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Alexa, una chica seria que resultó ser una pervertida (1)

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Hace algún tiempo decidí entrar a un portal de citas buscando mujeres de mi localidad, y después de algunos intentos fallidos me encontré con el perfil sin fotografía de Alexa, una chica de 30 años, separada, sin hijos, que estaba en busca de una pareja formal y que además según este sistema de citas se encontraba en un rango de 50 kilómetros de donde yo me encontraba. El hecho que Alexa estuviera en búsqueda de una relación formal me desanimó un poco, pero de cualquier manera le envié una solicitud de contacto.

Alexa respondió a mi solicitud, y estuvimos conversando un poco de todo, nada sexual ni tampoco nada romántico, al final ambos estábamos solo pasando el tiempo. Así transcurrió una semana hasta que le pregunté su ubicación exacta, ya que el sistema nos daba un radio de 50 km, y pues la curiosidad ya comenzaba a jugar su papel. Para sorpresa de ambos resultó que éramos casi vecinos, la distancia entre ambos era de un par de kilómetros solamente, lo cual nos agradó a ambos y comenzamos a planear vernos para tomarnos un café.

Comenzamos a proponer día y hora para vernos, acordamos hacerlo el siguiente sábado a las 4 de la tarde, pero donde no nos poníamos de acuerdo era en el lugar. Alexa me sorprendió diciendo…

—Si quieres ven a la casa, te invito un refresco.

—Suena bien, ¿mismo día y hora como habíamos quedado?

—Sí. Mándame un mensaje cuando estés afuera de la casa para bajar por ti.

—Ok. Ahí estaré.

Llegado el día acudía a la casa de Alexa, sinceramente no llevaba la expectativa de que ocurriera algo, después de todo estaría su familia y quizá si la química en persona era suficiente podría invitarla al cine, pero no creía que pudiera haber más que eso. Llegué al portón de la casa y mandé mensaje a Alexa, ella bajó por mí vestida en fachas, muy desalineada y sonriendo me dijo.

—Pensé que no vendrías, ni me arreglé.

—Pues si vine, aquí estoy.

—Ven pasa.

Entramos a la sala y todo estaba muy quieto, solo estaba la televisión a medio volumen, pensé que en cualquier momento alguien vendría donde nosotros pero al no suceder pregunté.

—¿Y tu familia?

—Vivo sola.

—Wow, vaya sorpresa.

Ambos reímos y Alexa fue a la cocina a servirme un refresco, instintivamente comencé a prestarle más atención a Alexa. Ella era una mujer de 30 años, de piel blanca, cabello castaño claro, su maquillaje desalineado no le favorecía mucho, era un poco gordita pero tenía todo en su lugar y llenaba muy bien los jeans que traía puestos.

Nos sentamos en la sala a tomar el refresco y a conversar un poco de todo, cuando lo terminamos Alexa tomó los vasos y los llevó a la cocina, de regreso a sentarse lo hizo muy cerca de mí, así que acaricié su cabello y me acerqué para besarla en los labios. De un beso siguió otro, y otro, y otro… acaricié el pecho de Alexa sobre su ropa a lo que ella no se opuso, y cuando sentí que ambos estábamos lo suficientemente cómodos acaricié sus muslos sobre sus jeans para poco a poco ir subiendo y frotar su entrepierna. Al sentir mi mano me detuvo y sonrojada me dijo.

—Espera, estoy en mis días.

Para no volver incómodo el momento regresé a los besos, al pecho, a su cuello, a sus orejas. Tomé una mano de Alexa y la llevé a mi entrepierna para que notara mi excitación, gustosa frotaba el área como reconociendo el tamaño de mi miembro, el cual es de un tamaño promedio. Desabroché mi pantalón para darle acceso libre a Alexa, quien no dudó en sacarme la verga para hacerme una pequeña paja, acaricié su cabello, su mejilla y ella entendió que le estaba sugiriendo que me diera sexo oral.

Alexa se bajó de sillón se puso de rodillas entre mis piernas y poco a poco se metió mi verga en su boca, en su cara se podía ver cierto temor y desconcierto, como pensando “¿qué diablos estoy haciendo?”, pero al mismo tiempo sus ojos estaban llenos de un deseo que le hacía seguir adelante.

Alexa comenzó a chupar, a lamer, a jugar con mis testículos, yo solo me dejaba hacer para no presionarla, después de todo era su casa y yo su invitado, lo menos que podía yo hacer era respetar sus límites.

Cuando sentí venirme se lo advertí, ella dejó de lamer y se apartó así que me vine sobre el piso, ella tomó un trapeador y limpió la evidencia. Nos sentamos nuevamente y conversamos un rato más. Ambos nos sentíamos a gusto, y convenimos en seguir en contacto.

El lunes siguiente nos buscamos con urgencia en el portal de citas para chatear por ahí, platicamos de lo sucedido en su casa y ambos nos pusimos muy calientes reviviéndolo y planeando un nuevo encuentro. Alexa me comentó que para el miércoles ya estaría en condiciones de pasarla bien, pero que tendríamos que esperar al jueves ya que los miércoles eran muy demandantes en la empresa donde trabajaba.

Los días se hicieron eternos, pero aprovechábamos el tiempo en sesiones de cibersexo a la vez que planeábamos nuestro encuentro. Alexa me comentó que su fantasía era estar desnuda en casa y que yo llegara y me la cogiera… comenzamos a fantasear en torno a ello hasta que llegó el jueves.

Salí de mi trabajo una hora antes para aprovechar lo más posible la tarde, Alexa también pediría permiso en su trabajo para poder coincidir. Llegué a la casa de Alexa, me estacioné a unos metros de su casa y me percaté que ella aún no había llegado, cinco minutos después llegó, abrió su cochera y metió su auto, se le notaba nerviosa y torpe, no era para menos, estábamos por hacer realidad su fantasía. Pasaron otros cinco minutos y recibí un mensaje en mi teléfono, “pasa, el portón está abierto y la entrada a la casa tampoco tiene seguro”.

Salí de mi auto, y efectivamente el portón estaba abierto, así que entré y lo cerré, yo me sentía nervioso y caliente, no podía pensar en otra cosa que en cogerme a Alexa. Entré a la casa y cerré la puerta con seguro, todo estaba en penumbras, tardé un poco en acostumbrarme a la oscuridad, hasta que noté la silueta de Alexa acostada en el sofá de la sala. Ella no decía nada, solo estaba a la espera.

Me acerqué al sofá y me puse de rodillas… con una de mis manos recorrí lentamente el cuerpo de Alexa desde sus tobillos hasta su rostro, pude comprobar que estaba totalmente desnuda. Me puse de pie, desabroché mi pantalón y lo dejé caer, bajé mi bóxer hasta los tobillos, mi erección estaba a tope, Alexa se giró un poco y así recostada sin usar sus manos buscaba mi palo erecto con su cara hasta que con sus labios lo atrapó y comenzó a chuparlo. Yo me movía lentamente a forma de follarla por la boca pero sin ahogarla ni ser brusco con ella.

Alexa se sentó en el sofá y yo me puse de rodillas frente a ella, nos dimos un gran beso apasionado, su lengua era juguetona, su saliva era tibia y sabía a líquido preseminal, era un sabor que no me desagradaba, después de todo era mi líquido. En esa posición Alexa me ayudó a quitar la camisa, y después me ayudó con los zapatos, el pantalón y el bóxer. Ambos estábamos en el sofá completamente desnudos.

Nos pusimos de pie y buscamos nuevamente nuestras bocas, busqué el sexo de Alexa con una de mis manos, quería sentir que tan mojada estaba, al hacerlo ella comenzó a gemir, así que comencé a dedearla mientras la besaba. Los dos llegamos a un punto donde ya no nos bastaban esos juegos previos… queríamos más, así que la cargué y le pregunté:

—¿Dónde es tu habitación?

—Es la puerta del fondo.

Entramos a su recámara y la aventé sobre cama… ella abrió las puertas y extendió sus brazos invitándome a subirme en ella, así lo hice y levantándole un poco las caderas la penetré de un solo movimiento. Ahí estábamos los dos, en posición de misionero, casi en penumbras, ya que un poco de luz entraba por una de las cortinas de la habitación. La cama rechinaba al ritmo de nuestro movimiento, no dejábamos de besarnos y cuando lo hacíamos era para decir lo rico que lo estábamos pasando. Alexa tuvo su primer orgasmo y un par de minutos después me vine a chorros en su vientre. Tomó algo que me pareció una blusa y se limpió, nos tendimos en la cama y nos abrazamos para descansar. Entrelazamos nuestras piernas y acomodó su cabeza en mi pecho.

—Me encantas!... dijo Alexa en medio de un suspiro.

—Y tú a mí. Eres fabulosa!

—¿Te tienes que ir pronto?

—¿Ya quieres que me vaya?

—No, al contrario, por mi te puedes quedar a dormir.

—Tanto así no puedo pero definitivamente aún nos falta mucho por hacer.

Con mucha urgencia Alexa me beso los labios, me chupó un pezón, luego el otro, comenzó a morderlos, bajó besándome centímetro a centímetro hasta que tenía su cara en mi entrepierna, sus besos en mis testículos me prendieron y volvía recuperar la erección. Alexa comenzó a lengüetear la base de mi palo, y antes de que se lo metiera en su boca nuevamente tome mi verga con la mano y empecé a darle golpes con ella en sus mejillas y en su frente, no eran golpes fuertes, sin embargo Alexa puso una cara de sorpresa, pensé que se había enfadado, pero no se quitaba, así que continué con mi tarea de darle vergazos en su rostro.

Me incorporé a la mitad de la cama y la tome por las caderas invitándola ponerse en cuatro, era momento de cogérmela de perrito… me puse atrás de ella y pase mi verga entre su sexo sin penetrarla, quería mojarme de ella antes de embestir, le metí la verga de un solo golpe, casi se va de frente pero pude aguantarla, comencé el mete y saca hasta el fondo, con una mano tomó una almohada y la puso en su cara para ahogar los gritos, en un momento aproveché la posición para escupirle el ano y meterle el dedo índice, luego cambié al pulgar, y luego eran dos dedos. Saqué mi verga de la vagina de Alexa y apunté al ano, ella no hizo nada por impedirlo, al contrario me exigió se la metiera por ahí, así que la penetré poco a poco, su ano se resistía un poco pero terminamos cogiendo un buen rato por su cavidad anal, hasta que la llené de leche.

Nos quedamos tendidos boca abajo, Alexa sobre la cama y yo sobre Alexa hasta que mi erección bajó y mi verga salió de su culito. En ese momento se giró un poco y me dijo que iría al baño a limpiarse para no manchar la cama.

Regresó y nos metimos bajo las sábanas, semi húmedas por el sudor, y mirándome pícaramente Alexa me dijo:

—Cuando me diste golpes con tu verga en la cara, me sorprendí.

—¿Eso es bueno o malo?

—Primero no sabía, me sentí rara, pero sentir esos golpecitos me hizo sentir como una perra, imagine que éramos un par de perros hambrientos de sexo.

—Pues lo somos.

—Nunca me había sentido una perra, siempre quise sentirme así, pero mi ex esposo como que no gustaba de esas cosas, decía que eso era de putas.

—Ser una perra o una puta en la cama no significa que lo seas fuera de ella.

—Quiero ser tu perra! Quiero ser tu puta! Quiero ser la mejor ramera de todas!

Ambos nos reímos con complicidad, era un trato, una confirmación, una declaración. Alexa continuó diciendo:

—La próxima nos vamos a un motel. Tenía ganas de gritar cuando me cogías de perrito, pero no puedo gritar aquí por los vecinos.

Nos besamos, nos manoseamos con más deseo, con más lujuria, yo apretaba sus nalgas, la nalgueaba, mordía sus pezones, me sentía con la libertad de hacer lo que quisiera con mi nueva amante.

Entre los movimientos quedé boca arriba en la cama y Alexa arriba de mi, me miró fijamente y me dijo.

—¿Me puedo subir?

—Tú me puedes coger como te dé la gana.

Sin más preámbulo se sentó en mi pelvis y tomó mi verga para apuntar a la entrada de su vagina, por la lubricación de Alexa y por lo abierta de los dos palos previos no se dificultó mucho la entrada. Alexa se movía, brincaba, hacía círculos con su cadera, yo simplemente la dejaba hacer lo que quisiera, era su turno de cogerme, yo me deleitaba masajeándole sus pechos que se movían al ritmo de sus sentones. De repente Alexa dejó de brincotear, apretó las nalgas y no dejaba de repetir… “que rico papito… que rico papito… que rico papito”.

Cuando aflojó el cuerpo la acosté en la cama, yo no me quería quedar a medias así que puse sus pantorillas en mis hombros y puse una almohada bajo sus caderas para penetrarla lo más profundo posible hasta venirme. Cuando sentí que pronto acabaría comencé a moverme con más fuerza, tapé su boca para que no gritara y la penetré duro hasta que me vine por tercera vez.

Nos quedamos un rato en la cama, Alexa me invitó a bañarme pero le dije que no podía, que tenía que irme, así que me vestí, Alexa estuvo desnuda todo el tiempo, de hecho me acompañó hasta la puerta totalmente desnuda y nos despedimos con un gran beso.

Ambos sabíamos que esto era solo el principio y que nos esperaban más encuentros.

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