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¡Qué noche de placer!

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Este sábado pasado con Silvina fuimos a Santa Fe, a un bar en Boulevard Gálvez. Ella vestía un vestido ajustado a su cuerpo, bien minifalda y hermoso escote, con sandalias de tacón negras. Me senté en una mesa a beber una cerveza y ella se situó en la barra. No tardó un hombre de muy buena presencia en acercársele a dialogar. Ella, muy sonriente entabló plática con ese galán de pelo oscuro, muy bien vestido deportivamente. Demás está decir que la conversación debe haberse derivado a una conquista bien recibida. Bebieron un par de tragos y se dispusieron a retirarse. Silvina le comentó algo y me miraron. Estaba programado lo que mi mujer le contaría a su reciente enganche. Me señalaron algo y salieron. Yo salí detrás. El departamento del hombre, que después sabría se llamaba Pablo, estaba a menos de una cuadra, por calle Balcarce. Vi que en el camino Pablo llamaba por su celular. Llegaron a la puerta del edificio y me esperaron. Allí, Silvina nos presentó y entramos. MI mujer le había relatado a su nuevo hombre que yo, por una intervención quirúrgica era totalmente impotente y que había derivado a la homosexualidad.

Entramos, la parejita, delante de mí comenzó un gran espectáculo mientras se desnudaban. En ese momento sonó la llamada y entró un joven de una presencia espectacular. Pablo le dijo: - Hola Enrique, ese pollito es el tuyo, Silvina es para mí.

Yo fijé mi posición: - Hazme todo lo que desees pero besos en la boca me dan asco...

Nos desnudamos, lo acosté al borde de la cama hincado a su lado comencé a lamerle, mamarle todo su sexo. Lamía sus bolas, subí por esa vena que los penes tienen en su parte inferior, a todo lo largo, llegaba a su hermoso glande y después de lamerlo, golpear con mi lengua esa riendita que une el glande con el tronco, volvía a bajar disfrutando ese miembro que estaba hermosamente circuncidado. El glande era grande, bien formado, con sus bordes con un vuelo su alrededor, mucho más grande que su grueso tronco. Lamí y lamí, levanté sus caderas y seguí lamiendo su periné, hasta llegar al agujerito dorado de mí en ese momento macho. Mi lengua jugaba en su agujerito, volví a la verga se me esmeré en masturbarlo y mamar ese tronco hasta que con un quejido:

- Estoy por acabar!

Me metí esa cabeza en la boca y gocé recibiendo una catarata de semen, caliente, espeso, sabroso que devoré de inmediato.

Comencé a jugar con mi lengua en su pecho con bastante vello varonil, chupaba sus tetillas, le acariciaba la espalda. Lo di vuelta y comencé a besarle y chuparle sus nalgas peludas, le abrí las nalgas y comencé una bárbara lamida de culo. Mojé con saliva mi dedo mayor de la mano derecha y comencé jugar en su agujerito. Enrique jadeaba, después de rozar la yema de mi dedo en su ano comencé a meter ese dedo en ese hermoso agujero. Demás está decir que mi verga estaba parada a mil. Me di vuelta y le ofrecí todo mi trasero. Me abrió desmesuradamente mis nalgas y acercándome ese hermoso y falo me lo fue introduciendo en mi culo. No fue en forma violenta pero si sin detenerse hasta que llegó hasta que sus pelos me frotaban la puerta, sus bolas se pegaban a mi periné. Mayor era mi gozo porque a mi lado, Silvina gemía y rogaba:

- Qué hermosa pija tienes!! Cógeme fuerte!! Lléname la concha de leche!!! Préñame!! Rómpeme el ojete!! Teneme de puta tuya!

Se imaginan, tener la tripa estirada por esa vergota y oír a tu mujer con es palabras? Estaba en el paraíso.

Era tal mi calentura que eyaculé sin tocarme y sentí que con un ruido que no se si era un gruñido, un bufido o un alarido, Enrique me llenó el culo de leche.

Se le fue achicando y me la sacó. Mamé esa esplendorosa verga, tenía sabores mezclado, a semen, a mis jugos y un pequeño gustito a... (a culo, me entienden?) que me enloqueció. Comenzamos a acariciarnos como en un dulce idilio, besé todo su cuerpo, sus muslos, su vientre, su pecho, sus transpiradas axilas. No sé cuál de los dos estaba más cliente. Enrique me pidió:

- Métemela bien hondo.

Abrí sus nalgas y le enterré mi verga en su hambriento culo.

En realidad no tardé mucho en acabar dentro de su tripa.

En eso se acerca Pablo: - Enrique, cógetela a Silvina, esté riquísima y es una puta calentona.

Pablo me hizo abrir la boca y me metió su verga toda encastrada de su semen, de los jugos de mi mujer y qué se yo más. Estaba deliciosa.

Después que Enrique llenó de semen a Silvina, nos vestimos y nos fuimos al coche, los dejamos acostados uno lado del otro y desnudos.

Como intercambios teléfonos nos juntaremos en dos o tres semanas.

Cuando llegamos a casa cogimos con Silvina, no hay otra cosa que me caliente más que cogerla con su concha llena de leche ajena

El lunes le comenté Silvia que sentía un exquisito dolor sordo y excitante en el interior de mi vientre.

Ella sólo sentía una molestia interna sin llegar a ser ese dolor.

Llama por teléfono un médico que integra nuestro grupo de orgías, junto su mujer. Me explico que entre el recto y el colon hay una válvula que fue forzada y que en unos días se iría ese dolor. Rio y me dijo ahora no te salvas de nuestras vergas, jaja.

Estoy esperando que llegue un nuevo encuentro par que me produzca el mismo dolorcito.

 

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