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Reunión de amigos: Proposición inesperada

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  • Todos estaban atónitos y nadie hablaba, sabía que estaba proponiendo un juego peligroso, estaba proponiendo desatar públicamente las fantasías eróticas más íntimas de cada cual y eso podía tener severas consecuencias

    Me llamó Arturo y conocía a Roberto y Damián desde la niñez, éramos amigos desde siempre y juntos conformábamos un grupo compacto que, como todo grupo de tres a esa edad, nos llamábamos Los Tres Mosqueteros, aunque en nosotros era una realidad aquello de “todos para uno y uno para todos”, todo lo compartíamos y un problema de uno era un problema de los tres. Roberto era negro, y ya desde niño era alto y musculoso, tozudo y colérico, siempre dispuesto a las peleas y las discusiones y era difícil contradecirlo, en cambio Damián era todo lo contrario, un blanquito delgado más bien débil de buenos sentimientos e inteligente pero nada dado a la violencia y la confrontación, al contrario, siempre que se metía en algún problema los otros salíamos a defenderlo, yo era como el punto medio entre ellos, mulato claro y de cuerpo normal, no era muy amigo de broncas y reyertas como Roberto y prefería resolver los problemas negociando, pero cuando era necesario nunca retrocedía ante los desafíos.

    Ya a estas alturas de la vida habíamos crecido, éramos hombres trabajadores, mediando los treinta, con familias y responsabilidades, pero seguíamos siendo amigos y alguna que otra vez nos reuníamos a recordar tiempos pasados y a pasarlo bien. En esa ocasión decidimos pasar el día juntos en casa de Damián aprovechando la piscina. Era un verano caluroso y nos vendría muy bien un chapuzón. Cuando llegue ya Roberto estaba allá con María, una mulata alta de cuerpo escultural, piernas de ensueño, grandes caderas y grandes tetas que siempre pensé fueran producto de alguna operación, pero lo más sobresaliente de su cuerpo era el culo, un culo fenomenal a lo Jennifer López o Kim Kardashian, grande, redondo, alto, el culo que todo hombre quisiera poder mirar, tocar y disfrutar a sus anchas. Damián estaba con Lourdes, su pareja hacía ya varios años, era una joven bajita pero con un buen cuerpo y un culito pequeño pero igual de bueno, senos normales y una carita bonita con una boquita pequeña, nariz respingona y una cabellera rubia que enmarcaba adecuadamente su cara aniñada. Yo por mi parte fui con Rebeca con la cual estaba conviviendo hacía más de un año, también era blanca pero más alta y mayor que Lourdes y creo que con mejor cuerpo, aunque nunca podía compararse con María, tenía senos grandes, un buen culo y piernas muy bien formadas. Pasamos buena parte del día bebiendo, comiendo los saladitos y manjares preparados por las mujeres y bañándonos en la piscina, haciendo bromas y comentarios jocosos y hasta subidos de tono sobre lo bien que se veían las mujeres con sus bikinis sobre todo María, que no podía ocultar las grandes nalgas que sobresalían de su tanga y provocaba la mirada lasciva de todos, algunos comentarios míos mas incisivos y el malestar de Roberto, pero todo iba en buen plan y a modo de broma, no era la primera vez que nos reuníamos y todos nos llevábamos muy bien incluida las mujeres entre ellas.

    Ya estaba oscureciendo y se sentía cierta frialdad por lo que decidimos entrar y los hombres nos pusimos a jugar barajas para entretenernos un poco mientras las mujeres observaban y comentaban las jugadas. Para esa hora ya habíamos bajado 1 botella de ron, 2 de vino, una caja de cervezas y recién habíamos comenzado una botella de whisky, así que estábamos bastante entonados. Apostábamos con el dinero que teníamos encima y a Roberto le había ido muy mal, al punto que había perdido todo y todavía me debía unos cuantos pesos. Ya pensaba en finalizar el juego cuando Roberto soltó la bomba.

    -Arturo, te lo apuesto todo a que María te muestre el culo y se lo puedes tocar.

    Todos nos quedamos de piedra, sobre todo María, yo conocía bien a Roberto, sabía que era muy celoso y nunca esperé que fuera a apostar a su mujer lo cual me imaginé era producto de la bebida, pero sabía que no soportaba perder, y por tanto no iba a desistir, María se veía tensa y muy molesta pero también lo conocía y sabía que en las condiciones en que estaba, contradecirlo iba a provocar más problemas, así que se mantenía callada. Pasaron varios minutos y yo finalmente, tal vez influenciado también por el alcohol le dije:

    -Eso no sería justo para María, no tiene porqué pagar por lo que tú has perdido.

    Los miré a todos que habían quedado boquiabiertos al verme plantarle cara a Roberto, así me dirigí a todos en general:

    -Les propongo otra cosa, empezamos un nuevo juego participando todos, incluidas las mujeres y el que gane la mano le pide al que quiera un deseo de carácter sexual. Si todos nos ponemos de acuerdo empezamos, sino, acabamos ahora mismo la velada y cada cual se va a su casa.

    Todos estaban atónitos y nadie hablaba, sabía que estaba proponiendo un juego peligroso, estaba proponiendo desatar públicamente las fantasías eróticas más íntimas de cada cual y eso podía tener severas consecuencias, sobre todo en el futuro de nuestra amistad, pero ya el reto estaba planteado y no había vuelta atrás, mire a María y le dije:

    -Que tú piensas María?

    Me miró un rato y luego a Roberto y seguro que pensando que su proposición era más molesta y humillante que la mía dijo desafiante:

    -Yo estoy de acuerdo

    Damián y Lourdes estaban más blancos que el papel, pero era evidente que no querían desentonar y menos crear una trifulca entre Roberto y María, o que este la tomara con ellos, así que encogiéndose de hombros asintieron tímidamente con la cabeza. Rebeca me miraba molesta y asombrada, no podía creer que yo la expusiera en ese juego, sabía de sobra que yo estaba obsesionado con el culo de María y lo que más quería era tenerlo frente a mi poya para metérsela hasta el fin, habíamos discutido varias veces de ello e incluso provocado algún altercado matrimonial, pues yo también sabía que ella fantaseaba con el tamaño de la poya de Roberto, así que tal vez en son de venganza o para cumplir su fantasía, también estuvo de acuerdo. Por último Roberto sin muchos miramientos asintió diciendo:

    -Está bien, estoy de acuerdo, pero sepan que voy a ir hasta el fin, ahora vamos a ver si en verdad somos todo para uno y uno para todos.

    Repartí las cartas y comenzamos el juego. Confirmando que esa noche era mi día de suerte gané la primera ronda, todos se quedaron esperando, seguros de que me metería con el culo de María, pero no quise tirarme a fondo y solo le pedí que nos mostrara sus tetas, ella sin vacilar se quitó el brassiere y descubrió unos senos preciosos, eran grandes aunque sin exagerar y perfectamente redondos, con un color canela más claro que el del resto de la piel quemada por el día soleado, en ellos destacaban unas aureolas negras, grandes y perfectas con unos pezones también grandes y afilados, completamente erectos, no sé si por la incipiente frialdad o por el morbo de la situación. Todos nos quedamos mirando sus senos y hasta las mujeres se veían admiradas, yo tuve una erección instantánea y no apartaba los ojos de ella hasta que Roberto nos dijo:

    -Bueno, seguimos?

    La siguiente mano la ganó Roberto y pidió a las otras mujeres que se quedaran con las tetas al aire como su mujer. Lourdes se veía incomoda pero ambas cumplieron y mostraron sus tetas, las de Lourdes eran unos senos pequeños pero muy firmes con aureola rosada donde destacaban algunos pelillos rubios y unos pezones rojos y achatados, por su parte los senos de Rebeca eran más grandes y se veían algo caídos, no en balde era la mayor de las mujeres, pero estaban apetitosos y a mí enseguida me dieron deseos de pegar mi boca a sus pezones y chuparlos hasta el cansancio.

    Seguimos jugando y volví a ganar la siguiente mano y decidí que no valía la pena seguir esperando, así que dije:

    -Bueno María, es hora de que nos muestres el objeto de tanto alboroto, enséñanos tú culo, y para que no te sientas mal, también las otras mujeres deben quedarse en pelotas.

    María se levantó y se quitó la parte baja del bikini, mostrando primero su conejita, la tenía depilada completamente por lo cual se notaban a priori sus labios vaginales, grandes y pulposos, luego se dio una vuelta presentándonos a todos el culo, que como ya describí anteriormente era espectacular destacando unas nalgas redondas y duras donde se marcaba también la diferencia del bronceado. Cuando estuvo de espaldas a mí y frente a Roberto, se inclinó completamente hacia delante, presentándome el ojo del ano, de un color morado oscuro y con una areola de carne alrededor que evidenciaba que había practicado bastante el sexo anal, en esos instantes también pude entrever su conchita abierta donde destacaba un clítoris grande y puntiagudo y tuve que controlarme para no meterle un dedo. Luego le tocó el turno a Rebeca que nos mostró su vagina completamente peluda pero muy bien cortada y el culo con unas nalgas blancas, grandes y firmes, finalmente Lourdes, roja como un tomate, también se desvistió mostrando una conchita pequeña y con un triangulito de pelillos rubios, un poco más abierta que las demás se notaba el clítoris rojo y encogido, con respecto a su culito todo era normal, nada grande pero blanquito como el papel, redondo y de nalgas firmes. Ya a esas alturas el ambiente se estaba caldeando, y todos tratábamos de esconder las sensaciones tomando sorbos de nuestras bebidas, los hombres con nuestras copas de wyskhy y las mujeres con cerveza o vino.

    La siguiente mano la ganó María y pidió a los hombres que mostráramos los penes. Con todas las mujeres desnudas y mostrando sus encantos era lógico que todos estuviéramos algo empalmados así que cuando nos quitamos las trusas mostramos nuestros penes casi erectos. Siempre he considerado que tengo un pene grande que llega sobre los 20 cm en erección, pero lo de Roberto era bastante inusual, cuando descubrió su pene casi erecto me pareció que cifraba sobre los 25 o 30 cm, gordo y completamente negro era algo descomunal y todas las mujeres, incluida la suya se quedaron alucinadas mirándolo, lo que le provocó ponerla más dura. Ante ese espectáculo tanto mi pene como el pene normalito de Damián sobre los 16 a 18 cm pasaron casi desapercibidos.

    Ahora el ambiente estaba evidentemente caliente, todos estábamos desnudos y ante tantos atributos expuestos tratábamos de disimular nuestros deseos, pero las mujeres se movían contantemente en sus asientos y ya no trataban de esconder sus encantos y los hombres no podíamos disimular las erecciones, así que las miradas pasaban de unos a otros y cada cual trataba de disimular tomando sus tragos lo que provocó en todos una semi embriaguez y que nos llevó a una desinhibición total.

    La próxima ronda la ganó Lourdes y sin ninguna vacilación pidió tocarle el rabo a Roberto, y ante el asombro de todos fue hacia él, se arrodilló a sus pies, tomó el rabo entre sus pequeñas mano y empezó a amasarlo, apretarlo y jugar con su negra cabeza. He oído teorías sobre si los hombres con penes muy grandes no llegan a una buena erección, pero en el caso de Roberto esto fue falso, desde el primer momento en que Lourdes le tocó el pene este se puso rígido y aumentó considerablemente su tamaño. Lourdes estaba como hipnotizada, pasaba ambas manos a través del rabo de Roberto y no apartaba la mirada de él, en un momento se escupió en ambas manos para continuar con la pajeada y facilitar la labor, continuó moviendo una mano de abajo arriba a través del pene y con la otra comenzó a acariciar la cabeza que escupía a cada rato, Roberto respiraba agitadamente, se había echado hacía atrás y disfrutaba plenamente, luego de varios minutos en esa labor Lourdes acercó su pequeña boca al rabo de Roberto y empezó a pasarle la lengua por la cabeza para luego introducirlo en su boquita y a Roberto se le escapó un gemido. Todos estábamos mirando el espectáculo con ferviente mirada, yo tenía una total erección y empecé a acariciarme el pene, y al recorrer la vista por los demás vi que igual hacía Damián, completamente excitado de ver a su mujer mamándole el rabo a otro hombre, mientras María y Rebeca se acariciaban disimuladamente en la entrepierna y no era para menos, observar el esfuerzo que hacía María para engullirse totalmente la pinga de Roberto era alucinante, el pene apenas cabía en su pequeña boquita, pero ella la abría lo más posible y se lo metía hasta el final de la garganta mientras seguía acariciándolo con ambas manos, ya la mamada duraba como 10 minutos cuando ella tomó los huevos en una de sus manos y empezó a estrujarlos y acariciarlos y Roberto no pudo más y dio un grito:

    -Cojones, dale más fuerte que me vengo!

    Entonces Lourdes se sacó el pene de la boca y continuó apretando, moviendo ambas manos y pasándole la lengua a la cabeza hasta que del rabo manó un potente chorro de leche que le empapó toda la cara y se derramó a sus manos, ella entonces se aplicó más con la lengua a lamer y limpiar todo el rabo, mientras tenía en la cara una expresión de máxima satisfacción y una mirada perversa.

    Mientras Lourdes iba a lavarse los demás nos fuimos reponiendo de la impresión de ver la espectacular mamada y seguimos con nuestros tragos, cuando se repartieron nuevamente las cartas ya se notaba un ambiente completamente relajado, se hicieron algunos chistes y comentarios y el ejemplo de la inocente de Lourdes hacía que cada cual quisiera ganar para hacer realidad su fantasía sexual y en esta ocasión le tocó a la sin par María que sin dudarlo nos dijo:

    -Quiero ser penetrada por Arturo y Damián a la vez.

    Todos nos miramos y Roberto puso cara de pocos amigos, pero a esas alturas ya no tenía nada que objetar, Damián trajo de adentro una colchoneta que se tiró al suelo y se vistió con un sábana, María se arrodillo sobre ella y yo y Damián nos acercamos, ella tomó nuestras herramientas y empezó a apretarlas y amasarlas para lograr una buena erección mientras que Damián le masajeaba sus tetas y yo le introducía un dedo en su concha que ya estaba húmeda, cuando estuvo lo suficientemente dispuesta tiró a Damián sobre la colchoneta y se puso a horcajadas sobre él metiéndose de una sentada el pene en su precioso bollo y empezó a cabalgar primero despacio y acompasadamente y luego más rápido mientras no soltaba mi pene y Damián seguía amasándole las tetas, ya yo no podía esperar más para cumplir mi fantasía, me moví hacia atrás de ella y la empujé suavemente hacia delante dejando al descubierto el ojete del deseado culo. Mientras Damián empezaba a chupetearle las tetas, me embarre la pinga abundantemente de aceite, también traído por Damián y colocando mi herramienta en el pequeño orificio empecé a empujar. El espacio ocupado por la pinga de Damián en su concha dificultaba mis avances pero la buena lubricación ayudó y pronto la cabeza del rabo desapareció completa en su ano lo cual le provocó un gemido, no sé si de deseo o de dolor, pero para mí no tenía importancia, al fin tenía el culo de María a mi disposición y quería disfrutarlo plenamente así que seguí avanzando hasta lograr meterle todo el cipote. He visto innumerables películas porno de doble penetración y todo parece muy fácil pero no es tan así, el movimiento de Damián metiéndole su rabo en la concha provocaba que sus contracciones trataran de expulsar mi rabo de su culo, pero yo empujaba para adentro y me afincaba con mis manos agarrando fuertemente sus caderas mientras miraba sus grandes nalgas entre mis manos y la fuerza de ambos para no salirnos provocaba en ella grandes gemidos y gritos de placer que evidenciaron que había logrado tener un orgasmo, mientras con sus manos se masajeaba el clítoris. Todos estábamos disfrutando y yo particularmente no dejaba de meter y sacar la pinga del apretado culo que ya se había adaptado a mi rabo mientras Damián hacía lo suyo por el otro lado, al mirar a los espectadores me percaté que tanto Lourdes como Rebeca con sus piernas completamente abiertas se acariciaban sus conchitas y senos y Roberto miraba con cara de bobo con su pinga entre las manos, María lo vio y le hizo señas de que se acercara y tomando su pene se lo introdujo en la boca comenzando a mamárselo, ya tenía a todos los hombres a su disposición dándole placer y con movimientos paroxísticos se vino de nuevo , toda la escena había durado más de 15 minutos y Damián se corrió inundando su bollete de leche, yo por mi parte, ahora sin el inconveniente del rabo de Damián en su bollo, seguí disfrutando a mis anchas del culo de María que inclinada completamente hacia delante movía su cabeza metiéndose en la boca todo el rabo de Roberto que no tardó en descargarle todo el semen en el fondo de su garganta, yo continué imprimiendo un ritmo rapidísimo al mete y saca, resollando como loco y sacando en oportunidades completamente el rabo para apreciar el ojo del culo, bien abierto y palpitante esperando por otra metida hasta el fondo y así seguí por varios minutos más logrando darle un tercer orgasmo ayudado por Damián que desde abajo le acariciaba la concha, hasta que descargue todo mi semen en su culo entre ayes de placer y gritos de ella de: –Dame más, dame más. Finalmente, cansada y maltrecha se dejó caer sobre Damián y yo sobre ella mientras Roberto nos observaba, parado a nuestro lado con el rabo todavía semierecto y goteando leche sobre nosotros. Así quedamos por algunos segundos recuperando el aliento, aunque todavía la tenía clavada con mi pene. Finalmente saqué la herramienta de su hueco y se derramó sobre la sábana bastante semen que salía de sus orificios, ella quedó boca arriba despatarrada sobre la colchoneta, emanando semen por sus tres orificios y evidentemente satisfecha de la singueta. Al cabo de unos minutos, incorporándose nos dijo:

    -Nunca había singado con 3 hombres a la vez. Esto fue muy intenso, es seguro que algún día volveré a repetirlo.

    Llegados a este punto estimamos que no valía la pena seguir con el juego de cartas y era mejor que cada cual expresara públicamente su fantasía para entre los demás hacerla realidad. Colegimos que ya yo había cumplido la mía de darle por el culo a María y Damián la suya de chuparle las tetas y cogerla, pero tanto Rebeca como Lourdes expresaron sus deseos de ser sodomizadas también, así que dispusimos que yo le diera por el culo a Lourdes y Roberto a Rebeca lo cual cumplía a su vez su fantasía. Habían pasado varios minutos en esta conversación y los hombres ya estábamos bastante recuperados así que Rebeca se tiró en cuatro sobre la colchoneta dispuesta a recibir en su culo, que por supuesto yo había disfrutado en varias ocasiones, el gran cipote de Roberto. Ayudado con un poco de lubricante este colocó la punta de la cabeza en el orificio y empezó a empujar, creo que Rebeca pensó que le sería más fácil recibir en su ano tal herramienta pero equivocó, enseguida noté que le estaba doliendo la penetración, y para relajarla Roberto empezó a besarle y morderle la espalda y el cuello, mientras le pasaba una de sus manos por el bollo acariciando el clítoris y metiendo un dedo para buscar su placer. Era asombroso ver como la gran pinga de Roberto ganaba poco a poco terreno metiéndose en las entrañas de mi mujer y aunque parecía imposible, en un momento el ano de Rebeca se tragó todo el pene, luego de unos segundos Roberto fue sacando la pinga poco a poco para luego volver a meterla ahora más fácilmente y comenzó enseguida un movimiento acompasado más bien lento, pero constante que hacía salir el rabo casi completamente hasta asomar la cabeza pero enseguida arremetía nuevamente hacia adentro hasta chocar los cojones contra las nalgas, ya Rebeca no gemía de dolor, al contrario, casi gritaba de placer y con sus manos hacia atrás tomaba las nalgas de Roberto para empujarlo hacia ella.

    Ante tantas expresiones de placer mi pinga estaba que parecía un palo y tomé a Lourdes, la coloque sobre la mesa con las piernas abiertas sobre mis hombros y su pequeña conchita frente a mí y lubricando su culito le coloque la punta del rabo en el ojete y empecé a empujar suavemente, era claro que nunca se la habían metido por ahí y el ano estaba sumamente estrecho y apretado, pero continué empujando, ella empezó a gritar que le dolía, que parara, pero yo no me detuve, eché un poco más de grasa sobre el pene y de un empujón le metí dentro toda la cabeza, literalmente le había partido el culo porque enseguida noté sobre el pene unas gotillas de sangre, pero seguí para adentro hasta llegar a introducir la mitad, ella estaba llorando pero resignada a recibir el resto de la culeada empezó a acariciarse las tetas con una mano y la concha con la otra mientras yo sacaba un poco mi herramienta y empujaba nuevamente hacia adentro adaptando su caverna trasera a mi rabo. Luego unos segundos el movimiento se hizo fácil y rápido y pude meterle todo el pene hasta el fondo para comenzar a sacar y meter con movimientos rápidos. Ya a estas alturas Lourdes había sobrepasado el momento de dolor y sus gemidos indicaban que estaba recibiendo placer. Mientras seguía metiendo el cipote en el culo de Lourdes vi como Roberto y Rebeca le habían imprimido un ritmo frenético a su culeada, Roberto se movía constante y rápidamente mientras Rebeca gritaba: –mas, mas, más fuerte, maricón –y ayudaba empujando su grupa hacia atrás al compás de los movimientos de Roberto que tenía sus grandes manos en las blancas nalgas de mi mujer, y con sus pulgares hacia presión abriendo más el ojo del culo donde desaparecía a intervalos su gran pinga negra. Por su parte Damián y María no se habían quedado ociosos, Damián estaba sentado en un butacón y María de espaldas a él y de frente a nosotros, con las piernas completamente abiertas y el bollo expuesto mientras se lo acariciaba, cabalgaba sobre él recibiendo el rabo nuevamente en su culote. Era muy estimulante ver sus grandes senos bamboleándose, el bollo totalmente abierto mientras se acariciaba el clítoris y como esas nalgas morenas bajaba y subían a lo largo del rabo de Damián. La visión de los demás me excitó al máximo e imprimí un ritmo desaforado al mete saca sin ninguna contemplación, notando como Lourdes ya estaba recibiendo sin ningún impedimento mi pinga en su culito y mientras seguía la metedera me fijé en lo bonita que tenía su conchita con sus pelillos rubios y sus labios vaginales rosados y abiertos y sin dudarlo se la saqué completamente del culo y se la metí en su conejita, la sensación fue fenomenal, su conchita también era apretadita y muy húmeda aunque con un calorcito interior que era muy agradable, no sé si porque ya ella estaba a punto o por la sorpresa del cambio, pero cuando se la metí en su bollito, dio un pequeño grito y comenzó a correrse entre gemidos, gritos y movimientos rápidos mientras se estrujaba las tetas con las manos. Por mi parte seguí un rato más dándole por la concha para luego comenzar a alternar de un orificio al otro provocándole enseguida otro orgasmo y así seguí hasta que noté que me venía y la saque dejando que los chorros de mi leche se derramaran sobre los pelillos del pubis y corrieran entre sus labios vaginales y se depositaran en el ojo del culo que ahora se veía completamente abierto y rojo, con un hueco del ancho de una moneda de 25 céntimos. Por su parte Roberto y Rebeca habían terminado y estaban echados uno junto al otro en la colchoneta mientras María seguía cabalgando sobre Damián, aunque no por mucho tiempo, casi enseguida se escucharon sus gritos de placer y Damián se descargó completamente dentro del ano de María.

    Dimos por terminada la jornada y luego de asearnos y arreglarnos, cada pareja se retiró a su casa para emprender un nuevo día, pero como había imaginado, nada fue igual entre nosotros y las consecuencias de esa reunión loca, donde dejamos emerger sin tapujos nuestros anhelos sexuales no se hicieron esperar, provocando desacuerdos, rupturas e inesperados reencuentros entre nosotros, pero esas son otras historias.

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