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La vida de Sandra (Cap. 5)

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Las nuevas esclavas novatas continuaron en pose de adoración por varios minutos besando y lamiendo los pies de Sandra ya que debían estar entrenadas en pocos días y así poder servir a su Alteza. Una vez que Sandra se aburrió de ver a esas inútiles besando y lamiendo los pies dio la orden de detenerse, las novatas agradecieron en lo tener que seguir lamiendo los pies ya que ya se les había secado la lengua por tanto estar lamiendo.

Les fue ordenó arrodillarse apoyadas en sus talones, manos a la espalda y la cabeza apuntando al piso a lo cual las novatas por temor a ser maltratadas obedecieron apenas se les dio la instrucción. Una vez adoptada tal postura Sandra dijo:

A partir de este momento cada vez que yo les llame lo primero que harán será adoptar la postura de adoración, me saludaran besándome los pies y se mantendrán en silencio mientras no se les permita hablar mucho menos respirar y se dirigirán a mi como “SEÑORA” si es que no desean ser castigadas seriamente ¿ha quedado claro? Las temerosas novatas solo se atrevieron a responder SÍ SEÑORA.

Lo primero que se les ordenó fue que una de ellas adoptara la pose de descansa pies y a la otra inútil se le ordeno traer un refresco con hielo teniendo como límite para su regreso y dárselo solo 2 minutos. Cada una de las nuevas esclavas tuvo que acatar y cumplir la orden inmediatamente para evitar ser castigadas de maneras inimaginables para ellas pero que con el paso del tiempo tendrían que aceptar como parte primordial de su nueva forma de vivir.

Pasaron algunas horas y ya las esclavas habían cumplido cabalmente varias tareas bastante humillantes bastante humillantes en ese momento para ellas como lo fueron en su tiempo para Sandra, pero que después de unos días empezarían a acostumbrarse. Lo primero que tuvieron que realizar después de haber lamido los pies servir de mesera y de abanico humano entre otras tareas fue asignarles nombre adecuado a sus nuevas obligaciones así como también se les entregó y ajustó su nuevo collar advirtiéndoles que era collar era de castigo mientras que aprendían a obedecer cada una de las instrucciones recibidas y que su desobediencia el collar se las haría sufrir en caso de rebeldía, también se les aclaró que una vez entrenadas se les daría su collar oficial el cual sería permanente teniéndole que usar las 24 horas del día.

Una vez ajustado el nuevo collar se les dijo que su horario de trabajo empezaba a las 5 de la mañana con una duración de 16 horas que comprendería el servicio tanto en la oficina al igual que el servicio doméstico a los pies de su nueva Dueña. Sandra su nueva entrenadora se dio a la tarea de ordenarles se desnudaran, orden que las nuevas perras al principio se negaron a cumplir ya que su pudor no se los permitía, sin embargo su collar les recordó que no tenían otra opción más que la de obedecer ya que el collar se activaba al detectar una ligera alteración del ritmo cardiaco y no cesaba mientras que la víctima no se relajaba.

Habiendo sentido las perras como su nuevo adorno del cuello no les permitía más que obedecer no les quedó más remedio que desnudarse teniendo que dejar a un lado su pudor el cual hasta ese día les había acompañado toda su vida. Una vez encueradas o dicho con mayor elegancia usando el uniforme sumiso Sandra dispuso que debían ponerse a realizar el aseo de toda la casa, situación que las perras no pudieron rechazar ya que habían experimentado que cualquier reacción de enojo generaba una alteración cardiaca y por ende recibir un recordatorio.

Sandra hizo llamar a las criadas domésticas para avisarles que las nuevas perras les ayudarían ese día en la limpieza del reino. Las esclavas veteranas dijeron a sus nuevas compañeras que les siguieran para darles los utensilios requeridos para las tareas que debían cumplir. Sandra ordenó detenerse a todas ya que se le había olvidado explicar a las nuevas perras que su hora de comer era una vez al día y que esta era únicamente hasta terminar todas sus obligaciones y habiéndolas evaluado que fueran hechas bien y como el horario era de 16 horas era más que entendido que su hora de comer era solo de noche.

Una vez que Sandra dejó en claro la hora de poder comer a las perras se les permitió dirigirse a cumplir con sus nuevas obligaciones. Se les entregaron escobas pero únicamente el puro cepillo al igual que solo la jerga para poder trapear todo el piso del reino, ellas preguntaron porque solo les había entregado solo la jerga y el cepillo sin el palo que acompaña al cepillo de escoba y a la jerga, las esclavas veteranas les dijeron que solo se les entregó el cepillo y demás utensilio sin el complemento ya que la limpieza ahí siempre se hace estando de cuatro patas a excepción de cuando se debe preparar la comida del Ama y que fuera de esa tarea todas las demás obligaciones eran arrodilladas incluso si el Ama deseaba debían sacar brillo con la lengua al calzado de su Alteza.

Las novatas no podían creer y mucho menos entender como su entrenadora así como las otras esclavas aceptaban y se habían resignado a semejante maltrato y ser forzadas a ese estilo de vida. Sus compañeras esclavas les explicaron que en algunos casos eran forzadas a servir al Ama, pero que en otros casos no podían hacer nada por evitarlo ya que el ser esclavas era parte de su carácter al solo saber servir desde pequeñas y ya estaban acostumbradas y que por lo mismo no sabían hacer otra cosa más que servir a los demás durante toda su vida.

Lo que si entendieron las novatas es que en esos momentos ellas no tenían escapatoria de ese infierno al cual habían sido llevadas sin preguntarles si lo querían o no, simplemente se les obligó a ser esclavas y obviamente ellas su única opción para no sentir dolor era simplemente obedecer en el momento indicado y con el tiempo estipulado ya que si superaban dicho plazo el collar les recordaba que habían incumplido el tiempo estipulado y no se detenía hasta llegar ante la presencia del Ama en su momento.

Al llegar la tarde llegaba el Ama y Dueña de aquel reinado para comer, situación en la que todas las perras sabían a qué hora permanecer arrodilladas esperando a que se abriera la puerta apareciendo su distinguida y poderosa Alteza y así darle la bienvenida besándole los pies cada esclava. Una vez terminado el recibimiento de su magnificencia se dirigió hasta su trono donde pocos minutos después se presentó ante ella su esclava personal, la cual beso con suma devoción las zapatillas de la Dueña de su vida. Mientras Sandra le adoraba los pies a su Dueña se le preguntó ¿perrita cómo van las nuevas reclutas en su entrenamiento?

Sandra respondió respetuosamente “van muy bien Majestad ya les hice besarme los pies acostumbrándolas a besar los suyos en cada momento que usted lo disponga, ya limpiaron el piso a cuatro patas, las desnude y les puse su collar tal y como usted había dispuesto”

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