INICIO » Lésbicos

No lo pienses demasiado (Parte 12)

  • 9
  • 7.453
  • 9,95 (21 Val.)
  • 1

Salí detrás de ella que ya estaba parada en la puerta del ascensor y me puse a su lado sin decir nada, llevaba un calentón tremendo. Entramos en el ascensor que estaba vacío en ese momento, me apoyé en una de las paredes y cuando se cerró la puerta del ascensor se plantó delante mío y empezó a comerme la boca, al poco le giré la cara pues ya tenía bastante con lo llevaba y en lugar de parar se enganchó a mi cuello.

Irene: Ya te vale...

Carla: Sabes que te quiero tonta.Se reía.

Irene: Ya veo ya...

Sonó el timbre del ascensor y rápidamente se apartó poniéndose a mi lado como si nada antes de que se abriera la puerta del ascensor, salimos del hotel y nos fuimos al bar donde habíamos quedado.

Laura y Juan ya estaban allí tomándose unas cervezas.

Juan: Hola chicas! Por fin, tarde como siempre.

Irene: Juan no jodas que solo son 10 minutos. Seguro que acabas de llegar.

Laura: Efectivamente no le hagas ni caso Irene, acabamos de llegar.

Me acerqué a Juan y le di un colleja.

Juan: Que agresividad Irene. Carla hazle algo a esta chica a ver si la suavizas un poco.

Carla estaba bebiendo de una cerveza en ese momento y casi se ahoga con la risa.

Carla: Jajajaja Juan verdad que se la ve algo tensa? Tienes que relajarte Irene! Me dio un beso en la mejilla.

Irene: Madre mía qué hostia tenéis los dos...

Los dos se empezaron a reír a carcajadas.

Carla: Venga guárdate esa mala leche que ahora estamos de buen rollo.

Las jarras de cerveza iban y venían a la mesa como si fueran de agua y nuestra tontería aumentaba con el número de jarras. Carla se dedicó a calentarme durante toda la cena, me mandaba mensajes, acariciaba mis piernas por debajo de la mesa y con su mano encima de mi pierna movía su dedo corazón como si me estuviera masturbando.

Carla (móvil): Espero que la agresividad te la hayas guardado para después.

Cuando ella iba al baño me mandaba fotos suyas, de su escote, de su tatuaje de la cadera...

Carla (móvil): Vienes y me ayudas? Junto al mensaje había una foto suya en sujetador delante del espejo con una mano dentro del pantalón.

Me levanté y fui en dirección al baño, cuando yo llegaba ella salía, me dio beso en los labios y pasó de largo.

Carla: Más tarde... Me dijo al oído.

Irene: Carla por favor...

Entré al baño me quedé apoyada en la puerta del baño, pensé en masturbarme y acabar rápido con mi tortura pero no era la primera vez que Carla jugaba conmigo y merecía la pena aguantar.

Irene (móvil): Te lo estás pasando bien verdad? Puede que acabe esta tortura sin tí.

Carla: Sabes que eso no va a pasar, no me preocupa. Me necesitas a mi...

Tenía razón, la necesitaba a ella.

Volví a la mesa, lo estábamos pasando muy bien y después de cenar nos quedamos tomándonos unas copas en el mismo bar, con las risas y la tontería para cuando nos dimos cuenta eran casi las dos y decidimos acabar la noche. Carla y yo volvíamos al hotel y Laura y Juan también debían tener planes.

Por el camino Carla se dedicó a provocarme como durante toda la noche y yo intenté hacerme la dura evitándola.

Carla: Va Irene! Ya no quieres jugar? Estas enfadada? Se reía.

Irene: No sé igual ahora ya no me apetece hacer nada.

Carla: Jajaja eso no te lo crees ni tú!!

Llegamos al hotel, subimos al ascensor, Carla se planto delante mío, empezó a besarme y yo no hice absolutamente nada, solo me reía.

Carla: Es verdad! No se te ve muy motivada que digamos. Ay!! que se me ha roto!! Me he pasado con la tortura y se ha roto!!

Irene: Calla loca! Nos va a oír medio hotel. Nos reíamos.

Carla: Eso quiero, que nos oiga todo el hotel.

Íbamos bastante bebidas, besándonos de camino a nuestra habitación, riéndonos, chocando con varias puertas hasta que llegamos a la nuestra. Cuando iba a meter la tarjeta para abrir la puerta, Carla se plantó delante sin dejarme abrirla, con sus brazos rodeando mi cuello, besándonos totalmente descontroladas. Una puerta de las habitaciones se abrió, la cabeza de un hombre se asomó para ver qué pasaba, Carla y yo miramos, nos reímos, el hombre dijo algo y se volvió a meter dentro de su habitación.

Carla me quitó la camiseta, dejándome en sujetador en mitad del pasillo.

Irene: Yo creo que ya está bien la broma no? Vamos dentro?

Carla: Solo un poquito más aquí fuera va.

Irene: Estás fatal...

Carla: Y eso te encanta.

Irene: Y eso me encanta sí...

Seguimos besándonos con desesperación en el pasillo, Carla desabrochó mi pantalón, metió su mano y empezó a acariciarme por encima de la ropa interior.

Carla: Venga vamos dentro, has aguantado muy bien toda la noche y ahora quiero compensarte.

Entramos en la habitación, me empujó a la cama, me quitó el pantalón y la ropa interior y entre risas se quitó la ropa mientras bailaba tarareando algo de música. Me acerqué al borde la cama, la agarré por el culo acercándola a mí, lamí el tatuaje de su cadera y bajé su ropa interior. Me empujó hacia atrás, se puso de rodillas encima mío, mis manos sujetaban su cadera mientras ella se movía y nos rozábanos. Se acercó a besarme y poco a poco fue bajando, mordiéndome y lamiendo mi cuerpo, hasta que su cabeza quedó entre mis piernas. Mi cuerpo se estremecía con cada mordisco y con cada beso, totalmente necesitado.

Irene: Espera...

Carla: Qué? Dijo sin sacar su cabeza de entre mis piernas.

Irene: Yo también quiero... sube tu culo aquí.

Rápidamente levantó su cabeza, me miró con un sonrisa y se colocó para hacer un 69. Nuestras bocas hacían lo suyo y nuestros suspiros y gemidos se mezclaban, después de haber sufrido a Carla durante toda la noche no pude aguantar mucho y enseguida exploté con un tremendo orgasmo teniendo que parar por unos segundos, con lo que Carla aprovechó para cambiar de postura. Puso sus rodillas a ambos lados de mi cabeza casi sentándose sobre mi cara, a lo que yo volví a devorarla mientras ella movía sus caderas, recorría su cuerpo con sus manos y gemía libremente sin reprimirse, a los pocos minutos su cuerpo se paró en seco y sus gemidos aumentaron seguidos de un gran suspiro antes de tumbarse a mi lado. Se quedó tumbada a mi lado con los ojos cerrados, la respiración acelerada y una sonrisa en la cara, yo a su lado no podía dejar de mirarla y acariciar su cuerpo con un dedo haciendo que su piel se erizara.

Carla: Quédate un poquito aquí conmigo, abrázame.

Nos tumbamos una frente a la otra, desnudas, con nuestros cuerpos pegados, una de mis piernas entre las piernas de Carla, besándonos muy delicadamente y acariciándonos despacito.

Irene: El tiempo pasa demasiado rápido cuando estoy contigo.

Carla: Lo sé, pronto tendremos que volver a casa.

Irene: Carla...

Carla: Dime.

Irene: No quiero compartirte con nadie. Te quiero solo para mí.

Carla: Sabes que eso no puede ser.

Irene: Ya...Me mata tenerte ahora y pensar que luego no dormirás conmigo y dormirás con él.

Carla: Tú también te irás a dormir con él... Vamos a dejar el tema y vamos a aprovechar el ratito que nos queda juntas.

Irene: Tienes razón, lo siento, ya a saber cuándo nos volvemos a ver...

Seguimos besándonos y acariciándonos suavemente, pero poco a poco la cosa se fue animando. Los suaves besos se convirtieron en besos desesperados y mordiscos, la suaves caricias desaparecieron y nuestras manos parecían amasar nuestros cuerpos, nuestras respiraciones estorbaban a nuestros besos y nuestros corazones chocaban con la suficiente fuerza como para salirse del pecho.

Carla movía sus caderas frotándose con mi pierna empapada por sus fluidos, centrándose cada vez más en movimientos más placenteros. Yo la besaba, apretaba mi pierna contra ella y disfrutaba viendo la escena, viendo su cara de placer y como su cuerpo temblaba y se estremecía con cada movimiento suyo, cada vez más rápido hasta que tensó su cuerpo completamente y soltó un grito tremendo. En lugar de tomarse un momento para recuperarse se abalanzó sobre mí y me besó con rabia al mismo tiempo que pasaba su mano por mi coño.

Carla: Estás empapada... Susurró en mi oído.

Irene: Y... te... extraña? Apenas podía controlar mi respiración.

Volvió a besarme con rabia, yo instintivamente cerré los ojos, pero eso no era lo que ella quería.

Carla: No... no cierres los ojos... mírame.

Abrí los ojos y nada más abrirlos Carla me metió tres dedos y comenzó a masturbarme con fuerza, haciéndome soltar un gran gemido, mientras me miraba fijamente a los ojos. Me penetraba con fuertes embestidas, mis manos agarraban con fuerza las sábanas, mi respiración estaba totalmente fuera de control y en cuestión de pocos minutos me corrí con la mirada de Carla aún clavada en mis ojos. Yo había explotado de una forma espectacular, pero Carla que estaba a mi lado tumbada boca arriba, necesitaba más, recorría su cuerpo acariciándose con las manos. Me incorporé y besando su cuerpo poco a poco llegué hasta su coño. Lamía y succionaba su clítoris, ella me sujetaba la cabeza con fuerza para que no saliera de ahí al mismo tiempo que movía sus caderas y cuando sus gemidos me indicaban que estaba cerca de llegar, le introduje dos dedos hacuebdo que se corriera a los pocos segundos entre gritos, limpié todos sus fluidos, la besé y me tumbé a su lado.

Irene: Joder Carla...cada orgasmo contigo es mejor que el anterior, es una puta locura...

Carla: Increíble...debería ser obligatorio vernos todos los días jajaja.

Irene: Jajaja no sé si mi corazón podría aguantar eso.

Carla: Igual vivirías hasta más años jajaja.

Descansamos unos minutos desnudas en la cama y nos vestimos.

Irene: Vaya! Ya se me olvidaba, tengo un regalito para tí.

Carla: Un regalo? Qué es?

Saqué de mi bolso una pequeña caja envuelta en papel de regalo y se la di.

Carla: Anda que chulo! Muchas gracias, no tenía ninguno todavía.

Era un pulsioximetro de bolsillo, un aparato que en nuestro trabajo se suele usar bastante y que cada uno suele llevar el suyo.

Irene: Menos mal! Es una tontería pero me hacía ilusión regalártelo, mira debajo de la funda!

Debajo de la funda de protección en la parte de abajo del aparato había escrito un "te quiero rubia" con rotulador, era una niñería pero me hacía ilusión.

Carla: Muchas gracias mi niña, me encanta.

Nos besamos antes de salir de la habitación y dejar el hotel para volver a nuestras casas, fuimos a su coche y me llevó a casa.

Irene: Bueno ya no sabemos cuándo nos volveremos a ver.

Carla: Intentaré que sea pronto, además puede que también nos veamos por el hospital.

Irene: Es verdad, te echaré de menos rubia, vamos hablando vale?

Carla: Claro estamos en contacto.

Irene: Te quiero mucho.

Carla: Yo también.

Nos dimos un pequeño beso y me fui a casa feliz y agotada.

(9,95)