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Vida nueva

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  • Bailarina... prostituta... cada vez... ¡Más feliz!

    De común acuerdo, mi esposa y yo decidimos terminar nuestro matrimonio, por lo que retiré mis artículos personales de la residencia conyugal para llevarlos a la pequeña casa que compré para vivir como soltero.

    Mi nuevo hogar está ubicado en un barrio discreto, de clase media baja en que nadie se interesa por lo que ocurre en la casa de al lado, lo que me permitirá llevar la vida picaresca que pienso desarrollar una vez que esté instalado definitivamente.

    Ayer compré los muebles y artículos indispensables para poder habitarlo con un mínimo de comodidades y vestido con una de las tenidas de mujer que tenía escondidas en el coche, recibí en la tarde la visita de los proveedores que me mandó Michelle, a los que compré pelucas, maquillajes, zapatos y ropa interior fina y elegante, y algunas faldas y blusas de mi talla. También vino una modista que me tomó las medidas para confeccionar media docena de vestidos, faldas y blusas cuyas telas escogí de un muestrario.

    Minutos después de la partida de la modista suena el timbre de la puerta que abro pensando que volvió para alguna consulta y me encuentro con un muchacho de no más de veinte años, alto y delgado, con pelo largo rubio, tipo universitario de buen nivel, que al reconocerme como travesti, se pone a tartamudear diciendo algo sobre una encuesta.

    Lo invito a pasar, nos sentamos en la sala y le pido que se explique, imaginando lo agradable que sería estar entre sus brazos mientras hacemos el amor.

    "Mira, antes que me cuentes te ofrezco una bebida fría porque te veo muy acalorado"

    Acepta, y me paro luciendo mi figura en forma provocativa, lo que parece hacerle un efecto demoledor ya que no quita la vista de mis piernas enfundadas en medias negras transparentes y mis caderas cubiertas con una falda muy corta. Al volver con bebidas le ofrezco mezclarlas con ron. Acepta bebiendo con agrado.

    Me siento atraído por su masculinidad delicada, pero sin atreverme a dar el primer paso por temor a ofenderlo y que en su molestia me ataque. Su olor a transpiración llega hasta mis narices provocándome sensaciones que avivan mi imaginación.

    Cruzo las piernas mostrando mis muslos y dejando ver mi ropa interior negra, tratando de insinuar que todo es posible si uno está dispuesto a enfrentarse a las consecuencias.

    "Bueno lindo, cuéntame sobre qué trata la encuesta"

    "Es respecto al consumo de café en polvo y mantequillas"

    "Te veo acalorado, ¿quieres sacarte la casaca?"

    "Tengo tanto calor que me sacaría toda la ropa" dice tímidamente.

    "Hazlo, y si quieres te puedes dar una ducha, y hasta te jabonaría la espalda", digo mirando fijo a sus verdes ojos, mientras sonrío con picardía.

    "¿Lo harías?"

    Le tomo una mano ayudándolo a pararse y lo conduzco hasta la sala de baños donde lo miro mientras desnuda su hermoso cuerpo que parece de mujer y se pone bajo el chorro del agua.

    "¿No me ibas a jabonar la espalda?", dice en voz baja y titubeante.

    Me desvisto despacio ante su atenta mirada, quedando en ropa interior, y tomando el jabón empiezo a acariciarle la espalda y los glúteos hasta que se da vuelta mostrando su pene erecto que acaricio aprovechando de masturbarlo suavemente, y besarlo mientras lo jabono.

    Es evidente que no sabe cómo actuar en esta situación dejando que yo ponga el ritmo y la música y se deja hacer como si fuera un niño inocente, lo que aumenta mi excitación por él.

    Después de secarlo acariciando todo su cuerpo lo sujeto del pene llevándolo hasta el dormitorio donde lo hago acostarse de espaldas en la gran cama nueva.

    ¡Qué forma de estrenarla!

    Me tiendo a su lado y empiezo a chuparle el pene que crece y se endurece rápidamente dentro de mi boca mientras él permanece rígido como asustado y esperando.

    ¡Es deliciosamente tierno!.

    Estoy muy excitado y poniendo una pierna a cada lado de su cuerpo me siento en su pene haciendo que penetre lentamente y poco a poco por mi ano llenándome el recto con su masculinidad mientras le acaricio el pecho y la cara que tiene los ojos cerrados.

    Al sentirse dentro de mí, empieza a mover las caderas haciendo que su pene frote mi ano excitado mientras lo aprieto, aumentando el ritmo hasta que eyacula largamente quejándose suavemente.

    Yo, que no he eyaculado, trato de continuar, pero saliéndose bruscamente se va al baño y empieza a vestirse sin mirarme, evidentemente avergonzado y arrepentido de haber tenido relaciones sexuales con un homosexual travesti.

    Lo acompaño hasta la puerta en silencio, pero antes de abrirla digo con calma:

    "Me gustas, vuelve cuando tengas claro lo que deseas" Se va sin contestar, pero pienso que volverá en pocos días una vez que se le aclare la mente, y si no vuelve, bueno, no es mi problema.

    Ordeno la cama, me aseo el recto botando el semen de quien ni siquiera supe el nombre, me visto rehaciendo maquillaje y peinado, e inicio las labores de orden y aseo de mi pequeño reino privado, recordando las dudas y temores que me asaltaban cuando todavía no me decidía a reconocer que soy homosexual y que me gustan los hombres como pareja en mi cama tanto como las mujeres.

    No fue fácil ni tampoco repentino. La formación recibida en la infancia catalogaba como pecado y delito la relación amorosa con alguien del mismo sexo. Empecé a vestirme de mujer mucho antes de tener relaciones con un hombre y tuve un costo anímico muy alto antes de aceptar que en un rincón muy pequeño de mi mente existía una mujer que trataba de tomar el control de mi cuerpo y mi sexualidad.

    Muchas veces traté de oponerme a esos impulsos pero sin obtener resultados, ya que casi en trance hipnótico satisfacía mis íntimas necesidades de vestirme y maquillarme, lo que finalmente derivó inevitablemente a relaciones con hombres que fueron muy placenteras.

    A medida que dejé salir a mi mujer interior, aprendí a controlar sus salidas y que no fueran a destiempo provocando daño a mi vida. Pero si la dejo guardada mucho tiempo irrumpe casi con violencia y me obliga a buscar satisfacción a sus requerimientos aunque signifique correr riesgos. También me agradan mucho sexualmente las mujeres, con las que tengo buena aceptación y desempeño, por lo que mi nuevo hogar me servirá para ser como Cesar: marido de todas las mujeres y esposa de todos los hombres.

    Actualmente disfruto plenamente siendo indistintamente mujer u hombre ya que obtengo intensas satisfacciones íntimas, complementarias pero diferentes, sin asomo de culpas ni de vergüenzas, sintiéndome totalmente en paz al tener equilibrados y bajo control a mi mujer y hombre interiores, a quienes dejo salir según mis apetencias o circunstancias del momento, tal como ahora que he decidido darle el fin de semana completo a mi Yo femenino.

    Con estos pensamientos en la mente siento golpes en la puerta y la abro dejando entrar a Michelle muy acalorado y cargando un bolso grande.

    "Hola Juanita, veo que ya estás instalada. Te traigo un poco de ropa porque seguramente la egoísta de tu mujer no quiso regalarte sus vestidos", dice abriendo el bolso y sacando gran cantidad de ropa femenina. "La mayoría tú ya las has usado y sé que te quedan bien, me las devuelves cuando tengas las tuyas".

    Le agradezco mientras me ayuda a colgar las ropas en los closets de la habitación que he destinado para Juanita, mi mujer interior, porque la otra habitación la he dejado para mi Yo masculino.

    Preparamos unas tazas de té con sándwiches y nos sentamos a disfrutar de nuestra conversación.

    Le cuento de la inauguración de mi cama, como una anécdota simpática y reacciona casi con violencia:

    "¿Estás loca? Nunca hagas entrar a ningún desconocido estando sola, es muy peligroso. Te conseguiré un colita tranquilo que por poco más que cama y comida te servirá de compañía y protección, manteniendo la casa limpia y las camas ordenadas. Lo puedes alojar en la pieza chica del fondo. Por mientras, si te quieres acostar con alguien, que sea de tu plena confianza, si no, usa un motel".

    "Pero... "

    "Nada de peros, un maricón que vive solo puede ser golpeado, robado o asaltado y hasta asesinado. En cambio si ven a otro, aunque sea un colita, lo pensarán dos veces. No debes quedarte solo"

    Y así diciendo marca en el teléfono y pregunta por Toti, al que compromete a venir mañana al mediodía para que lo conozca.

    "Es un cola de tu edad más o menos que ya no sirve para putear porque hace un año los pacos le botaron a patadas todos los dientes delanteros y está en la última miseria. Es bien tranquilo y no molesta en nada. Ahora está de mozo en una casa de putas en que lo explotan. Sabe cocinar y si se lo pides, por unos pesos te lava la ropa y la plancha. Cuando anda con la onda de macho se llama Tito y como maricón es la Toti"

    "Si tú lo dices..."

    "Sí, hazme caso, porque ahora que estas solo te soltarás las trenzas y te meterás en la cama con el primero que te mire. Vas a parecer gata en celo hasta que te acostumbres a manejar tu soltería o te aburras de comer tantos machos. Y tampoco alojes a colitas jóvenes porque son capaces de llevarse hasta el jabón y te van a explotar como vulgares cafiches que son".

    Me convence, y decido aceptar, aunque sea por un tiempo mientras me acostumbro a vivir solo.

    Le muestro las compras que hice a los vendedores que me mandó y se prueba prenda por prenda posando como modelo, amenazándome de que me las pedirá prestadas para alguna fiesta especial. Lo que más le gusta son los zapatos, dado que usamos de la misma medida.

    Ya es de noche y me invita a acompañarlo a visitar a Harry, dueño de un bar gay, que le pidió que fuera a verlo temprano esta noche para conversar sobre algo que no le adelantó.

    Acepto y nos vestimos recatadamente mezclando su ropa con las mías, quedando con el aspecto de dos mujeres jóvenes y elegantes. Al salir y percatarse que la puerta no es muy firme dice;

    "Manda a poner una reja como protección y mantenla siempre cerrada, de forma que puedas abrir la puerta, ver quien ha golpeado, y si es algún amigo se la abres, si no, lo dejas en la calle. Un maricón que vive solo corre muchos peligros"

    Hacemos parar un taxi que nos deja en la puerta del bar. El recinto está tenuemente iluminado y todavía sin clientela. Le avisan al dueño que nos saluda de besos, admirando nuestra apariencia, y después de conversar sobre intrascendencias plantea el tema que le interesa:

    "Mira Michelle, necesito un par de travestis decentes como ustedes para atención de mis clientes que son muy exigentes. Tu amiga Juanita estaría perfecta junto contigo. Les pagaría por noche asistida, porcentaje de las cuentas de las mesas de los clientes que atiendan, y las atenciones privadas son sólo de ustedes, previo pago del reservado que ocupen. ¿Que les parece?. Si aceptan deben empezar esta misma noche porque dos de los que tenía me abandonaron ayer para ir a trabajar a un prostíbulo de Punta Arenas"

    "¿Y que tendríamos que hacer? Pregunto con timidez.

    "Lo que ustedes saben hacer, y no más: bailar con quien lo desee, hacerlos consumir todo lo posible y de lo más caro, y luego ser putas en los privados. Por seguridad no se preocupen, tengo un par de forzudos para controlar a quien se ponga tonto. En total tengo trabajando unos ocho travestis. Los carabineros y la comisión cuando aparecen no los molestan, ni siquiera les piden documentación cuando se dan cuenta de que son mayores de edad. Se ponen pesados sólo por los menores. Ahora los dejo para que conversen mientras yo atiendo unos problemas en la cocina"

    "¿Que te parece la oferta?"

    "Bastante buena. Mira Juanita, este local es de los más elegantes de Santiago al que viene sólo gente de plata, y te puedes hacer unas tres o cuatro atenciones por noche mínimo, cobrando lo que quieras, mucho más que en la calle. Yo pienso aceptar, no sé si te atreves, pero yo que tú haría la prueba aunque fuera por el fin de semana, total estás soltera y sin compromisos"

    Cuando Harry vuelve, aceptamos su oferta, dejando en claro que yo por lo menos vendré sólo los fines de semana, cosa que acepta encantado.

    "El horario es de once de la noche a cinco de la mañana en que los mando a dejar a sus casas en un taxi que tengo contratado para esos fines. Pero si se quieren ir con algún cliente, es cosa de ustedes. Pero no antes de las cinco. La ropa la ponen ustedes y debe ser provocativa. Para cambiarse de ropa lo pueden hacer en el baño del personal"

    "Vamos a buscar ropa y volvemos a las once"

    "Estupendo, las espero, no me vayan a fallar, pero una última cosa: no se les ocurra robarle a un cliente, porque yo mismo las llevaré a la bodega y les pegaré con un bate de béisbol hasta quebrarles las piernas. ¿Les quedó claro?

    Abordamos un taxi que nos deja en la casa de Michelle, y empezamos a escoger la ropa adecuada. Nos probamos casi toda la que correspondía a lo requerido y finalmente escojo un vestido ajustado y muy corto de tela dorada y brillante, sujeto al cuello y sin espalda dejando a la vista mis muslos cubiertos por medias negras y portaligas de encajes. Me pongo collares, pulseras y una peluca ensortijada rubia. Me maquillo cuidadosamente y quedo transformado en una puta elegante y prácticamente desnuda en tacos increíblemente altos. Nos ponemos unos abrigos livianos y largos para esconder lo poco vestidos que estamos, y partimos en taxi hacia nuestro trabajo.

    Al llegar, Michelle que conoce a casi todos los travestis, me presenta como una amiga de confianza y me aceptan en forma bastante amable.

    Poco después de las once de la noche empiezan a llegar los clientes, que son rápidamente escoltados por alguno de los travestis que los invitan a bailar al ritmo de la música que suena estrepitosamente por los parlantes, después de hacer los pedidos al bar.

    Yo que me siento tímido, aunque conozco el sistema, me quedo sentado en un taburete del bar, mostrando mis piernas y espalda mientras enciendo un cigarrillo para calmar mis nervios.

    No pasa mucho tiempo para que se siente al lado mío un hombre mayor que me invita con un whisky, el que acepto, sabiendo que a mí me servirán agua de té con azúcar, iniciando conversación mientras tranquilamente mete sus manos bajo mi falda acariciándome las piernas.

    Aprovechando que la música es lenta me invita a bailar y mientras lo hacemos muy juntos me mordisquea el cuello amasando con fuerza mis nalgas, y pregunta cuanto cobro por atenderlo en un privado.

    "¿Que te gusta que te hagan?"

    "Que me lo chupen"

    Michelle me había dictado un menú con precios: Tanto por chupada, tanto por meterlo, tanto por que te lo metan, más lo que hay que pagarle al local por el privado.

    Le digo mi precio y acepta sin vacilar pagando de inmediato, y vamos hacia los reservados haciendo un nuevo pedido de licor. El encargado, después de recibir el pago, nos abre una pequeña puerta y entramos a una especie de estante grande de no más de metro y medio por lado con una banca acolchada en uno de sus costados.

    Después de cerrar la puerta dejo los vasos en una repisa, y ayudo a mi cliente a bajarse los pantalones y calzoncillos mientras me manosea por todas partes. Se sienta en la banqueta con las piernas abiertas, me arrodillo y meto su pene en mi boca empezando a masturbarlo con mis labios y lengua mientras le aprieto los testículos. Empieza a crecer lentamente mientras su cuerpo se contorsiona, hasta que en medio de jadeos eyacula un poco de semen aguado que escupo en un tacho que hay en un rincón, y después me enjuago la boca con un sorbo del té azucarado, tratando de sacar de mis narices el olor desagradable de su pene.

    Después de vestirlo, no lo acompaño hasta la sala y me despido con un beso diciendo:

    "¡Que rico eres! Me gustó estar contigo. Vuelve pronto, te estaré esperando"

    Entro al baño del personal y me lavo la boca, retoco el maquillaje y peinado antes de volver al bar.

    Lo encuentro completamente lleno y en cuanto aparezco se me acercan varios clientes para ofrecerme que los acompañe, y acepto al más elegante, de muy buen aspecto que me conduce hasta el bar donde nos sentamos a beber mientras conversamos.

    Después de bailar muy juntos, sintiendo su pene erecto contra mi cuerpo y sus manos en mis nalgas, me hace la pregunta de rigor:

    "¿Cuánto cobras?"

    "¿Que te gusta hacer?"

    "Con alguien tan bonito como tú, de todo"

    O sea, me lo va a meter, se lo tengo que chupar y se lo tengo que meter.

    Le digo el precio sumado de los tres servicios y acepta sin pestañear y partimos hacia los reservados, donde me destinan el mismo que ya había usado anteriormente.

    Mientras esperamos el nuevo pedido de bebidas, me paga lo convenido, se desnuda completamente y me quita el vestido y calzoncitos dejándome sólo con portaligas, medias y zapatos de tacos altos.

    Inmediatamente me penetra y empieza a mover sus caderas para enterrarse lo más profundamente posible en mi recto, desconociendo mis gemidos de dolor porque tiene el pene muy grueso, lo que me obliga a apoyarme en la muralla para resistir sus empujones.

    Estando en esa posición golpean y abren hacia afuera la puerta, apareciendo un mozo corpulento llamado Jaime con nuestro pedido de bebidas.

    Mi jinete no se da por aludido y continúa con sus movimientos enérgicos de penetración.

    Jaime deja las bebidas en la repisa aprovechando de apretarme el pene con una mano, y sale diciendo que lo pasemos bien, mientras sonríe con picardía.

    Afirmado con fuerza siento como entra y sale por mi ano provocando espasmos de placer por todo mi cuerpo. ¡Me han pagado para que goce!

    Empiezo a mover mis caderas en forma circular para sentir como remueve mis entrañas, lo que me hace gemir de gusto. Pienso que pronto eyaculará y decido que yo no lo haré y me empiezo a enfriar, cuando repentinamente se sale y me ordena ponerme de rodillas para chuparle su pene que está apunto de reventar.

    Inicio un enérgico movimiento de meter y sacarlo de mi boca mientras lo masturbo con una mano, pero no logra o no quiere eyacular hasta que tras un largo rato me dice que se lo meta con fuerza, lo que hago con gusto porque me agrada mucho su cuerpo. Empiezo a entrar y salir de su ano con velocidad creciente mientras lo masturbo con fuerza hasta que en medio de quejidos y contracciones eyacula contra la muralla dejando un largo montón de semen que corre hasta el piso. Se retira de mi cuerpo sin importarle si yo quiero seguir hasta obtener mi placer, pero... él está pagando y debo aceptar lo que quiera hacer.

    Quedamos sentados por largo rato recuperando el aliento, lo que aprovecha para decirme que le gusté y pedirme que nos juntemos mañana en la noche para hacer un trío con su señora, a lo que accedo fijando un precio exorbitante que acepta sin discutir y lo cito en la puerta de la discoteca a la hora de mi ingreso, pensando que no vendrá.

    Vuelvo al baño del personal medio desnudo y con las piernas temblorosas a tratar de reparar los daños causados a mi apariencia y deseando beber un trago de whisky de verdad, y con ganas de tener entre mis nalgas un trozo grande de masculinidad. Jaime, el mozo, entra cuando estoy terminando de maquillarme y le pido que me traiga un whisky con hielo, el que me bebo de un trago mientras me mira con deseo en sus ojos.

    Pienso que está bastante aceptable como hombre y como deseo sentir uno dentro de mi cuerpo, le sonrío poniéndome de espaldas hacia él y bajo mis calzones mientras me inclino mostrándole mis nalgas desnudas.

    Lo miro por el espejo y veo que se abre el pantalón sacando su pene erecto, de gran tamaño y grosor, que de un solo empujón introduce en mi ano que esta lubricado con el semen de mi cliente, haciendo que corra un escalofrío por mi espalda.

    Me abraza con fuerza casi excesiva y se mueve con violencia dentro de mí hasta que en un estallido de movimientos muy rápidos eyacula largamente mientras se queja suavemente. Se retira de mi cuerpo antes que yo goce, se arregla la ropa y sale del baño rápidamente dejándome tembloroso y con ganas de gritar de frustración. Pero bueno, no siempre se gana, ya me las pagará.

    Boto el semen de Jaime, arreglo mis ropas y peinado, me refresco el maquillaje, me perfumo y salgo hacia la pista de baile, pero antes de abrir la puerta de entrada al bar, me detengo y tomo aliento como si me fuera a tirar al agua fría, pensando en qué sucederá ahora conmigo.

    Estoy conforme y pienso que fue una buena idea venir a trabajar en este local. He ganado mucho dinero que no necesito, pero he experimentado el nivel de aventura que tenía imaginado, y sé que todavía me faltan un par de horas de trabajo que espero sean muy productivas en todos los sentidos.

    Siento curiosidad por conocer a mi próximo cliente.

    Al entrar me encuentro con un ambiente de locura colectiva en que la música estruendosa apenas puede apagar los gritos excitados de la multitud de hombres que reaccionan ante los estímulos provocados por el aire caliente y húmedo, impregnado de olores corporales, y el alcohol ingerido que les libera la libido y les estimula a buscar con desesperación una pareja para desarrollar sus fantasías homosexuales.

    Al verme aparecer un grupo se avalanza sobre mí y empiezan a manosearme por todas partes ofreciendo como en un remate promesas de hacerme feliz y llenarme de dinero, si comparto la noche con ellos y realizo los sueños eróticos que mi figura y aspecto han despertado.

    Parecen perros excitados y me hacen sentir como una perra en celo.

    Dos de ellos logran arrinconarme mientras alejan al resto e inician una disputa amigable orientada a definir la propiedad de mi persona, hasta que me aburro de escucharlos y digo:

    "Un momento, mientras ustedes pelean yo estoy esperando que alguien me ofrezca un trago. Supongo que tendré que mendigarlo, ya que nadie invita a esta pobre y triste muchacha"

    Inmediatamente atajan a Jaime que va pasando y cada uno le ordena dos tragos, que trae rápidamente en forma milagrosa, y me encuentro con un vaso en cada mano. Los pruebo y bebo de uno de ellos sintiéndome exquisitamente reconfortado por el alcohol.

    Después los invito a bailar, y lo hacemos teniendo a uno por delante y al otro pegado a mis espaldas, sintiendo un pene erecto y duro contra mis nalgas y otro contra mi pelvis, mientras meten sus manos por todas partes tratando de adueñarse de mi cuerpo.

    Me siento cada vez más excitado de ser el centro de los deseos de ese par de gays, más el efecto que me está haciendo el alcohol en la sangre, me lleva a explorar entre sus piernas y termino con un pene en cada mano mientras bailamos cada vez más excitados hasta que me ofrecen más del doble de mi tarifa para obtener mis servicios.

    No me decido por cual atender y en un chispazo de valentía alcohólica les ofrezco atenderlos a los dos al mismo tiempo lo que aceptan entusiasmados y parto nuevamente a los privados, pero ahora más que bien acompañado.

    Apenas entramos al estrecho privado uno de ellos me levanta las faldas y empieza a penetrarme con violencia, mientras el otro me desviste y me ofrece su pene para que lo chupe.

    Luego se cambian y terminamos los tres desnudos y en medio de una nebulosa me encuentro siendo mujer de uno y hombre para el otro indistintamente y por largo tiempo hasta que también se unen entre ellos mientras yo chupo el pene que esté libre o penetro al que esté haciendo de macho.

    Seguimos por largo rato hasta que me doy cuenta que no siento nada y me empiezo a aburrir porque no ocurre nada que sea novedoso, ya que repiten las mismas posiciones y acciones creyendo que cantidad supera a calidad. Como soy el objeto de sus deseos tengo el control y me pongo agresivo con mis movimientos para hacer que acaben rápidamente y me dejen descansar.

    Lo consigo rápidamente y eyaculan dentro de mí por turno dejándome con las piernas temblorosas y chorreando semen desde mi ano adolorido.

    Al volver al bar, después de despedirme y pasar nuevamente por el baño a reparar mi aspecto, sin que Jaime se aparezca, me encuentro con que la locura terminó y los mozos están despidiendo a los últimos clientes para iniciar el cierre del local.

    Nos juntamos en una mesa todos los travestis, y parece que volvemos de una guerra que perdimos: vestidos arrugados, maquillajes decolorados, y casi todos en estado de ebriedad excepto Michelle y yo. Pedimos y Jaime nos trae algunos sándwichs de jamón con una taza de café que comemos casi en silencio porque estamos muertos de cansancio.

    "¿Cómo te fue?"

    "Bien, ¿Y a ti?"

    "También"

    Aparece Harry que nos entrega el dinero correspondiente al trabajo y la comisión por bebidas consumidas, que en mi caso es bastante elevada, y nos despide hasta el día siguiente.

    Esta noche he ganado una pequeña fortuna. Con cuatro noches iguales equiparo mi ingreso mensual de profesional de alto nivel. ¡A lo mejor me conviene pensar en un cambio de profesión!.

    Jaime me señala que quiere hablar conmigo, pero no le hago caso y salgo del brazo de Michelle acompañado de los otros travestis.

    El taxi me deja en mi casa, a la que entro sintiendo el cansancio por haber pasado toda la noche ensartado en distintos penes, aunque sin desear eyacular.

    Me baño con agua muy caliente, me lavo cuidadosamente el recto y ano colocándome una crema cicatrizante porque lo tengo muy irritado y adolorido, y después de perfumarme me acuesto en la cama de Juanita vestido con una vaporosa camisa de encaje negro.

    Me duermo de inmediato.

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