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Nuevas Experiencias (2 de 2)

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Como había quedado con Louis para pasar un fin de semana entero en su casa gozando plenamente del sexo, y os contaba también como de camino a su casa me había follado rudamente un camionero en un área de servicio de la autovía. Al llegar a su casa me dediqué a familiarizarme con la misma, a tomar un rato el sol aprovechando que él tenía que salir a hacer unas gestiones de su trabajo, follando en el jardín cuando volvió, así como de las cosas que encontré en la habitación de su hija y que me vendrían muy bien para esos días. Mi relato se quedaba en que por la tarde, tras ducharme, estaba decidiendo cómo iría vestida aquella noche.

Ya tenía decidida la ropa interior: tan solo me pondría un tanga de color verde agua de encaje que encontré en un cajón, así como unas medias de rejilla. Me quedaba decidir el vestido que usaría, y finalmente me decidí por un vestido largo de color azul abrochado al cuello con un gran escote por su parte delantera y que mostraba toda mi espalda, por lo que me volví a poner otro tribal en la parte baja de la misma, y que tenía una gran abertura en un lateral, pudiéndose ver claramente mis piernas, y unos zapatos negros de tacón de aguja abrochados al tobillo. Me faltaba elegir la peluca, y me decidí por la rubia lacia, a la que logré hacer un bonito recogido. Me puse mis uñas y pestañas postizas y a continuación me maquillé. Después me puse una gargantilla, unos pendientes y algunas pulseras que encontré en un joyero de su dormitorio.

He de decir que durante todo el rato que dediqué a vestirme no me miré al espejo ni una sola vez, tan solo cuando me arreglé el pelo, y al hacerlo para ver el resultado no pude evitar excitarme por la imagen de una elegante y atractiva mujer que me devolvía el espejo. Mientras tanto él se estaba vistiendo en otra habitación, por lo que no me vio en ningún momento. Después se sentó en el salón a esperarme. Ya era el momento de que por fin me viese y, bajando la escalera, le avisé de que ya estaba lista. Al oírme giró la cabeza para verme, y casi escupe el sorbo de la bebida que estaba tomando. Se levantó hasta ponerse frente a mí y me pidió que me diese una vuelta completa para verme bien. Después se acercó y, abrazándome, me besó y me dijo que estaba guapísima, que aquellas ropas me sentaban como un guante. Al fin salimos de nuestro estado y me dijo que era hora de marcharnos. Salimos de casa con su brazo en mi cintura y, gentilmente, me abrió la puerta de su coche para que me montase, y salimos para dirigirnos al restaurante en que él había reservado mesa para cenar. Cuando entramos, el camarero nos guió hasta la mesa que se encontraba en un discreto y tranquilo rincón y, tras apartarme la silla para que me sentase, nos preguntó qué tomaríamos como aperitivos. Louis pidió una botella de un excelente vino y, sin consultarme, ordenó diversos platos. Cuando el camarero se marchó me dijo que no me preocupase, que estaba seguro de que me gustarían. Al cabo de unos instantes volvió el camarero con el vino y, tras destapar el mismo, me sirvió un poco esperando mi aprobación, la cual le di con un leve gesto de asentimiento, sirviéndonos después en las copas que tomamos mientras charlábamos de cosas triviales. Nos trajeron los platos instantes después y nos dispusimos a comer.

Mientras lo hacíamos, poco a poco la conversación fue derivando a que le contase cosas de mí, lo que realmente todavía no había hecho. Sobre todo quería saber el origen de mi afición por los temas femeninos, a lo que le contesté entre bocado y bocado. Me dijo que yo le excitaba mucho, y que se lo estaba pasando de miedo conmigo, ya que no se esperaba que yo fuese tan desinhibida, debido entre otras cosas a lo que le había contado sobre mi encuentro con el camionero del día anterior y a mi comportamiento en el jardín, sobre todo sabiendo que posiblemente nos estuviesen observando. Le contesté que ni yo misma sabía el porqué de mi comportamiento, y que aquella forma de actuar surgía espontáneamente. La cena continuó entre otras confidencias y, tras pagar, nos marchamos del restaurante.

Mientras circulábamos por la carretera y al ver que abandonábamos la ciudad le pregunté que adónde íbamos, contestándome él que si es que no me apetecía tomar unas copas en un ambiente agradable, a lo que le contesté que sí. Llegamos a un local de un ambiente un tanto selecto y, sentándonos en una especie de reservado, pedimos dos copas. En ese momento sonó una lenta canción que a mi me encantaba y, al decírselo, se puso de pie tomándome de la mano y nos fuimos a bailar a la pista. Al compás de la lenta melodía sentía su cuerpo pegado al mío, sus manos en mi cintura, y su duro bulto rozándose con mi pierna, lo que me estaba empezando a excitar, y al poco rato una de sus manos recorría mi espalda desnuda mientras la otra ya estaba en mi culo, apretándolo suavemente en ocasiones. Las copas y los bailes se fueron sucediendo, hasta que al rato decidimos irnos. Salimos del local y, montándonos en el coche iniciando el regreso a casa.

La carretera estaba casi totalmente vacía y casi no nos encontramos con ningún coche más, tan sólo alumbrada por las luces del nuestro. Yo iba abrazada a él, con su mano rodeándome los hombros, diciéndole que me lo estaba pasando estupendamente, a lo que me contestó que a él le pasaba lo mismo. Se me ocurrió ser un poco más pícara y empecé a acariciarle su polla por encima de los pantalones y, desabrochándoselos, se la saqué, acariciándosela suavemente, notando como se iba poniendo todavía más dura, y cogiéndola con la mano le empecé a masturbar. Sentía el calor y el grosor de aquel pene, las venas que recorrían toda su longitud, y la humedad de su capullo. Colocándome mejor en el asiento bajé mi cabeza hasta ella, acercando mis labios. Se la besaba suavemente, notando como mis labios se mojaban con su líquido preseminal. Después se la empecé a lamer de arriba abajo, deleitándome, llegando en ocasiones a sus hinchados huevos, lamiéndoselos también e introduciéndomelos en la boca. Poco a poco se la empecé a chupar, metiéndomela entera en la boca mientras escuchaba su respiración entrecortada, lo que me demostraba que le estaba gustando aquella mamada. Al poco rato me pidió que parase, ya que estaba a punto de correrse, pero no le hice caso y seguí chupando hasta que noté su leche en mi garganta que me tragué sin dejar escapar nada. A continuación se la volví a meter en los pantalones y me volví a abrazar a él, preguntándole entre leves lamidas en su oreja si le había gustado, y me contestó que estaba deseando llegar a casa para demostrármelo.

Llegamos a casa poco después, accediendo a la misma a través del garaje y subiendo hasta el comedor y encendiendo una pequeña lámpara. Me senté a descansar un poco en el sofá quitándome los zapatos ya que, al no estar acostumbrada a los mismos, me dolían un poco los pies. Después me levanté al mueble bar a servirme una copa, mientras él iba un momento al piso superior a hacer no sé qué cosa. Me quedé de pie delante del gran ventanal, mirando hacia el jardín y piscina, cuando empezó a inundarse el ambiente de una suave música, pero no me giré. Al poco rato sentí el roce de su cuerpo y sus manos en mis caderas, mientras me empezaba a besar en el cuello y sus manos pasaron a acariciarme las piernas apartando el vestido. Me lo fue subiendo poco a poco hasta que lo tuve prácticamente enrollado en la cintura, sintiendo sobre la desnuda piel de mi culo el roce de su polla que ya tenía fuera de los pantalones. Me giré poco a poco hasta quedar de cara a él y pasando mis manos por detrás de su cuello. Nuestras bocas se fundieron en húmedos besos, jugando con nuestras lenguas, y poco después le empecé a desabrochar su camisa besándole el pecho a continuación. Mis besos bajaban por su vientre llegando de nuevo hasta su polla, la cual volví a besar y a lamer hasta que me la metí entera de nuevo en la boca. No sé porqué, pero su polla me volvía loca y me encantaba chupársela y que se corriese en mi boca para sentir el sabor de su semen. Se la estuve mamando arrodillada ante él hasta que haciéndome levantarme me acercó a la mesa del comedor en la que me apoyó y, apartándome el tanga, me lamió el ano durante unos instantes, jugando con sus dedos en él, y a continuación sentí el roce de su glande intentando penetrarme, lo que logró sin demasiado esfuerzo, follándome de una manera que me estaba volviendo loca. Poco a poco sus movimientos se fueron acelerando, perforándome sin piedad, volviéndose a correr en mi culo y permaneciendo dentro hasta que salió por si misma cuando se quedó flácida, sintiendo yo la leche que salía de mi culo y manchaba mis medias y mis zapatos. A continuación me puse de rodillas para limpiársela con mi boca, hasta conseguir, sin querer, que se le volviese a poner dura, así que se la seguí mamando hasta que volví a sentir su leche en mi garganta. Después de la actividad de aquella noche, la cena, las copas, etc., estábamos realmente cansados, así que no tardamos mucho en quedarnos dormidos.

Me desperté a la mañana siguiente al sentir los cálidos rayos de sol que entraban por la ventana acariciando mi cuerpo. Sin abrir los ojos alargué la mano hacia el otro lado de la cama esperando encontrar su cuerpo, pero lo encontré vacío. Recordé que tenía que irse a realizar unas gestiones esa mañana así que, como todavía era temprano, decidí quedarme un rato más en la cama, vestida solamente con el conjunto verde que me había puesto para salir la noche anterior. Puse en marcha la televisión del dormitorio para pasar el rato y me encendí un cigarrillo. Así estuve jugueteando con el mando de la televisión por cable cuando tropecé con un canal de películas "X" y decidí dejarlo. En la pantalla las escenas de sexo se sucedían y, mirando una escena en la que un joven era seducido por una exuberante madura, recordé los planes que tenía para esa mañana. Me levanté y me dirigí a la cocina, donde me preparé un café y un par de tostadas, y después me fui al cuarto de baño para darme una ducha. Salí envuelta en una toalla camino del dormitorio, donde me puse el bikini negro procurando ajustármelo lo mejor posible para que mis nalgas luciesen lo más esplendorosas posible junto con un pareo, y me recompuse un poco mi melena rizada. Volví a la cocina, me serví un vaso de zumo de naranja y, con una toalla al hombro, salí al jardín.

Me encaminé hacia una de las tumbonas que coloqué de tal manera que se viese bien desde aquella ventana y extendí la toalla encima, tendiéndome a continuación de la manera más provocadora que pude por si acaso aquel mirón desconocido me estuviese observando. Permanecí un rato tumbada boca abajo para lucir bien mi culo hasta que cambié de posición poniéndome ahora boca arriba y en esa posición me quedé adormilada. Me sacó de ese estado un ruido que escuché como si se cerrase una ventana. "Ahí está", pensé. Echando un furtivo vistazo me di cuenta de que había un leve movimiento en las cortinas de aquella habitación. Decidí ser atrevida y jugar un poco con él y, colocando mis piernas de manera que no pudiese apreciar mi sexo, empecé a pasar las manos por mi cuerpo y, dirigiéndolas hacia mi entrepierna, simulé una masturbación. He de reconocer que a cada momento me sentía más excitada. Estaba colocada de tal manera que podía ver la ventana girando apenas los ojos, y así pude observar como ahora una de las cortinas estaba apartada y se podía apreciar claramente un rostro juvenil a través del cristal que no apartaba sus ojos de mí. Decidí que ya era el momento y, cesando mis roces, me levanté las gafas de sol e incorporé un poco la cabeza, siendo yo ahora la que miraba descaradamente. Vi como caía la cortina, pero algo me decía que aquel joven todavía estaba tras ella, por lo que no aparté mi mirada. Al cabo de unos segundos la cortina se volvió a apartar, y ahora sí que pude verle bien. No apartaba sus ojos de mí, mientras que yo pasaba la mano por encima del sujetador del bikini. Permanecimos así un instante, mirándonos, hasta que le hice un gesto con mi dedo invitándole a venir hacia donde yo estaba. Se quedó mirando un momento más, hasta que volvió a dejar caer la cortina. No estaba segura de si vendría o no, pero algo me hacía pensar que sí, por lo que me puse de nuevo las gafas de sol y me volví a tumbar. En ese momento sonó el timbre del interfono y, levantándome y enrollándome el pareo en la cintura, fui a abrir la puerta. Al hacerlo allí estaba él, aquel joven mirón, y me gustó lo que vi: un chico de unos 18 o 19 años, aproximadamente 1’75, delgado, de cabello castaño, vestido con una camiseta y un pantalón corto, y que no apartaba su mirada de mi figura… Rompiendo el silencio tan solo le dije:

- Hola.

- Hola…, balbuceó.

- ¿Querías algo?

- No, yo…, esto…

- ¿Qué ocurre? ¿Es que te ha comido la lengua el gato?

- Sí…, no…

- ¿Cómo te llamas?

- Edu…

- Mmm, bonito nombre. Yo soy Lara. Encantada.

- Igualmente, Lara…

- ¿No me vas a dar dos besos, Edu?

Se quedó cortado, sin saber qué hacer, y fui yo misma la que, acercándome, le planté dos besos en la cara, pero pícaramente cerca de las comisuras de los labios. Se quedó quieto, sin saber qué hacer, pero sin apartar sus ojos de mi cuerpo. Me dio un poco de pena ver el estado en que se encontraba, ya que no acertaba a hablar, por lo que decidí ser un poco más directa.

- ¿Quieres pasar, Edu?

- Bueno, pero….., no quisiera molestar.

- Tranquilo, no molestas. Pasa.

Aquel chico me había gustado y estaba dispuesta a follármelo, así que me di la vuelta y, quitándome el pareo para que pudiese ver bien mi culo, comencé a caminar en dirección al jardín. Me di cuenta de que no me seguía, así que giré la cabeza y le dije:

- ¿No vas a entrar? Chico, decídete: o pasas o no, pero no te quedes ahí como un pasmarote…

Al oírme decir esto por fin se decidió y, cerrando de un portazo la puerta de la calle, me siguió hasta el jardín. Me dispuse a tumbarme otra vez en la tumbona, esta vez boca abajo para que me viese bien. Notaba su mirada azorada recorrer mi cuerpo, como si le diese vergüenza mirarme así que, para comprobar si se animaba o no, acercándole el bote de crema le invité a que me untase bronceador por la espalda. Cuando se puso a mi lado y empezó a untármela me desabroché el sujetador del bikini. Sentía sus manos recorriendo mi espalda en círculos, dándome un masaje muy agradable. Las noté por mi cintura y, girando levemente la cabeza, le dije:

- Un poquito más abajo…., por favor.

- ¿Más abajo? ¿Quiere decir…?

- No me digas de usted, Edu, que tampoco soy tan vieja, y sí, me refiero a que me des bronceador también por mis nalgas, yo no me la puedo dar bien.

Lo noté un poco cortado al principio. Algo me decía que aquel chico era virgen, sobre todo por la timidez con la que empezó a repartir la crema por mi culo. Para provocarle un poco más le dije que porqué no se subía encima colocando sus piernas a los lados de mi cuerpo, diciéndole también que me volviese a untar crema por toda la espalda. Volvió a hacerlo, y cada vez que sus manos llegaban a mis hombros su cintura bajaba rozándome, sintiendo yo como crecía el bulto de su entrepierna. El roce me estaba excitando, así que ahuequé un poco mis caderas para levantar levemente mi culo y que el roce fuese cada vez más frecuente. Así estuvimos un rato hasta que me di la vuelta, quedándome mirándole a los ojos. Por mi giro se quedó sentado a mi lado, y se notaba claramente su erección. Ya era hora de dejarnos de juegos, por lo que sin cortarme le planté la mano directamente en su entrepierna. La tenía muy dura, y tenía que ser un verdadero placer "jugar" con ella…

- Me da la impresión de que te ha gustado lo que has hecho….

- ¿Qué si me ha gustado? Bueno, no, esto…, sí, quiero decir….

- ¿Qué pasa, te da corte decir que sí?

Y sin más me incorporé levemente y le di un suave beso en los labios, notando como se quedaba ligeramente desconcertado. Aprovechando su estado volví a besarle y, notando que su boca estaba entreabierta, le metí la lengua sin que ofreciese resistencia. Mientras tanto mi mano tampoco se estaba quieta y, forcejeando con el cierre de su pantalón, ya había sacado su pene al exterior y lo masturbaba con mi mano. Se desprendió de la camiseta, quedándose solamente con el pantalón por los tobillos, y que tardó poco en desaparecer también. Poco a poco fui haciendo que se tumbase, con su culo cerca del borde y, colocándome entre sus piernas, le empecé a besar todo su cuerpo. Recorría su cuello, su pecho, deteniéndome en mordisquearle los pezones. Bajaba hasta su vientre, jugando con la punta de mi lengua, notando sus estremecimientos de placer, hasta que llegué a su duro miembro. Se lo empecé a lamer en toda su longitud, deteniéndome en su capullo, saboreando el líquido preseminal que hacía que presentase un aspecto brillante. "Para ser tan joven no tiene mala polla", pensé para mis adentros. Mi lengua seguía su camino, llegando ahora hasta sus duros huevos, los cuales me introducía a veces en mi boca, e incluso en algunos momentos llegué a lamerle su ano. Sin pensármelo más me la metí en la boca, iniciando una mamada sin manos que noté le gustaba a juzgar por sus gemidos. Logré introducírmela entera, notando como casi me ahogaba con ella dentro. Sin embargo la mamada no duró mucho ya que, de golpe, noté como su cuerpo se contraía y un potente chorro de leche alcanzaba mi garganta. Aceleré mi mamada y me la tragué casi toda, excepto un poco que dejé en mi boca y que, volviendo a besarle, le pasé a su boca, notando como el sabor de su propio semen no le desagradaba.

Me quedé tumbada a su lado, besándonos mientras mi mano seguía acariciando su polla, ahora totalmente flácida. Decidí darme un baño, así que me tiré al agua. Después de bucear un breve instante me acerqué al borde apoyando mis codos en él y le invité a que me acompañase. Se metió en el agua desnudo como estaba y se acercó a mí. Pasé mis manos por su cuello volviendo a besarle mientras le preguntaba si le había gustado lo que habíamos hecho, a lo que me contestó que sí, pero que quería devolverme el placer que le había dado. Le pregunté si estaba seguro, y al contestarme que sí, tan solo me di la vuelta volviendo a apoyarme en el borde y ofreciéndole mi culo. Notaba sus torpes manos bajándome el tanga hasta que, levantando un poco la pierna, me desprendí de dicha prenda, y su polla rozar la raja de mi culo, llegando en ocasiones a mi agujerito. Alargando mi mano hacia atrás se la volví a coger, masturbándole de nuevo suavemente y sintiendo como iba creciendo poco a poco. Mientras tanto él tampoco se estaba quieto y notaba sus besos por toda mi espalda. Poco a poco se aproximaba a mi culo hasta que, sumergiéndose, me empezó a lamer el ano de una manera que me excitó muchísimo más de lo que ya lo estaba. Sus manos intentaban acariciarme por delante, pero yo le frenaba: quería tener su polla dentro de mí antes de descubrirle mi "sorpresa". Ya estaba bien de preámbulos, así que en un momento que se levantó y besaba mi cuello, volví a cogerle la polla, saqué un poco mi culo hacia atrás y la fui acercando a mi cueva hasta que sentí toda su dureza en mi entrada. No era muy experto así que, apretando hacia atrás, me la fui introduciendo yo misma. La noté entrar poco a poco, despacio, abrir mi coñito hasta que, al notar sus testículos en mis nalgas, supe que estaba toda dentro. Me encantaba sentirla dentro. La verdad es que no estaba nada mal y, si al mamársela me había parecido grande, dentro se sentía inmensa. Al principió no se movía, estaba quieto dentro de mí así que, cuando me acostumbré a su grosor, fui yo misma la que me empecé a mover, despacio al principio, más rápidamente después. Al poco rato ya era él mismo el que se movía dentro de mí, con sus manos en mis caderas mientras me besaba el cuello y la espalda. En ese momento llevé una de sus manos a mi sexo, a estas horas bastante excitado, sintiendo como se paraba de la sorpresa que le produjo tenerlo en la mano. Le pregunté si le gustaba y, sin tiempo a que me contestase, contraje mis músculos anales apretándole su polla. Me contestó que no, que no le molestaba en absoluto, y que le gustaba hacerlo conmigo… Salimos del agua y le dije que se tumbase en el césped y, poniéndome encima de él, me la volví a meter yo misma, cabalgándole como una loca mientras él me abrazaba por las caderas y nos besábamos los dos. Cambiamos de posición y, poniéndome boca arriba y levantando mis piernas, le dije que me la metiese de nuevo, colocando mis piernas en sus hombros y masturbándome mientras me volvía a follar pero ya a un ritmo desaforado.

- Vaya, vaya…. ¿Qué tenemos aquí? Mírala que zorra ella. Me voy un momento de casa y no tarda en encamarse con otro…

Noté como el Edu se quedaba quieto, sobresaltado. Era Louis el que había hablado, de pie en la puerta del jardín, con un semblante aparentemente serio, como enfadado. Nos quedamos mirándole los dos, azorado Edu, haciéndome la nerviosa yo, pero conteniendo la risa en mi interior. El plan marchaba.

- Louis, perdona, pero…

- No, Lara, ni perdón ni hostias. O sea, ¿qué me voy a trabajar y tú me pones los cuernos con el primer vecino que pillas? Y tú, ¿qué? (dirigiéndose a Edu), ¿te gusta la zorra de mi novia? No, si no se puede tener a una tía buena por novia…

- Yo, verá, es que…

- Louis, déjame hablar, no ha sido culpa suya. He sido yo la que le he provocado. Verás, es que vino a pedirme algo que se le había caído al jardín. Al verle tan guapo me he excitado y no he podido evitar pedirle que me dejase comerle la polla. Nos hemos entusiasmado y ya ves cómo hemos terminado.

- No, si a mi no me molesta que folles con quién quieras. Lo que me molesta es que no me lo hayas dicho… Podéis seguir, no os preocupéis. Yo os miraré (Y mientras decía esto se iba desnudando, dejando ver su grueso barrote de carne).

- ¿No te enfadas, cariño? Gracias, cielo. Gracias por ser tan comprensivo conmigo…

Y, sin dudarlo un segundo, me levanté del suelo y, acercándome a él, comencé a besarle en la boca, dándonos las lenguas mientras le sobaba y masturbaba suavemente su polla, notando como sus manos recorrían mi espalda y acariciaban mi culo metiéndome dos dedos que, debido a lo dilatado que lo tenía, entraron sin dificultad. A esas horas yo ya estaba cachonda perdida. Tenía dos hombres para mi solita, mi sueño, y estaba dispuesta a disfrutar de aquel trío. Me agaché poco a poco, rozándome con él mientras besaba todo su cuerpo, hasta que llegué a su polla la cual empecé a besar y lamer hasta metérmela en la boca de una sola vez, empezando a mamársela con verdadera lujuria. Louis me tenía totalmente hechizada con su polla. Mientras se la mamaba, y sacándomela un momento miré a Edu, que permanecía desnudo acariciándose su miembro mientras observaba la escena,. Le hice un gesto con el dedo y, a la vez que se la chupaba a Louis, puse mi culo más empinado. No le hicieron falta palabras y, al instante, le sentí de nuevo dentro de mi. Me sentí la puta más feliz del mundo con aquellas dos pollas ocupando mis agujeros, llenando mi boca y mi culo. Al cabo de un rato de estar en esa posición decidimos cambiar, tumbando a Louis en el suelo y, sentándome encima de espaldas a él, volví a cabalgarle metiéndome esta vez la polla de Edu en la boca que permanecía de pie a mi lado. Estaba cachondísima perdida, a punto de llegar al orgasmo, notando por sus jadeos que ambos estaban a punto de correrse. De repente sentí la calidez de la leche de Louis en mis entrañas, mientras Edu se masturbaba y, no pudiendo aguantarme más, me empecé a tocar hasta que llegué también al orgasmo que cayó en mi vientre, mientras Edu se corría en mi boca y en mi cara. Tal y como ambos se corrieron, recogí los restos de la corrida de Edu de mi cara con los dedos y me los llevé a la boca, tumbándoles a continuación a ambos en el suelo y chupándoselas hasta que se las dejé bien limpias a los dos. Nos quedamos tumbados en el césped, cada uno de mis hombres a un lado, abrazándome los dos, hasta que decidimos comer algo y salir a dar una vuelta o irnos esa tarde a la playa.

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