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Lo que aprendí en un putero: Unas clasecitas para coger

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Con un poco de práctica después de haber entregado el quinto ya había perdido el miedo de abrir las piernitas, ya cogía tranquila.

Después ya más cómoda comenzaron las variaciones e inclusive un tiempo después llego al punto de aflojarle las nachas a un amigo y ya encarrerados nos la cogimos dos al mismo tiempo y ya fue fácil darle las nalgas a otro amigo. Y en una fiestecita medio borrachita me quede desnuda y me ensartaron sus amigos.

Decididamente era hora de avanzar, mi primo fue a hablar con la madrota de un putero de buena calidad que le habían recomendado. Le explico que quería que yo aprendiera a coger bien, no tanto como una buena profesional, pero saber hacerlo bien, sabroso y con variaciones. Y que había sabido que ella preparaba muy bien a sus pu... pilas.

Ella se le quedó viendo, y le respondió:

- Efectivamente, esta es una casa de prestigio, no acepto cualquiera, ni de cualquier manera. ¿Ya pensó bien lo que me está pidiendo? ¿Qué tal si ya aquí su novia se pone sus moños y solo me hace perder mi tempo? ¿O qué tal si le gusta el negocio y decide quedarse? Y también ¿Ya pensó que pudiera ser que se acostara con alguno de los pendejos que tengo para atender señoras o con algún otro como consecuencia de las lecciones?

Además, me tendría que pagar, sin importar lo que resulte.

- Si, ya pensé bien todo eso y ya medio lo platicamos, no está muy convencida, pero tampoco está totalmente cerrada. Quiere ver primero como es, o como podría ser para ella y decidir después que hacer. Y ya tiene alguna experiencia.

- Buuenoo, sí... Sí podría ser así. Vamos a hacer lo siguiente: Tráigala, platicamos y si me gusta y siguen queriendo, le daré unas clasecitas.

- ¡Trato hecho! Combinamos el precio, y un posible día y hora.

Primera visita.

Ya decidido, pensó y pensó como convencerme.

- Cariño, me dijo, tengo una idea que me parece interesante. Y me la conto. Me enoje, le dije que estaba loco, que qué pensaba… etc. etc.

-Acepto que me llames puta, y que a veces lo he sido, pero hay mucha diferencia con ir a un putero. ¿Que no te gusta cómo cojo? ¿Qué hago mal o que quieres que cambie?

Al final de varias veces de platicarlo y discutirlo, finalmente acepte ver cómo era y fuimos. Al entrar, muy inquieta, preocupada y nerviosa, me sorprendió ver un ambiente elegante, limpio y bonito, con algunas muchachas bien arregladas. Pasamos con la madrota, que nos pidió que le dijéramos para que estábamos ahí.

Muy quieta, mi primo le repitió el pedido y aceptó marcando su precio y condiciones, que ambos aceptamos sin comentarios, con la resalva de que si yo no quisiera, nos saldríamos sin más. Ya de acuerdo en seguida tranquilamente me hizo varias preguntas:

-A ver muchachita ¿Con cuántos has cogido?

-Solamente con él... bueno con él y después con otros tres…

-¿Y te gusta coger?

-Sí.

-¿Ya estuviste con dos o más al mismo tiempo?

-Sí... dos veces con dos y una con tres

-¿Te gustó?

-...no sé... creo que sí

-¿Has mamado?

-Sí, casi siempre que estoy con él... Bueno… y a los amigos también…

-¿Y ya te la metieron por atrás?

- Si a él varias veces… y los amigos también, aquellas veces.

-¿Te gustó?

-No sé... sí, creo que sí

-Bueno, vamos a comenzar por lo básico. Déjame verte, ponte de pie. Gira... súbete el vestido, déjame ver las piernas. Gira. Ábrete la blusa…

A seguir por un monitor nos mostró varias de las puchachas, detallando las ropas, el maquillaje y el comportamiento. Después en otra pantalla donde se veía una pareja cogiendo, con él encima. Sentí claramente cómo me iba calentando. Y así terminó la primera clase, sonrojada, sudorosa y con una expresión extraña que ya me conocía: de perra en celo.

Salimos y claro que nos fuimos directo a un motel para practicar lo que habíamos visto y oído.

Segunda visita.

Seguimos practicando y unos días después volvimos para la siguiente clase, habiendo conocido el ambiente ya estaba más tranquila y con pocos remilgos, acepte regresar. La madrota le había preguntado aparte a mi primo si yo aceptaría estar más cerca. Sin consultarme dijo que sí.

Al llegar nos dijo que íbamos a ver una orgia de tres parejas. No dije nada. Después, nos acomodó en un lugar discreto, una especie de entrepiso en penumbra, con sillas y mesitas, sentándome en medio. Abajo había una recámara amueblada, otro día, vimos que el techo tenía espejos de doble vista.

Entraron tres puchachas y poco después tres hombres, riendo y bromeando.

Ellos de inmediato comenzaron a meterles mano, acariciándolas abiertamente como se acostumbra y ellas correspondieron. Y entre besos y cachondeo, pronto estaban en ropa interior y alguna ya sin sostén, balanceando los pechos, mostrándolos cachondamente, provocándolos. Pronto uno de los hombres, impaciente y de palo duro, ya se lo estaba metiendo a su puta en el sillón.

La Juana nos explicaba los detalles, de cuando quitarse algo, de cómo colocarse, de cómo provocar…

Mi primo comenzó a acariciarme las piernas, subiendo por los muslos, inconscientemente las abrí sin decir nada. En seguida me comenzó a dedear el coño como lo hacíamos en los cines y entrando en calor me abrí a blusa para sacar las chiches. Me quito el sostén por las mangas, como siempre lo hacía, estaba muy acostumbrada.

Para entonces, las putas ya estaban cogiendo en diferentes poses: una se acostó de piernas bien abiertas enseñando el mono, un tipo se la estaba montando y el vecino que estaba cogiéndose a otra de a perrito la manoseaba. La tercera estaba sentada al borde de la cama mamando verga.

Yo cada vez más caliente, ya no me importaba de tener junto a la madrota, ni de estar ahí. Sin hablar, hipnotizada por la escena de abajo, me pare apoyándome en el barandal, mi primito me bajo los calzones la falda, quedándome solo de blusa abierta.

La madrota nos decía:

-Fíjate como mueve las nalgas la morena. ¿Ves como se apoya en los pies y mueve las nalgas de arriba a abajo? Ya la blanquita está muy quieta, solo parada, se mueve, muy suavemente de adelante para atrás. Pero puesta así, es más fácil que el güey le acaricie las nalgas y las chiches. Además de que así se le mueven más sabroso.

Ahora fíjate como la gorda se le acercó a la morena y la está acariciando. Eso los calienta de a madres. Por eso lo hace.

Para entonces ya estaba con las piernas bien abiertas, con varios dedos metiéndose por la chucha mojadísima, y acariciándome el ojete.

Supe después que la madrota le hizo señas de meterme los dedos por el chiquito. Se puso un condón en un dedo y untando una pomada, me lo metió despacio por el culito, con cuidado hasta sentir como se acomodaba el anillito. Comencé a mover las piernas muy caliente, moviendo las nalgas al ritmo. Ya estaba muy cachonda, no vi cuando la madrota le paso un consolador a mi primo haciéndole señas de que me lo metiera por el chiquito. Lo sentí claramente. Después de unos minutos me lo saco y me dijo que me sentara despacito, de espaldas.

Obedientemente sin dejar de ver abajo, abrí bien las piernas e inclinándome un poco, me fui sentando poco-a-poco, mi primito guiándome agarrándome de las nalgas. Ya apuntada, me acomodó el camote en la entrada del apestoso. Sintiendo la cabezota en la entrada, deje que se me fuera clavando suavemente, hasta sentir los huevos en mis nalgas, hasta tener todo el palo metido (Se dice culeada?) en seguida comencé a moverme.

La madrota me dijo:

-A ver niña, muévete despacito de arriba a abajo sin que se te salga la verga. Apóyate en el barandal, siii, así... Y tú, y métele éste vibrador por la chucha. Asiii... siii...

-¿Te está gustando muchachita? ¿Si?

-Si... –respondí jadeando roncamente, siii... está muy bueno...

Seguimos así, con la madrota acariciándome, lo que me sorprendió mucho. Cuando me llegaron los estertores de la venida, con jadeos y quejidos, me desguancije y me quede quieta unos minutos, al sentir que se le desinflaba la verga, me saco el vibrador, y me senté respirando fuerte.

Después de algunos minutos vimos que abajo la cosa estaba muy caliente, las parejas ya estaban cambiadas, dos de las zorras estaban montadas una arriba de la otra besándose y chupándose los pechos, con uno de los clientes metiéndoles alternativamente el camote. La tercera estaba en medio de dos, uno en cada extremo, no daba para ver si era por el culo o por el coño, pero por donde fuera, se movía con maestría. La madrota comento:

-¿Ves cómo la güera atiende bien a los dos que la están prendiendo? se mueve calculando el ritmo, no a lo pendejo. Sujeta la verga que tiene en la boca con una mano para que no se salga y se equilibra con la otra. Por atrás no tiene problema porque está bien apoyada en la cama, y el güey la está empujando por las nalgas.

-Mmjuú. Si... –respondí, ya más suelta para hablar. Sintiéndome a gusto. Entonces la madrota dijo:

-¿Quieren bajar? ¿A ver más de cerca?

Yo estaba dudando, pero caliente de a madres, con ganas de seguir chingando, ni estaba pensando.

Mi primo me dijo:

-Vamos con ellos cariño, para ver de cerca como lo hacen...

Dudando, y murmure:

-¿Así?

Sin responder ni dejarme escapar, me tomo de la mano y nos dirigimos a la escalera para bajar. Lo seguí dócilmente, como hipnotizada, pendejamente, sujetándome la pinche blusita abierta. (En privado me reí porque estaba preocupada de cubrirme con la pinche blusita estando con la buchaca y las nalgas bien a la vista). Antes de entrar la madrota nos dijo:

-Aquí si ya no puedo hablar como lo hice arriba, si prefieren salir no hay problema. De cualquier manera están seguros.

Mi primo respondió que saldríamos si yo no se sintiera a gusto. Ella movió la cabeza aceptando.

Al acercarnos, las huilas ni se movieron, ellas sabían de la movida. Y sabían que era posible que entráramos. La madrota les hizo una seña de ok con la mano y todos siguieron en lo que estaban. Los tipos me examinaron calculando si les interesaría follarme. En ese momento no lo pensé.

Estaba muy quieta viendo de cerca como estaban cogiéndose a la que estaba entre los dos. Mi primo me abrazo y acaricio, cachondeándome. Abrió la blusa y me la quito dejándome como las otras puchachas, encuerada. Me incline sobre la cama, abrí las piernas y me ensarto como mariposa desde atrás.

El cabrón más próximo se acercó un poco y sin sacar el camote de su puta, me acariciaba los pechos pendulantes. Sentí vagamente como mi primo me empujaba para ponerme más al alcance. El que estaba del otro lado, igual, sin dejar de follar, también me acarició las nalgas y las piernas y pronto pasó a la raja, metiéndome los dedos. Solo baje la cabeza y acelere los movimientos del culo.

Empujándome suavemente me dijo roncamente:

-Arrodíllate en la cama amor... Entendí de inmediato y me puse de a perrita, los tipos metieron más las manos.

No imaginé lo que vendría. Uno de los pendejos, le hizo señas a mi primo de darle chance. Después supe que dudo un poco, le hizo seña de colocarse junto y cambiándose de lugar le dejo el campo para cogerse a la nueva zorra (¿la de pilón?). De inmediato se acomodó y me metió la pija, yo estaba en otro mundo, un mundo lujurioso y cachondo, ni cuenta clara me di.

Estaba quieta de ojos cerrados, moviéndome suavemente, respirando fuerte con la boca abierta. Mi primo acariciándome, se quedó viendo cómo me cogían.

El tipo se vino rápido. Y se salió echándose a un lado, satisfecho. Sin esperar, el que estaba siendo mamado se me puso por atrás y también le clavo su chaira a esta perra cogelona.

La (¿otra?) piruja viéndose libre, se acostó tranquila, sonriendo, viendo como sus clientes comían carne fresca.

Cuando me vine, mi primito espero que se me pasaran los espasmos, y desnudos regresamos al entrepiso para vestirnos y salir. La madrota nos dijo:

- Pueden regresar cuando quieran. Y si Elzita quisiera trabajar conmigo, será bienvenida.

-¡Gracias! Respondí en voz baja medio apenada.

Y salimos a tomar un café y platicar de la experiencia.

-¡Que experiencia! ¡Sorpresiva! y diferente de todo lo que esperaba... No sé que me pasó... No me lo imaginaba... Dijo medio como compungida.

Con mucho cariño y me abrazo diciéndome:

- No te pongas triste, fue una muy buena experiencia, muy interesante.

-Es que me siento mal, muy mal... ¿qué piensas ahora de mí? ¿Que soy una... de esas?

-No amorcito, de ninguna manera... al contrario, te siento más cerca que nunca.

Ahora tenemos un secreto solo nuestro. De nadie más. Y no te veo como zorra, al contrario, te veo más mujer, mi mujer.

Después de un rato y más abrazos, cambie de expresión y comente:

-No sé qué me pasó, como me fui dejando llevar y cómo fue que terminé en la cama. ¿Me lo imaginé o ellos me...?

-Si cariño, arriba, primero arriba te cogí por el culo, y te metí un tremendo consolador por la buchaca. Y la Juana te acarició y te manoseó. Abajo primero te cogí yo y en seguida te chingaron dos de esos cabrones, con todos viéndote... Y quizás arriba alguien más... no sé...

-¡Qué vergüenza...! dijo riéndose... ¿Y me vieron todo?

-Siiii... ¡no solo encuerada, sino también dando las nalgas...! Y en un putero… ¡Ya eres una zorra de verdad! Con la práctica que has tenido, abriste las piernas como las otras putas ¡Ahora ya solo te falta el diploma!

-Jajajaja. ¿Tú crees?

-Sí, yo soy tu padrote, los amigos fueron tu ensayo y práctica y los cabrones de hoy los testigos. Hoy te graduaste de puta con mención honorífica.

Nos reímos sabiendo que era un nuevo nivel, otro patamar, estaba contenta, que no me había incomodado... Y muy probablemente lo repetiría... porque me había gustado...

A partir de ese día, nuestras relaciones fueron mucho mejores, más variadas e interesantes.

Un tiempo después, me sugirió regresar con la madrota para “saludarla” ... solo respondí: ¿Cuando?

Pero eso... es otra historia...

(9,20)