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Un profesor sigue aprendiendo fuera del instituto

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Bueno, empezaré pronto a contar mi historia, esta vez acerca de un chico bastante atractivo... y qué curioso que la historia..., bueno, que al principio era su historia nada más.

Bien, me presentaré como un joven de 25 años, alto, musculoso y profesor de gimnasia. En lo físico soy todo un deportista, y en personalidad gano en extroversión y dinamismo. Vamos, que me gusta la juerga y el bailoteo, por ejemplo.

Me llamo Ángel y estoy viviendo en Albacete durante 1 año nada más, como sustituto en clases de Educación física por dos años en un instituto. Vivo en un pisito compartido con Ramón, que vino conmigo para compartir el piso, y trabaja en el mismo centro que yo como profesor de Economía, aunque el chaval, de 25 años más o menos, como yo, también juega en el equipo de baloncesto. A mí me sorprende como compagina su tarea de económicas con el deporte, pero eso me gusta.

Como decía, esta historia la empezó él. Y os diré a todos vosotros cómo.

Bien, era un viernes por la noche, al fin, y me fui yo con unos amigos y amigas de bares (éramos profesores todos, pero no veáis como nos lo pasamos, y yo más aún con Irene... mmmm, la profe de inglés). Ramón no vino, porque le dolía la cabeza y quería estar tranquilo. Pues vaya con Ramón...

Volví demasiado pronto ese día, a la una de la mañana, y cuando entré en el apartamento, a oscuras todo, pensé que Ramón se habría ido a dormir, cuando en nuestro cuarto, el cual compartimos a pesar de poder tener dos, oí jadeos y gemidos.

"Je je, vaya con el chavalote, ha pillado y no me quería dejar compartir..." –eso fue lo que pensé, y más cuando desde el sofá en el que me acosté oí el clímax de una actividad que me excitó tanto, que se me puso incluso dura...

La pareja de mi amigo debió salir a hurtadillas, pues no me enteré en toda la noche de nada más desde que me dormí. Pero claro, a la mañana siguiente, cuando Ramón fue a comprar a eso del mediodía, entré a la habitación y tuvo el fallo de no recoger la ropa interior de su amante... unos bonitos calzoncillos slips azules. Y tuve la certeza de que no eran suyos, pues conocía su cajón de la ropa interior. A partir de ahí saqué conclusiones...

Tengo que reconocer que soy un poco "malo", porque la idea que se me ocurrió era bastante cruel, al menos en principio, pero me pareció morbosa, incluso (tengo que admitirlo) me excitó en parte...

Cuando volvió Ramón, yo me acababa de duchar, y salí a abrir la puerta en bata tan solo, hasta ahí normal. Ramón ni se inmutó, pues nos habíamos visto en ropa interior, incluso desnudos más de una vez, éramos hombres, qué habría de malo, ¿verdad, pensáis eso?

Comimos, yo todavía en bata, y entonces, pensando en lo que iba a hacer, empecé a fijarme más en Ramón... tenía mucho pelo en los brazos, incluso la barba le crecía muy rápido. Era moreno, de espalda ancha, y me pregunté si se depilaría como yo para lucir más sus músculos. He de decir que yo, rubio, ojos azules, soy bastante presumido en ese sentido. Pero no soy como los típicos machacas del gimnasio que son todo músculo y que tienen que llevar una vida muy estricta con sus dietas y ejercicios... yo prefiero mantenerme en forma y hacer deportes variados, simplemente, como Ramón.

En la comida, observándole, le pregunté que qué tal anoche, que me pareció que estaba con alguien:

-Venga, di la verdad, mamón –y nos reímos, yo insinuante y él intentando disimular su falsa modestia.

-Bueno, sí, estuve con alguien. ¿Nos oíste? –preguntó con un poco de preocupación.

-Sí, bueno, no oí lo que decíais y qué hacías –a lo que le di un puñetazo de broma, entre tíos-, pero pillaste, ¿verdad? Que suerte tienes, mamarracho, si yo pudiera, pero la cosa últimamente está chunga... ¿Era guapa? ¿Estáis saliendo?

-Era muy... era fabulosa. Sí, no te lo ocultaré, estaba de muerte. Y, perdona mucho si ocupé la habitación, en serio...

-Hoy por ti, mañana por mí –le dije, y nos reímos-. Ahora no estamos en el instituto, y te hablo de macho a macho, ¿sabes? Algún día me la presentas y hacemos un trío, chaval... ¡Eh! Era broma tío. Tienes mucha suerte, tranquilo que no te la voy a robar...

Me explicó algunos detalles más, y cada vez estaba más seguro de que Ramón, el Ramón con el que compartía piso casi 9 meses, había estado con un hombre.

Después de comer, fregamos y nos fuimos a ver la tele, y ahí comencé mis investigaciones, mi plan. Me recosté en el sillón y me abrí de piernas, pues quería ver si Ramón se fijaba en mí como compañero o con mirada... con mirada con algo más que inocente entre compañeros. Era mi amigo, un tía majísimo, y si me daba cuenta de que era homosexual, no pasaría nada, simplemente me picaba la curiosidad y el morbo, todo hay que decirlo.

La peli era bastante mala, y cada vez me recostaba más.

-Hace un calor de muerte –dije yo-. Uffff, y qué sueño me está entrando...

De vez en cuando miraba a Ramón. Parecía no fijarse para nada en mí.

Pero yo me recosté, y esta vez sin quererlo, los faldones de la bata de baño con la que iba todo el rato dejaron al descubierto parte de mi entrepierna, y entonces pude apreciar como Ramón se ponía tenso, y evitaba las miradas hacia mí...

Pero yo, que soy un tío muy liberal, cogí y sin pensármelo dos veces me levanté y le dije:

-Tío, espero que no te importe, pero hace tanto calor que me voy a poner en pelotas- a lo que me quité la bata y dejé al descubierto mi pelambrera, mi verga y todo mi cuerpo. Entonces me recosté con las piernas abiertas, de par en par, como invitando a que se airearan mis zonas genitales, y por el atrevimiento me reí yo mismo.

No me volví hacia Ramón, pero supe que lo había puesto en un aprieto.

-Pero macho, ¿qué haces? –me preguntó riendo-

-Ya te he dicho que tengo calor.

-Ala, que fresco, mira que bien...

Me puse un cojín que me tapaba el rabo, porque me pareció un poco excesivo. ¿Y si no era gay? ¿Qué le parecería que era yo despelotándome frente a su cara?

Pero el siguió mi ejemplo y se quedó en calzoncillos y con calcetines tan solo, a lo que yo le dije:

-Claro, tío, fresco, que ya es junio y hace calor. Si no pasa nada, ¿o sí?

Pero mi amigo se había embalado. No tenía ninguna erección, pero yo sabía que lo ocultaba, que le ponía, y cada vez me daba más morbo, y me impulsaba a atreverme. En un momento dado me levanté, como para desperezarme y desentumecerme, y me desperecé enfrente de él, descaradamente, a lo que se rió y me dijo que apartara mi culo, que era un exhibicionista muy atractivo, pero que no le dejaba ver la película que estaba acabando. Yo, que estaba frente a él todavía enseñándole la raja de mi culo contorneado y riéndole la broma, pensé que iba de coña, una broma entre tíos, y cuando volví al sillón pensando que me había equivocado con él y que había metido la pata, me di cuenta de que yo, yo, tenía una semierección, la tenía morcillona, y también Ramón, que se puso otro cojín encima de su paquete...

Y entonces se lanzó mi amigo. Fue a la habitación y trajo algo, y cuando me enseñó qué era me di cuenta de que era una peli.

-Oye, Ramoncín, no estarás salido por lo de anoche todavía que querrás ganas de juerga para la manita, ¿verdad? Yo no tengo ganas de irme que estoy viendo la tele, espérate a esta noche, tío, y haces lo que quieras, ¿no?

Pero Ramón se rió.

-No hace falta que te vayas, ¿es que nunca has visto ninguna peli con un amigo?

-Hombre, pues... sí, tío, todos lo hemos hecho, pero estamos un poco mayores para eso.

Pero metió la peli en el video y antes de darle al play me dijo:

-Venga, no te hagas de rogar que más de una vez me la has cogido, ¿o no?

Yo le sonreí. Claro que se la había cogido varias veces, igual que alguna revista guarra, pero siempre en solitario. Y esas películas eran para hacer... cosas, para disfrutar en solitario, ¿verdad?

-No en solitario siempre, Ángel, que pareces un poco reprimido.

-¿Yo reprimido? –y, con la basta puesta ya, me levanté y le propiné dos puñetazos de broma, a lo que nos reímos-. Venga, pon la sesión de hoy. ¿Cómo se titula, guarro?

-Los tarzanes de la selva.

-Oh, esa es fuerte, y te la has comprado nueva, "reprimido"...

-Venga, que empieza. A ver si te gusta –y me miró de forma extraña.

Ya lo entendí cuando vi la cinta. Era una peli homo, una peli gay.

Me quedé pillado. No supe qué decirle. Quizás se había dado cuenta de lo que pretendía y ahora me quería gastar una broma.

Pasaron dos momentos de "acción", y yo ya estaba caliente, y Ramón también, juntos en el sofá, admirando los modelos que en la pantalla disfrutaban del sexo oral y de posturas y jadeos cada vez más fuertes, musculosos y... guapos. Sí, quería quitarme la bata de nuevo y hacerme una paja, decirle que había sido una broma. Pero los dos estábamos inmóviles, sin apartar la vista de la pantalla. Hasta que Ramón, de forma muy, muy natural, dijo:

-Ostia, tío, ¿no te pone? –hablando más para sí que para mí, pero viendo a ver qué hacía yo-. Pues yo tengo que hacer algo...

Y sin mediar palabra más, sacó de entre sus boxer su instrumento, el cual miré empalmado, velludo, con el glande rojo, parecido al mío aunque más grueso y más corto, de unos 16 cm... ¿qué podía hacer yo? Ramón estaba tocándose su pene, excitado, viendo ambos una peli gay... pero es que yo ¡me excité muchísimo! Noté cómo se me mojaba la punta de mi polla, que me dolía de lo dura que la tenía, era un momento muy impactante... Y estaba con mi amigo, ¿qué había de malo? Así que yo, para no ser menos, quité el cojín que impedía entrever el bulto. Pero a partir de ahí, me sentí como un novato, y dejé que me llevara y me guiara Ramón.

-Mira, mira el cabrón de la tele, qué bueno está... –y al decir eso, Ramón me miró, porque se la había jugado: había confesado su homosexualidad claramente ante mí y quería ver mi reacción.

No pudo ser mejor:

-Hombre, pues yo estoy igual de bueno. Lo suyo son efectos visuales, el aceite, el agua... Mis músculos son auténticos. Es como en el gimnasio, lo mismo...

Y Ramón me tocó mis pectorales, sonriendo y alegre. Su mano estaba húmeda, seguramente de líquidos preseminales. Ahora sabía que yo guardaría el secreto, y lo más importante, que podíamos jugar un rato juntos... Por eso muy suave y rápidamente dejó al descubierto mi pene de 17 cm más o menos de carne dura y morena, para ver mis huevos pesados depilados y oscuros.

-Ángel, ¿cómo os depiláis los hombres como tú? Con lo sexis que estaríais con pelo en los huevos... Voy a tener que ir a tu gimnasio. Seguro que hay más de un maromo que no te has dado cuenta que te mira de reojo... Con lo bueno que estás, y lo simpático que eres.

No supe que decir y sonreí, admirando mi pene y el de mi amigo, y con los gemidos de placer de la tele de fondo... los latidos se notaban en mi polla empalmada. Estaba como una piedra. Y cuando estoy así de salido, me gusta decir cosas guarras y directas, a la vez que me lanzó sobre una chica, pero aquella vez era diferente.

-Venga, démonos una paja, Angelito, vamos...

y se quedó impresionado por la dureza de mi nabo.

-¡Ostia Ángel! –y sonrió con júbilo- Voy a disfrutar de este pedazo de carne... ¡Joder, cuesta bajar la piel! Va a ser como restregar una piedra...

Yo sonreí, y miré ya desde entonces y en adelante a mi amigo con media sonrisa de "machoman" y dejándole hacer, con las manos inmóviles, todo mi cuerpo relajado y disfrutando. Siempre he querido verme en un espejo cuando pongo esa mirada, porque debe ser de macho duro. Las tías decían que me quedaría muy bien un pendiente, por eso desde hace unos meses me puse uno. Soy un poco creído, qué le voy a hacer...

Ramón, era experto, ¡vaya que sí! Y cuando estuve al borde de echar chorros de semen, paró y me dijo que siguiese yo.

-¡Tú lo has querido! –y me lancé sobre él cogiéndole por las axilas y dejándolo boca arribo sobre el sofá, conmigo encima; en ese momento rocé mi cara con la suya, con barba de dos días, y me excité de nuevo.

Me puse sobre él de rodillas, con mi pene sobre el suyo a veinte centímetros, y contemplé un cuerpo bien contorneado, con músculo, y no tan peludo como imaginaba. Tenía pelo sobre todo desde el ombligo hasta su palo, que ahora mismo iba a profanar.

-¿Cómo puedes estar tan bien tú, que casi no haces gimnasia si no es en el equipo de baloncesto?

-Ah, cada uno tiene sus métodos...

Y se pasó los brazos bajo la cabeza. Aquella posición me puso al rojo vivo, con las axilas al aire, sus hombros anchos, su sonrisa, su tronco tan moreno y los boxer blancos en contraste con su poya, maciza y bien negra, y el capullo rosado... Era la primera vez que veía un pene ajeno tan bien, tna delicioso... Mmmmm...

Pero debí bajar mi cabeza tanto, hacia sus huevos peludos, que con su mano y de improviso hizo que mamase. Así de rápido.

Soy muy lanzado, y como siempre que probaba algo nuevo, me concentré en ello con devoción. Chupé, y por primera vez me metió los dedos por el ano. Yo lo miré y le dije:

-Cuidado Ramón, no te pases que para encular no hace falta ser precavido, y sabes que como te pases te voy a meter... je je je... ya sabes el qué.

Y se le iluminaron sus ojos morenos.

-¡Por favor, méteme todos tus centímetros, sí! Yo estoy entrenado, no me dolerá tanto... je je, y tú disfruta, disfruta cabrozazo, dale fuerte, rómpete los huevos...

Diciendo eso se quedó a cautro patas.

¿Lo hacía mío? ¿Negaba mi hetereosexualidad?

¡Qué cojones! ¿Estaba disfrutando, no? Pues, aunque sorprendido y confuso, le cogí su culo (prieto y bueno, por cierto, por lo que se lo lamí; se había lavado y sabía bien...) y le pregunté con ignorancia:

-Je je je, pero Ramón, ¿te lo meto... sin más? ¿Qué hago?

A lo que se chupó un dedo y lo introdujo en el ano...

-Si pudiese chupármelo te lo mostraría mejor, tío. Imagina que estás lamiendo algo que te gusta... o que metes los dedos en un... ya sabes, como si fuese una tía, pero ahora hazme tuyo en vez de tuya... venga...

Y sin más, y mirándonos a los ojos, primero le metí la lengua, sin darme asco como creía, y poco a poco y profieriendo gritos de gozo puro le hinqué mi rabo. Una vez dentro no quería que se lo sacara, ni yo que saliera. Había encontrado camino a través del culo de Ramón y ahora solo tenía que disfrutar: le tocaba con mis manos su entrepierna tan durísima, su espalda ancha que tanto me excitaba, sus glúteos, tan prietos que escapaban a mis manos, sus brazos musculosos...

Gozamos como hombres en celo, a la par que los maromos de la televisión, que entre tres estaban machacando a un jovencito que llegaba a la selva y le metían sus rabos por todas las aberturas que el muchacho tuviese en su cuerpo...

Retrasamos el orgasmo una hora. Me enseñó a chupar, me la chupó, y demás actividades tan placenteras...

Disfruté hallando mi bisexualidad con Ramón, a la vez que descubría a un amigo muy imaginativo y activo en terrenos de sexo y amor...

Los grandes ríos de semen que restregamos por nuestros cuerpos y en la bañera lo demostraron. Habíamos iniciado una fase de amistad muy... interesante... y aquello iría a más.

(9,50)