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Una gran... película

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  • No puedo evitarlo, vuelvo a mirar hacia el sitio en el que te encontrabas, pero ya no estás allí. Casi con un grito mudo, ahogado por el repentino descubrimiento, veo que ahora ocupas la butaca de mi izquierda. Estaba tan absorta en las imágenes de sexo...

    Ya ha empezado la película, como siempre tendré que esperar a la próxima vez para poder ver los trailers... Pero bueno, ya estoy aquí y mejor dejo de pensar al ritmo que veo pasar los fotogramas, que es lo que precisamente me hace falta.

    La gente, ya más o menos en silencio, observa lo que ocurre en la gran pantalla de la sala. Mi silueta se ilumina según el juego de sombras que crea la pantalla. Sentada en mí butaca no me pierdo ni un detalle del film, que ya me habían recomendado tantas veces de antemano, que no tenía muy claro si mis expectativas serian demasiadas. Ante mis ojos unos personajes de proporciones gigantescas, pero de carne y hueso a fin de cuentas, se desean, se tocan, se besan, se desnudan con los ojos primero, durante largos y tórridos instantes, y después con las manos en fugaces y tortuosas escenas.

    Nadie me dijo cuándo me recomendó la película que era tan subida de tono...

    Y llevo unos días tan... Uf, sensible... Me muerdo el labio inferior recordando y reconociendo mi situación, según me remuevo en la silla, por una repentina incomodidad, un mensaje velado de mi propio cuerpo.

    Solo el rato que tarde en ducharme y vestirme, casi necesite sentarme en el suelo del baño por un repentino calentón... Esos suelen ser los mejores, cuando en apenas cinco minutos de lo excitada que me siento, cuando en apenas un golpe, una potente descarga, toco el cielo con mis dedos, los mismos que mantengo en esos momentos hundidos en mi coño, frotando con ansia irredimible mi palma sobre los labios y con las yemas de mis dedos retorciéndose alrededor del clítoris que no para de saltar al ritmo de las contracciones que se propagan por todo mi cuerpo al unísono.

    Noto como mi entrepierna se humedece... ¿Por qué decidí ir sola al cine? Retiro un mechón enredado de mi pelo que me caía por delante del rostro y noto mi frente sudorosa. A mí alrededor sólo hay parejas que disfrutan abrazadas... O algo más... De la película... Seguro que todos los gemidos vienen de la pantalla? No... Hace rato que creo que no.

    Tengo un calor que no hay aire acondicionado que lo alivie, casi según maldigo ser la única persona sola en toda la sala, desabotono mi escote que por momentos parece ponerse más pronunciado y ligeramente lleno de gotitas de sudor que lo perlan cada vez que los tonos blancos destacan sobre el resto del celuloide...

    No, espera, allí en mi misma fila, al otro lado del pasillo, estás tú y estás solo. Me siento extrañamente más aliviada, no soy la única... Pero según este pensamiento se pasea por mi mente, es cuando por un solo instante noto que vas a cruzar tu mirada con la mía, así que en lo que tarda un escalofrío que me llegar desde mis entrañas casi hasta mis pezones, miro al frente con avidez.

    Sigo mirando la película. Observo los pechos firmes de esa estrella de cine y como su compañero de reparto se los besa. Sería tan excitante ocupar el lugar de ella...Y más teniendo en cuenta como están ahora los míos, amenazando con salirse de mi escote donde apenas el sujetador las mantiene a raya, con los pezones clavados casi dolorosamente en esa tela que tanto me los realza.

    No puedo evitarlo, vuelvo a mirar hacia el sitio en el que te encontrabas, pero ya no estás allí. Casi con un grito mudo, ahogado por el repentino descubrimiento, veo que ahora ocupas la butaca de mi izquierda. Estaba tan absorta en las imágenes de sexo... Y lo admito, en mi propia excitación, que empezaba a tener tanto de intensidad como de sorpresiva, que no me he dado cuenta de que estabas allí y con tu miembro bajo la mano, que aun dentro del pantalón, me puedo hacer una gran... Gran idea de cómo debe estar solo con ver lo abultado que tienes toda esa zona de la tela vaquera...

    Tú te das cuenta de que te miro, y yo estoy tan cachonda que ya no me importa seguirte mirando de la forma más descarada posible.

    Busco tus ojos, pero no los encuentro. Desciendo la mirada y tu sonrisa ya no muestra esos dientes que brillaban a la luz de la pantalla, solo una ligera mueca de medio lado. Sigo bajando y miro tu entrepierna, tienes una gran polla hinchada y llena de sangre entre tus manos. Lo pienso y lo siento, aunque no pueda verla a la contraluz del cine. Levanto la vista hasta tu cara y de nuevo me sonríes, te pregunto tu nombre... No pude en esos momentos pensar lo absurdo de mi curiosidad cuando eran otras cosas las que llamaban poderosamente mi atención.

    Alex me dices y sin dejarme tiempo a nada más que un tembloroso suspiro cuando mis ojos pasan de los tuyos hasta volver abajo, me agarras con fuerza instintiva y animal, de la nuca con una de tus grandes manos y me llevas la boca hasta tu enorme miembro.

    Intento resistirme, pero la fuerza de tu mano es superior a mis casi nulas ganas de alejarme de aquel mástil de carne que me saluda con sus venas, sus palpitaciones... Me dejo llevar. Abro mi boca y de un solo golpe engullo tu rabo, desde la punta de ese rosadito capullo, gordote e hinchado, hasta la base con todas esas marcas y surcos de una anatomía terriblemente definida que me encuentro de por medio.

    Me la clavo hasta la empuñadura con hambre animal. Casi no puedo respirar. Tu mano aprieta mi cabeza y me impide liberar mi boca. Tu otra mano me abre la camisa y buscas mis tetas.

    Me las estrujas. Me pellizcas. Me acaricias.

    Pones mis pezones como piedras rojitas, como rubíes que cortarían todo... Menos esos dedos que ahora los martirizan, restregándose alternativamente entre índice y pulgar, alrededor de la areola, retorciéndolos lo justo para no cruzar una línea que en mi estado, no hubiese sido capaz de ver.

    Chupo como una loca tu polla, sin contemplaciones, apenas me acompañan los ruidos de mi propia boca de arriba abajo llena de tu carne y de toda mi saliva, tus jadeos y los de la película...

    Sin cesar, removiendo como una serpiente mi lengua, ahora sí que puedo degustar esas primeras gotitas dulzonas... Me vuelvo una gatita demasiado hambrienta de esa leche, de esta carne tiesa, desde la punta hasta tus huevos. No dejo ni un rincón sin explorarte con ella, mientras acumulo una cantidad ingente de saliva para ahogarte tan solo con mantener tu entrepierna presa de mis labios.

    La pellizco con mis dientes. La beso. Juego con ella. Te pongo nervioso.

    Lo hago todo lento para que desees que lo haga más deprisa.

    Te hago rozar el clímax para luego parar y notar como palpita entre mis labios.

    Sólo puedo pensar en esa barra de carne. Estoy en el cine, rodeada de gente, chupándote la polla y mi entrepierna está chorreando... Se perfectamente la razón, dos de mis deditos se encargan de que no deje de fluir, que no cese su constante manar al ritmo de mi propio placer.

    Mis bragas están completamente empapadas, estrujadas y a un lado, para dejarme todo el coñito al aire, y su costura se frota contra uno de mis labios hinchados y enrojecidos. No puedo dejar de succionar, y a cada lametón, hundo un poco más los dedos, casi empujando más que hacia adentro, hacia arriba y abajo, a golpes, entre gemiditos que como vibraciones, se quedan en la punta de tu capullo.

    Me la saco con un fuerte y sonoro chupón hasta más de la mitad, y nuevamente me la meto en la boca con un glotón y casi compulsivo gesto en el que mi garganta trata de tragarse este manjar e inicio un movimiento de cabeza arriba y abajo, sin dejar de utilizar mi lengua mientras mi otra mano acaricia tus huevos.

    Sé que te vas a correr. Lo presiento... Dios, eso sí que me pone, mi clítoris casi no puedo ni apretarlo tan fuerte como me gustaría de lo caliente que lo tengo. Lo noto por la hinchazón de tu miembro, está a punto de explotar en mi boca casi al ritmo de las contracciones de mi raja, y no puedo pensar más que en seguir, seguir y seguir...

    Me mueves con rudeza, pero es todo pasión, nervio e instinto animal. Dejas que me siente con las piernas separadas, una en cada respaldo de la butaca del asiento del cine, y joder, por fin son tus dedos en vez de los míos los que empiezan a hacer diabluras en mi rajita, frotándolos todos, mmm... Ah... Todos, joder... Están las dos manos, jugando con mi clítoris, algunos entrando y abriéndomelo aunque se contrae como el demonio, otros estiran mis labios para darme esa sensación de estar completamente abierta... Es increíble, hacerlo a la vez que ahora más cómoda, puedo mirarte mientras disfruto del enorme bocado que hay en mi glotona boca

    Cuando la mano con la que antes me empujabas contra esa poderosa verga, ahora me estiras del pelo para que te suelte. Me resisto, quiero, deseo, imploro que te corras en mi boca. Pero no puedo convencerte y retiro mi boca. Con la mano que te queda libre coges con fuerza tu polla y apuntas hacia mi cara.

    Algo caliente va a salir de ahí, y no puedo más que desear que entre en mi boca y sea degustado, así que la abro tanto como puedo, justo cuando llega disparado y me la cubre entera, algo cae de mi boca por mi cara que todavía continuaba desencajada de placer, porque secretamente esos pellizcos de mi clítoris, el frotar arriba y abajo por la raja abriendo los labios, y sentir entrar y salir varios y diferentes dedos a la vez, hace rato que me han hecho correrme al menos un par de veces, orgasmos tan potentes, que al seguir apretándome con todos los dedos, casi boto en el asiento.

    Saboreo tu semen y me encanta, te estiras hacia atrás y empieza a salir a chorretones esa leche, densa, caliente y dulzona, pronto consigo por tu debilidad ante una corrida tan intensa, metérmela de nuevo en la boca, y cuanto más aprieto y succiono, parece que aun sale más... Cuanto más trago según me entra, me quema la garganta pero quiero más, no temo hacerte daño en ese bate, esa barra de carne que aprieto mirándote casi sádica y aun hambrienta.

    Me sueltas el pelo. Te abrochas la cremallera aun teniéndola tan tiesa que te cuesta guardarla de nuevo. Te levantas y te marchas sin dejar de mirarme con lentitud. Me quedo allí, sola de nuevo hasta que veo tu cartera en la butaca de al lado. Con la boca llena de semen, que trago lentamente para disfrutarlo y como buenamente puedo, me repongo y dejo en su sitio las bragas empapadas de mis flujos. Saco un pañuelo de papel de mi bolso y me limpio la cara, pero mis dedos encharcados de los jugos de mi chochito, van directamente a mi boca, para mezclarse con tu sabor y el mío. Me encanta el olor de tu semen. Estoy tan caliente aun... Estoy tan excitada que no puedo contenerme y me masturbo de nuevo allí en la sala a oscuras.

    Trago despacio, muy despacio cada gota de tu esencia lechosa mientras mis dedos índice y anular mantienen mis jugosos labios separados, para que con el dedo corazón pueda azotarme el clítoris a placer. Me relamo por toda la comisura de los labios y aspiro con fuerza ese olor a hombre que más dejado clavado en mí, con tanta intensidad como dos de mis dedos de la otra mano los clavo en mi interior, curvándolos para alcanzar mi punto G.

    Me abandono a un orgasmo increíble. Me quedo inmóvil. Me abrocho la camisa. Me peino.

    La película acaba.

    Las luces se encienden y yo, deshecha por dentro y por fuera, recojo tu cartera que aun dudo si la has olvidado... O se trata de algo más. Tiro el pañuelo a la papelera antes de salir de la sala y pienso que te la devolveré muy pronto, guardándola en la cartera sin mirar, aun, su contenido, alargando por lo menos hasta llegar a casa la loca intriga del rostro que deberé ponerte, pues hasta entonces habían sido otras partes de tu anatomía las que había mirado...

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