Cartas homoeróticas (I): De Mikel a Janpaul

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En tus cartas me decías que no estabas con nadie, pero tú nunca has podido estar sin nadie, ¿quién podría creer que me decías la verdad?

Queridísimo Janpaul:

No pongo fecha a mi carta para que nadie, aun cayendo en sus manos, pueda montar una historia de mi vida contigo. Si tienes a bien contestarme, lo que dudo ahora, tampoco pongas fecha, por favor.

Lo que tú me pides en tu última carta -pues son 28 cartas tuyas que guardo- te lo concedo como un placer añadido por lo mucho que te quiero, aunque últimamente no te lo haya demostrado. Me pides que te escriba porque estás desesperado y si no «me escribes, igual un día te enteras que me he suicidado», dices tú.

Desde que te fuiste que mi vida se ha convertido en una mierda tras otra. Los dos años que estuviste en los Estados Unidos fueron los peores. Me pasé varios meses sin tocar bola, lo único que podía hacer es una paja tras otra y derramar lágrimas en solitario. No quise contestar ninguna carta tuya, eso no quiere decir que no las leía, of corse que las leía, pero para sufrir, me las guardaba en el bolsillo para leerlas y releerlas, mi ánimo se apaciguaba al tenerlas en mis manos y mirar tu letra y tu firma, pero yo estaba muy enfadado porque tú te fuiste. No lo podía comprender. Todo lo que me preguntaba era por qué, si me lo habías prometido “te juro por mis muertos que yo no te dejaré nunca, antes el harakiri”, me dejaste sin contemplaciones y conociéndote como te conozco, te he imaginado desnudo prostituyéndote y traicionándome para obtenerte el placer que solo yo podía, debía y sé darte, pero estando de espaldas cualquier polla, por indigna que fuera, iba a ser suficiente para llenar tu culo.

En tus cartas me decías que no estabas con nadie, pero tú nunca has podido estar sin nadie, ¿quién podría creer que me decías la verdad? Claro, sí, me invitaste a viajar a los Estados Unidos, pero algo en mi interior me impedía ir, si tenías alguien con quien salieras me lo podrías ocultar, ¿quién podría creer que no me engañabas? Ni te contesté ni dije nada en casa, pues no hubiera resistido verte con otro o descubrir tus engaños y mentiras. Tenía tal lío en mi cabeza que todos y sobre todo tú, mi mejor amigo, el dueño de mi vida, el amor de mi corazón, me estuviera engañando.

Hasta mi madre notaba mi desesperación y desengaño. No había día que no me dijera mi madre: “Vete a dar una vuelta por ahí”, porque no salía para nada; otras veces me decía que te escribiera porque yo le dije que no me escribías y desde entonces vaciaba ella misma el buzón y me daba tus cartas en mano, había descubierto mi mentira.

Como consecuencia de mi depresión sentimental ese año que tenía que hacer 3° de Económicas, no hice nada, perdí el año y me sentía mal, muy mal porque tú y yo hemos hecho burradas como aquella vez en la que nos hicimos follar por ocho tíos bien peludos mientras tú y yo nos mirábamos a los ojos y nos besábamos agarrándonos de los hombros, ¿te acuerdas que ellos presumían de dos folladas cada uno, pero tú y yo presumíamos de once porque tres de ellos nos follaron dos veces? Fue buena aquella vez porque no solo nos penetraron sino que todos se corrieron en nuestro interior; ¡suerte que todos usaron condón nuevo cada vez! Recuerdo que íbamos a casa con el culo bien abierto y las piernas arqueadas. Fue una pena no poder repetirlo de nuevo. Sí hemos hecho muchas cosas gordas, pero no hemos perdido el tiempo, el tiempo de estudiar era para estudiar y acabado eso a menearse la poronga y a tocarse los huevos.

Tus cartas me levantaron el ánimo. No entendía que pudieras escribir una carta al mes durante casi tres años; pensé que te cansarías al no recibir respuesta de mí. Al final del primer año no entendía tu empeño por seguir escribiéndome, pero tus cartas produjeron un cambio en mí. En aquella carta en la que me preguntabas por los resultados, asegurabas que habría triunfado y que mis notas serían excelentes como siempre. Sentí vergüenza pero me propuse por amor a ti recuperar las ganas. Hasta mi madre se extrañó, me preguntó y le dije que era por ti. Se alegró. Luego supe que tú le habías escrito y ella a ti. Entre los dos me habéis arreglado.

Ahora solo siento ganas de que un día volvamos a estar juntos para follarte mientras duermes como en aquella ocasión en Huacho, tiene mucho morbo hacerlo a traición, es como una violación. Te despertaste al sentirte mojado de mi semen. Te puse el culo hecho una mierda de semen. Muchas veces lo he pasado muy bien contigo y nunca hemos fallado a la hora de estudiar nuestros cursos, reconozco que sabíamos aprovechar el tiempo, más gracias a ti, porque yo...

Te pido mil perdones por mi torpeza y mi enfado, tú has hecho lo que tenías que hacer: seguir a tus padres donde sea que fueren, también habrás sufrido lo tuyo.

Janpaul querido, ya has suplicado demasiado en tus cartas. Ahora quiero que me escribas esos momentos de sexo que hemos pasado juntos, comenzando por los más eróticos o como quieras, así recordaré nuestros momentos más célebres a la espera de tu regreso y reavivaré intensamente el amor que te tengo.

Recibe ese beso que llevas tanto tiempo esperando y un abrazo muy fuerte; hazme sentir tu polla junto a la mía, cabroncito de mi amoroso corazoncito.

Espero tu carta con ansiedad.

Tuyo siempre,

Mikel

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