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El desengaño de tía Delia me beneficia

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Usaría la computadora de mi primo, pues él estaba por un año, cumpliendo una beca en España, para completar una especialización. Llegaba a casa de mis tíos, era viernes por la tarde y mi tío Luis salía en viaje a Córdoba en su vehículo, pues un conocido de esa ciudad, tenía una concesionaria y haría un cambio de unidad, muy ventajoso. Mi madre había arreglado con su cuñada, mi tía Delia; que me quedaría en el cuarto de mi primo ese fin de semana, hasta completar mis tareas.

Mi tía tiene 43 años, es una mujer tremendamente bella, con una figura sensual y armoniosa. Es alta, tendrá 1.65 o 1.70 de altura. Cuando camina (como usa casi siempre sandalias o zapatos sin taco) parece como si en lugar de dar pasos, se deslizara, lo que la hace tan sugerente y apetecible que cualquier hombre se contenta hasta con tan solo mirarla. La familia, imaginaba que por ser Luis, su marido, bajo, gordito y nada atractivo, a ella solo le había interesado la empresa próspera, que dirigía su esposo.

Después de 22 años de matrimonio, reconocían el verdadero afecto de ella para con él.

Mi tío Luis, dejó unos papeles del seguro automotor y su celular sobre la mesa del comedor, por lo que mi tía llamó a la oficina de la empresa para preguntar a su secretaria si los precisaría en Córdoba y ver la forma de avisarle.

La vi ponerse pálida y salió presurosa a un mueble del dormitorio matrimonial y tomó un índice telefónico.

-Dani –dijo- Necesito que llames a un número y preguntes por la señorita Cristina.

-Como digas, tía.

Marcó un número y me pasó el teléfono. Después de preguntar por Cristina, me contestaron que había salido de viaje a Córdoba y no regresaría hasta el martes.

Se lo comuniqué a mi tía y dijo:

-Hijo de puta.-y agregó- Se fue con su amante secretaria a Córdoba. Ya me lo sospechaba.

Por la noche, cenamos en silencio. Después de levantar la mesa, prendió Delia la TV y estuvimos mirando cualquier tontería. Se sentía un clima rarísimo. Sonó el teléfono. Atendió Delia.

-Hola.

-Si. Te dejaste olvidado el celular -dijo mi tía.

-¿Así, que te tenés que quedar hasta el martes?

- Bueno. -Dijo tía- Nos vemos el martes por la noche. Que lo pases bien.

Colgó el teléfono y dijo que se iría a dormir. La sentí insultar en su cuarto.

Por la mañana, no bien me desperté, fui al baño a afeitarme y darme una ducha.

Cuando salí del baño, al pasar frente al dormitorio de mi tía, sentí un llanto contenido.

-Tía -dije golpeando con los nudillos la puerta- se siente bien.

-No, me siento furiosa -dijo volviendo a la cama- No me gusta ser cornuda.

-Hace tiempo que sospecho el engaño -siguió hablando- No me atiende como mujer desde hace un año.

Se dio vuelta golpeando con el puño la almohada, quedando abrazada a ella.

No sabiendo que actitud tomar, solo se me ocurrió tratar de consolarla. Yo estaba cubierto por un toallón a la salida de la ducha y sentandome a su lado en la cama, le palmeé la espalda.

- Ya se arreglará todo, tía -dije mientras admiraba su espalda perfecta y arqueada sinuosamente.

- No creo que se arregle nada -dijo también- ya me tomaré revancha.

Se dio vuelta y ya de frente a mí, no pude dejar de admirar por el escote de su camisón el busto perfecto y firme que asomaba. En la penumbra del cuarto ver su pelo revuelto me excitaba y no quería que notara la erección que me afectaba.

- ¿Tienes novia? -preguntó con voz suave.

- No tía -y agregué con algo de pudor- Yo tampoco tengo quien me atienda hace mucho.

- Eso no debe ser bueno en un muchacho de 20 años como tú -dijo mirándome cómplice a los ojos.

Había apoyado su mano en mi brazo y casi sin darse cuenta me acariciaba suavemente. Mi excitación era cada vez mayor y mirando su escote, seguía excitándome cada vez más. Ya era evidente a simple vista.

-¿Estás mirando mis pechos? -agregó- ¿en qué estás pensando?

- Tía, le diría que pienso que yo jamás buscaría otra mujer, teniendo ésta en casa. -dije con audacia.

Mi mano seguía en su hombro y la de ella seguía acariciando mi brazo y se desviaba a mi pecho.

- Te gusto tanto? -preguntó, coqueteando con una sonrisa.

- Muchísimo tía -le contesté.

- Dame un beso -dijo.

Me incliné sobre ella y le besé suavemente la mejilla, pero dejé mis labios sobre su piel. Ella rodeó con sus brazos mi cuello y su boca buscó mis labios.

Nos besamos casi con desesperación. De un manotazo, aparte las sabanas dejando al descubierto su cuerpo con el camisón levantado por sobre las rodillas. Ella, desató mi toallón, dejándome desnudo.

-Haceme tuya. Por favor. -y pidió- te necesito.

Le ayudé a sacarse el camisón y ya desnudos ambos, nos confundimos en un abrazo profundo y desesperado.

-Quiero que me hagas lo que quieras -agregó- seré tuya como nunca te lo fue ninguna mujer. Y todo quedará entre nosotros. Será nuestro secreto.

Besé sus pechos, lamí su vagina y la penetré con la violencia que me pedía a gritos:

-Matame, quiero sentirte adentro mío. -gritaba- penetrame, con fuerza. Más, más...

Fue una relación violenta y hermosa a la vez. La desesperación de tanto tiempo sin sexo, a mí me volvía loco. Ver esa hermosa mujer pidiendo sexo y placer, eras lo máximo.

Ese fin de semana, estuvimos más en la cama que en otro lado. Los trabajos de computación pasaron a otro día. Repetimos otra veces más, cuando las circunstancias nos permitían.

No sé cómo se habrá resuelto el problema de la infidelidad de mi tío, pero no le preocupó mucho más tiempo y nunca más hablamos del tema.

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