¡Qúe primita!

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¡Qúe primita!

RESUMEN

Como el pasillo era estrecho, él pasó apretando su cuerpo al de ella, justo en el momento en que Cecilia perdió pie y su trasero se echó hacia atrás

Cecilia se levantó tarde esa mañana, después de una noche inquieta. Se bañó y perfumó. Se puso unas pantaletas que se ajustaban al entorno del bulto de su sexo y a las nalgas apretadas, que aun lucían suaves y frescas. Descartó el brassiere pues prefería andar con los senos libres cuando estaba en casa. Se puso una bata de seda que amarró ligeramente a su cintura y bajó a preparar el desayuno para ella y su primo Hugo, que pasaba sus vacaciones con ellos.

A pesar de que eran cinco los que Vivian en esa casa, Cecilia permanecía por lo general sola, como sucedía ese día, en que estaba solamente ella y su primo en casa.

Fue al salón y ahí estaba su primo, recostado en el sillón leyendo el diario, con el pantalón del pijama y una polera, pues aun no iba a la ducha.

-hola primo.

-hmmmm, hola primita.

Cecilia se dirigió al closet del pasillo a buscar sabanas para cambiar las de su dormitorio, en tanto Hugo se estiró, se levantó a desgano y se dirigió al baño, para lo cual debió pasar por detrás de su prima, no sin antes apreciar su parado trasero que lucía más exquisito que de costumbre. Cecilia se levantó para alcanzar las sabanas que estaban en la parte superior del closet, con lo cual su bata se subió y Hugo pudo apreciar las bien torneadas piernas de su prima y su colosal trasero, que estaba parado mostrando sus dos nalgas sobresaliendo de la cavidad que dejaba la seda de la bata al meterse en las nalgas. Como el pasillo era estrecho, él pasó apretando su cuerpo al de ella, justo en el momento en que Cecilia perdió pie y su trasero se echó hacia atrás, lo que hizo a Hugo irse hacia adelante, quedando pegado a su prima. Para ser más precisos, su bulto delantero quedó metido entre las nalgas de su prima, las que se apretaron a los costados de la entrepiernas de Hugo, haciéndole sentir el delicado roce de la seda de la bata, lo que lo excitó al punto de provocarle una erección de proporciones. Cecilia sintió como el instrumento de su primo se ubicaba entre sus nalgas, se agrandaba y pugnaba por buscar espacio entre sus piernas. Se incorporó sorprendida, lo que provocó que su culo, duro, parado, fresco, se apretara y quedara aprisionando la verga de él, la que ya se asomaba impúdica por la abertura delantera de su pijama.

Cecilia estaba tan sorprendida que se quedó quieta, sin atinar que hacer o decir. La situación era tan increíblemente extraña que no sabía cómo reaccionar. Todo había sucedido de manera casual y ambos estaban en una posición que les sería imposible ignorarlo: ella parada en el pasillo, en bata, y su primo pegado a ella, con su verga que se asomaba por delante de su pijama y se introducía entre sus nalgas.

Cecilia no podía hacerse la desentendida, pues la verga de su primo estaba entre sus piernas, aprisionada por sus nalgas, pero no se atrevía a moverse por temor a enfrentarlo a los ojos. El, por su parte, no sabía qué hacer ni decir, ya que le había puesto su instrumento por entre las nalgas a su prima y no tenía excusa que dar, excepto que todo había sucedido tan rápidamente que él no había alcanzado a reaccionar. ¿Que pensara el de lo sucedido, creerá que lo hice a propósito? Se decía ella, en tanto que el tenia pensamientos similares respecto de ella.

Mientras estos pensamientos pasaban por su cabeza, Cecilia se dio cuenta que la situación no le era del todo desagradable y que el roce de la verga de su primo había tocado una zona sensitiva en ella. Y mientras se seguía preguntando por lo que debía hacer, inconscientemente, como si quien actuara fuera una persona distinta a ella, alguien ajena a sus pensamientos, puso sus manos sobre una cajonera del closet, con lo que su cuerpo se inclinó hacia adelante, proyectando sus nalgas hacia atrás y produciendo con ello un roce aún más evidente sobre la verga de Hugo, lo que motivó una mayor erección en este. Los cachetes de Cecilia se hundieron en la ingle de su primo, que se quedó quieto, sin reaccionar.

Ella se quedó en la posición que había adoptado, como esperando el siguiente movimiento de él, pero este no tenía intenciones de salir de la posición en que se encontraba tan a gusto. Ninguno de los dos quería razonar, solo se dejaban llevar por el calor del momento, abandonándose a sus instintos, sin querer razonar en quien era la otra persona, solo deseando seguir adelante.

Ella empezó a mover lentamente, muy lentamente, su culo sobre la verga de Hugo, el que comenzó a empujar, metiéndosela toda entre las piernas de su prima, la cual con el movimiento empezó a gotear como anticipo al goce que esperaba que su primo pudiera brindarle esa mañana. Así estuvieron un rato, sin decir palabra, ella con las dos manos afirmadas en el mueble de la cocina mientras echaba cada vez con más energías su culo hacia atrás y el empujando su verga sobre las nalgas de ella con más rapidez, apretando su cadera, moviendo el culo de su prima de atrás hacia adelante, dando más fuerza al movimiento de ella.

Entonces Cecilia tiró del cinturón de su bata, la subió y se la sacó sin dejar de moverse, quedando completamente desnuda delante de su primo, pero siempre de espaldas a él. Hugo, por su parte, sin necesidad de sacar su verga del pantalón del pijama, se la metió en el sexo de ella sin ningún miramiento, hasta el fondo, mientras se agarraba de los senos de su prima, los que empezó a masajear salvajemente. A la cuarta metida y sacada Hugo acabo, quedando con su verga goteando sobre el piso mientras Cecilia trataba de cubrirse.

Cubierta de sudor y con un deseo sexual recién nacido y aun no satisfecho por su primo, ella se sentó en un taburete alto, acercando intencionadamente su rodilla a él, quedando a la altura de su verga, que ahora se veía más pequeña. Mientras acercaba su rodilla a la entrepiernas de él, sus piernas se asomaban por entre los pliegues de su bata. Fue abriendo lentamente sus largas y bien torneadas piernas, para mostrarle a Hugo primero sus muslos y luego el calzón.

La visión de las piernas de su prima y el contacto de su rodilla hizo en Hugo el efecto deseado por ella y su verga rápidamente volvió a tomar las dimensiones de unos momentos antes.

-¿qué vamos a hacer?

Y apretó más su rodilla a la verga de él.

Hugo llevó su mano al muslo de ella, apretando decididamente.

Sintió el contacto de su mano en el muslo, cerca de su sexo y no pudo evitar un estremecimiento de deseo.

-¿te gustaría volver a hacerlo? -Dijo ella, finalmente.

El movió la cabeza afirmativamente, le tomo la mano y la llevo al dormitorio, donde la tumbo sobre la cama.

Ella no quería pensar en Hugo como su primo sino como el hombre que la haría feliz.

-ven, dame tu cosa.

-chúpamelo.

Ella se tragó su verga como si fuera un helado, chupando frenéticamente, apretando los labios y llevando el glande hacia atrás, hasta dejar descubierta su descomunal cabeza. Después saco su boca y empezó a pasarle la lengua por los costados, poniendo la puntita de esta sobre el hoyito de la cabeza de su verga para después pasearla hasta las bolas, que se metió en la boca y las apretó entre la lengua y su paladar. Siguió por debajo de las bolas y llego hasta el culo de él, donde metió su lengua lo más que pudo, haciéndolo saltar de gusto.

Hugo se apartó y se tiró entre las piernas de ella, metiendo su lengua en su sexo, que lucía unos labios carnosos, gruesos y húmedos. Llego al clítoris y al solo contacto ella arqueo su cuerpo, quedo en suspenso un momento y finalmente se derramó en la boca de su primo.

Él se puso frente a su prima, con la verga en su máximo esplendor, a cuya vista ella se estremeció de gusto al pensar que pronto la tendría dentro de su cuerpo.

-métela, primito, métela ya, por favor.

Y abrió sus piernas levantándolas de manera de dejar expuesta todo su sexo a la vista de su primo, el que puso su verga en la entrada y comenzó a pasársela por los costados, sin decidirse a meterla. Finalmente empezó a introducirle su instrumento lentamente, muy lentamente, exasperándola del deseo de tener esa herramienta completamente enterrada en su coño.

-ayyyy que ricooo.

-¡me viene, ya me viene, voy a acabar!

-¡huuuuyyyyy m’hijito, que riiiicoooo!

Y los dos terminaron bañados en sudor y unidos en un fuerte abrazo sobre la cama, el sobre ella, con su instrumento aun metido en la vulva de su prima.

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