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Sexo con mi suegra, delicioso e inolvidable

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Nos metemos a la ducha ella me da la espalda y abro las llaves del agua, la arena se va pero mi excitación no, tengo sus nalgas a unos dos centímetros de mi verga parada, paso las manos por los hombros y en un solo movimiento le repego el miembro a las nalgas

El día empezó temprano, pues mis cuñados y esposa se irían de paseo a la isla de Ixtapa, volverían casi con la puesta del sol, nos quedaríamos mi suegra y yo, mis planes eran de pasar el día en una tumbona, bebiendo lo que los meseros me ofrecieran y comer del bufet del hotel.

Mi suegra es una señora de porte elegante, descendiente de los franceses que fueron a trabajar a las minas del estado de Hidalgo, de cuerpo delgado, estatura de 1.70, ojos claros y facciones finas, a pesar de sus sesenta y tantos años, conservaba un porte distinguido y no ha perdido sus formas femeninas.

Decido entrar a la alberca y subo a la habitación, paso por la de mi suegra y alcanzo a verla de espaldas a la puerta, con su traje de baño puesto y agachada sacando algo bajo la cama, espero unos segundos para mirarla y reconocer que está en buenas condiciones, al estarme cambiando medito que nunca la había visto en esa forma, quizás por la comida del mar, esté mas lujurioso que lo normal.

Ella estaba dentro del agua, llego primero que yo y me aparto una tumbona con su poncho, platicamos de cosas cotidianas, que si no fue al paseo por temor al mar, que si porque se marea, o ganas de estar sola.

Me invita a entrar al agua y yo acepto, sin darme cuenta miro su escote, los senos de piel blanca con algunas pecas, aunque con ligeras arrugas, se sostienen firmes y se mueven con ella, pasan una chicas con bañador y no evito mirarlas, "ustedes los hombres no cambian", sonrió y le pregunto si no le agradaba que la miraran, responde que si todo el tiempo le decían piropos por su cuerpo, incluso ahora, no pierdo tiempo y le digo que sigue siendo una dama guapa y elegante, me pareció que se sonrojaba y desvió la mirada.

Pido al mesero unas cervezas y ella dice “no mejor algo más fuerte, pide tequila” y al segundo el hielo se ha roto, me invita al mar, le recuerdo de su temor y dice que si yo entro junto a ella se sentirá segura.

Las olas nos empujan y luchamos contra ellas, el contacto es inevitable, se coge de mí para no ser arrastrada y aprovecho para meter mano aquí y allá parece que no se da cuenta.

Salimos y vamos a quitarnos la arena a los cuartos, llegamos a su puerta y con un nudo en la garganta y pájaros en el estómago, le digo "quiere que le ayude", me mira a los ojos y mirándome de lado con una sonrisa, "como se le ocurre, alguien nos puede ver", alguien camina por el pasillo, ella duda y yo no, entramos a su habitación y concede "si pero sin quitarnos los trajes", nos metemos a la ducha ella me da la espalda y abro las llaves del agua, la arena se va pero mi excitación no, tengo sus nalgas unos dos centímetros de mi verga parada, paso las manos por los hombros y en un solo movimiento le repego el miembro a las nalgas y le acaricio los senos, son firmes pero con la piel reseca, el tiempo no perdona, trata de soltarse "no" dice con firmeza, pero le bajo un tirante y mis dedos acarician el pezón, que se pone duro como cereza, afloja la resistencia y termino de bajarle el traje de baño, la tengo en canicas, rápido bajo mi bañador y lo dejo en el piso, el agua sigue corriendo y entra en acción el jabón, no dice nada, se deja enjabonar hasta el último rincón, exploro todo el cuerpo y le digo que estoy muy excitado que no sea mala que me deje penetrarla y acariciarla, sus labios vaginales son flácidos y sin vello, salimos y la seco con un poncho, la llevo a la cama pero se resiste con todas sus fuerzas "ya fue mucho, ya llegamos lejos", "váyase alguien nos va a mirar".

Esa oposición me enardece más y los cuerpos desnudos luchan en la cama, la acuesto bocarriba y le levanto las piernas, pongo mi pene en su sexo y empujo, esta reseca, no entra fácil, siento el roce en el glande, ella se queda quieta, y mira al techo, dice "apuresé antes de que alguien venga", empujo otra vez y entra una parte pequeña, respira hondo y cierra los ojos, me pongo en un posición más cómoda y empujo otra vez, suspira, cuando entra más de la mitad, empiezo a mover la cadera de forma circular y percibo el olor a sexo femenino, siento lo tibio de su sexo y lo suave de su interior, está lubricando, le está gustando, le beso los pechos, el cuello, levanto sus piernas y meto la lengua entre los dedos de sus pies, sus ojos se cierran con fuerza y una arrugas en su cara delatan que está gozando, se mete todo y dice "eso hasta ahí, haaaa, siiiii", la sesión continua, casi termino y al sentir mis contracciones me agarra de las nalgas y aprieta con fuerza, muestra sus dientes al apretarlos unos con otros, "ajjjhhh" es el grito ahogado que sale de su garganta, contrae los músculos de la cara, y su respiración se agita, siento un ligero apretón, no aguanto más, arrojo un chorro de caliente esperma en su interior, mueve su cadera, "termine, termine" es lo que dice, la suelto hasta que la flacidez, pone al pene fuera de ella, beso su boca y corresponde con su lengua dentro de la mía, no decimos nada, en silencio vamos a la regadera, nos aseamos y salgo a disfrutar de la tarde.

En la noche al estar cenando en un momento que quedamos solos, me pide que no le cuente a nadie y que no se volverá a repetir lo esa tarde, pues fue algo muy malo e indebido, le pregunto y disfruto y solamente sonríe y me mira a los ojos, al despedirnos, me da un ligero beso en la boca cerca de los labios y me dice "me terminó muy adentro de mí, todavía se me siguen saliendo".

Después fue de visita a casa por unos meses y no pudimos evitar otra tarde de sexo.

Esto sucedió en realidad, solamente le di algo de literatura para que no fuera una vulgar sesión de sexo, pienso que hacer el amor con una mujer mayor es tan sabroso como con una mujer joven, quizás mi gusto sea así por la experiencia con mi madre.

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