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La nena consentida de papá (II)

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Después de una mamada descomunal y de haber casi muerto por el río desbocado de semen que mi padre había liberado dentro de mi garganta, yo me preparé mentalmente para aquel dolor. Con deseo froté mi vagina y miraba apasionadamente a mi padre.

Me recosté en la cama y con fuerte voz le dije ‘comete mi cosita’. Mi padre se lamió los labios, deseoso por poder probar de nuevo aquellos dulces y eróticos jugos vaginales que emanaban de mí añorando su bestial miembro. Él se acercó lentamente y pude sentir su cálido aliento. Miraba fijamente mi vagina admirándola como el más valioso de los tesoros pero no la tocaba. Yo me moría de angustia y esos segundos me parecían eternos. Tome su calva cabeza y lo empuje con fuerza contra mi vagina ‘cómetela ya’. El comenzó a mamar mis labios exteriores chupándolos con fuerza y luego soltándolos, el sonido que emanaban sus labios era muy gracioso. Su determinación en el sexo oral era increíble. A mi padre le gustaba dar sexo oral hasta que su pareja se viniera en el pero yo no se la iba a poner tan fácil.

—Esta noche papito, usted le va a batallar más para hacerme venir va a ver.

—Bueno mija eso ya lo veremos, esta lengua tiene muchísimos años de experiencia y mujeres recorridas, tanto que le puedo asegurar que no me va a dar ni 5 minutos sin dar el grito mojándome toda la cara.

—Pues eso ya lo veremos pero esta vez quiero que me coma el culo.

—Como así, no que no te habías preparado mija.

—Eso no me importa, ya me puso bien caliente y quiero que lo hago sucio, que se manche y vaya a lugares insospechados.

—Uy mija no sabe cómo me pone a mi comerme culos sucios.

—Pues entonces vaya a trabajar papito que espera?

—Huele delicioso mija.

Mi padre se inclinó más y pude sentir como su lengua gruesa y húmeda invadía mi fétido esfínter. Era un placer indescriptible. Mis dedos se torcían y mis labios estaban mordiéndose por sí solos con tanta intensidad que casi los hacia sangrar. Tanta era mi excitación que con ambas manos empujaba la cabeza de mi padre ya sudorosa contra mi ano, como si al empujarlo su lengua entrara aún más dentro. El a veces era salvaje y trataba de penetrarme con su lengua como si fuera su pene y lamia mi trasero con suciedad y otras veces cambiaba su técnica y se volvía más tierno y besaba mi trasero con dulzura y mi ano igual. Tantos cambios me tenían vuelta loca. Yo cerraba mis ojos y me dejaba llevar. Mis brazos estaba tendidos en la cama y mi cuerpo estaba completamente a su merced. Él lo tomaba como si toda la vida le hubiera pertenecido. Elevaba mis piernas para tener mejor espacio y comodidad y seguir en su sucia labor.

De pronto un fuerte calambre en mi pie junto a una corriente eléctrica llego a mí. El me succiono fuertemente el clítoris y al instante lo froto violentamente de lado a lado. Yo grite con fuerza ‘PUTA MADREEE!!’. Abundantes e inmensos chorros de mi eyaculación salieron disparados de mi vagina en todas direcciones. MI padre abrió la boca mientras seguía frotando con intensidad y bebiendo con determinación casi religiosa cada chorro que caía en su boca. Mi cuerpo se convulsionaba violentamente mientras mis fluidos salían, con los ojos completamente en blanco y la lengua de fuera estaba totalmente fuera de mí. Estaba enteramente poseída por aquel brutal y dulce placer.

—Veo que si te pusiste algo ruda mi amor, nunca habías sido así de dominante conmigo.

—Bueno, me gusta… me gusta ser la que lleva las riendas en ocasiones –dije con voz agitada.

—Si eso ya lo note, yo creo que ya estoy listo para recibir mi regalo de cumpleaños mi amo —dijo mientras masturbaba lentamente su pene haciéndolo cada vez más duro.

—Se gentil papi, hace mucho que no tengo dentro un hombre como tú y me puedes lastimar.

—Tú no te preocupes mi amor, deja todo en mis manos que yo sabré tratarme con delicadeza, pero como es mi cumpleaños no voy a usar condón quiero disfrutar a lo grande esta noche.

—No papito espérate, yo nunca dije que lo haríamos sin protección, no estoy tomando la píldora, no podemos.

—No pasa nada mi cielo me vengo afuera y ya.

—No, espérate papito que ya te dije que no estoy tomando la…

—Haber usted o diga nada y déjeme disfrutar de mi regalo.

Mi padre se abalanzo sobre mí y me tomo del cuello se puso saliva en su mano y se la unto lentamente alrededor de aquel miembro tan grueso y me abrazo. Se acomodó un poco y me dijo ‘recíbala miijta’. Gruño y entro más de la mitad de golpe yo grite y lo abrase fuertemente. En su segunda embestida fue aún más profundo y volvió a gruñir. Yo arañe su espalda y estoy segura que su piel se quedó en mis uñas pero él respondió mi acto con otra embestida más fuerte, beso mi cuello y lamio el sudor que lo cubría.

—Sabes cómo toda una delicia mijita —dijo mientras lamia cada gota de sudor de mi cuello.

—Papito se lo ruego, no se vaya a venir adentro papito que son mis días peligrosos aun.

—Usted no se preocupe yo acabo afuera.

Me tomo de nuevo por el cuello y comenzó a darme hasta que sus testículos tocaran mi trasero, sonaban fuerte y con ritmo pam, pam, pam. Mi vagina estaba en un terrible dolor pero esta, bien estaba muy mojada se desbordaba de placer y mi padre lo sabía.

—Verdad que le está gustando mija?

—Si papito, mucho

—Va a ver que esto le va a gustar muchísimo más

Me tomo de las caderas y me volteo con violencia boca abajo. Me puso en 4 y me dijo ‘ahora si va a saber lo que es gozar como una perrita mijita’. Tomo su gran pene y antes de que pudiera decir una solo palabra lo clavo muy dentro de mí. Yo grite de nuevo ahogando mi dolor en una almohada que tenía a mi lado. El me tomo de la cintura con firmeza y comenzó a darme con intensidad a un ritmo muy acelerado. Mis glúteos retumbaban en su pelvis y sus manos sudorosas me nalgueaban con fuerza haciéndolo estremecer una y otra vez. De pronto escuche que su respiración estaba más acelerada y sus embestidas eran más rápidas. ‘Salgase papito, no se venga adentro’ dije con desesperación.

El me tomo de las caderas para no dejarme ir y eyaculo vaciando sus testículos dentro de mi dejando salir un alivio de su boca y cayendo rendido encima mío me dijo ‘gracias por este regalito cabrona’.

Continuará…

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