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Mi mujer y su amigo, más que solo saludos

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El sentir que mi mujer es deseada es una de las situaciones que más me han dado sentimientos encontrados. Por un lado, me genera automáticamente una erección pensar que hay otro hombre deseando a mi mujer, sobre todo si se ha masturbado pensando en ella. Sin embargo, existe el celo tradicional por pensar que ese deseo puede ser tan correspondido que la termine perdiendo. Pese a todo esto, fue un día de verano hace un par de años cuando Ignacia todavía estaba en la Universidad que pude testificar lo mucho que me gusta que deseen a mi mujer.

Era un día de verano, muy caluroso y yo tenía el día libre, en ese tiempo yo todavía no trabajaba y estaba en la universidad por lo que me fui a casa de Ignacia (vivíamos todavía separados) pero ella no estaba, seguía en la universidad. La llamé y me comentó sobre una llave escondida para poder entrar, “espérame en mi casa, yo llego más tarde”. Por supuesto iba a aprovechar de descansar y esperarla tranquilamente en su cama.

Ya tendido en su cama me percaté de que su computador estaba abierto y preferí ver una película mientras la esperaba. Al abrirlo me dí cuenta de que tenía Skype abierto y tenía un mensaje pendiente de leer, no tuve que buscar mucho porque fue lo último que quedó abierto y me llevé una sorpresa increíble. Tenía una conversación con Julio (un ex novio) bastante acalorada. Él partía comentándole lo hermosa que estaba y lo linda que se veía en sus fotos, que había pensado mucho en ella y que extrañaba verla a lo que Ignacia respondió con una foto en su nuevo traje de baño que aumentó mucho el calor y tono de la conversación. Ella le escribía: “hace tiempo que vengo pensando en el tiempo que pasamos juntos, me encantaba como me tocabas, me encantaba tomar tu pene y frotarlo suavemente con mi lengua, sé que te volvía loco”. Esto generó en mí una erección inmediata, a pesar de que me sentía un poco traicionado, me encantaba leer sus deseos y que eran bien correspondidos por julio. Luego de un par de conversaciones, Julio le envío una foto de su miembro:

Mira como estoy ahora, tocándome para ti

Como deseo tu pene dentro de mí

La conversación cada vez se puso más interesante:

- No te imaginas lo mojada que me tienes, mis manos están empezando deslizarse…

- Hazlo, piensa en cómo te tocaba.

- Me encantaba como lo hacías, es inevitable, me estoy tocando. Pienso en como tu pene estaría en mi boca, comiéndote entero.

Inevitablemente la conversación ya me tenía a 1000, tuve que acompañarlos como si estuviera ahí. Me bajé los pantalones y tomé mi pene totalmente duro y empecé a frotarlo a medida de cómo iba avanzando la conversación.

- Mira lo mojada que estoy, no me he sacado el bikini que te gusto, te gustaría venirte dentro mío?

- Si, por favor muéstrame cómo estás, quiero terminar adentro tuyo, quiero penetrarte completa.

Ignacia le manda una foto de sus labios completamente mojados, con su traje de baño hacia un lado, tocándose el clítoris. Podía imaginar cómo Ignacia se tocaba, lo mojada que estaba y eso me volvía loco.

- Ya estoy terminando Julio, métemelo.

- Todo para ti, todo mi leche para ti.

Terminé con ellos, fue inevitable. No me podía guardar la excitación y a su vez un toque de amargura por saber que mi mujer deseaba a alguien más. Ese día lo conversamos y discutimos, no tuve la madurez de decirle que la verdad me había gustado y que ella se merecía ser adorada y deseada.

Hoy lo recuerdo en mis sueños y espero encontrar otra conversación de ella con Julio.

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