, tuve arcadas…

Recibí una cachetada como castigo mientras trataba de tomar aire, el negro vino por mi he hizo lo mismo, me cogía por la boca, solo me cogía, mi nariz pegaba una y otra vez contra su pubis y mi lengua llegaba a sus bolas…

Un rato y era el turno se Sebastián, el mismo juego, parecía que era su forma de gozar… y volver al negro, y a Sebastián… pensé que me matarían con esas vergas tan profundas en mi boca…

Esta vez el negro fue el primero, apretó bien profundo, tan profundo como pudo, toda su pija en mi boca, sentí esas contracciones típicas del final del juego, una catarata de leche caliente bajo de repente por mi esófago y fue derecho a mi estómago.

Luego Sebastián haría lo mismo, tan profundo que ni pude percibir el exquisito sabor… solo supe que esta vez la mezcla de semen se haría en mi estómago…

Habíamos terminado, me ayudaron a levantarme, era un despojo de mujer, a mi transpiración de la tarde se habían sumado mis rodillas magulladas, con raspones, el sabor a verga caliente en mi boca, mi culo adolorido, mi concha hedionda…

Fue entonces cuando Sebastián me dio la oportunidad de hablar, lo que había querido decirle desde un principio, solo dije

Nada… era una pavada…

Comprendí que esa relación loca con Santiago no era lo que quería para mi vida, que no me llevaría a ningún lado y era como la adrenalina de viajar en motocicleta a doscientos kilómetros por hora, todos los días, cada hora, cada minuto…

Esa locura que sabes que solo debes detenerte y parar, porque si no lo haces tarde o temprano chocaras contra una pared. Fui cobarde, solo desaparecí de su vida porque volver a enfrentarlo era volver a caer, y él era más fuerte que mi propia voluntad.

Pero también comprendí que Ezequiel no era lo que quería, ese amor de cuento de hadas, de princesas, de vida perfecta, el hombre ideal, no, yo quería sentirme viva…

Fue muy duro el adiós para él, no estaba preparado, no lo vio venir, no pudo entender, es que solo pude contarle una parte de la historia…

Hoy sigo sola buscando mi hombre ideal, mi punto medio, comprendí que todos los extremos son malos, ya no quiero en Ezequiel, ya no quiero un Sebastián…

Si eres mayor de edad me gustaría saber tu opinión sobre este relato, escríbeme con título “Ezequiel vs Sebastián” a [email protected]

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