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Alejandra en casa de Paula (II)

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Esta es la continuación de mi relato anterior ‘Alejandra en casa de Paula’.

A: Ay! Sos una guacha Pau, ¿por qué no me lo contaste antes? ¡A lo mejor no esperábamos tanto para llegar a esto! ¡Dale, contame que estoy a mil!

Y me estiré más, las dos nos habíamos vuelto a acostar enfrentadas, teníamos las piernas tijereteadas, pero no llegaban a tocarse nuestras conchas, si se rozaban nuestras manos en el movimiento de entrar y salir de los dedos. Desde esa posición, con la cabeza apoyada en el brazo del sillón, podía ver como una sola continuidad: primero mis pezones, duros a más no poder, uno de ellos pellizcado por mi mano izquierda, después mi vientre que subía y bajaba al compás de los dedos de mi mano, más abajo mi mano derecha semi hundida en la concha, y después como en espejo, el dorso de la mano de Pau, brillante de sus flujos y de los míos con por lo menos tres dedos metidos, y su vientre también subiendo y bajando casi al unísono con el mío, y entre las dos hermosas, grandes y deseables tetas de Paula la boca de ella entreabierta y jadeante a punto de empezar el relato:

P: En realidad todo comenzó con un juego de Miguel mientras cogíamos, le conté que unos días antes los había espiado mientras Uds. garchaban en el parque contra un árbol, y que me había mojado mucho. Él comenzó a fantasear con hacer una cama redonda con Uds., y me preguntaba si me gustaría tocársela a Pablo en algún momento, rozársela como quien no quiere la cosa, yo en la calentura le decía que sí, que iba a tratar de hacerlo, el me preguntaba cómo, y le dije que tal vez cuando nos poníamos a joder en el jardín se la iba a tratar de tocar, quizás cayéndome sobre él, seguro que iba a poder agarrársela bien, de manera que él se diera cuenta, quizás el tiempo suficiente coma para poder sentir que se le parara debajo de la malla, te juro que esa sensación de imaginar cómo se sentiría hacerla crecer bajo mis dedos me calentaba muchísimo…

A: Y vos no le pedías nada a Miguel?

P: Sí, le decía que tratara de apoyarte con cualquier excusa, por ejemplo cuando estábamos cocinando, que tratara de calentarse antes mirándote la concha cuando usas esas calzas blancas que te marcan la raja tanto, para estar al palo y que vos lo notaras cuando te apoyara, que yo iba a estar mirando para ver tu reacción.

A: Y a vos eso ya te calentaba?: le pregunté mientras estiraba uno de mis dedos tratando de meterlo entre su mano y los labios de su concha.

P: A partir de ahí fue que empecé a calentarme, trataba en todo momento de mirarle el bulto a Pablo, sobre todo cuando se ponía las zungas, pero también empecé a mirarte la raja a vos cuando te ponías algo ajustado, desnuda no se te nota tanto, pero con algo ajustado, con esos labios gruesos que tenés se te hace una canaleta tentadora, no podía dejar de mirarte constantemente.

A: Tanto te calienta mi conchita? -Le pregunté con una sonrisa llena de lujuria, mientras me abría más tratando de acercarme a la suya: Seguí por favor que me calienta mucho lo que contás? No sabés cómo te la voy a chupar después de esto!

P: Al final Miguel me insistía en cada encamada con que se la tocara a Pablo, hasta que un día se dio que Uds. dos empezaron con el juego de la manguera contra mí que estaba en malla, vos con un top y las calzas blancas, esas que se te meten en la concha y Pablo en zunga, rodamos por el piso entre risas y puteadas, no sé cómo no se dieron cuenta o se hicieron los boludos, pero yo aproveché para meter mano cuantas veces pude, amasar el bulto de Pablo me encantó, pero algo que no pude sacarme de la cabeza durante días fue la sensación de apoyar la palma de mi mano en tu concha, sentir como uno de mis dedos se hundía en medio de tu raja. Qué te voy a contar las pajas que me hice solo de recordarlo y las que le hice a Miguel mientras se lo contaba a él.

A: Me encanta que te hayas pajeado pensando en mí, y lo hiciste muchas veces? -le dije mientras agregaba un dedo más dentro mío acelerando el ritmo y de paso empujaba su mano para que le entraran más los suyos.

P: La verdad Ale?, es que muchísimas veces, y no sabés lo tentada que estuve varias de proponerte esto, pero no lo hice de estúpida nomás, si hubiera sabido que ibas a reaccionar así, no sabés cómo te hubiera cogido!

Eso bastó para que yo bajara mi otra mano al clítoris y empezara a apretarlo intermitentemente y acabar entrelazada una de sus piernas, mojándole todo el muslo: Me imagino: dije entre exclamaciones de placer.

A: Como yo te voy a coger ahora, pero antes me vas a acabar en la boca, no es verdad preciosa? O ya no querés que te la chupe? -me incorporé gateando entre sus piernas y me fui acercando a medida que le dejaba un hilo de saliva que iba desde la rodilla subiendo lentamente hacia su entrepierna.

P: Sí que quiero tontita!

A: Y si ahora no llego nunca, y te dejo con las ganas… serías capaz de pedir por favor?

P: Sí, te pido por favor… te ruego guacha, chúpame la concha y meteme algo por favor, no doy más, vos ya acabaste!

Al verla desesperada empecé a rozar con mis labios los de su concha, ella me agarraba los pelos y me empujaba para que me acerque, yo solo sonreía mientras apenas se los rozaba, gozando al ver cómo movía la pelvis desesperadamente para acercarse a mi boca sin lograrlo.

P: Por favor hago lo que vos quieras… chupámela!

A: Te tomo la palabra, acordate…

Y le hundí la lengua entre los labios, era la primera vez que chupaba una concha, no sé si fue el aroma, pero estar allí entre las piernas de Pau, mi boca frente a esa otra boca sin lengua, la única lengua era la mía, que trataba de abrirse paso sin ningún obstáculo, al contrario una boca bien lubricada y no por saliva sino por un jugo delicioso, cuyo aroma lo único que hacía era aumentar mi excitación, levantar la vista y ver más arriba la otra boca de Paula ansiosa incitándome a que me apriete más contra ella, a fondo… La excitación de ella era la que provocaba mi verdadera excitación.

A: Le vas a contar a Miguel?

P: Siii!!! Y con detalles para que se caliente bien!!

A: Y le vas a pedir que me apoye adelante tuyo?

P: Siii!!! Lo que vos quieras Ale, pero no dejes de chuparme?

Le di un lengüetazo bien profundo y seguí preguntando:

A: Y algún día vas a agarrarle disimuladamente al pija a Pablo por debajo de la mesa cuando estemos comiendo con amigos, y se la vas a amasar hasta crezca debajo del pantalón hasta reventar? -Otro lengüetazo…

P: Si!! Me encantaría sacársela y pajearsela debajo de la mesa hasta que acabe, y que la única que se dé cuenta seas vos, guacha, que te vas a estar muriendo de ganas de chupármela como lo estás haciendo, de maravilla ahora, que ya estoy… estoy por acabar…

A: Y después me vas a llamar por teléfono para contarme lo que sentiste así yo me pajeo mientras hablamos??

P: Siii!!! Por dios… basta que estoy a-ca-ban-dooo!!!

Ahora si le pegué un chupón al clítoris, interminable…

Continuará…

Pero esto es algo que contaré en otro capítulo, por ser mi segundo relato me encantaría que me dieran su opinión tanto mujeres heterosexuales como homosexuales, qué sintieron. Gracias. [email protected]

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