INICIO » Confesiones

Navidad llena de semen

  • 10
  • 21.710
  • 9,55 (33 Val.)
  • 3

Hola, antes de comenzar mi relato quiero presentarme para poder entrar en contexto.

Mi nombre es Katia, aunque de cariño todos me llaman Katy. Actualmente tengo 19 años y lamentablemente por falta de recursos y ganas, dejé de estudiar, llegué hasta último año de prepa y actualmente vivo con mi pareja. Aclaro, no estamos casados y la verdad no sé si eso se vaya dar algún día, pero mientras tanto, creo que tenemos el deseo de disfrutarnos al máximo.

A inicios del año pasado busqué trabajo y justamente con el dueño del local que me empleo, con él vivo, él es mi pareja. Él me ha enseñado mucho en cuestión de sexo y cada vez me sorprende más, eso me encanta.

Cuando comencé a trabajar con él, mi trabajo era estar detrás del mostrador y bodega. Tiene un local de telefonía celular y por la ubicación del local, la verdad es que le va muy bien. A sus treinta años, es dueño de su negocio y tiene hasta su propio departamento. Su local está ubicado en la plaza comercial de la computación, en eje central, para quienes no conozcan la CDMX, es un centro comercial especializado en todo lo relacionado a la computación y está en el centro de la ciudad.

Recuerdo que justamente el día que entré a trabajar ahí se aproximaba el día de reyes, así es que me propuso que si yo quería comenzar a trabajar, tenía que vestirme de rey mago, claro en versión femenina, y bueno, lo tuve que hacer, no hubo ningún inconveniente.

Conforme iba pasando el tiempo, me fue dando la confianza y poco a poco me fue delegando ciertas responsabilidades del negocio. Ya trataba yo muchas veces con los mismos proveedores y con algunos de sus amigos, que son también trabajadores o dueños de algunos de los locales que están junto al de Fer; perdón, lo se los dije, pero él se llama Fernando y tiene 30 años de edad.

Había pasado como unos 4 meses de trabajo cuando en cierta ocasión me comentó que si estaba dispuesta a estar por un rato como edecán de su negocio, y aunque en realidad creo que no soy una chica con características de una modelo, le dije que me daría un poco de pena pararme como edecán, pensando en que muchos de sus amigos si hacen esa actividad, pero bueno, después me enteré de que muchas de esas edecanes son putas, las visten más o menos y una vez terminado el trabajo, se las van a coger por una lana extra.

Como yo acepté la propuesta, me mando una semana a tomar clases de maquillaje y me presentó a doña Jovita, una amiga de su madre que trabaja en un taller de costura en el centro. Ella me iba a confeccionar la vestimenta que él quería que yo usara para el nuevo trabajo.

Para que se den una ligera idea de mi persona, mido 1.60, soy delgada y poco busto, es decir, parece que están viendo a una chica de secundaria, me hace falta tanto de arriba como de abajo, jajaja y eso no me hace sentirme mal, pero eso sí, creo que mi carita gusta mucho y puedo decirlo, ese es como mi único atractivo.

La primera vez que hice mi aparición como edecán creo que impacté a más de uno, incluyendo a Fer. Llegué al local como de costumbre. En el baño me tomé como 30 minutos en arreglarme completamente y cuando finalmente hice mi aparición, me sentía toda una reina.

Bueno, ahora sí, vamos al relato.

Esto viviendo con Fer desde el mes de septiembre. Ahora mi trabajo es estar al frente del local y casi siempre con la actividad de edecán y vendedora.

El pasado 24 de diciembre habíamos acordado pasar la navidad juntos, en el departamento. Pasaríamos a comprar la cena al cerrar el negocio. Ese día me pidió que usara el traje de Santa Claus rojo que me hizo doña Jovita. El traje era de licra roja, muy ceñido al cuerpo, unas pantimedias súper brillosas, tacones altos y sin ropa interior. Creo que por momentos, cuando sentía mucho frío, los pezones se me paraban y aunque mis tetas están chiquitas, pero si se me marcaban bien duritos los pezones y bueno, muchas miradas así lo confirmaban.

La idea era cerrar el local a las seis o siete de la noche, pero había tanta gente que tuvimos que cerrar hasta pasadas las nueve de la noche.

Antes de cerrar el local estaba cansadísima, me senté un rato en un banquito y me quité los tacones. Igual y me vi mal, pero me quería hacer masaje en mis pies. Cuando estaba yo sentada llegaron dos de sus amigos de Fer; Ricardo y Samuel. Ellos son hermanos y tienen su local como a tres locales del nuestro. Sin darme cuenta estaba yo sentada con las piernas abierta sin poner atención a la situación de que no llevaba ropa interior, así es que por un momento creo que pudieron verme la panoche, pues se sentaron frente a mi y Fer estaba terminando de cerrar y contabilizar todo lo de las ventas del día.

Ellos estaban igual que nosotros, no sabía que hacer esa noche. Entre comentarios dijo Fer, si gustan, ustedes pongan la cena, nosotros las bebidas y nos vamos al depa, ahí pasamos la noche buena. Así es que así le hicimos. Pasamos por unas pizzas, compramos cervezas, dos botellas de tequila y al depa llegamos como a las 11 de la noche.

En cuanto llegamos al depa, le dije a Fer que me iría a bañar, me sentía muy sucia. Él me dijo, está bien amor, pero te pido un favor? Vístete igual que hoy, pero con el vestido azul y te pones unas pantimedias blancas, sin ropa interior, para que cuando se vayan estos cabrones nos pongamos a coger como conejos, vengo bien cargado, va?

Cuando salí de la recamara todos me elogiaron, especialmente Fer. Me senté junto a él pero me di cuenta que ya estaba medio alegre, le había bajado como la mitad de una botella, y es que la celebración no era para menos, las ventas del día habían rebasado por mucho las expectativas, fue un muy buen día.

Yo me tomé una cerveza para acompañar mi pizza y una más para terminar de cenar. También me tome como tres tequilas, pero durante todo este tiempo ellos se terminaron casi las dos botellas. De los hermanos, Samuel era el más tranquilo, apenas y se había tomado unas 6 copas de tequila, pero de repente, Fer y Ricardo ya estaban bien servidos.

Cuando vi las condiciones en las que se encontraba Fer le dije a Samuel que me permitiera, que me iría a cambiar, que ya estaba cansada y que me quería ir a dormir; pero él de alguna forma tenía razón, me dijo que no lo dejara solo, que no tenía más que hacer, que me quedara a acompañarlo. Entonces nos destapamos una cerveza más y nos sentamos a platicar en el sofá.

Le dije que no tomara a mal lo que iba a hacer, me quería quitar los tacones y quería subir mis pies en un banco, cuando él vio esa acción me dijo, si quieres yo te puedo hacer un masaje en los pies. Acepté su propuesta.

Me recargué de un lado del sofá y subí mis pies hasta donde él se encontraba. Mientras tomábamos nuestra cerveza platicamos de muchas cosas, su familia, su padres, donde vive y como viven, yo estaba muy interesada en su plática, pero también en el masaje que él me estaba haciendo en los pies, porque paso de ser un masaje a ser caricias y por cierto, muy ricas. Tocaba mis pies muy diferente a como lo hace Fer y al parecer, creo que también le gustan las pantimedias, porque no dejaba de decirme que las luzco muy bien.

Pasaba el tiempo, también las cervezas se iban terminando y ya un poco alegres, las manos de Samuel habían llegado hasta mis rodillas y cada vez intentaban subir mi vestido. Claro que al principio yo me oponía, pero entre risa y risa, mi vestido se movía y se subía. Las sedosidad de las pantimedias permitían que la licra del vestido se moviera con mucha más facilidad.

Llegó el momento en que el tema sentimental y por supuesto, el sexual salieron a flote. Hablamos de sus parejas y amiguitas y fue ahí que me enteré de cuantas chavas se ha tirado, muchas de ellas que trabajan ahí en la misma plaza y por supuesto me platicaba de lo que sucedía con las edecanes que contrataban. La verdad es que bajo las condiciones en las que estábamos y las pláticas me comenzó a calentar.

Cuando él se dio cuenta como me tenía, sus manos llegaron a rozar mi panocha y creo que ya estaba mojada. Me comenzó a acariciar de manera más evidente y sin dudarlo mis piernas cada vez se abrían más. Me dijo, me dejarías darte una mamada? Aunque sea por encima de las pantimedias y yo acepté. Estaba tan caliente que decidí apagar la luz y como a la altura de la ventana de la sala está una luminaria, todo se veía perfectamente. Me acomodé en el sillón, abrí las piernas y sin quitarme las pantimedias me lamió mi sexo. Después me hinqué, se sacó su verga u se la comencé a jugar, era un miembro hermoso, grueso y bien baboso. Me lo comencé a meter en la boca y me lo quería tragar todo.

Después de unas buenas mamadas me pidió que me desvistiera, pero no quise. Me subí el vestido hasta la cintura, me baje las pantimedias a las rodillas y sin poner mucha atención a mi alrededor le pedí que se acostara en el sofá, yo me senté en su verga como si estuviera sentada de forma normal en el sillón. Hace me movía duro, sentía que me estaba dando unos sentones bien ricos y él los estaba disfrutando. De repente, creo que por mis gemidos hice que Fer se medio despertara, rápidamente me incorporé y le pedí a Samuel que no se moviera, en seguida me acerqué a Fer y me dijo, vamos a la recamara, quiero que me mames la verga.

En seguida nos fuimos a la recamara, se acostó, se quitó el pantalón y le comencé a jugar su pito, poco a poco se le fue parando y de repente me lo metí en la boda, por cierto, es muy rico probar dos vergas diferentes. La verdad es que yo estaba bien caliente y con las mamadas que le dí no tardó mucho en venirse. Después de eso, se acomodó en la cama y se quedó bien dormido. Yo en cambio, estaba más caliente que al principio.

Rápidamente salí a la sala y mi nuevo amante me estaba esperando. Me desvestí frente a él, me senté frente a él y mientras me estaba penetrando lo abracé y lo besé largamente, los sabores de mi boca eran variados; cerveza, semen y saliva de mi amante.

Tuve dos orgasmos mientras le cabalgaba y después él se levantó del sillón, me pidió que me hincara y me baño toda la cara de su semen, hubo un poco que me tragué, pero mi carita terminó toda batida.

Me fui al baño a ducharme nuevamente. Le ofrecí unas cobijas para él y para su hermano y después me fui a descansar.

Al día siguiente todo fue muy normal. Samuel no hizo ninguna expresión de nada y yo también lo veía de reojo.

Solo hay algo que me preocupa ahora, que Samuel quiere estar a cada rato en el local nuestro y hasta socio se quiere hacer de Fer.

(9,55)