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Perversos vecinos (Parte I)

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Pasados mis veinticinco años concluí que ya estaba bastante crecidita para seguir viviendo con mis padres por lo que decidí independizarme, trabajaba en una heladería que quedaba demasiado lejos de casa, y el traslado me insumía demasiado tiempo y demasiado dinero por lo que la situación se me hacía insostenible, además quería tener mi propio espacio.

Alquilé una modesta casa interna que distaba diez minutos a pie de mi lugar de trabajo, y pronto me hice a la idea de mi nueva vida, de mi soledad, lejos de papá y de mamá y de la convivencia de cinco con mis dos hermanas menores.

La sensación de libertad fue extraña, valerme al cien por ciento de mi misma en principio no fue tan fácil como había imaginado, ya no había nadie que hiciera las compras, ni las comidas, ni los aseos, tener que encargarme de pagar mis impuestos y hasta de lavar mi ropa interior!, papá y mamá ya no estaban.

El departamento era sencillo, pequeño, cocina comedor, baño y un escueto dormitorio, en la planta alta un quincho vidriado donde estaba un lavadero y afuera el tendedero, no mucho más, lo decoré a mi gusto con plantas y libros, ya que me gusta la lectura, improvisé un living con un par de sillones y un pequeño led.

La edificación no era muy convencional, originalmente era una casa amplia cuyo dueño tuvo la idea de dividirla y de una hacer dos más pequeñas para poder tener mejor rédito en rentas, por lo cual no había la suficiente privacidad con la casa lindera y las distancias entre ambas eran demasiadas cortas.

Antes de seguir con la historia, quiero aclarar que siempre fui una chica muy normal, nunca fui de llamar la atención, ni por mi forma de ser ni por mi forma de vestir, tampoco me daba el físico para pretender ser una bomba sexual. Criada como habrán notado en el seno de una familia humilde mis objetivos de vida pasaban por encontrar un buen hombre que sea esposo y padre de mis hijos, no mucho más, era bastante retraída, acomplejada y pudorosa con todo lo referido a temas sexuales y solía sonrojarme con facilidad ante el menor diálogo de esta índole. Solo había tenido relaciones con dos chicos y no había besado en la boca a más de seis, tal vez, siete si dar un pico cuenta como besar en la boca.

Pero las cosas darían un giro inesperado en mi vida y Adriano y Paula, mis vecinos en la pequeña casa contigua, serían los culpables.

Ellos tenían un gimnasio y se notaba, eran dueños, por nuestros horarios apenas nos cruzábamos por las mañanas Adriano era grandote, fornido, de tez oscura, moreno, con el porte de esos actores de películas de acción, con músculos por demás marcados, a tal punto que parecía no tener cuello, me enteré que lo apodaban ‘bulldog’ y al observarlo era inevitable que su apodo viniera a mi mente. No era un tipo carilino, es más, diría que hasta era feo, pero tenía ‘ese no sé qué’ que atrae a las mujeres y se me hacía difícil no mirarlo con ojos femeninos, me atraía sin dudas, pero él tenía pareja.

Paula era un poco más alta que yo, de cabellos oscuros y tez blanca, siempre estaba mascando chicle o fumando, de mirada inquieta y profunda, su cuerpo modelado casi a la perfección, algunos pequeños lunares y tatuajes le daban un toque personal, un detalle? Sus enormes tetas, créanme que eran algo extremadamente exagerado, eran más grandes que su cabeza, era imposible no mirárselas y perderse en ellas, incluso siendo mujer. Recuerdo que en alguna oportunidad me confesó los problemas de columna que le traían y lo incómodo que se sentía notar que todo el mundo se las mirara, pero como fuere, la verdad es que ella no las ocultaba demasiado y solía ostentar de esas bolas de carne.

Creo que fue a la tercera noche de mudarme, había llegado tarde de mi trabajo en la heladería y solo quería dormir, estaba exhausta, pero al llegar a la cama mis vecinos tenían otros planes, evidentemente su dormitorio estaba al otro lado, se sentía un continuo y repetitivo ‘tac, tac, tac’ de la cama golpeando contra la pared, gemidos y gritos, en especial de Paula, con una boca sucia que me hacía sonrojar, más que coger parecía que la estaban matando, se pusieron insoportables, molestos, yo solo quería dormir, y después de una hora sin descanso pensé que iban a darle toda la noche, al final montada en cólera tomé la almohada y mi fui al sillón del comedor.

Al día siguiente me dolía todo el cuerpo, había dormido mal y pocas horas, al ir a mi trabajo, me crucé de casualidad con Paula, tenía una sonrisa de puta complacida que no hizo más que recordarme lo bien que ella lo había pasado y con eso, lo mal que yo lo había pasado.

La noche siguiente la historia se repetiría al otro lado de la pared, pero no de este lado, yo estaba de buen humor y me metí en sus ruidos, se me hizo todo muy excitante, los gemidos, el placer, me imaginé en el lugar de Paula, montando a Adriano, mamándole la verga, empecé a tocarme y conforme a sus gritos aumentaban también aumentaba mi ritmo, enterré los dedos en mi hueco, estaba inundada, respiré profundo, fue todo muy loco pero tuve un terrible orgasmo. Al otro lado parecían no terminar nunca por lo que nuevamente dormí en el comedor.

Después de un mes acabé alternando noches de odio como la primera con noches de infinita auto satisfacción, como la segunda, pero parecía condenada a dormir en el sillón del comedor, las cosas así no podían continuar, por lo que me decidí a tomar al toro por las astas y hablar frente e frente con mi vecina con quien tenía una fluida relación, no éramos amigas pero si buenas vecinas, así que una tarde nos cruzamos en el pasillo y nos quedamos conversando, entonces aproveché la oportunidad y acercándome para poder hablar en voz baja le dije como quien no quiere la cosa

- Paula, no lo tomes a mal… tengo que pedirte un pequeño favor…

- Si, dime…

- Bueno… como decirlo… es que cuando tú y Adriano… ya sabes…

Ella miraba sin parecer entender y yo no quería se directa, por lo que me acerqué más todavía y se lo susurré

- Cuando hacen al amor, Paula, cuando fifan…

- Cuando cogemos? si, que pasa? – apuró ella con total desparpajo

- Bueno, es que… son muy efusivos… los ruidos… los gritos… yo no puedo dormir… y necesito descansar…

Mi vecina se rio a mas no poder, con soltura, me pidió disculpas, y se excusó en que Adriano era un excelente amante, y no solo eso, me contó con lujos de detalles ‘sobre la deformidad’ que tenía el entre las piernas que le impedían no gritar de placer. Luego volvió a pedir disculpas y me prometió que hablaría con su esposo y verían que hacer al respecto.

No sé por qué en ese momento la noté con una falsa modestia y una mentira para salir del paso, hecho que comprobaría esa misma noche cuando los ruidos y los gritos se repitieron como de costumbre.

Pero algo había cambiado en mi después de esa corta charla, realmente en mi cabeza empezó a cruzarse la imagen de la verga enorme de mi vecino y cada vez que ellos hacían el amor yo me imaginaba en el lugar de Paula y terminaba masturbándome hasta tener enormes orgasmos, hasta improvisé con frutas y hortalizas para llenar mi hueco caliente.

La relación con ellos era de lo mejor, y cada vez que me cruzaba con Adriano yo no podía dejar de imaginar su entrepiernas, como tratando de adivinar si Paula había dicho la verdad o solo se había burlado de mí, además el tipo era un adulador de primera y adivinaba que Paula le había contado de nuestra charla en el pasillo.

La terraza parecía ser un lugar de pruebas para ellos, el tendedero daba casi a mi patio y me parecía demasiada casualidad que la ropa interior de ambos siempre estuviera secándose en la línea más cercana a mi casa, imaginaba yo o era provocación? podría describir con memoria fotográfica toda la lencería de mi vecina, unas tangas pornográficas que hubieran cabido con facilidad en el puño de mi pequeña mano, o los exagerados sostenes necesarios para contener sus impresionantes tetas, y hasta los bóxer ajustados que no podía dejar de imaginarlos en el cuerpo escultural de Adriano. Ellos no lo saben, pero una vez el viento arrancó uno de sus calzoncillos y terminó en mi terraza, se transformó en mi fetiche, y cada vez que me masturbaba junto a sus gritos y mis juguetes improvisados, refregar su prenda íntima por mi cuerpo fue toda una fuente de inspiración.

Y esta última semana pasó lo más insólito.

El martes fui a la terraza a colgar mis prendas recién lavadas, pero algo me detuvo en el cuartito de arriba antes de salir al tender, me quedé paralizada, dura, como si alguien hubiera detenido el mundo en ese momento.

Desde mi ventana, apenas oculta tras las traslúcidas cortinas, pude ver con claridad el cuartito de mis vecinos, todo era demasiado nítido, Paula estaba sentada sobre una pequeña mesada, con sus piernas abiertas, desnuda, al medio, Adriano la cogía con vehemencia, la ancha espalda de mi vecino se contraía en miles de músculos, ella lo abrazaba y rasgaba con sus uñas al punto de dejarlo marcado, el embestía una y otra vez como un toro embravecido, y ser una fisgona tras las cortinas me produjo una irrefrenable excitación, me sentí mojarme, me sentí afiebrada, no podía apartar los ojos del sexo desenfrenado de mis vecinos, comencé a acariciarme los pezones por sobre la ropa y sentí latir mi clítoris, los minutos pasaban y no podía dejar de mirar…

De pronto percibí que la mirada de Paula se dirigió hacia donde estaba, un frío corrió por mi cuerpo y quedé más petrificada que antes, ella ya no sacó la vista de mi ventana y yo tampoco pude hacerlo, acaso me había sorprendido? acaso lo habían preparado? acaso era solo mi imaginación?

Ella me regaló una sonrisa, bajé corriendo la escalera envuelta en pánico, me tiré sobre la cama y me masturbé con locura, grité como ella gritaba, mis vecinos me estaban enloqueciendo…

Pasé mi día, fui a trabajar, volví, me di una ducha y me preparé para la fiesta de mis vecinos, pero para mi sorpresa, nada pasaba…

Había ido a la cama, leía un libro cuando sonó mi teléfono

- Hola?

- Hola Flopi, soy Adriano, tu vecino…

- Hola Adriano, algún problema?

- No, no… solo una pregunta, puede ser?

- Si… como no – en ese momento supe lo que iba a preguntar

- Me dijo Paula que esta mañana nos estuviste observando… ya sabes, en la terraza…

Mi silencio fue tan pronunciado que me di cuenta que estaba acorralada

- Tal vez… puede ser…

- Sabemos que te gustó espiar… te gusta espiar a tus vecinos? – notaba la sonrisa dibujada en su rostro aun sin verlo

- Basta Adriano! cual es el tema?

- Tranquila, tranquila… a Paula y a mí nos gustó el juego… así que llamaba solo para decirte mañana misma hora, mismo lugar.

No pude decir más porque el ‘click’ del corte se escuchó de inmediato, iba a llamar pero dudé y los ruidos acostumbrados comenzaron al otro lado, como de costumbre, y como de costumbre terminé masturbándome en la soledad de mi cuarto, a esa altura asumí que si no encontraba pronto una buena verga que me quitara la calentura iba a estallar…

El miércoles me desperté temprano, excitada, me juré que no subiría, una y otra vez, pero miraba el reloj de la pared con insistencia, minuto a minuto, mis principios morales me decían que no debía hacerlo, pero la puta oculta en mi podía más. Mi férrea resistencia duró diez minutos pasada la hora pactada, no pude evitarlo y subí la escalera a los saltos, incluso salteando escalones…

Llegué a la ventana, otra vez a observar tras la cortina, ellos estaban ahí, tal cual lo dicho la noche anterior, solo que ahora era el quien estaba apoyado en la mesada y quien miraba hacia mi ventana, desnudo, hermoso, perfecto, su esposa estaba arrodillada entre sus piernas, evidentemente pegándole una buena mamada, ella estaba vestida, me inundé de inmediato, Adriano levantó una mano e hizo un guiño de forma que yo supiera que me observaba, en algún momento eso me hubiera sonrojado, pero esa mañana fue diferente, casi sin pensar me desnudé de la cintura para abajo, acomodé una silla y puse mi pie derecho sobre la misma sosteniéndome sobre el otro, quedando toda abierta para él, pasé mi mano derecha por detrás de mi cola llegando apenas con mis dedos a mi concha abierta, era incómodo, pero era lo más pornográfico que en ese momento se me ocurrió regalarles.

Un corto pero profundo orgasmo llegó con rapidez, fue todo muy raro y creo que el disfrutó observándome, pero pasado el placer la vergüenza me invadió, de repente, me sentí culpable, sucia, tomé mis prendas y bajé corriendo a la planta baja, como el día anterior.

Por la tarde en la heladería comprobé lo que esperaba, me había indispuesto, ya venía con síntomas y un mal humor típico en mí en esos momentos.

Por la noche, me llevaba el diablo, lo que menos quería era escuchar a mis vecinos, mi sorpresa fue comprobar que nada sucedería, dormí plácidamente, y la paz curiosamente se extendió todo el jueves.

El viernes por la mañana, serían las diez el ruido del WhatsApp en mi móvil atrajo mi atención, Paula al otro lado había escrito

- Buen día Flopy, ocupada?

- Buen día Paula, no por cierto no

- Ok, te importaría llegarte unos minutos a casa? quisiera hablar contigo

- No, no hay problema, dame cinco y voy

- Dale, te espero

Qué diablos querría? Me pregunté en ese momento repasando en mi mente todas las escenas de los días anteriores. Me higienicé, cambié el tampón y las toallas absorbentes, me puse un jean y una remera, de todos los días, de entrecasa.

Golpee la puerta y Paula me recibió al instante, como si hubiera estado detrás esperándome…

CONTINUARÁ

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