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Cuando un hijo comienza a ver con otros ojos a su madre (3)

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Alfredo y Susana salieron con rumbo del centro comercial para buscar algo para la cena y tal vez alguna golosina como tantas otras veces lo habían hecho, sin embargo, aunque tenían que guardar las apariencias con el mundo exterior, en ésta ocasión más que madre e hijo se sentían como novios. Todo el trayecto fue de risas y bromas ligeras, al llegar al centro comercial hicieron sus compras como si nada extraordinario pasara, aunque aprovechaban si algún pasillo estaba libre para hacerse un pequeño coqueteo.

No era extraño verles de la mano o que Alfredo abrazara a su madre por el hombro, era una escena muy común para quienes les conocían, aunque en esta ocasión, aprovechando que comenzaba a caer la noche se animaron a darse un par de pequeños besos que sirvieron para retomar las cosas una vez llegaran a casa.

Ya dentro de casa Susana fue a dejar las compras a la cocina mientras que Alfredo se aseguró de que la puerta estuviera bien cerrada y las cortinas corridas. Una vez se encontraron ambos a mitad de la pequeña sala se fundieron en un gran beso lleno de pasión, Susana acariciaba la espalda de su hijo y aprovechaba en acariciar el firme trasero del muchacho, mientras que Alfredo un poco más desesperado buscaba acariciar el pecho de su madre.

Alfredo buscó el sofá y fueron a sentarse para continuar con la sesión de besos, los cuales únicamente bajaban en frecuencia para despojarse poco a poco de sus prendas hasta quedar ambos en ropa interior. La ropa interior de Susana no era sensual, era más bien ropa del diario que no hacía juego, la situación económica no daba para mucho pero eso no importaba para Alfredo, que veía a su madre como la mujer más bella y sensual del mundo.

Susana tomó la iniciativa y despojó a su hijo del bóxer negro que vestía dejándolo completamente desnudo con una erección casi completa, Alfredo hizo lo mismo y con torpeza le quitó a su madre el brasier y después la pantaleta, una vez más Alfredo pudo percibir ese aroma que hacía años reconocía de la ropa interior de su madre, lo cual instintivamente lo hizo dirigir su boca a la vagina de Susana, quien lo detuvo para invitarlo a recostarse completamente en el sofá diciendo:

—espera, yo también quiero!

Y acto seguido se recostó de forma contraria sobre el muchacho ofreciéndole sexo oral mutuo en posición de 69.

La escena no podía ser más sensual, madre e hijo haciendo un 69, solo podían escucharse gemidos ahogados y una respiración agitada. Llegado el momento ambos querían más, así que incorporándose en el sofá Susana quedó arriba del muchacho lista para cabalgar. Alfredo estaba sentado con la erección a tope, Susana tomó el miembro de su hijo y se sentó sobre él lentamente para llenarlo de sus jugos y lubricar ese duro pedazo de carne.

Los movimientos comenzaron lentos, y poco a poco fueron tomando ritmo y fuerza, por momentos era Susana quien tomaba a su hijo por la cabeza y lo besaba al tiempo que controlaba el ritmo de los sentones, por momentos era Alfredo quien se prendía de las caderas de su madre para imprimirle fuerza y profundidad a la penetración. Por el movimiento de ambos, poco a poco Alfredo fue recostándose en el sillón lo cual hacía que Susana expusiera más su trasero en la cabalgata, lo cual aprovechó el muchacho para acariciar las nalgas de su madre durante el sube y baja.

Susana advirtió que su hijo estaba a punto de terminar, ya que los apretones en sus nalgas eran más fuertes, además que la rigidez en el cuerpo del muchacho hacía evidente que en cualquier momento explotaría, así que apresuró el ritmo para darle más placer al muchacho quien en un movimiento un poco brusco salió de la vagina de su madre esparciendo su leche en el vientre de ambos. Susana limpio su vientre con su mano derecha asegurándose que recogía todo el semen y la llevó a su boca para devorarlo pícaramente, después besó el pecho del muchacho y recogió las gotas de leche en el vientre de su hijo con la lengua.

Ambos quedaron tendidos y abrazados por unos minutos hasta que el frío hizo que Susana reaccionara diciendo:

—Hace frío, no quería ponerme nada y estar así toda la noche pero no me quiero enfermar.

—Sí mamá ponte algo.

—Busco algo y voy a la cocina a lavar los trastes para la cena.

Alfredo vio a su madre desnuda caminar hacia su recámara y no a la de ella, lo cual le extrañó un poco pero recordó su encuentro horas antes después de bañarse y pensó que algo habría olvidado ahí, así que no le dio demasiada importancia. Mientras Alfredo descansaba en el sillón vio a su madre salir con una playera roja suya tipo polo, la diferencia en estatura hacía que esa playera luciera como una especie de minivestido, el escote era sensual porque Susana no abrochó ningún botón y el largo de la playera apenas cubría sus nalgas, la visión hizo que Alfredo se excitara nuevamente.

Tal y como dijo Susana, fue directo a la cocina a lavar platos, pero se aseguró que su hijo la viera pasar, cosa que además no era difícil porque el apartamento donde vivían no era muy pequeño. Susana puso los trastes en el fregadero y comenzó con su labor, Alfredo contemplaba a su madre desde el sofá y atraído como abeja a la miel fue donde su madre y la abrazó por atrás. Susana no detuvo su labor con los trastes, como Alfredo seguía desnudo pudo sentir la virilidad de su hijo pegada a su espalda baja.

Alfredo levantó el cabello de su madre y besó su nuca tiernamente, poco a poco los besos fueron de su nuca al cuello y de forma automática sus manos fueron a parar a los pechos de Susana que pese a traer la playera puesta estaban receptivos a todo tipo de caricias. Una mano de Alfredo pasó del pecho a la vagina de Susana, el muchacho sintió la lubricación de su madre quien no dejaba de lavar el mismo plato desde hacía ya tres minutos.

Susana estaba que chorreaba con la mano juguetona de su hijo en su entrepierna, en eso sintió que Alfredo se separó de ella, imaginando que el siguiente paso era ser penetrada en esa posición, soltó el plato, se afianzó al fregadero y abrió ligeramente las piernas esperando la primer estocada en cualquier momento. Pero cuál fue su sorpresa que en lugar de sentir la verga de Alfredo abriéndose paso entre sus nalgas sintió la respiración del muchacho, que aprovechando la posición y la abertura de las piernas de su madre hundió su cara entre las nalgas de Susana para comerse algunos de los jugos y comenzar a lamer afanosamente el ano de su madre.

Susana no podía creerlo, nunca le habían comido el culo y se sentía desfallecer, nunca en su vida había recibido tanto placer, en menos de un día había tenido no menos de una docena de orgasmos. Con dificultad para articular palabra, Susana interrumpió la tarea del muchacho diciendo:

—Ya métemela, carajo!

Alfredo, siempre obediente, se puso de pie, y dirigiendo su erecto mástil a la cavidad anal de su madre empujó fuerte, solo entró la punta, en un segundo intento ambos tomaron aire poco a poco la virilidad del muchacho fue perdiéndose entre las nalgas de su madre, quien dio un leve grito de dolor, después de todo apenas era su segunda experiencia anal.

La excitación de ambos se hizo presente, los movimientos pasaron de ser lentos a rápidos y acompasados, Susana trataba de no gritar, mientras que Alfredo no dejaba de embestir una y otra vez, emitiendo ligeros gruñidos. La escena era de lo más candente, sexo anal en la cocina, Susana apenas vestida con la playera polo, sus tetas rebotando ante las embestidas de un fogoso y poderoso joven.

Sin dar oportunidad a otra cosa, Alfredo se vino dentro de Susana, quien sintió uno a uno los chorros de semen caliente que llenaba su interior, la erección de Alfredo se mantuvo presente un poco de tiempo más así que no dejaba de embestir, por su parte Susana sentía como toda esa leche se movía dentro de ella. Cuando Alfredo salió de su madre, una parte del semen goteaba directamente al piso y otra parte escurría por la parte trasera de los muslos de Susana, quien aún agitada ordenó a su hijo:

—Ve a la sala, yo limpio el desorden.

Alfredo acató la orden de su madre un tanto apenado porque pensó que había hecho algo mal, Susana tomó un par de toallas de papel, con una limpio entre sus nalgas y sus piernas… con la otra limpió el semen en el piso y retomó su tarea con los trastes. Una vez acabó en la cocina fue al baño para tratar de expulsar todos los líquidos que sentía en su interior. Cuando salió del baño fue por una franela para cubrir el cuerpo de su hijo, y mientras lo cubría le dio un beso en la mejilla y agregó…

—Gracias por todo lo que me haces sentir.

—¿No estás enojada?

—No mi vida, para nada, me haces muy dichosa, ¿sabes?, estaba pensando en lo que me comentaste a medio día, que te masturbas pensando en mí, eso me agrada y me halaga como mujer, creo que has de tener muchas fantasías.

—Sí, algunas.

—Mientras hago la cena, quiero que vayas pensando cual podríamos hacer esta noche, solo nos quedan hoy y mañana para estar juntos. Tu padre está por volver.

—Ojalá que no regresara nunca.

—Pero lo hará, tenemos que hacernos a la idea.

—Ojala vinera solo para llevarse sus cosas y no volver, yo te voy a cuidar, nada te va a faltar ya lo verás.

—Eres todo un hombre mi vida.

Y dándole un beso en los labios, Susana se dirigió a la cocina a preparar la cena de esa noche.

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