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Mis putachas (Cap. 4): Cambio de vida

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La putacha Sofía tristemente se dio cuenta del error tan grande que había cometido dando rienda suelta a su hija la putacha Lizbeth, ya que por su falta de supervisión como madre ahora ella estaba pagando muy dicha falta de atención, lo que ahora pagaba muy caro, sin embargo ya no tenía sentido quejarse ni lamentarse, ella ya había elegido su estilo de vida y la arrastrando a su mamá al mismo tiempo.

Poco tiempo después apareció su Diosa y por detrás la putacha azafata la cual venía como le correspondía o sea a cuatro patas y en silencio. Al ver que su Ama aparecía, la putacha Sofía de inmediato se inclinó a los pies de su Dueña y así de inmediato besarlos como muestra de sumisión, respeto y entrega absoluta.

El Ama una vez que la putacha le lamió sus venerados y divinos pies le ordenó llevarla a su empresa sirviéndole como chofer, Sofía aun inclinada dijo “como usted mande MI DIOSA” abriéndole de inmediato la puerta de entrada de la casa para después salir corriendo para abrirle la puerta de la limusina y enseguida servirle como estribo y facilitarle entrar a su limusina; mientras tanto las otras dos Putachas se encargaban de realizar eficazmente el aseo.

Sofía empezaba a entender su nuevo estilo de vida por lo que tuvo que apechugar y aceptar que ya su vida era otra muy diferente a la que estuvo acostumbrada, por fin entendió y acepto que ella había pasado a ser nada, solo era un simple objeto a usar o una putacha sin valor alguno con el único privilegio de servir a los pies de su Ama.

Antes de retirarse de regreso a la ahora casa de su Ama, se le dio la orden de recoger a su DIOSA a la hora de salida para que la llevara a casa. A la putacha solo le quedó más que asentir y acatar la orden y enseguida se dirigió a casa para empezar a realizar todas sus nuevas obligaciones domésticas.

Al llegar a la casa se unió a sus compañeras Putachas las cuales ya estaban realizando sus labores domésticas, cuando vieron que había regresado le dijeron “Sofía vete a limpiar los baños y nuestras jaulas, ya en la tarde te emparejaras con lo que se ofrezca”

Sofía que ya se estaba acostumbrando a recibir órdenes, escuchó y enseguida acató lo que le dijeron las otras Putachas, apenas se iba a retirar cuando escuchó a Lizbeth que decía “putacha a nuestra Ama le gusta que el baño se limpie a lengua, y te recuerdo que no debes usar productos de limpieza ya que es ahí donde bebemos agua, Sofía solo asintió dirigiéndose a cumplir la orden recibida.

La azafata con su experiencia sirviendo comida en los aviones a ella le fue asignada por órdenes de su Ama la obligación de tener a tiempo las tres comidas de su Ama por lo que se dirigió a preparar la comida diciéndole a Sofía “putacha tu lavaras lo que yo ensucie ya que entre Lizbeth y yo hicimos casi todo, así que apúrate con los baños”.

Aunque las tres Putachas comenzaron teniendo el mismo nivel jerárquico a nivel esclava, poco a poco por el tipo de actividades tareas encomendadas a cada una Sofía fue quedándose con pocas tareas por lo que sus compañeras fueron dándole tareas para compensar lo que ella no hacia al estar de chofer, lo que provocó que su nivel fuera aún menor al de las otras Putachas, ya que ahora hasta ellas le decían en que debía apoyarlas.

Tuvo que darse prisa lavando la loza que se fuera ocupando para poder salir en busca de su Ama y llegar a tiempo con el objetivo de evitar un castigo. Llegó al imperio de su Majestad cuando divisó a lo lejos que venía caminando imperialmente su magnificencia, así que se arrodilló para que su dueña le permitiera besar sus divinos pies.

El Ama le autorizó a su putacha Sofía lamer esos divinos y adorados pies de su dueña, la putacha enseguida cargó el portafolio mientras caminaba 5 pasos detrás de su Ama dueña y Señora hasta la limusina para que pudiera entrar el Ama cómodamente la perra le abrió la puerta y que ella pudiera dejarse usar como estribo para hacer más confortable el acceso a la limusina.

Al llegar de vuelta al reino, la putacha tuvo que dejarse usar de nueva cuenta como si fuera un escalón para que su Ama además de no ensuciarse los pies, bajara más cómodamente. Inmediatamente después se vio como una larga alfombra roja se iba extendiendo a los pies del Ama para ella caminar libremente hasta entrar a su reino, mientras que las Putachas tenían estrictamente prohibido siquiera respirar mirando esa alfombra, ya que su nivel jerárquico les restringía siquiera mirarla a lo lejos.

Una vez ya dentro del reino el Ama, las demás Putachas se presentaron a cuatro patas ante su reina para recibirla besándole los pies, tal y como debe ser tratada una Diosa. Una vez que fue recibida con respeto el Ama, se dirigió al salón donde tenía su trono y momentos después las Putachas aparecieron ante su Diosa para disipar el cansancio que pudiera traer. Sofía que era la putacha de menor rango dentro de su nivel de putacha, era la encargada de servir como descansa pies mientras que Lizbeth era la encargada de mantenerla fresca mientras que la azafata le traía la cena y su bebida fría favorita.

Cada una de las Putachas fue asignada a sus deberes tomando en cuenta las características de cada una de ellas, de esa manera jamás habría fallas ni incomodidades para su Diosa. Poco después de disfrutar a todas sus Putachas sirviéndole, el Ama se dirigió a su cuarto; Sofía entendió que era tiempo de arrastrarse hasta el cuarto de su Ama y ahí recibir las bondades que el cuerpo de su Ama debían ser expulsadas, sabía que era la hora de cenar para ella aun cuando el menú no fuera de su agrado, pero al ser putacha no tenía otra opción.

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