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Solo una vez

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Les aviso a los lectores que si piensan que leerán un relato perverso, sucio, de trampas e infidelidades, lujuria y pecados, bien, simplemente este no, mi relato tendrá sexo, pero sexo con amor.

Porque el sexo es bueno, pero si se practica con la persona que uno ama entonces es divino, porque uno desnuda el alma, y entrega todo lo que tiene, y cuando alguien prioriza el placer de la pareja por sobre el de uno mismo, y cuando siente que ese deseo ese sentimiento es recíproco la unión se hace perfecta, es el momento en que dos almas se juntan para formar una sola.

Estoy por cumplir treinta años de casado con Patricia, Pato para los amigos, nos conocimos demasiado jóvenes, recuerdo que ella entró por mis ojos, sus claros pantalones ajustados dibujaban su trasero a la perfección, era una manzana divina, y cuando volteó para verme naufragué en el azul limpio y cristalino de sus grandes ojos, una sonrisa fue la respuesta a mis palabras halagando su belleza.

Alta, esbelta, de perfecta y armoniosa figura, para que se den una idea había rechazado en dos ocasiones propuestas serias para comenzar carrera de modelo.

Con el tiempo, descubriría que Pato no era solo un rostro bonito, porque la belleza se la lleva el tiempo y solo queda lo que nosotros mismos forjamos.

Ella se transformó la persona con la que compartí mis éxitos y en quien me apoyé en mis fracasos, ella fue la brújula de mi corazón durante mis años de pareja, ella me dio lo que más quiero, mis cuatro hijos.

Y gran parte de lo bien que nos llevamos es culpa de lo que sucede en nuestra intimidad, ella es franca, abierta, y hace más de lo que merezco que haga, todo por amor.

Juntos aprendimos a disfrutar del sexo anal, a potenciarlo como una experiencia, a usarlo a favor, como un postre especial, algo que no se come todos los días, pero sabiendo que cuando llega el momento uno se toma varios minutos, solo para saborearlo.

Recuerdo que durante nuestro noviazgo solo practicábamos oral y sexo tradicional, ella se hizo rogar y me había prometido que sería su regalo de noche de bodas, y así cumplió, después de la ceremonia, de la reunión familiar, del baile, los amigos, en esas horas de hotel, antes de emprender nuestra luna de miel, ella me regaló la virginidad de su cola.

En casi treinta años lo hicimos incontables cantidad de veces, pero una recuerdo en especial, una que nunca olvidaré, la primera y la única vez en que ella me regaló un orgasmo mientras poseía su trasero…

Trabajaba en una importante empresa y estaba muy de moda tomar extensos cursos de capacitación, por lo que cada cuatro o cinco meses me enviaban a Capital Federal. Pato y yo sufríamos mucho estas cortas despedidas, porque aunque fuera un mes, una semana o tan solo un día nos parecía mucho tiempo, siempre la dejaba angustiada y con lágrimas en los ojos, odiaba quedarse sola.

Y ya estando en Capital con mis compañeros casuales todo me resultaba muy loco, en general ellos aprovechaban estos días de soltería, en sus tiempos libres se iban ‘de putas’ o a algún cabaret de poca monta, sin embargo, yo siempre buscaba algún pretexto para apartarme de la manada, en mi mente solo estaba ella, vivía por ella, respiraba por ella.

La llamaba al atardecer, después de los cursos, antes de salir a pasear un rato, para no quedarme solo en el hotel, charlábamos mucho, ninguno quería cortar la llamada.

Y así podían verme, caminando solo por las bulliciosas calles de la gran ciudad, mirando vidrieras, buscando algo especial, porque siempre la sorprendía con algo especial a mi regreso.

Esa vez, entré a un local de lencería erótica, un tanto escondido en una galería, con mucha vergüenza, me atendió una morocha simpática a la que le pedí casi susurrando un conjunto rosado que había visto en la vidriera, un sostén calado casi transparente y una tanga casi pornográfica, por la parte trasera era casi un hilo dental y por delante no tendría más de unos dedos de alto.

La perfumó y la envolvió para regalo, lo había elegido color blanco, mi color favorito, pagué y me esfumé del lugar tan pronto como pude.

Nunca conté esto, ni siquiera a ella, luego de realizar la compra volví presuroso y excitado a mi cuarto de hotel, mis torpes manos masculinas rompieron el papel de regalo por más que pusiera sumo cuidado, puse el conjunto sobre la cama, olí la fragancia que había dejado impregnada la vendedora y lo imaginé en el cuerpo de mi amada esposa, me masturbé como adolescente…

Lo único positivo que tenían estos viajes era que al reencontrarlos éramos pura pasión, dinamita pura, locura y desenfreno.

El regreso en ómnibus se hizo interminable, a poco de salir oscureció y por la ventanilla solo veía la negrura de la noche, la película que pasaron a bordo no era de mi agrado, apenas la música de mi celular llegando por los auriculares calmaba un poco la ansiedad, bajé pasada madia noche y tomé un taxi hasta casa.

A pesar de la hora, Patricia me esperaba despierta, nos besamos en la puerta como si fuera la primera vez, dejé mi bolso, a un costado, estaba exhausto y fui a darme una ducha de agua tibia antes de meterme a la cama.

No dije nada, sabía que ella, como acostumbraba a hacer, mientras me bañaba acomodaría las prendas del viaje, e inevitablemente encontraría mi regalo.

De pronto sentí abrirse la puerta del baño y correrse la mampara, Pato lucía espectacular, con el conjunto que le había comprado, el sostén calzaba justo en sus pequeños pechos transparentando sus pezones, su sexo apenas quedaba cubierto, le hice señas con el dedo para que girara, lo hizo sonriendo, diablos, que perfecto que era su trasero, casi sin darme cuenta su cola adolescente se había transformado en cola de mujer, más grande, más gorda, pecaminosamente, imponente, la tanga se había perdido en su zanja, era mucho mejor de lo imaginado, al punto de provocarme terrible erección.

No me dio tiempo a seguir observando su perfección, decidida avanzo y se coló a mi lado bajo el agua, sus largos cabellos rubios comenzaron a mojarse, miles de gotas cubrieron su rostro y rodaron por su cuerpo, la abracé con firmeza por su estrecha cintura y ella rodeó mis hombros con sus brazos, nuestros labios se fundieron y nuestras lenguas se trenzaron en un beso sin fin.

Mientras acariciaba mi pija con su mano me decía una y otra vez que me había extrañado demasiado y que ya no quería que volviera a irme, mi primera intención fue cogerla ahí mismo, bajo el agua, pero ella puso distancia y me dijo:

Yo también te tengo una sorpresa…

Tomó con una de sus manos una de mis manos y la condujo por su vientre haciéndola bajar bajo el frente de la pequeña tanga, mis dedos comprobaron que su concha estaba completamente lisa y suave al tacto, sabía que me enloquecía su sexo depilado…

Te gusta? es para vos…

A esas alturas, la pasión no nos permitía pensar con claridad, como pudimos compartimos un toallón para secarnos, ella secó mi pecho, mi espalda, se agachó a secar mis piernas, mi pija quedó cerca de su rostro y como era previsible se la comió toda chupándola en forma desesperada, pero pronto la aparté de mi lado, por razones obvias debía evitar que continuara…

Yo también la sequé milímetro a milímetro, sus oscuros pezones parecían dibujados bajo la tela mojada del sostén, y yo también bajé, la tanga blanca resaltaba trasluciendo su argolla redonda y saltona, la giré y me detuve largos minutos en besar sus nalgas, llevé mis dedos entre sus piernas, la viscosidad y pegajosidad de sus líquidos me dejaron saber que no era solo agua de la ducha, estaba empapada, pero con sus calientes jugos…

Fuimos al dormitorio, de casualidad vi nuestra cámara de fotos sobre la repisa, le pregunté si me dejaba retratarla, quería dejar un recuerdo de la perfección de sus líneas, de su piel broceada, porque si Dios fuera mujer seguro tendría sus formas…

Apenas dejamos un velador encendido para distinguir nuestros cuerpos, en esos minutos Pato se transformó en la más perra de las mujeres regalándome las poses más sexis y calientes que un hombre pueda imaginar, los flashes de mis disparos fueron inmortalizando sus curvas, sus pechos, su cintura, sus piernas, sus pies, su concha, su culo, su rostro, planos completos, planos cortos, hasta agotar ideas…

Había llegado la hora de terminar lo empezado, comenzamos a besarnos, íbamos improvisando lo que saliera, nada estaba premeditado, Patricia rápidamente quedo sobre el colchón boca abajo aferrada al almohada, con su culo hacia arriba, yo estaba sobre ella, rodeándola teniéndola prisionera, besando su nuca y una de sus orejas, sintiéndola caliente bajo mío.

Me senté como cabalgándola sobre sus piernas, apretando con fuerza hacia abajo su cintura haciendo que su culo se arquera y saltara más hacia arriba, enganché los elásticos de la tanga tirando de ellos hacia arriba, para que se entierre más aún, apenas alcanzaba a ver sus labios depilados y su esfínter escapando entre la tela, llevé mis dedos a su sexo, estaba increíblemente mojada, al punto que hasta su esfínter tenía flujo, jugué con mis dedos por un agujero y por el otro, dos falanges se habían colado en su recto, ella solo disfrutaba entregada, hasta que la sentí implorar:

Basta mi amor… me voy a acabar… por favor… cógeme…

No sé por qué lo hice, pero mi decisión fue apoyar mi pija entre sus cachetes y moverme sobre ella como si estuviera cogiéndola, pero solo acariciaba sus agujeros con mi sexo, especialmente el trasero, favorecido por la posición, insistí con ese juego más de la cuenta, pensaba en otras cosas para prolongar el momento y no acabarme, pero Patricia llevó su mano derecha bajo sí misma, levantó más su culo para darse lugar, para masturbar su clítoris, comprendí que era el momento, no duraría mucho más…

Pasé un par de dedos bajo la tanga que le había regalado, solo para correrla hacia su cachete izquierdo y despejar el camino, llegaba el momento de invadir su concha…

Me acomodé un poco en la penumbra, mi pija estaba dura como un mástil, busque de embocar dulcemente su preciosa argolla, pero la proximidad me llevó a su otro agujero, no tuve intención, solo noté mi error al sentir un poco de resistencia en mi glande, ella dijo

No, No, te estás equivocando de agujero…

Pero lo cierto es que no había hecho nada por evitarme o esquivarme, ya estaba en el juego por lo que probé forzar un poco más, Pato se mostró receptiva e incluso acompañó empujando en mi contra, ahí supe que había ganado, su respiración agitada y su gemido casi imperceptible me dejaron saber que iba en el camino correcto, fue solo forzar un poco más el juego para entrar por completo en su trasero, lo sentía apretarme de una manera especial, nos movimos acompasados como olas de mar, ella se mecía con calma acariciando su botoncito, y yo disfrutaba del placer incomparable de hacerle la cola, a medida que pasaban los minutos Pato se fue moviendo con cada vez más vehemencia, al extremo de sorprenderme, nunca había movido así sus caderas, la sentí llegar entre fuertes gritos, las contracciones involuntarias de su enorme orgasmo la obligaban a apretar sobre mi pija su precioso esfínter, perecía que iba a arrancármelo…

Patricia me pidió que la dejara hacer, ahora era yo el que me acostaba y ella se proponía cabalgarme, pasó una pierna a cada lado y mi vista se perdió en sus pechos que aún se ocultaban bajo el sostén, sus pezones estaban duros como piedras, se acomodó y la sentí dirigir mi verga en su culo nuevamente, tomó mis brazos entre sus manos para sostenerlos a los lados de mi cabeza, comenzó a moverse, le llenaba la cola, me quería ver acabar, me iba a hacer llegar al fin, llegaba y ella se movía cada vez con más ritmo, alcancé a mirar su rostro en la oscura penumbra, tenía una sonrisa de ángel, cerré mis ojos cuando comencé a eyacular en su interior, Patricia gemía conmigo, el final perfecto. Los instantes que duró mi orgasmo los recuerdo en mi mente como si ahora lo estuviera viviendo, los gemidos de placer de mi amor quedaran por siempre endulzando mis oídos.

Vino a mi lado, nos abrazamos, nos besamos, nos acariciamos hasta quedarnos dormidos…

Pasó hace un tiempo ya, pero nunca olvidaré lo que fue una de mis mejores experiencias en la cama y saben porque? Sencillamente porque ella me regaló un orgasmo cuando le hacía la cola, ese solo hecho, para mí como hombre, me hace sentir muy especial. No sé si ella tendrá real dimensión de lo que significó ese encuentro para mí, la verdad, nunca se lo he preguntado, es más, no sé si lo recuerda…

Muchas veces intenté repetir la experiencia pero nunca más sucedió, solo fue esa vez, tal vez nunca más vuelva a repetirse, pero no importa, mientras tenga sangre en las venas seguiré insistiendo, y cada vez que le esté haciendo la cola a Patricia tendré la esperanza que ella me regale un nuevo orgasmo…

Si eres mayor de edad puedes escribirme con título ‘Solo una vez’ a [email protected]

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