Dueña de mi hermana y madre (3): De regreso en el reino

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Mi Ama antes de retirarse a descansar nos ordenó tenerle el desayuno listo a las 9 de la mañana sin falta y no le importaba si estábamos cansadas o adoloridas después de la fiesta en que tuvimos que servir de piñatas y meseras

Cuando mi Ama nos metió de nueva cuenta en nuestras jaulas dentro de la camioneta, condujo de regreso hacia su reino, o sea nuestra jaula de oro. Una vez ahí nos dejó bien en claro que no nos había salvado de más vejaciones, nos dijo que lo hizo porque su reino necesitaba limpieza, así que nos ordenó ponernos a limpiarlo hasta quedar como espejo, y que no podríamos dormir hasta terminar absolutamente todo, y no le importaba si nos llevaría toda la noche. Inmediatamente nos acercamos para besarle los pies antes de que ella se retirase a dormir cómodamente.

Mi Ama antes de retirarse a descansar nos ordenó tenerle el desayuno listo a las 9 de la mañana sin falta y no le importaba si estábamos cansadas o adoloridas después de la fiesta en que tuvimos que servir de piñatas y meseras, nuestro deber era ser esclavas y cumplir órdenes nada más y hacerlas bien. Una vez dicho esto nos ordenó ponernos a cuatro patas enseñándole nuestra cola, una vez tomada esa postura se nos fue aplicada una patada bien dada a cada una de las esclavas, y de inmediato nos dijo “a trabajar inútiles” dicho esto se retiró a dormir y obviamente nosotras nos retiramos a cumplir nuestras órdenes.

Nuestras esperanzas de poder dormir esa noche y al día siguiente eran prácticamente nulas, ya que al disponer nuestra Ama de nosotras sus esclavas personales para divertir en esa fiesta no habíamos podido terminar nuestras tareas y obviamente se nos juntaron nuestras obligaciones del día siguiente, o sea que prácticamente en 36 horas nos iba a ser imposible llegar a nuestras jaulas para dormir tan siquiera 10 minutos.

Nos dedicamos a dejar todo tan reluciente como un espejo durante toda la noche, la esclava menor se dedicó a barrer, trapear y sacudir todo el reino mientras que yo me dedique a lavar, planchar, dejar totalmente limpia la cocina y los autos para que al amanecer mi Ama no se fuera con la limusina sin lavar y yo fuera a recibir un castigo de los que a veces suelo arrepentirme cuando he llegado a cometer alguna falta que mi Ama no apruebe por minúscula que sea la falta cometida y aunque yo gozo mi condición de esclava, los errores es muy importante no cometerlos y menos delante de las visitas, ya que cada error cometido refleja la educación que nos imparte nuestra Ama.

Las horas transcurrían en la madrugada y nuestra tarea estaba por concluir y así poder comenzar nuestras obligaciones de ese día, dejando por entendido que no teníamos derecho de descansar hasta que nuestra Ama lo permitiera esa noche, tal cual es la rutina. Una hora antes de ser despertada nuestra Ama ya teníamos todo limpio y terminado, todo a excepción del desayuno de nuestra Diosa imperial, por lo que nos dirigimos para bañarnos donde se nos tiene permitido, me refiero en el jardín y solo con agua fría al igual que es ahí donde debemos hacer nuestras necesidades para después enterrarlas en un hoyo; tal cual lo hacen los perros, también es ahí donde se nos permite alimentarnos o en su defecto en el suelo de la cocina o garaje, esos tres lugares son los que tenemos permitido comer, bañarnos o hacer nuestras necesidades, ya que al ser esclavas nuestros privilegios fueron totalmente restringidos por nuestra Ama.

Terminamos de asearnos y de inmediato nos preparamos a despertar a nuestra Dueña, Ama y Señora, pero antes preparamos su desayuno y así poderla despertar solo como una Diosa como ella se lo merece. Su esclava menor debía besarle los pies para despertarle, una vez ya despierta debía ponerse a abanicarle mientras que yo le acercaba el desayuno a la cama, una vez terminado el desayuno, la esclava menor debía retirarse a lavar la loza mientras yo bañaba al Ama.

Cada día al terminar de bañar a nuestra Ama tenía la obligación de besarle los pies con majestuosidad respeto y humildad, agradeciéndole así que me diera el privilegio de poder tocar su divino cuerpo de Diosa. Una vez ya aseada nuestra Ama, debía elegir su ropa y vestirla, ya que con su categoría y elegancia no podía permitirse rebajarse a tener que elegir ella su atuendo diario para después vestir; eso era una de las obligaciones diarias de sus perritas.

Una vez estando ya bañada y vestida se dirigió con ese porte de Diosa que solo ella posee hacia el salón principal, el cual era bastante grande y que tenía dentro un trono hecho de oro, el cual solo estaba ahí para que nuestra Diosa nos diera las ordenes a seguir de cada día, por lo que hizo uso de su trono y enseguida recibimos esa descarga eléctrica del collar que nos avisa debemos presentarnos a sus pies. Una vez postradas ante su divinidad se nos comunicó que habíamos sido buenas perras en el evento de la noche anterior y que por lo tanto se le vino a la mente el ponernos a trabajar como esclavas domésticas indistintamente, en ocasiones sería la esclava menor, o también podría ser yo, de esa manera el Ama siempre tendría dinero y de todas maneras tendría una esclava par su servicio personal inmediato.

Ambas esclavas nos postramos en pose de adoración para así besarle los pies y agradecerle tal distinción y privilegio al ganar mucho dinero para ella. Esa misma mañana fuimos anunciadas y casi de manera inmediata empezaron a lloverle a mi Ama las peticiones para rentarnos como esclavas domésticas.

Nuestra Ama empezó a ganar cantidades muy grandes de dinero por día, sobretodo porque nos rentaba para realizar el aseo totalmente desnudas y eso subía el costo de su tarifa aún más, y por supuesto a sus perras o sea su hermana y yo su madre se nos duplico a ambas el trabajo a realizar, y que sin importar quien fuera la que sería rentada de día, de todas maneras debía asear el reino en la tarde.

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