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Mi gusto por las mujeres maduras: La superabuela

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Un hombre cercano a los cincuenta conoce a una abuela sesentona en un pequeño hotel rural.

Cuando mi esposa me comunicó que su querida empresa había programado una convención para el puente de mayo a quinientos kms de casa no me hizo puta gracia, yo ya había planificado cuatro días en una casa rural de la provincia de Almería donde esperaba descansar y relajarme en estos complicados días de stress y crisis donde hay que trabajar (los privilegiados que tenemos trabajo) el doble para ganar lo mismo que hace dos años. El caso es que yo, a mis cuarenta y ocho, necesitaba descanso y decidí, no sin cierta contrariedad por parte de mi esposa, que me largaría solo a ese lugar desértico, en medio de ninguna parte, a leer, tomar el sol y holgazanear, necesitaba relax.

La casa era un antiguo cortijo rehabilitado con apenas seis habitaciones, comedor, piscina y una maravillosa vista al árido terreno almeriense. No pude evitar torcer el gesto cuando vi bajar por las escaleras a un chico y una chica que no pasaban de diez años con el típico escándalo infantil rumbo a la piscina. Tras ellos y pidiéndole discreción y silencio una señora de porte serio y distinguido y con, posiblemente, mas de seis decenios vividos.

Eran las cuatro y media de la tarde, ya estaba instalado y no tenia ganas de dormir, así que decidí pasar la tarde tomando el sol en compañía de un libro, con bañador, chanclas y camiseta. La señora y los niños, después supe que eramos los únicos inquilinos, estaban en la piscina, los chicos jugando y revoloteando en el agua, ella en una tumbona leía una revista de divulgación científica. Saludé la buenas tardes, que me fueron correspondidas según dictan las normas de la buena educación y me situé tres hamacas mas allá, aprovechando la zona donde la sombra no había ganado su batalla y el Sol te acariciaba con su calor.

La ventaja de unas buenas gafas de sol es que puedes observar con cierta libertad sin estar a la expectativa para no ser sorprendido, es así como escaneé con detenimiento a la señora. Se conservaba, pelo blanco corto, sobre 1.70, moderadamente delgada, ojos azules, piel sonrosada típica de las mujeres de piel blanquecina expuesta unos días al sol, lucia un bañador negro de una pieza y para su delgadez sorprendían dos cosas, que sus carnes si bien no lucían prietas como las de una jovencita tampoco parecían flácidas y que, aunque ya caídas por el efecto del tiempo y la gravedad, se notaba bajo el bañador un buen par de tetas, sin duda debió de ser una hermosa muchacha hace cuarenta años.

Me reprendí a mi mismo por estas reflexiones, pensé en mi esposa trabajando y en mi propósito de descansar y también pensé que no tengo remedio, que fijarme en los presuntos atractivos de una abuela es uno mas de los excesos de mi mente calenturienta.

Los chicos llamaban a la señora:

-¡Abu! ¡Abu! ¡Ven a darte un baño! –decía la chica

-¡Abuela Concha venga báñate!

Con bastante desgana la señora dejó la revista sobre una mesilla y se incorporó, nuevamente, como sin querer, volví a observarla, si bien su trasero ya mostraba tendencia a la planitud, malditos años, era la dueña de dos largas piernas que solo en la zona interna de los muslos delataban el paso del tiempo, sin duda un espléndido par de piernas que daban a su poseedora el garbo y la distinción que exhibía. Y tras estar unos minutos sentada al borde de la piscina sin que los reclamos de sus nietos menguaran acabó dándose un baño con sus chicos y jugando a la pelota con ellos.

Seguí leyendo, totalmente abstraído en la lectura, totalmente ajeno al ajetreo de los chicos en la piscina hasta que el chico reclamó mi atención:

-¡Señor! ¡Señor!

La pelota había caído a un metro de mi tumbona y el chico me estaba pidiendo que se la devolviera

-¡Niño no molestes al caballero!

-No se preocupe señora no es molestia –contesté a la vez que lanzaba la pelota a la piscina de nuevo.

Los chicos reanudaron sus juegos pero fueron reprendidos por la abuela:

-¿Qué se dice?

-¡Gracias señor! –respondieron los dos al unísono.

Sobre las seis y media comenzó a refrescar así que recogí mis bártulos y me recogí en la habitación, vi la tele, me di una buena ducha y bajé al porche del cortijo a disfrutar de la puesta de sol. Allí estaba, sentada en una de las mesas, la abuela con los chicos sorprendentemente silenciosos, estaban estudiando, ella continuaba leyendo la revista.

Ya estaba informado que la cocina del hotelito solo funcionaba para medio día y los desayunos así que pedí una botella de vino de jerez bien frío y una ración de jamón y queso para acompañar la puesta de sol y tranquilizar mi apetito.

-Debe usted disculparnos –me dijo la señora

-¿Disculparlos? No lo entiendo –contesté.

-Usted habrá venido buscando tranquilidad y se encuentra a dos pequeños alborotadores mareando a su abuela.

-¡Jajaja! –sonreí cortésmente –no se preocupe señora, tanto relax también aburre un poco, por cierto me llamo Carlos

La señora se levantó y dirigiéndose a mi me dijo:

-Yo soy Concha –besándome en la mejilla la vez que estrechaba mi mano y estos son mi nietas Alba y mi nieto Rodrigo.

La invité a compartir un vaso de Jerez fresco y vencidas las primeras reticencias aceptó. Los chicos tras el estudio cenaban una buena ración de cereales con leche mientras su abuela y yo charlamos.

Así me enteré que era profesora de ciencias en un instituto y que estaba pasando unos días con sus nietos ya que los padres de los niños se encontraban en viaje de placer por el extranjero, también me contó que era viuda hace seis años, copa tras copa trasegamos la botella de Jerez entera. La conversación fue muy agradable y transcurrió hasta las diez de la noche hora en que los chicos debían de acostarse. Nos despedimos con una sonrisa. Sin duda la señora era simpática y una compañía agradable, daba gusto conversar con ella, juraría que entre nosotros había cierta química y que la actitud de la abuela era de moderado coqueteo.

Al día siguiente me levanté temprano para realizar una ruta a caballo que contraté previamente, a mediodía llegue al hotelito hambriento, me di una ducha y baje a comer ajoblanco, plato típicamente almeriense, y algo de pescado. Después subí a dormir una pequeña siesta. A las cuatro y media de la tarde tomaba posesión de la tumbona al lado de la que estaba el bolso de la abuela que jugaba con sus nietos en la piscina con una pelota.

-Venga abuela dile si se juega un partido –le apremiaba la nieta

-¡No debéis molestar al caballero! –contestó tensa la abuela

-Pero es que así no se puede jugar, hacen falta cuatro –replicó el nieto.

Me acerque a la piscina y les pregunte:

-¿Que os pasa chicos? Mirando con complicidad a su abuela

-Queremos jugar al waterpolo pero no somos suficientes para hacer dos equipos, si usted juega puede hacer equipo conmigo y mi hermana lo hace con la abuela –contesto Rodrigo.

La abuela Concha me observaba con una mirada difícil de interpretar, entre el ruego, la preocupación y no sé que mas.

Sin decir palabra me quite la camiseta me di una ducha fría y me tiré al agua:

-Juguemos ese partido!

Los niños celebraron mi decisión alborozados pero juraría que la sonrisa de la abuela demostraba tanta o mas alegría.

La cosa era fácil, los chicos formábamos una pareja y las chicas otra, se trataba de pasarnos la pelota sin dejar que el adversario te la arrebatara, Alba se la disputaba a Rodrigo y Concha a mi, pronto además de las risas divertidas el roce en el agua entre Concha y yo disputándonos la pelota pasó de un inocente juego a lo que yo llamaría un calentón de piscina, los primeros roces fueron ocasionales y casuales pero al ver que Concha no solo no los evitaba sino que los propiciaba fueron a mas, en apenas veinte minutos me encontraba sometiéndola, con su consentimiento, a un manoseo mas que considerable en las mismas narices de sus nietecitos, cuando Rodrigo me lanzaba la pelota Concha se ponía justo delante de mí para cubrirme, su trasero pegado a mi paquete, al principio Concha solo se dejaba apoyar mirándome cómplice pero en cuanto sintió mi erección la abuela colocaba sabiamente el surco de sus nalgas encima justo de mi polla y acompasaba sus movimientos con los míos, nadie diría que Concha era el tipo de mujer que me calentaba pero la realidad dicta sus designios como mejor le viene y esa era la situación, tenia una erección mas que considerable. En uno de los movimientos me aventuré a poner mi mano sobre uno de los pechos de Concha mientras nos disputamos la pelota, sonrió, y no creo que fuera porque se apropió de la bola sino porque mi mano no peleó por la pelota, se quedó palpando la teta bajo el bañador sorprendiéndome por su dureza a pesar de su tamaño. A Concha le brillaban los ojos, parecía feliz de ser capaz de producir la reacción que estaba produciendo en la polla de un hombre mas joven que ella, jamas hubiera imaginado que la abuela era tan lanzada y cachonda.

Interrumpimos el juego por el cansancio y porque de seguir así igual acabamos dándole un espectáculo a los nietos. Ellos salieron del agua, y se despidieron, yo me quede dentro el tiempo suficiente para que se me bajara la erección, se dirigieron a la casa, la abuela seguía a sus nietos moviendo el trasero coqueta y feliz y lanzándome un beso prometedor, parecía una quinceañera dispuesta, no se bien que cara puse, jamas me hubiera imaginado una situación similar.

Cuando salía de la ducha sonó el teléfono de la habitación era Concha:

-La chica que esta por las tardes me ha preguntado si necesitamos algo ya que quería salir temprano hoy, le he dicho que no hay problema que si me deja usar la cocina haré una tortilla de patatas y que te invitaremos ¿te parece bien?

-Me parece perfecto amiga.

-Pues nos vemos en el porche sobre las nueve, también le he pedido que meta una botella de cava en el refrigerador si te parece cuando los niños se duerman podemos hacer un brindis.

-¡Ok!

Cuando bajé los chicos ya andaban trasegando sus raciones de tortilla y refrescos, cuando vi a Concha con un vestido suelto de tirantes blanco silbé como el que ve a una chavala linda pasar por la calle, no llevaba sujetador y podía apreciar el volumen de sus tetas caídas, la verdad es que me resultaba atractiva la abuela y la posibilidad de echarle un buen polvo me parecía mas apetecible de lo que hubiera podido pensar a priori.

Bebimos vino de una jarra y tomamos nuestras raciones de tortilla de patatas, excelente por cierto, mientras charlamos de asuntos triviales y nos mirábamos con complicidad. A las diez de la noche subió con los chicos para acostarlos.

-¿Me esperas? -Preguntó coqueta.

-Por supuesto.

Media hora duró la espera, Concha apareció con una botella de cava fresco y dos copas, era asombroso el cambio que en unas horas había observado en ella, de elegante abuela discreta y distante a mujer entusiasmada por saber que excita al hombre que esta a su lado, sentados en un viejo sofá brindamos por nosotros y en cuestión de minutos estabamos besándonos, morreandonos y manoseándonos como dos pimpollos, en mis exploraciones táctiles por la geografía de su cuerpo descubrí que en un alarde de atrevimiento Concha no se había puesto ropa interior, estaba desnuda bajo el vestido, sus pezones se mostraban desafiantes bajo la tela y la piel de sus muslos era suave, mucho mas suave que la de otras mujeres de menor edad a las que he acariciado.

Menos mal que estabamos solos en aquel remoto lugar, en aquel sofá de aquel porche porque el aspecto, en esos momentos, de la abuela Concha era poco honorable, le había apartado las tiras del vestido dejando al aire sus dos preciosas tetas, caídas pero llenas, con pezón pequeño sonrosado que chupaba con ganas a la vez que mi mano avanzaba por su entrepierna tomando posesión de su mojada raja, entre besos, achuchones y chupetones me susurró parte de su vida, que desde que su esposo murió no había estado con un hombre y no por falta de ganas sino por prejuicios y falta de ocasiones, que sus alumnas le habían abierto los ojos hablando con naturalidad de sus follamigos con los que tenían sexo sin compromiso, que un vibrador que le regaló su difunto un par de años antes de su fallecimiento, cuando ya le flaqueaban las fuerzas, había sido su inseparable compañero en los momentos de soledad, la invité a mi habitación pero insistió en que fuéramos a la suya que estaba comunicada con la de los niños y podría estar pendiente de ellos si ocurría algo.

Concha parecía otra mujer, los ojos le brillaban, sabia lo que venia y lo deseaba, tras cerrar su habitación ella misma aparó las tiras de su vestido dejándolo caer al suelo, quedó desnuda ante mi, con la cabeza agachada, mostrándose, la luz tenue velaba sus arrugas y la mostraba realmente bella y apetitosa, me acerqué y la bese, en su beso, dándome lengua, iba su entrega, la entrega de una mujer madura que llevaba seis años sin follar y deseaba realmente que la follaran, me desabrocho los pantalones y colaboré en que me los quitara, cuando bajó mis slips mi polla salto como un resorte, se quedó mirándola fijamente, la tomó con una mano y mientras la pajeaba acercó su lengua a la punta y comenzó a lamerla, me miró con sus ojos brillantes:

-Sabe rico tu pene –me dijo

-Es mi polla Concha

-Sabe rica tu polla.

-Venga mámala bien mamada.

-Me enciende que me digas cosas sucias

-¡Venga! ¡Chúpame bien la polla!

Me levantaba la verga tomándola de su cabeza, se metía una de mis pelotas entera en la boca y la chupaba, mamaba polla mas que bien, la sabiduría de la mujer madura, tuve que hacerla parar para no correrme, le pregunte:

-¿Has traído a tu amigo?

-¿Mi amigo? Pregunto extrañada.

-El consolador

Titubeó:

-Si, lo tengo en el bolso.

-¡Sácalo!

De una bolsa de terciopelo negro sacó un viejo vibrador a pilas, creo que del modelo Mr. Holmes antiguo, de unos 17cm.

-Esta bien pero la técnica se ha mejorado en los últimos años, te regalaré algún juguete nuevo la próxima vez que nos encontremos.

La tumbé desnuda en la cama, ella abrió las piernas ofreciéndose, me imagino que esperaba que la follara ya pero yo quería que durara, que lo gozara porque así es como me gusta gozar a mi, dando gusto.

Sitúe mi cabeza entre sus piernas y vi de cerca su coño sexagenario, como una herida rosada, brillante de jugos, coronada por algunos pelillos blancos, cuando abrí sus labios asomó su clítoris, hinchadito, pronunciado y le pasé la lengua, Concha gimió de gusto:

-¡Aaaaaaaaahhhhhhh!

Estaba hirviendo, no tuve que empeñarme muy a fondo, pronto noté las convulsiones previas a la corrida y fue en ese momento cuando le metí el vibrador hasta el fondo y comencé a chuparle el clítoris con fuerza y pude degustar toda su mojada en mi cara, la abuela tenia una buena fabrica de zumo de coño, tuve que pedirle que se calmara para no despertar a los nietos en la habitación de al lado, se había corrido de lo lindo.

Me incorporé a su altura y la bese rico, me ofreció sus tetas para mamarlas:

-¡Chúpame las tetas que me pongo caliente como una becerra! ¡Esta noche no quiero ser una señora! ¡Quiero ser tu zorra!

La clavé, sobre ella, sin brusquedad pero sin pausa, se la metí hasta las pelotas y un gemido de alivio y gusto pareció salirle del alma, la monte follandola profundo y ella abrazó mis riñones con sus piernas, sus manos se alternaban entre amasar sus tetas y pellizcar y estirar sus pezones y empujar mis nalgas para que la clavase profundo cuando le decía:

-¡Te estoy follando!

-¡Siiiiiii! ¡Siiiii! ¡Follame¡

-¡Me gusta tu coño! ¡Me gusta darle polla!

-¡Siiiiiii! ¡Dame polla!

Tuve que ralentizar mis movimientos, mi polla vibraba en su coño, había oído habladurías sobre los coños maduros que no se correspondían con lo que estaba sintiendo, Concha apretaba las paredes de su vagina pujando por retener y apretar mi verga y la sensación era similar a la de otras mujeres mas jóvenes con las que he follado, parece que los coños, a pesar de la edad de sus dueñas, se adaptan a la mayoría de las pollas que los follan salvo a las demasiado grandes o demasiado pequeñas.

Le pedí que se pusiera en cuatro, tome el Mr. Holmes que aun brillaba rebozado por los jugos de Concha y la penetré por la vagina para darle un respiro a mi polla que palpitaba a punto para la eyaculación, pude ver como Concha en sus actos reflejos de placer contraía su esfínter, rosado como su coño, aprovechando su propia lubricación le introduje un dedo y Concha respondió entusiasmada con movimientos frenéticos, el vibrador en su coño y mi dedo en su culo haciéndole mete y saca hasta el nudillo, Concha aplastaba su cara contra el colchón con los ojos en blanco, reprimía sus gritos de placer, bufaba para evitarlos, con la respiración ronca, desde atrás podía ver su coño tragándose la polla artificial y su culo abierto y dilatado, ya eran dos los dedos que entraban y salían de el sin dificultad, sin duda el coño de Concha no era el único lugar que visitaba su inseparable aparato, poco a poco sus bufidos de gusto se hicieron continuos, como un ronroneo y Concha se fue derrengando, dejándose caer, corriéndose como una perra de nuevo, podía sentir como cerraba y apretaba su ojete queriendo retener mis dedos bien dentro de su culo.

Estabamos los dos tumbados en la cama boca arriba, la mano de Concha apresaba mi verga y se movía arriba y abajo con el estimulante movimiento pajeril, levanté su pierna, la puse de lado y así la volví a penetrar, de lado y desde atrás mientras amasaba su teta y le pellizcaba el pezón como sabia que le gustaba, tomé el Mr. Holmes y lo puse a vibrar sobre su clítoris, ella lo tomo en sus manos y comenzó a rozarlo sobre su pipa, apenas tenia que moverme, solo empujar y clavarle la polla profundo, Concha bufaba de nuevo, conforme arreciaba la follada, los pellizcos y tirones de su pezón también arreciaban y ella se excitaba mas y mas, en un acto reflejo, cuando la estaba notando mas caliente, la tome desde atrás por el cuello para marcarle el ritmo de la follada y ella estremeciéndose me dijo:

-¡Aprieta! ¡Asfixia a tu puta!

¡Caray! A la abuela le iba la marcha mas de lo razonable, mas de lo imaginable.

Alternaba las folladas rápidas y profundas apretándole el cuello con pausas donde aflojaba la presión de su cuello y menguaba las metidas para no correrme, la abuela me había empapado las pelotas con su zumo, se mojaba viva en mi polla como me gusta sentirlo.

Concha se descabalgó después de su mojada y se apropió de mi polla para mamarla:

-Es hora de que te desahogues y disfrutes –y reanudó la mamada de polla.

La tome de su pelo y guié el ritmo de la mamada, parecía que le gustaba sentirse usada, que le excitaba sentirse zorrita de hombre.

-¡Chupa polla zorra! ¡Traga lecheeeeeeeeeeeeeeeee!

Se le deje metida en la boca hasta la garganta y ella no hizo ademan de resistencia alguno, recibió mis andanadas de leche en su garganta y la sacó suavemente mamándola y bebiendo leche de verga sin desperdiciar una gota.

La luz de la habitación de al lado se encendió, me dio tiempo a bajarme de la cama y estirarme en el suelo y a ella a tapar su desnudez con la sabana, su nieta asomó medio dormida en la puerta y sin decir nada volvió a su cama.

-Por poco y nos pilla –suspiro aliviada cuando la luz de la habitación de sus nietos se volvió a apagar. Me hubiera encantado continuar pero la aparición de la nieta nos había enfriado a los dos y levantado nuestras precauciones que con la calentura habían desaparecido.

En calzoncillos con mi ropa en la mano salí silenciosamente de la habitación, ya acostado mi cabeza daba vueltas con sentimientos encontrados, por un lado los prejuicios de haber follado con una mujer mayor que yo y ser infiel a mi mujer, por otro degustando el morbo de haberlo hecho y el gusto que había recibido, cuando me quedé dormido el dilema existencial se había extinguido, tenia claro que follaria a Concha cada vez que tuviera ocasión de hacerlo, con discreción y sin compromiso. Que cosas. A punto de cumplir los cincuenta y follamigo de una abuela sesentona, así es la vida.

A la mañana siguiente cuando bajé a desayunar Concha y los niños estaban terminando de hacerlo, iban de excursión a las fuentes de un cercano río en el que se formaban pozas donde los chavales se podían bañar sin peligro, como quien no quiere la cosa, pero guiñandome un ojo a espaldas de la camarera que me servia, me invitó a acompañarla asegurando que el sitio resultaba sorprendente para quien no lo conocía. Acepté.

Tras recorrer unos kilómetros por caminos rurales con el coche de Concha, un fabuloso todoterreno Wolskwagen, llegamos al nacimiento del río, un lugar fascinante, con pequeñas cascadas y vegetación exuberante que no te puedes creer que exista en una tierra tan árida como esta. De la trasera del auto Concha sacó sillas y una mesa de camping y una nevera con refrescos, cerveza y unos bocadillos. La mirada e Concha no engañaba, era la de una madura caliente a la que le gusta gozar y sentirse una zorra con su amante, en cuanto los chicos se metieron en las frescas y cristalinas aguas de la poza y comenzaron sus juegos Concha metió la mano bajo mi pantalón de deporte y se apropio de mi polla, me encantaba la situación, la abuela pendiente de la evolución de sus nietos en el agua mientras pajeaba a su amante, me animé a hacer lo propio y metí mi mano bajo su short deportivo y me apropié de su coño que ya estaba bien húmedo, ella me pajeaba, metía alternativamente los dedos en su coño y en su culo haciéndole mete y saca, frotaba su clítoris mientras ella me corría la paja, de vez en cuando teníamos que recomponer la estampa para que los niños no sospecharan, hicimos un intervalo para disfrutar de una cerveza fresca y volvimos a nuestros juegos manuales, seguía bien mojada y mi dedo entraba en su culo, otra vez le brillaban los ojos

-¿Te gustaría? –me pregunto mientras tenia dos dedos dentro de su ojete.

-Anoche me quedé con las ganas

Me estaba proponiendo con toda naturalidad que la follara por el culo.

Tomó una ración unidosis de aceite de oliva que llevaba en la nevera y tras advertir a los niños que íbamos a subir a las rocas a tomar el sol y que se portaran bien porque desde allí arriba los estaría vigilando me pidió que la siguiera, entre las rocas, a resguardo de la mirada de sus nietos se quitó los shorts abrió el recipiente y mojando sus dedos los metió en su culo mientras me miraba con una cara de perra en celo que jamas hubiera sospechado, acto seguido uso el resto de aceite para embadurnar mi verga y se apoyó, dándome la espalda en una roca, desde ahí dominaba el paisaje y podía ver a sus nietos, levantó las nalgas y me las ofreció.

-Cuando quieras.

Las entradas y salidas de su amigo Mr. Holmes y el balsámico aceite de oliva facilitaron la entrada casi sin oposición, solo en la primera metida, la que abre el anillo del esfínter con la cabeza de la polla, percibí un poco de dificultad, pronto su agujero se bario al empuje de mi verga y sus entrañas se tragaron toda mi polla, mis pelotas topaban en sus nalgas, la abuela estaba clavada por el culo y abría y cerraba sus nalgas ordeñándome la polla, comencé el mete y saca, el efecto lubricante del aceite de oliva es excelente, mi polla entraba y salía toda, sin oposición del abierto culo de la abuela Concha, la tomé desde atrás por las tetas y susurrándole guarradas comencé a culearla de lo lindo, su colaboración y entrega era total, de vez en cuando interrumpía el movimiento para imprecar a los nietos cuando se salían del tiesto con sus juegos, yo a lo mío, no paraba de embestir en aquel viejo culo abierto que me estaba dando un gran placer, la abuela sabia contraerlo y relajarlo a la perfección logrando casi un movimiento de succión que pronto tuvo el efecto perseguido vaciándome las pelotas, le llene las entrañas a Concha con la primera leche del día.

Con unas toallas de papel húmeda limpió mi polla de restos de leche, le pedí que no se limpiara:

-¡Quiero que sientas mi leche en tu culo!

No tuve que insistirle, se subió las bragas y el short y comenzó a bajar hacia la poza con toda mi corrida deslizándose desde sus entrañas hacia sus muslos.

-Me siento como una puta y una ¿cómo le decís los tíos? ¿una guarrilla?

-¡Jajajaja! ¿Una perra?

-¡Una zorra caliente y puta! ¡jajajajajaja!

Calmados los ardores abrimos otro par de latas de cerveza fresca que nos bebimos mientras nos dábamos un reconfortante baño. Tras secarnos partimos hacia el hotelito. Tras la comida me excuse y me fui a echar un sueño a mi habitación.

Sobre las seis de la tarde Concha llamó a la puerta de mi habitación, le abrí y entró con sigilo:

-Tengo a los nietos estudiando abajo en el porche, les he dicho que voy a arreglarme a la habitación y la camarera les esta echando un vistazo. Vengo a que me folles, no se que me pasa que sol pienso en que me folles, nunca pensé que hacer cosas tan sucias me gustara tanto.

Bajó mis slips y comenzó a pajearme para conseguir la adecuada dureza de mi polla, yo le metí dos dedos en el coño que ya estaba mojado, le encantaba a la abuela que le manosearan el coño, tres dedos y después cuatro, casi la mano y la abuela chorreaba y bufaba como una perra, sin duda la respuesta sexual de la señora era optima, una zorra calentona de categoría, de las que me gustan, la puse a cuatro patas al borde de la cama, yo de pie, tras ella, le metí la polla de una, sin contemplaciones, clavándola toda y acometí el vaivén de la follada, rudo, un polvo rápido, de urgencia, para aliviar la calentura y el morbo, a escondidas, clandestino, prohibido, tremendo, maravilloso, Concha se masturbaba y frotaba el clítoris mientas acudía con su trasero al encuentro de mis embestidas hasta que me mojo las pelotas y me corrí en su coño.

Se subió las bragas y se arreglo un poco:

-Me voy abajo un poco y después me daré una ducha, le estoy cogiendo el gusto a llevar tu leche en mi coño y mi culo –me dijo con total naturalidad.

Era el sabado, a la mañana siguiente partiría a mi ciudad igual que haría Concha con sus nietos, baje a tomar una copa al porche sobre las ocho, solo estaban los chicos y la camarera, Alba, sin que yo le preguntara me informó:

-Mi abuela ha ido al pueblo que quería comprar unos regalos para mis papas y mis primos que no han podido venir.

Cuando Concha llegó ya iba por mi segundo whisky de malta, discretamente me pidió la llave de mi habitación, se la di.

Sobre las nueve subí a la habitación tras decirme Concha que la esperara a que los niños se durmieran, cuando abrí la puerta, sobre la mesa había una botella de cava en una cubitera con hielo y una caja de intuí de pasteles y dulces, sobre la cama un envoltorio de regalo, una bata de seda de caballero con una tarjeta con dedicatoria y la ya conocida bolsa de terciopelo donde Concha guardaba a su amiguito. Pasaban las diez cuando llego a la habitación, yo le habia dejado la puerta entreabierta para que no tuviera que llamar. Llevaba el mismo vestido blanco de la noche anterior que se quitó nada mas entrar y entonces aluciné de lo lindo, la abuela Concha lucia un conjunto de lenceria negro, con transparencias, medias a mitad de muslo y ligas y se movia como una zorrita calentona:

-¿Te gusta la sorpresa?

-¡Ya lo creo!

-Si vieras la cara que ha puesto la dependienta de la tienda de lencería del pueblo, me he traído el conjunto mas picanton que tenia. ¡Mira las bragas!

Y señalando a su pubis pude constatar que es de esas que tienen abertura a la altura del coño y del culo.

-Me sorprendes muy agradablemente.

-¿No te desagrada que me porte así?

-¿Asi como?

-Como una puta.

-Así es como me gusta que seas que dejes a la pedazo de señora que eres en la puerta cuando entras en esta habitación a que te folle

-¡Venga! ¡Dale polla a tu puta!

En la cama, tumbados de lado en posición invertida, ella comiendo polla, yo comiendo coño, tomo el vibrador, lo paso por su raja para que se lubrique con sus jugos y suavemente se lo meto por el culo mientras sigo chupándole el clítoris, lo pongo en vibración máxima y la abuela se derrite, se olvida de mamar polla y me masturba torpemente:

¡Come coño! ¡Cómetelo entero!

Aprieta mi cara contra su pubis, restregándome toda su concha mojada en la cara, con el vibrador zumbando en su ojete, metido hasta la empuñadura, lamo su pipa hinchada y suprasensible a toda velocidad, comienza a brincar, sollozar, incluso implora al sumo hacedor y a algunos santos del santoral, la respuesta sexual de la abuela Concha es estimulante y muy gratificaste para el amante que la disfrute, se corre como perra en celo.

Tomamos un respiro, Concha abre la botella de cava, brindamos, en el primer trago con discreción trasiego una píldora de Cialis, es nuestra noche de despedida y le voy a arrimar rico y duro a la abuela, me agacho y situo de nuevo mi boca en la entrepierna, ella de pie, le pido que escancie cava sobre sus tetas, el liquido pone duros sus pezones y baja por su vientre hasta llegar a su pubis donde yo lo bebo, esta encantada de ser mi cascada de cava, de que mezcle la celebrada bebida espirituosa con el néctar de su coño, tras secarse un poco la pongo a cuatro patas en la cama, el vibrador aun sigue incrustado en su culo, metido hasta la mitad, apunto mi verga entre los labios de su coño y justo cuando la clavo hasta la raíz empujo el vibrador y se lo introduzco entero.

-¡Dame polla cabrón! ¡Dame polla! –me dice la abuela enardecida

La follo con un buen ritmo y le pregunto:

-¿Qué te estoy haciendo?

-¡Me estas metiendo la polla! ¡Me estas follando! ¡Siiiiiiiiiiiiiii! ¡Follame!

-¿Qué eres?

-¡Soy tu zorra! ¡Me estas haciendo putaaaaaaaaaa! ¡Me la estas metiendo! ¡Me tienes el culo y el coño abiertooooos!

-¡Venga puta mójate en mi polla!

Así fue, mas o menos, la edificante y culta conversación que mantuvimos mientras la follaba a cuatro patas y la abuela Concha destilaba zumo de coño que bajaba por su entrepierna como una cascada pringando mis pelotas.

Le saqué el Mr. Holmes del ojete y le metí la polla por el culo, le cedí el juguete y ella lo pasaba por su clítoris y lo introducía en su vagina, la montaba como a una yegua, clavándole bien la verga en su cola, sin piedad, Concha suplicaba:

-¡Parteme el culo! ¡Lléname de leche de polla!

La tenia cogida por las tetas, amasándolas, pellizcando sus pezones, y clavándola duro, ella acudía con su culo abierto bien dispuesta al encuentro de mi embestida, pujando para que entrara hasta las pelotas en cada empujón, la clavé profundo y me dejé ir. Podía sentir los espasmos de su esfínter ordeñándome, fue una corrida, abrupta, violenta, casi dolorosa, sumamente placentera, un polvazo de categoría, la abuela recibía toda mi corrida en sus entrañas con alborozo y alegría, desfallecida de placer se dejo caer sobre la cama y yo sobre ella, reposamos en esa posición hasta que mi polla volvió a la normalidad y salió del conducto que tan acogedoramente la alojaba.

Concha respiraba pausada, tranquila, plena, abrí sus nalgas y vi su ojete abierto con el diámetro de mi verga y rebosando la leche de mi corrida, Concha volvió en si:

-Me gusta la sensación de sentir como sale tu leche de mi culo.

Me levanté y llené las copas de cava, Concha, con sus bragas sucias, sin sujetador y con las medias rasgadas parecía una autentica vieja puta de burdel y creo que lo estaba gozando, algo que había permanecido dormido durante años había despertado, la señora y la puta se compenetraban a la perfección en el carácter de la abuela.

Concha se puso el vestido y salió a echarle un vistazo a sus nietos, al parecer todo estaba en orden volvió a los diez minutos, la pastilla ya había hecho efecto y yo estaba tumbado en la cama sobándome la polla, en perfecto estado de revista para una nueva batalla, Concha se despojó del vestido, se subió sobre mi y poniendo esa cara de puta que ya me resultaba familiar apunto mi polla entre los labios de su coño y se dejó caer empalándose entera, esta follada fue tranquila, por la posición, la abuela no estaba para ejercicios acrobáticos, yo manoseaba sus tetas, las chupaba, daba tirones a sus pezones mientras ella me cabalgaba haciendo círculos sobre mi polla, clavada entera, mi leche seca en su culo hizo que no fuera tan fácil introducirle de nuevo el vibrador, pero parece que el dolorcillo de la penetración la enardecía porque al momento la abuela estaba brincando sobre mi verga como una niñata, frotándose el clítoris mientras la clavaba y suplicando que le pellizcara y le retorciera los pezones, con el consolador incrustado en su ojete todito entero, como era delgada y a pesar de su altura su peso era soportable yo me arqueaba manteniéndola casi en el aire, ella cual hábil amazona evitaba descabalgarse dejándose caer y clavándose toda mi polla entera, le palmeaba las nalgas y le encantaba, mantenía su mirada desafiante para que la golpeara con mas fuerza, hasta que se dejo caer hacia delante, besándome, dándome toda su boca y su lengua y corriéndose sobre mi, sentí el chorro de jugo deslizarse por mis pelotas hasta el surco de mis nalgas.

Mi polla estaba en pie de guerra, Concha me descabalgó con la mirada extraviada, se quedó tumbada, yo de rodillas junto a ella le daba pollazos en la cara y en las tetas mientras le metía dos dedos en el coño y le hacia gancho estimulando la parte interna de su clítoris, usaba su boca como un coño, tomándola del pelo y marcándole el ritmo de la mamada.

-¡Ahora voy a alimentar a mi puta!

-Dame leche aghhhhh! –acertó a decir antes de que tomándola de la cabeza le metiera la polla hasta la garganta y le depositara toda mi corrida sin dejarla respirar siquiera, no solo no se quejó y no hizo aspavientos sino que cuando le saqué la polla de la boca mi leche se deslizaba por la comisura de sus labios que dibujaban una sonrisa de gusto y plenitud.

Eran casi las cuatro de la mañana, Concha se despidió de mi, sus nietos podían despertarse y buscarla, no sin prometerme una visita a primera hora.

Eran las siete y media de la mañana cuando Concha entró en la habitación cuya puerta yo había dejando entreabierta, me chupo la polla y me ofreció su culo para que la follara e irse a su querida Almeria con una ración de mi primera leche del día en su señorial esfínter.

A las diez de la mañana una abuela circunspecta metía la ultima maleta en el maletero de su todoterreno mientras los chicos hacían gestos de despedida con la mano detras del cristall, nos despedimos con un casto beso y la promesa de repetir en cuanto hubiera ocasión, discretamente y sin que nadie se diera cuanta me sobo las pelotas a mano llena mientras nos despedíamos con cortesía. Toda una señora la abuela y, además, un puton de categoría:

-Que sepas que no me he lavado y todavía tengo tu leche en mi culo y las bragas sucias.

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