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Todas putas

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Creo conveniente comenzar por presentarme, mi nombre en Facundo, tengo veintiséis años, estudio y trabajo en diseño gráfico. No soy un ‘carilindo’, es más, diría que soy feo, cosa que compenso con mi ‘parla’.

Me encanta ir al gimnasio y trabajar mis músculos, diría que soy adicto a la perfección y hasta se me hace enfermizo, estoy bastante musculado.

De chico me apodan ‘burrito’, es debido al tamaño un tanto exagerado de mi pene, solo un detalle, para mi nada demasiado relevante.

Años atrás, la empresa donde trabajo había sido contactada por otra empresa de productos masivos de la cual resguardaré el nombre por un proyecto de una nueva campaña publicitaria, por lo que me designaron como parte del equipo de trabajo, acordamos algunas reuniones con nuestros nuevos socios de turno y pusimos manos a la obra. Cruzamos llamadas, correos y fue así como conocía a Leila, quien estaba en el departamento de marketing en la firma mencionada.

Al principio solo tuve su foto, su rostro en el Messenger, una chica normal, de tez blanca y cabellos negros, lacios, en lo que parecían ser bastante largos, con raya a la derecha, de naricita aguileña y delicados labios rosados, sentí una atracción especial hacia ella, no me pregunten por que, solo esas cosas de intuición de la vida.

Días más tarde nos conoceríamos personalmente, y era más bonita de lo que su foto decía, simpática, amable, casi tan alta como yo, delgada, de pechos normales, cintura pequeña y un trasero bastante voluminoso que llamaba la atención, parecía una hormiguita culona. Vestía elegante, con un pantalón negro ajustado y unos zapatos de gamuza con apliques en dorado, recuerdo que tenía una camisa bordada y un trajecito entallado, además unos pequeños aros que brillaban ante su cabello recogido.

Y así empezó nuestra relación, palabra va, palabra viene, había feeling entre nosotros, la invité a salir, una cosa llevó a la otra y en nuestra segunda salida formal terminábamos en un hotel alojamiento.

Me enamoré de Leila, éramos jóvenes, aunque ella era dos años mayor que yo, yo no tenía mucha experiencia pero ella era terrible, nunca había estado con una chica así, solo quería coger y coger, en verdad nos pasábamos horas cogiendo y parecía nunca saciarse, solía cargarla tratándola de ninfómana, me enloquecía como lo hacía, y parecía rendida a mi enorme pija, era complaciente, no tenía inhibiciones, todo lo imaginable ella lo hacía, hasta solía llevar un vibrador con el que improvisaba una doble penetración, me gustaba como gemía, como gritaba, hacía temblar las paredes, estaba loco por ella…

La relación iba en serio, por lo que como era lógico, conoció a mi familia, y yo a la de ella, sus padres estaban divorciados, su papá era chofer en una empresa de larga distancia, por lo que lo veía poco y nada, dado que el ya no vivía en la misma casa. Su mamá, Analía había pasado los cincuenta, era cosmetóloga, una mujer elegante que no le pesaba la edad y se preocupaba por verse bien, con el cabello teñido en rubio, corto a los hombros, de ojos cristalinos, celeste cielo y con un culo enorme que evidentemente había heredado Leila. Compartíamos el hecho del cuidado por el cuerpo, por lo que sentía mucha empatía con ella.

En la casa, también vivía Micaela, o Mica, como todos les decían, la hermana menor, una estudiante charlatana que se pasaba la mayor parte del tiempo encerrada en su cuarto, escuchando música, perdiendo tiempo con su celular, o vaya uno a saber que… Mica tenía los mismos faroles que su madre, unos ojos celestes con un contorno delineado azul oscuro que derretían al más fuerte, además en su cuerpo aun adolescente ya asomaba una futura ‘culoncita’.

Y se hizo un poco costumbre mi relación con las tres mujeres, pasaba varias horas en esa casa, con mi novia, con su madre y con su hermanita, solo de vez en cuando me cruzaba con Jaime, su padre, un tipo canoso de gruesos bigotes, bastante callado, de pocas palabras, quien ya juntaba sesenta almanaques, pero sin demasiados detalles que contar.

Esa tarde empezarían los cambios, al atardecer fui a la casa de Leila, como habíamos quedado, pero fue Mica quien atendió al tocar el timbre.

—Mi hermana no está… —dijo al verme— pasá, no te quedes ahí afuera…

Hice caso, llamé a Leila a su celular pero no me contestó, Mica me dijo que se le había complicado la jornada en el trabajo y que llegaría un tanto más tarde.

Pasé, me senté a esperarla mientras me enganchaba con un programa de chimentos que Mica estaba mirando en esos momentos, Mica me trajo un jugo, y otro para ella, con unas galletitas dulces. Ella estaba con un pantaloncito corto ajustado que dejaba notar los elásticos de un generoso culote, incluso apenas escapaba el nacimiento de sus glúteos por debajo de la prenda, tenía una tolerita ajustada y el cabello húmedo evidenciando que recién se había bañado, se me hacía demasiado atractiva como mujercita, más ese culo respingón tan familiar, por lo que solo traté de concentrarme en los chimentos del programa, pero por el rabillo del ojo podía notar su mirada clavada en mi rostro, en forma amenazante, como tratando de bucear en mi cerebro. No pude resistir sus ojos quemándome, pregunté

—Qué pasa Mica? Por qué me miras así?

Sonrió mordiendo una de las galletitas, se arrodilló en la silla para acercarse un poco y buscar un tanto de intimidad en sus palabras

—Puedo confesarte algo?

—Si, adelante, de que se trata…

—Bueno… como decirlo… mi hermana suele contarme cosas íntimas de ustedes…

—A si? no sabía… —realmente no sabía, no sabía el grado de intimidad entre mujeres, entre hermanas…

—Si… me cuenta demasiado… y bueno… me da vergüenza…

—Dale, que pasa?

—Me dice que tienes una verga enorme…

—Eso te dice? —pregunté realmente sorprendido

—Si… y bueno… no dejo de imaginarte… sabes…

—Al grano… cual es el tema?

—Ok… me dejarías ver?

—Quieres ver mi verga? eso es lo que quieres?

Asintió con la cabeza, con carita de puta caliente, no debía hacerlo, pero no podía evitarlo…

Me paré, solté la hebilla del cinto, aflojé el pantalón y bajé todo de golpe hasta las rodillas, mi pija desnuda con una incipiente erección quedó expuesta ante sus ojos que se agrandaron provocando un suspiro contenido

—Guau! es enorme!!! —dijo extasiada— quiero tocarla…

No dije nada, fue un ‘si’ sin mencionarlo, Mica vino a mi lugar y me hizo recular hasta la pared más cercana, se arrodilló a mis pies y tomando mi verga entre sus manos comenzó a pajearme, quedando dura y amenazante, ella me miraba fijamente mientras lo hacía, atrás adelante, atrás adelante, maldita perra…

—Chupámela, dale, chupámela toda —dije, realmente lo deseaba…

Mica no esperó que volviera a repetírselo, mientras seguía masturbándome apoyó sus labios en mi glande y pareció devorarse mi cabeza, su lengua de víbora se sació en lamidas, yendo de la base a la punta y de la punta a la base una y otra vez, sin dudas no era su primera vez, era muy buena haciéndolo, la dejé llevar el ritmo, solo sentía su respiración excitada en una mamada casi frenética, en ese momento Leila no figuraba en mi mente, solo Mica y su chupada de verga.

Empezó a retorcerla entre sus manos, la tomé de sus cabellos y empecé a empujar más adentro, y un poquito más, pero ella sufrió la primera arcada, pero no se amilanó, le di unos segundos y seguí trayendo su rostro contra mi cuerpo, poco a poco mis más de veinte centímetros se fueron perdiendo en la garganta de la hermana menor, hasta hacerle una perfecta garganta profunda.

Micela estaba perdida, enloquecida, la cogí por la boca, bien profundo, me sentí llegar, la apreté bien fuerte y sentí como si litros de leche se descargara en lo profundo de su garganta, hasta la última gota…

Quedé agitado y recostado sobre la pared, ella se incorporó, con una amplia sonrisa en su rostro parecía aun saborear los restos de semen, limpió sus ojos llenos de lágrimas provocadas por las penetraciones profundas…

Quise tomarla entre mis brazos, quería cogerla en ese mismo momento, pero ella entonces puso distancia y dijo:

—No… soy virgen… y quiero hacerlo cuando me sienta enamorada… no ahora…

Todo había terminado, poco después llegó su madre, y al tiempito Leila, Mica y yo ahora teníamos un secreto, nuestras miradas lo decían, nuestras bocas lo callaban…

Así siguió la historia, Leila cogía como puta, Mica cada tanto me pegaba una fellatio terrible, y yo buscaba la forma de ocultarle a una lo que hacía con la otra.

Algún tiempo después, me sorprendió el llamado a mi móvil de mi suegra, Analía, fue muy escueta y con pocos detalles, solo me dijo que quería hablar a solas conmigo, lejos de las chicas, como siempre las llamaba a pesar de ser ya mayores.

Me dejó intrigado, y esperé con todo el corazón que no se tratara de lo que imaginaba que iba a tratarse la conversación.

Me citó en un bar, a unas cuadras de su domicilio, llegué antes, me senté a una mesa y pedí un café cortado, cinco minutos después llegó ella, impecable, con sus amplios y negros lentes de sol ocultando la mitad de su rostro, con una pollera a media pierna que solo resaltaba su enorme culo y una camisola negra bastante larga que hacía juego con unos brillantes zapatos taco aguja y con un llamativo bolso de mano.

Llegó a mi lado, me saludó cortésmente, dejó el bolso en una silla y se sentó en otra frente a frente, pidió un café con leche con un jugo de naranjas, y se dispuso a hablar, directa, como solía ser…

—Facundo, Facundo, que voy a hacer contigo… —dijo revolviendo el café con leche con su cuchara

—Por qué? por qué preguntas eso?

—Quiero que solo me escuches y no me interrumpas… —dijo con un tono de autoridad— mira, puedo parecerte una vieja, o anticuada, o que no entiende a los jóvenes…

—No Analía, yo no pien…

—Facundo! Por favor, no me interrumpas…

Bajé la vista, en verdad no quería que ella siguiera hablando, pero ella no dejaría de hacerlo, y mientras su figura se agrandaba la mía se achicaba…

Las chicas son muy confidentes conmigo, más de lo que crees, y se todo, y cuando digo todo es TODO… te parece apropiado jugar a dos puntas? Leila no te es suficiente mujer que también tienes que tirarte a Mica? Son hermanas! Entiendes? Es necesario? Habiendo tantas mujeres en el mundo, justo tienes que meter tu miembro en mis hijas?

No sabía que decir, sentía un calor vergonzante, me sentía humillado, acaso me creería si le dijera que había sido Mica quien había comenzado todo? yo era el hombre, y además ella era su hija, a quien le creería?

Analía llamó al mozo pagando las consumiciones, había sido todo demasiado rápido para ella, un siglo para mí, entonces dijo un poco más aliviada

—En fin, supongo joven que algo te habrán visto, para tenerlas cegadas, acompañame, quiero enseñarte algo.

Tomamos las cosas, se puso nuevamente sus gafas y fuimos hacia su coche, no estaba en posición de discutir, arrancamos si saber dónde me llevaría, tampoco quería preguntar…

Me di cuenta que nos alejábamos del centro de la ciudad, hacia las afueras, camino de cintura, de pronto puso guiño, dobló y se metió de golpe en un hotel alojamiento, detuvo el auto para mi sorpresa, me miró y poniendo una de sus manos sobre mi pierna me dijo con una sonrisa pecaminosa

—Sorprendido pendejo? Vamos, quiero ver que tan bueno eres…

—No salía de mi asombro, fuimos a la habitación, iba a cogerme a la vieja…

Ella puso música y bajó las luces, me pidió que me recostara y se dirigió al baño y tardó más de lo esperado, de repente apareció en el cuarto, toda de negro, medias, portaligas, un culotte y un body ajustado, su cuerpo ya era de una mujer mayor pero se veía muy sexi, mi verga se había parado bajo la ropa, más al ver su culo exageradamente enorme, no hubo demasiadas palabras, vino a mi encuentro, se tiró sobre la cama y comenzamos a besarnos profundamente. Mientras lo hacíamos demasiadas ideas cruzaron por mi mente, tenía la edad de mi madre, muchas veces la había mirado con ojos de hombre y había fantaseado con este momento, y ahora estaba sucediendo! Me iba a coger a la madre de mi novia…

Analía comenzó a refregar mi verga por sobre la ropa, y dijo:

—Vamos nene, quiero ver que ocultas…

La vieja me desnudó con violencia y sus ojos se posaron en mi verga, la dejé hacer, al igual que sus hijas bajó a chupármela, solo que lo hacía mejor.

Analía trabajó con sus manos, de pronto peló mi glande y dejó el cuero bien tirante hacia atrás, ya no movió su mano y esto me hizo morir en deseo, pero ella solo se limitó a lamer mis bolas.

Luego me hizo abrir las piernas, y empezó a besarme el ano, lentamente, dulcemente, nunca me habían hecho algo así, era raro, me gustaba…

La vieja se acomodó mejor, su mano izquierda seguía manteniendo con firmeza mi pija, con los dedos de la derecha empezó a masajearme el culo y a tantear la entrada, sabía lo que buscaba hacer, pero por algún motivo la dejaba hacer, pronto sentí como metía un par de dedos en lo profundo de mi culo y empezaba a masajear rítmicamente el interior de mis intestinos…

Ella estaba entre mis piernas, me miraba fijamente a los ojos, no pensaba mover mi verga, dura como un mástil, solo me daba un desconocido placer acariciando el interior de mi culo, era raro, empecé a tener contracciones involuntarias, inevitables, la leche empezó a saltar de mi verga, unos, dos, dos, tres chorros, corriendo por el tronco, por su mano…

Estaba agitado, aun disfrutando mi orgasmo, ella vino sobre mi dejando el culote a un lado, colocándose en posición sesenta y nueve dijo:

—Ahora tenés que trabajar vos…

Empecé a lamerla, la concha, el culo, los labios, sus glúteos eran enormes y parecían asfixiarme bajos las sábanas, la vieja gemía acariciando mi pija, buscando una nueva erección, metí tres dedos en su concha, simulando cogerla, tres de la otra mano en su culo, entraron como si nada y la puta no dijo nada, solo gemía y repetía

—Quiero tu verga… quiero tu verga…

Cuando estuvo dura giró sobre sí misma y se la enterró de un golpe en la concha, hasta el fondo, empezó a saltar como poseída, a gritar, tomó mis manos y las puso en sus pequeños pechos, hizo que los apretara con fuerza, luego llevó una a su culo y me pidió que le metiera un par de dedos, me estaba asustando…

Sacó la verga de un agujero, la metió en el otro, su culo también se la comió por completo, no importaba lo larga, no importaba lo gruesa, volvió a meterla en su argolla, bajó a chupármela un rato, me hizo parar, cogimos de pie, y de nuevo a la cama, en cuatro patas, a un agujero, a otro, llegué nuevamente bañándole los cachetes con leche caliente…

Caí rendido, Analía sonrió y me dijo que me tomara unos minutos, ella fue hasta su bolso de manos, y sacó una verga de juguete, más grande que la mía, se recostó a mi lado y la puso a vibrar, abrió sus piernas y acariciando su clítoris comenzó a gemir, luego se la metió toda hasta el fondo acariciando frenéticamente su botoncito, me pidió que la chupara, fui entre sus piernas, a lamerla, me costaba, el consolador era tan grueso que me quitaba espacio y me dificultaba llegar a su clítoris, además ella parecía poseída, no se quedaba quieta y debía sujetarla con fuerza, la vibración del juguete llegaba a mi pera y a mis labios, ella gozaba, pero a mí se me tornaba molesto, gritaba, como gritaba…

Otra vez en cuatro, con el aparato vibrando en su concha me pidió que se la metiera otra vez por el culo, improvisamos una doble penetración, algo que nunca había siquiera imaginado. Me sentía comprimido, ya que el otro orificio estaba lleno, sentía las vibraciones llegar hasta mi propia verga…

Creo que en el único momento que tomé o me dejo tomar la iniciativa fue cuando acabé sobre su rostro, sujetándola fuertemente del cabello la empapé con leche caliente y ella se quedó sumisa, en esos instantes que se portó como una vieja puta la imagen de Leila y de Mica se hicieron presentes en mi mente…

Cuando terminamos ella se recostó y solo dijo:

—Eres bastante bueno…

Y luego prosiguió…

—Facundo, no sé qué pienses de mí, tampoco me importa… pero te cuento, soy una mujer mayor, desde que me separé de Jaime no tengo tantas ‘alegrías’ como quisiera tener, tengo que ser madre, ama de casa, entiendes?

Hizo una pausa y continuó con el monólogo.

—Yo no diré nada a mis hijas, te hundiría como un bastardo, pero tendrás que saciar mis ganas cuando yo lo necesite… me explico?

Fue el principio de una extorsión, eran mujeres, eran madre e hijas, eran familia, quien sería el perdedor? Que me diría Jaime si se enterara? Sería un bastardo que les daba verga a todas sus mujeres, a su ex y a sus hijas…

Ustedes pensarán que puedo ser un agrandado, un suertudo, pero pónganse un minutos en mis zapatos, el laberinto era complicado, no había salida, midiendo cada palabra para no descubrirme, para no entregarme, mentiras tras mentiras, satisfaciendo a tres mujeres al mismo tiempo, y encima les gustaba la verga más que el dulce de leche…

Con Leila cogía casi a diario, Mica no perdía la oportunidad de mamarme la verga y si bien con Analía no intimábamos demasiado, cada vez que ella tenía ganas me mataba, era un tornado que pasaba y llevaba todo, no dejaba nada….

Tuve días que la vieja me agarraba por la mañana, Mica por la tarde y Leila por la noche, era un repartidor lácteo, no podía con las tres, me estaba enloqueciendo…

Y para mi suerte ellas desataron los nudos, Micaela se puso formalmente de novia, de mutuo acuerdo dejamos ‘las mamadas’ de lado, ella ya tenía un ‘candidato fijo’ como me dijo, a quien había regalado su virginidad…

Meses después fue Leila con el típico y clásico ‘no sos vos, soy yo’ quien me dijo que no estaba segura de sus sentimientos y necesitaba tomarse un tiempo.

Por suerte pude alejarme de esas mujeres endemoniadas, aunque Analía cada tanto me llama y nos seguimos revolcando a escondidas, la vieja es tan puta que no puedo decirle que no…

Si eres mayor de edad me gustaría saber tu opinión sobre este relato, escríbeme con título ‘Todas putas’ a [email protected]

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