Por una infidelidad, un trío

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Comenzó a acariciar sus piernas y a manosearlas hasta llegar a su entrepierna y entretenerse un poquito rozando y acariciando el coño ya mojado de mi hembra caliente, mientras con la otra mano descubrió sus pechos para chupar y lamer los pezones duros y palpitantes de mi mujer

Tengo una mujer encantadora con la que sexualmente me he compenetrado siempre, de hecho llevamos casados veinticinco años y todavía no hemos llegado al punto de la monotonía ya que imaginación nunca nos ha faltado a la hora de realizar nuestras fantasías sexuales.

Lo más bonito, siempre hemos sabido hacerlo de dos formas: hemos hecho el amor y hemos follado, que son dos cosas bien diferentes, ya que aunque todo eso conlleva ternura, hay momentos en que el animal que llevamos dentro sólo deja lugar para el desenfreno total.

Bueno, una vez presentados, y sin ánimo de ser un pesado, quiero contaros una historia que nos ocurrió hace dos años y de la que aunque al principio fue de sabor amargo, sobre todo para mí, luego una vez reconsiderada la situación y consumada la experiencia, nos dejó un recuerdo que cada vez que rememoramos nos hace acabar a los dos en la cama follando como descosidos.

Todo comenzó con una sospecha, mi mujer y yo nunca habíamos tenido el más mínimo desliz con otra persona, pero como dice el refrán: "el roce hace el cariño", y eso fue finalmente lo que ocurrió, que hubo roce.

Ella se puso a trabajar en una empresa donde tenía un compañero colombiano al que al principio ni miraba por pesado, pero el muchacho, por su condición de "dicharachero" poco a poco se fue ganando su confianza hasta hacerla caer en sus redes. Los piropos continuos, las palabras bonitas, la aproximación física progresiva y algunos problemas laborales que los unieron más a todos fueron la mezcla que provocó la relación.

Yo, que la veía venir a casa muy contenta, cada vez más contenta, pensé al principio que estaba en un buen momento personal y anímico, pero mis sospechas comenzaron a tener más fundamento cuando observé que ella empezaba a escuchar música colombiana, a vestir de manera sugerente y algo provocativa y a maquillarse y cuidarse más de lo que habitualmente solía hacer.

Un día, después de pensarlo mucho, y como aquella situación no me dejaba vivir, decidí acercarme al lugar donde trabajaba y esperar sin ser visto la salida de todos para de alguna confirmar la sospecha que me atenazaba o para convencerme finalmente de que todo eran imaginaciones mías, así que discretamente, una vez salieron del trabajo, les seguí de lejos, observando sus movimientos que en principio casi me convencieron de que allí no pasaba nada, ya que aparte de ellos dos, iban dos compañeras más de trabajo y mantenían una conversación bastante amena por lo que pude observar, así que, aparentemente, pensé, más que sospechas eran suposiciones mías.

Entraron en el metro y yo, que los seguía de lejos, pude colarme en el mismo vagón sin ser visto, tapando mi rostro con un periódico que utilicé para no ser descubierto, ya que las compañeras de mi mujer me conocían y si me veían, se acabó la investigación.

La cosa cambió cuando las dos compañeras se apearon en la parada siguiente.

Mi esposa y su compañero quedaron solos y ella se cambió de asiento para ponerse al lado de él, llevando en principio una conversación normal. El cambio de asiento y que instantes después se pegara excesivamente a él ya hizo que mi corazón se disparara, pero lo que me dejó casi fuera de combate fue cuando le llegó el turno a ella para bajar del tren. La despedida que le hizo a su compañero fue un señor beso cargado de ternura delante de mis narices (tapadas por el periódico), quedando confirmadas todas mis sospechas.

No voy a entrar en detalles, pero hubo "tomate" con todo aquello, me sentí dolido, mal, traicionado y todo lo que queráis añadir al paquete, a punto estuvimos de separarnos hasta que la cosa se calmó, con el tiempo comprendí que todos somos humanos y que todos podemos caer en la tentación, la carne es débil.

Bueno, pues al cabo de dos meses de digerirlo y analizarlo todo, hice un examen de conciencia y descubrí que en el fondo me gustaban ciertas situaciones, así que me vino una idea bastante retorcida a la cabeza:

"Vamos a ver, si llevamos años fantaseando con un trío y poniéndonos a cien los dos con esa idea mientras follamos, ¿por qué ahora que ha encontrado alguien que le atrae tanto físicamente no aprovechar la situación?"

Dicho y hecho: una noche mientras follábamos (que no hacíamos el amor) como animales, le propuse llamar a su amigo colombiano y proponerle hacer un numerito entre los tres. Al principio se quedó mirándome sorprendida, después de los disgustos que habíamos pasado por culpa de lo que había ocurrido tiempo atrás yo le salía con esas, pero luego reaccionó de otra forma, se corrió en unos instantes (supongo que de imaginárselo) después de lo que le propuse y mientras se corría me respondió un sí detrás de otro, consintiendo la relación a tres, por lo que ni que decir tiene que aquella noche mientras fantaseábamos con lo que íbamos a hacer, algo nuevo y nunca experimentado por nosotros, tuvimos una sesión de sexo como nunca nos había ocurrido antes.

Ella se encargó de llamar al colombiano y quedamos en un bar donde tuvimos una entrevista no sin bastantes recelos por parte de él, pero una vez se distendió el ambiente y se dio cuenta de que la cosa iba en serio, ya que dejé que mi esposa se pusiera a su lado en el bar donde tuvimos la conversación y lo "sobara" un poquito en mi presencia, y no con pocas ganas, pues hacía meses que no se veían, empezamos a ponernos los tres en sintonía.

Nuestra primera cita no fue inmediata, sino que aprovechando que yo debía realizar un viaje a Francia por motivos de trabajo, le invitamos a venir con nosotros y de esa forma evitábamos ser descubiertos por alguien conocido (el mundo es un pañuelo, ya sabéis), a lo que accedió encantado, desde luego.

Nos despedimos de él, yo estrechando su mano y mi esposa, regalándole un morreo con lengua antes de que bajara del coche ya que lo llevamos hasta la puerta de su casa, quedando para el día siguiente.

Aquella noche casi no pudimos dormir de la excitación que llevábamos los dos en el cuerpo, así que follamos y fantaseamos con lo que íbamos a hacer cuando estuviéramos en la cama del hotel por fin los tres.

Al día siguiente, jueves, a las diez de la mañana, salimos hacia Francia, y aunque la visita que yo debía realizar era el viernes a las dos de la tarde, la idea era llegar pronto al hotel y comenzar cuanto antes con el juego.

El juego comenzó antes de lo previsto, porque cuando entramos en la autopista, y paré en un área de servicio para poner gasolina, al volver de pagar, mi mujer ya se había cambiado a la parte de atrás con su amigo colombiano.

Allí empezó a calentarse el ambiente, mi mujer iba vestida, evidentemente a propósito, con una falda negra corta que dejaba ver bien sus magníficas piernas, adornadas con medias de rejilla también de color negro que le encantan y que al sentarse junto a él quedaron descubiertas en su totalidad, una blusa semitransparente y sin sujetador debajo completaba el conjunto con un escote escandaloso dejando ver a través del raso transparente los pechos y pezones duros como garbanzos que indicaban por supuesto que estaba predispuesta a lo que se avecinaba. Todo ello, quiero decir, el "uniforme" que vestía mi mujer quedaba cubierto y fuera de miradas curiosas por un abrigo negro largo que fue abierto totalmente cuando iniciamos la marcha y entramos de nuevo en la autopista.

Yo estaba alucinado, y sorprendido, mi esposa se había preparado, vestido y maquillado para la ocasión, desde luego, pero empezaba a darme cuenta de que no la conocía del todo, algo en ella se estaba liberando y aquello me puso "burro", mi polla se endureció y mi estómago comenzó a acusar el hormigueo típico que produce la excitación, por lo que auguré que íbamos a tener un buen fin de semana los tres.

La situación era tan clara que el colombiano, sin demasiados preámbulos, comenzó a acariciar sus piernas y a manosearlas, hasta llegar a su entrepierna y entretenerse un poquito rozando y acariciando por encima de las bragas el coño ya mojado de mi hembra caliente mientras con la otra mano descubrió sus pechos para chupar y lamer los pezones duros y palpitantes de mi mujer. El frenesí se apoderó de los dos y entre chupetones, morreos, lamidas y chasquidos de lenguas, dimos por iniciada nuestra particular fiesta.

El día estaba muy nublado, eran las once de la mañana y llovía copiosamente, había tantos nubarrones negros que no había ni un solo rayo de sol que los atravesara, se había hecho de noche a las once de la mañana y la previsión del tiempo en esa parte de Francia era de la misma situación para todo el fin de semana.

Aquello acompañaba, desde luego, porque encendí la calefacción del coche y en un minuto estábamos en ambiente de verano dentro del vehículo. Los dos se habían enzarzado en un magreo total, él le quitó las bragas y ella le desabrochó el pantalón que luego le quitó, para dejar al descubierto una polla que para la estatura del muchacho no guardaba proporción alguna, es decir, una polla descomunal, larga y gorda, con unos huevos hinchados y gordos, en fin, que el chico lo tenía todo a su favor en ese aspecto.

Mientras yo conducía bajo la lluvia que no arreciaba, en ningún momento, oía en la parte de atrás los gemidos de nuestro amigo, al que mi querida cónyuge estaba comiendo literalmente la polla mientras él metía y sacaba dos dedos de su mano en el coño de mi mujer, haciéndola gritar de vez en cuando de gusto.

Yo puse el espejo retrovisor en posición de poder observarlo todo y os aseguro que el espectáculo era digno de admirar, estaban devorándose el uno al otro, se colocaron de manera que hicieron un sesenta y nueve y después de morderse, comerse y lamerse todo, él la colocó de rodillas sobre el asiento, apoyando la cara en la ventanilla... metiéndosela por detrás hasta el fondo, follándosela con verdadera maestría y dureza, hasta que primero ella, con un espasmo brutal, se corrió como una perra, cayendo de bruces sobre el asiento; él, con la polla todavía dura en la mano, se la empezó a menear y también, con un largo gemido se corrió soltando un chorro de leche caliente que regó el trasero de mi mujer en toda su extensión, para quedar después agotados los dos y medio dormidos sobre el asiento trasero.

Fue de tal intensidad aquél polvo que echaron, que hasta nuestra llegada al hotel estuvieron durmiendo, tapados con una manta, de manera que en ningún peaje de la autopista notó nadie nada extraño, solamente se veían dos personas, un hombre y una mujer dormidos dulcemente.

Menos yo, claro, que aparte de conducir estaba con la polla como una estaca de dura. La verdad es que hubiera parado en algún área de descanso para intervenir en la fiestecilla, pero preferí seguir conduciendo para llegar lo antes posible al hotel y entonces sí dar rienda suelta mi impulso sexual.

Por fin llegamos, seguía lloviendo con mucha intensidad, el cielo seguía encapotado y entramos en recepción para reservar dos habitaciones, una para él y otra para nosotros dos, por aquello de no levantar sospechas al personal del hotel.

Llevamos los equipajes a nuestras habitaciones correspondientes y aprovechamos para comer algo en el restaurante del hotel, los tres muy modositos pero en un estado total de excitación y complicidad total, comimos en silencio pensando cada uno de los tres en lo que iba a ocurrir en pocos minutos en la habitación, así que nos dimos prisa en acabar el almuerzo y una vez pasamos por caja nos dirigimos nuevamente a nuestras habitaciones para tomar una buena ducha antes de encontrarnos y comenzar con lo que estábamos deseando los tres.

Mi mujer y yo nos duchamos en silencio, nos secamos, nos perfumamos y cuando acabamos de arreglarnos, (aunque yo iba desnudo totalmente y ella solamente llevaba puesto un tanga pequeñísimo), nos miramos tiernamente, nos abrazamos y nos dimos un largo morreo, con verdadera pasión, como señal de consentimiento mutuo a lo que íbamos a hacer a continuación.

La espera se hizo eterna, ella estaba tumbada sobre la cama y yo sentado junto a ella y con la polla como una piedra otra vez, hasta que alguien llamó suavemente a la puerta (él).

Cuando sonó la puerta, ella emitió un suspiro de satisfacción y yo me dirigía a la entrada abriendo y dando paso al colombiano que venía también preparado para la sesión.

Se dirigió directamente hacia la cama, se quitó la bata de baño que había traído para taparse durante el camino y quedó desnudo totalmente también, con la polla enorme apuntando hacia el techo y palpitando de ansia por entrar en aquél coño caliente que la esperaba.

Se tumbó junto a mi esposa y comenzó a acariciarla suavemente, diciéndole cosas tiernas al oído (en eso era especialista) y haciéndole cerrar los ojos de gusto, sus manos pasaban por su vientre, sus pechos, su boca, sus piernas, su lengua buscó la de la hembra caliente y al encontrarla sonaron las dos en un choque húmedo que les hizo vibrar a los dos, así que en unos instantes la tuvo preparada para lo que ya quisiéramos hacerle entre los dos.

El colombiano le quitó el tanga y se colocó entre sus piernas, acercando su cara al coño palpitante de ella para comenzar a lamérselo y chuparle el clítoris con verdadera ansia. Mi mujer, abriendo las piernas, colocó una en cada hombro del hombre para estar más cómoda y se dejó hacer durante un buen rato. Los gemidos y suspiros eran continuos, se retorcía en la cama como una culebra mientras él incluso la follaba con la lengua, metiéndola y sacándola como si fuera una polla.

Yo, permanecía sentado junto a mi mujer en la cabecera de la cama acariciando su cabello mientras ella con los ojos cerrados se pasaba la lengua humedeciendo sus labios, hasta que entre gemidos y casi sin poder hablar, me pidió que le acercara la polla ya morada a su boca. Así lo hice, me aproximé a ella y la coloqué en sus labios que no tardaron en abrirse y engullirla casi entera; me la agarró con una mano y comenzó a meneármela mientras me la chupaba con delirio. Cada vez que el colombiano chupaba su clítoris, yo lo notaba porque su boca se cerraba y chupaba con más fuerza mi polla que ya estaba a punto de reventar.

Así estuvimos un rato, yo tuve que apartarme porque si no me corría enseguida, estaba tan excitado que una chupada más y le hubiera llenado la boca de leche a mi mujer, por eso opté por descansar unos instantes, no quería que aquello acabara todavía. Me senté en un sillón que había situado en un rincón de la habitación, y me dediqué a observar como el colombiano se trabajaba a mi esposa.

Cuando el chico se sació de su coño, comenzó a subir hacia arriba, sin dejar de lamer ni un centímetro de su cuerpo, pasó por su vientre, su pecho, sus tetas, sus pezones, su cuello, su barbilla para llegar a su boca, allí se entretuvo bastante tiempo, el morreo fue intenso, se recrearon los dos bastante en ello y cuando quedaron satisfechos, mi mujer se incorporó y se colocó a cuatro patas en el borde de la cama y con un suplicante "¡fóllame!" , abrió sus piernas esperando que la polla dura de nuestro amigo entrara hasta el fondo de su coño.

Este no se hizo esperar demasiado, se colocó detrás de ella y agarrando su polla, la acercó apuntando en la abertura del coño de mi mujer para iniciar una penetración lenta... centímetro a centímetro... suavemente... hasta que sus huevos hinchados como pelotas hicieron tope y no pudo entrar más en aquél coño chorreante y caliente.

Una vez hubo colocado bien colocada la verga dentro, se inició la follada más espectacular que he visto... entraba y salía con ritmo, sin prisas pero sin pausas, salía casi hasta sacar el capullo y entraba nuevamente hasta que sus huevos chocaban en la carne de mi mujer y producían un chasquido peculiar, que a mí me hacía vibrar de nuevo.

Ella, agarrada a las sábanas de la cama gemía y ya desbocada del todo, insultaba al colombiano indicando con aquello que estaba totalmente poseída por el frenesí sexual. Él, seguía con sus embestidas acompasadas y cada vez que ella le dirigía un insulto, éste le pegaba un azote en las nalgas sin dejar de follarla; aquello la ponía todavía más frenética y animaba al colombiano a aumentar cada vez más el ritmo de bombeo en el coño de la mujer.

Yo, ya incapaz de soportarlo más, desde mi posición de observador, me puse en pie y me dirigí hacia ellos, colocándome tumbado en la cama boca arriba y debajo de mi mujer, a la que ofrecí mi polla para que acabáramos con aquél primer polvo. Casi me la arranca cuando me la agarró para chupármela, se había convertido en un animal salvaje y cada vez que su amigo la empujaba al meterle con fuerza la polla, ella me la mordía revelando todo el gusto que por detrás le estaban transmitiendo.

Así estuvimos durante dos o tres minutos, hasta que por fin, avisándonos con la voz entrecortada, nos dijo que se iba a correr ya.

No le dio casi tiempo de avisarnos, simplemente emitió un gemido animal, tensó todo su cuerpo que temblaba exageradamente y con un último espasmo comenzó a correrse como creo yo nunca había hecho. Empezó a gritar y se tapó la boca con la almohada para que no se oyeran los gritos, cayendo de bruces sobre la cama jadeante, sudorosa y sin poder abrir apenas los ojos.

Pasados unos segundos, cuando se dio la vuelta en la cama quedando boca arriba, los dos hombres nos pusimos uno a cada lado de ella y le ofrecimos nuestras pollas para finalizar con aquello, así que nos las agarró y a dos manos nos las comenzó a menear y a chupar; no tardamos ni un minuto, nos corrimos los dos a la vez y la dejamos pringada de leche, desde su cara hasta el vientre recibió chorros calientes de semen que hacían todavía más morbosa aquella situación.

Cuando los dos acabamos de corrernos, volvió a llevarse las dos pollas a la boca y entre lametones no dejó ni una gota. Quedamos los tres dormidos, agotados, sobre la cama, ella en medio y uno a cada lado.

Por la mañana, y entre sueños oí un sonido peculiar nuevamente, el chasquido de carne contra carne, abrí los ojos y al girar la vista, los vi en el suelo, donde para no despertarme habían puesto una manta y el colombiano se la estaba follando con fuerza nuevamente, ella tumbada boca arriba con las piernas sobre los hombros del amigo para que su polla entrara mejor, acertó a mirarme un instante y darme un jadeante "buenos días".

Me levanté, los dejé continuar, me duché, me vestí y me bajé a desayunar antes de ir a mi trabajo. Cuando volví de desayunar a la habitación para recoger mi cartera, aún estaban los dos enzarzados en una follada que parecía iba a durar toda la mañana, así que les animé a seguir sin mí y me fui a cumplir con mi trabajo.

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