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Usada por un desconocido

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Llegaste a la hora exacta y vestida tal y como te había ordenado en el último e-mail. No tardaste en encontrar la puerta gris de mi oficina, a pie de calle, en una calle peatonal muy discreta de Barcelona. La puerta estaba entreabierta y tenías las instrucciones claras. Cogiendo aire entraste en el local y cerraste tras de ti.

Todo estaba como te había dicho. Viste el antifaz sobre el banco de la entrada y te lo pusiste. Yo te observaba desde el despacho contiguo en la oscuridad.

El silencio era incomodo, y te veía muy nerviosa. Seguro que por tu cabeza estabas pensando como eras capaz de hacer algo así. Sabías que ibas a ser usada por un desconocido al que ni siquiera habías visto. Tan solo sabías que yo estaba casado y que era educado, discreto y con buen cuerpo.

Oíste mis pasos acercándose a la entrada. Estabas de pie, con los ojos vendados, vestida como te había ordenado, blusa con botones, no muy ajustada pero si suave, fina, para que se notara el sujetador, para que los pezones destaquen a la mínima. Faldita ceñida, con medias al muslo. Me quedé observándote en silencio. Me fije en tu anillo de casada. Qué pensaría tu marido si te viera así?

Sabías que debías mantenerte en silencio, sin moverte. Notaste mi mano bajar la cremallera de tu falda, y no pudiste evitar que la falda bajara hasta el suelo. Estabas preciosa, con un tanga negro de encaje y las medias.

Notaste como mis manos desabrochaban tu blusa. Bajé las copas de tu sujetador dejándote las tetas al descubierto sin quitártelo.

Te cogí de la mano y te moví unos pasos para esposarte con las manos en ato a una barra de mi oficina. Te deje así durante unos minutos que se te hicieron eternos. Estabas muy nerviosa, tus pezones erectos por el frio.

Como habías sido capaz de hacer algo así, expuesta ante un hombre que no conocías de nada. Te sentías observada y no podías hacer nada para evitarlo. No nos habíamos cruzado ni una sola palabra.

De repente notaste una brusca palmada en tu culo. Le siguieron tres azotes más. Me quede observándote, estabas preciosa, indefensa, con los pezones duros. Quiero que te sientas como una zorra, enseñándole las tetas a un desconocido. Magreo tus pechos con suavidad.

Toco tu sexo por encima de tus braguitas. Noto tu humedad. Te masturbo. Las aparto tirando del lateral hasta que aparece tu coñito, depilado como te había indicado. Vuelvo a colocarlas en su sitio. Te masturbo metiendo la mano por dentro. No puedes evitar un gemido.

Bajo las bragas hasta tus rodillas, sin quitártelas. La sensación de estar medio desnuda te excita más.

Notas mi dedo entrar en tu vagina. Estás muy mojada. Lo muevo y se puede escuchar el chapoteo de tu coño…

 

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