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Berenice, dulce venganza (Partes 1 y 2)

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Hola, me llamo Eduardo, cuarenta y dos años, divorciado.

Trabajo en dependencias del estado, soy lo que vulgarmente se conoce como un recaudador de impuestos.

Mis jornadas pueden resumirse a vestir impecable, traje, corbata, zapatos brillantes, lentes de sol, una imagen que no pasa desapercibida. Suelo caer en negocios, de improviso, como sabueso, a hacer auditorías contables para detectar evasores del fisco.

Hasta el momento de mi divorcio llevaba una buena vida, no me podía quejarme, era un tipo bien parecido, de vestir bien, impresionaba bien, un poco de dinero, coche, mujeres… mujeres…

Berenice era mi esposa hasta hace un par de años, una hermosa mujer que yo no supe cuidar, de la que hoy solo tengo el recuerdo.

Tenía quince cuando la conocí, ella era mayor, me llevaba un par de años, primero fuimos amigos, luego novios, tuvimos idas y venidas, nos casamos…

Me dio dos hijos, una nena y un nene que hoy ya son incipientes adolescentes.

Ella es, o era, porque para mí ya es recuerdo, una hermosa mujer, de mediana estatura, bien formada, proporciones justas, de cabellos castaños, ojos pícaros y sonrisa seductora.

Excelente esposa, complaciente en la cama y mejor compañera de vida, mejor madre, nada que objetar…

Era docente, maestra jardinera, le encantan los niños pequeños.

Y todo mi mundo era perfecto, cada mañana dejábamos a los niños de mi madre, o de mi suegra, luego la llevaba al colegio y luego hacía mi trabajo, después improvisábamos, a veces podía pasar a buscarla, otras veces se volvía sola, a veces pasaba ella por los niños, y otras veces era mi turno, como verán, la vida que toda persona ansía vivir, sin problemas económicos, sin enfermedades, sin problemas familiares, que más podía pedir?

Pero si, yo podía pedir más, porque siempre fui un mujeriego incurable, en cada concha que se cruzaba en mi camino veía una oportunidad de terminar en la cama, y siempre me enredé en problemas de piernas…

Y Berenice siempre lo supo, sabía desde la época de nuestro noviazgo que yo le metía los cuernos, una y otra vez, solo que ella estaba tan enamorada que prefería hacer la vista gorda a perderme, una y mil veces le había jurado que sería la última, y una y mil veces había fallado, porque siempre se cruzaba en mi camino algún trasero irresistible, o unos pechos perfumados…

Y la pregunta era, cuanto tiempo toleraría mi esposa ser cornuda? cuando se hartaría de mis falsas promesas?

Y el principio del fin empezó cuando puse los ojos en Oriana, una joven profesora de cursos superiores, donde mi esposa daba clases. La conocí por casualidad, una tarde que pasé a buscarla para ir a casa, ella se cruzó en mi camino, y mi mujer no tuvo más alternativa que presentarnos.

No pude dejar de mirarla, Oriana tenía el cabello teñido a rubio furioso, corto a la nuca, engominado, ojos miel, boquita prominente y un piercing atravesando un lado de la nariz, lucía un trajecito cuadriculado de chaqueta y pollera a media pierna, ajustado, marcando sus formas, tacos altos, demasiados sensuales para dar clases.

Cuando besé su mejilla aspiré un perfume embriagante, y cuando cruzamos las miradas nos dijimos demasiadas cosas, muchas veces no es necesario hablar para comunicarse.

Y una cosa llevó a otra, su casa estaba casi de paso a la nuestra, me ofrecí a llevarla, con la doble intención de ya saber dónde vivía, y así se dio…

Yo conduje, Berenice a mi lado, Oriana en el asiento trasero, cruzados en una plática en la busqué obtener información, como, por ejemplo, que era divorciada y vivía sola.

Cuando ella se bajó, el rostro de mi esposa se transformó, perdió la sonrisa contagiosa y su rostro se puso parco, fue cuando me dijo

- Mirá Eduardo, te conozco, con ella no…

Y era verdad, ella me conocía demasiado y ya se había adelantado a mis intenciones, y por más que tontamente intenté disuadirla, me dijo

- Esa mujer es una puta calienta pijas, es como vos… la gustan todos, calienta braguetas de mierda, el esposo la dejó por puta y no quiero que te metas con ella…

A esta altura Berenice solo monologaba…

Me di cuenta de tus intenciones, y te lo juro que si la tocas te vas a arrepentir, es una víbora, porque sabes qué hace? Ella no se calla, y después de terminar con sus víctimas, cuanta sus hazañas a los cuatro vientos… me destruiría, a ella no le importaría hacerlo, tiene un ego especial y lo publicaría en todo rincón del colegio… no puedes hacerme esto! la odio!

Mi esposa estaba enfurecida por algo que hasta ahí solo eran suposiciones, así que solo traté de tranquilizarla…

Pero no se había equivocado, Oriana era mi nuevo objetivo, y fui por ella, como mi esposa había dicho, no tuve demasiados problemas en llevarla a la cama, me las arreglé para volver a cruzarla, hablamos una vez, cambiamos celulares, empezaron los Whatsapp, una cosa llevó a otra y al fin terminamos en su casa.

Oriana resultó ser más puta de lo había imaginado, como le gustaba la verga a esa mujer!

Una mujer de hermosas tetas y un culo de película, de tomar la iniciativa, de gritar como perra, una hembra sin tapujos…

Plena luz del día, se desnudó por completo sin la menor vergüenza, me besó y tomó mis manos para llevarla a sus pechos que eran duros como piedra, me dijo que quería chuparme la pija, así como así, aún estaba con mi traje y casi no me dio tiempo a desvestirme, me tiró sobre un sillón y casi me viola, parecía desesperada, solo se encargó de sacar mi pija dura entre mis ropas y empezó a mamarme, en una excelente mamada, me pidió que la filmara, porque se excitaba y calentaba cuando la filmaban.

Me dio su móvil y lo puse en modo selfie, para poder ver, para que ella pudiera ver y les juro que me dio la mejor chupada de mi vida, metiéndose mi verga hasta la garganta, comiéndosela toda por completo, le apretaba la cabeza hacia abajo, y le decía que así me gustaba, bien profundo, bien de puta, era realmente excelente…

Y ver lo que estaba filmando era muy excitante, su rostro, mi rostro, su boca, mi sexo en ella, y si no lo cortaba llegaría al final, solo que ella no quería cortarlo y yo no tenía voluntad para hacerlo…

Y me sentí acabar en lo profundo se su boca, Oriana en una forma muy porno dejo escapar el semen entre sus labios y el tronco de mi verga, lentamente, gota a gota, muy sensual, para volver a lamerlo en un juego eterno…

Cuando terminamos dejé el celular a un lado, y seguimos cogiendo como animales, enredados en una orgía eterna. Sin embargo, al despedirnos supe que no habría una segunda oportunidad, se de esas cosas, y si bien insistí porque era realmente buena, Oriana al cerrar la puerta de su casa, en verdad cerraba una corta historia, ella no quería involucrarse con nadie, para ella yo solo fui un ‘touch and go’.

Sin imaginarlo, en ese momento, había dado el paso más errado de mi vida, mi esposa me lo había advertido, yo no quise escucharla...

Días después empezó el final, al llegar a casa mi esposa me esperaba para hablar, sentada en una de las sillas del comedor, con una bola con hielo en su pómulo derecho, estaba inflamada, incluso su ojo estaba medio cerrado, me miró secamente, me miró con odio y se preparó para una catarata de insultos…

Oriana se había encargado de hacer circular a sus amigas el video, y contar su hazaña a los cuatro vientos, la idea era que Berenice no se enterara, pero los chusmeríos corren a la velocidad de la luz, y en minutos, mi esposa tenía la filmación en su móvil, y sus oídos se llenaron de burlas.

Con el orgullo herido, fue a increparla, se tomaron a golpes de puños, la habían suspendido a ambas, y seguramente la echarían en breve…

Me sentí una mierda…

Los siguientes tres meses vivimos bajo el mismo techo, solo que, en cuartos separados, casi no hablábamos, ella definitivamente fue cesanteada del empleo, por lo que ya solo estaba en casa, yo buscaba recomponer la situación, trataba de ser condescendiente con ella, ser servicial, enamorarla nuevamente y tener una segunda oportunidad.

Un día, Berenice, al llegar del trabajo me dijo

- Estuve pensando mucho en estos meses, y no podemos seguir así, como perro y gato, los chicos nos ven dormir en cuartos separados y preguntan, no entienden, y yo te necesito, si estás de acuerdo quiero empezar nuevamente, sin engaños…

Sus ojos me sonaron dulces, sus palabreas a súplicas, sabía que no aguantaría mucho tiempo sin mí, intenté besarla, pero ella puso distancia y dijo

- Despacio… despacio… mira, el fin de semana mis padres pasaran a buscar a los niños, así tenemos un tiempo a solas… que te parece?

Era jueves, faltaban un par de días, podía esperar…

Lógicamente, por las dudas, estaba jugando a dos puntas, Romina era una gatita que andaba buscando conquistar, una compañerita de trabajo que me debía algunos favores…

El sábado fui a trabajar como de costumbre, no tuve una buena mañana, Romina me daba vueltas y me hacía perder el tiempo, no me era fácil cogerla y eso me ponía mal.

Tenía el almuerzo pactado con mi esposa, ese almuerzo de reconciliación, pero preferí meterle una excusa y llevarla a almorzar Romina, tenía que jugar ambas partidas al mismo tiempo.

Eran más de las tres de la tarde cuando pude deshacerme de mi gatita, y así si, volver a casa para retomar mi agenda con mi mujer.

En el camino ensayé miles de excusas, como zafar de dar explicaciones…

Al llegar, me di cuenta de que no sería necesario, Berenice estaba con una amplia sonrisa y me dijo

- Shhhh… no te preocupes mi amor, entiendo tu trabajo… dijimos empezar de nuevo… cierto?

Berenice estaba muy bonita, hacía tiempo que no la observaba detenidamente, se había recogido el cabello y sus orejas lucían unos largos pendientes, se había maquillado, se había perfumado y su rostro se mostraba jovial, lucía una gargantilla en el cuello, una remera ajustada blanca con inscripciones, con un escote sexi que invitaba a imagina más allá de lo que dejaba ver, muy insinuante, una minifalda de cuero negra, bastante corta, dibujando su trasero y dejando ver sus torneadas piernas en medias de nylon, muy femeninas, y zapatitos de medio taco.

Intenté avanzarla, intenté besarla, pero nuevamente me evitó, como un par de días atrás y me dijo

- Apurado… cual es la prisa? Bebamos una copa…

Fui al baño a orinar, y luego al dormitorio a dejar el saco y la corbata sobre la cama, para estar más cómodo, al regresar me esperaba sentada con sus piernas cruzadas, muy sugerente, con dos copas de vino tinto sobre la mesa, me senté frente a ella, tomamos las copas, brindamos, entrecruzamos los brazos y bebimos todo lentamente… y no recuerdo mucho más…

Al despertar mi mente estaba confusa, intenté levantarme, pero estaba débil, me concentré en reacomodar mi cabeza, en tiempo y espacio, no sabía que había pasado pero lo cierto es que estaba sentado en el piso de casa, apoyado a una columna y lo que es peor, mis manos rodeaban esa columna por detrás de mi espalda y sentí mis muñecas fuertemente precintadas, mierda, estaba prisionero…

Luego de unos segundos donde todo se volvió nítido, escuché la voz de Berenice hablando por celular, no supe con quién hablaba, pero le pidió unos diez minutos, fue cuando noté que ya tenía conciencia nuevamente, y ante mi primer pedido de explicación, ella tomó la palabra

- Sabes Eduardo… hace tres meses que vengo pensando que hacer con vos… porque sabes que sos una mierda, cierto, y sabes que arruinaste mi vida, porque yo te amaba como nadie en este mundo… y sin embargo para vos nunca fui suficiente… siempre rodeado de putas, y no te alcanzó, también jodiste mi empleo y me hiciste quedar como una pobre cornuda….

- Honestamente? iba a envenenarte, hasta compré veneno para ratas, y lo iba a hacer poco a poco, para que sufras como a mí me hiciste sufrir todos estos años, pero para qué? para terminar presa? Y nuestros hijos? Bastante arruinaste mi vida como para que yo misma me la termine arruinando…

- Entonces pensé en divorciarnos, sacarte hasta el último peso con ese video de mierda que hiciste con la puta de Oriana… pero eso solo hubiera tocado tu bolsillo, pero no tu ego, tu orgullo de macho, y te hubieras reído a mis espaldas, hablando con tus amigos sobre la frígida de tu ex… cierto?

- Después dije, mejor le pago con la misma moneda… me filmo chupándole la verga a algún desconocido, lo hago viral, y listo… pero tampoco, sabes… soy muy mujer y no soy tan puta como esas que a vos tanto te gustan, y eso solo te serviría para divorciarnos en iguales condiciones, y claro, vos serías el macho que se las coge a todas, y yo la puta resentida…

- Y pensé y pensé y pensé, como quedarme con todo, con tu dinero, y con tu ego, como humillarte, como pagarte en minutos el dolor de una vida…

Solo escuchaba sus palabras y en esos momentos asumí que no había ninguna reconciliación en camino, ella solo destilaba veneno, hasta que sonó el timbre de la puerta, ella se rio un tanto con sarcasmo y fue a atender, entonces entró un muchacho, de piel negra, alto, no creo que llegara a treinta años, vinieron hacia donde yo estaba y mi mujer siguió hablando

- Bueno amor, en breve te llegará la citación de mi abogado para iniciar el divorcio, sabes, le conté todo con lujo de detalle y por cierto, le pasé un video que seguro le interesará al juez, no quisiera estar en tus zapatos, pero me parece que tienes las de perder…

- Por cierto, no los presenté, Julio, mi esposo, querido, él es Julio, no lo conoces, no importa… yo tampoco lo conozco muy bien, solo lo contacté por internet, sabes… es estríper y le pagué unos buenos pesos para chuparle la verga, bueno, siendo honesta, es tu dinero… porque recuerda que yo ya no tengo trabajo…

Ah! mierda, cada palabra sonaba tanto a venganza que no podía decir nada, y en ese momento me di cuenta que a pesar de todo, yo la seguía amando y que ninguna mujer por más puta que fuera ocuparía su lugar, y ya solo quería que parara todo esto, pero como hacerlo, como convencerla?

Berenice acomodó una silla a mi lado, se sentó de manera de estar lo más cerca posible, medio metro por encima de mi cabeza, dándome el mejor plano, Julio, el negro, contó los billetes que ella terminaba de darle y sacó lo que escondía entre sus piernas, una enorme pija negra que colgaba como una anguila, Berenice exclamo abriendo los ojos

- Guau!!! Que hermosa verga! esto sí que es una verga!!! Nada que ver con otras cosas que andan por ahí…

Solo respiré hondo, él se acercó y ella empezó a acariciarla, se hizo más grande, y más, y pronto estaba enorme y erecta, amenazante, gruesa como pocas, mi mujer llevó los labios y se la besó, una vez, otra, le pasó la lengua sugestivamente desde la base hasta la punta, empezó a chupársela y a masturbarla al mismo tiempo, los sonidos rítmicos taladraban mis oídos, ella paró unos segundos me miró y me dijo

- Así mi amor? así te gusta? lo hago bien? ah!!! No!!! Cierto que a vos te gustan las putas que se la meten bien adentro… a ver si me sale?

Mujer despechada, lentamente empezó a meterse más de veinte centímetros de gruesa carne en su boca, no era lo suyo, a tres cuarto de camino empezó a sentir arcadas, pero insistió, empujó y poco a poco avanzó hasta meterse todo en la boca, empezó a toser, solo soltaba un poco y volvía a empujar, lo hacía con bronca, las lágrimas comenzaron a saltar de sus ojos y la saliva hacía lo propio de su boca, se mantuvo un tanto pero empezó la peor humillación, soltó la verga del negro y tratando de recuperar su agitada respiración se limpió el rostro con sus dedos, para luego llevar esos mismos dedos ensalivados a pasarlos en mis labios, la esquivé obviamente con mucho asco, pero fue entonces cuando su amigo la ayudó, era parte del trato…

El moreno vino a mi lado y usando sus dedos como tenazas, apretó entre mis mandíbulas hasta obligarme a separar mis labios, impedido de toda reacción.

Berenice volvió a chupársela con ganas, con muchas ganas, luego giró su cabeza calculando desde arriba, solo dejó caer su saliva que fue derecho a mi boca, y fui obligado a tragarla…

Ella, con una cruel venganza y sadismo, se encargó de repetir eso una y otra vez, chuparle le verga al negro y luego dejar caer los jugos en mi boca…

Le imploré en todos los idiomas que no lo hiciera, pero ella tenía todo calculado, después de haber tragado varias veces su saliva, busqué doblegar al negro, él era hombre, y entre hombres debemos defendernos, le dije que duplicaría la paga de mi esposa para que dejara de jugar conmigo, pero el solo dijo

- Primero termino su trabajo, y después, si te gusta, me pagas y te hago lo que quieras…

Había jugado mi última carta, y había fallado, encima me había tratado como puto…

Cuando Berenice se cansó de jugar conmigo, ella se encargó de poner la frutilla al postre, tomó una de las copas de vino en la que habíamos bebido, la acomodó cerca del glande del negro y empezó a masturbarlo con ganas, pronto llegó el final y los blancos chorros de semen se fueron acumulando dentro del traslúcido cristal, y pareció exprimirle la verga para sacar con prolijidad hasta la última gota.

Satisfecha, ella movió su mano en círculos, como si se tratara de observar el mejor de los vinos antes de ingerirlo, luego me miró, y el negro vino otra vez sobre mi rostro… fue cuando comprendí que el semen de la copa no era para ella… era para mí…

Su amante pago me tomó de los pelos con fuerza y me hizo reclinar la cabeza hacia atrás, con la otra mano nuevamente me obligó a abrir la boca, mi mujer acercó la copa a mis labios, y lentamente la inclinó, el producto viscoso empezó a caer, y vi en sus ojos su perversa satisfacción, no pude hacer nada, un nauseabundo sabor llenó mi boca, y pronto se fue por mi garganta, me obligaron a ingerir toda la leche, y en ese momento por mi mente pasaron todas esas mujeres a las que le había obligado tragar mis jugos, a las que les había acabado en la boca sin su consentimiento, a las que puse mi placer sobre el de ellas… me sentí una mierda de persona…

Cuando terminaron, me dieron una nueva copa de vino, y tal cual me adelantaron, volverían a dormirme…

Desperté en la cama, aun me parecía sentir sabor a semen en mi boca, un silencio sepulcral invadía el lugar, estaba solo, ni rastros de mi esposa, ni del negro, solo una nota sobre la mesa que decía ‘nos vemos en el juicio’

Y Berenice tenía razón, me hundió económicamente, perdí todo en ese juicio de divorcio, hasta la última moneda, pero el dinero era lo de menos, me había humillado, y entré en una profunda depresión, mis hijos me ven como a un monstruo y a sus ojos soy el diablo, y claro, Berenice es una mártir… me olvidé las mujeres, no quiero saber nada de mujeres, incluso Romina, la tenía servida en bandeja… y la dejé escapar…

Si eres mayor de edad puedes escribirme a con título ’Berenice, dulce venganza’ a [email protected]

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