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Nota: La rueda de San Miguel.

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Capítulo 11:

Eduardo:

Estaba confiado que Carlos estaba en sus clases de manejo con Alberto, así que aproveché el tiempo para irme un poco más temprano a la práctica, que no quería ver ni a Luke y mucho menos a Austin, que va, a nadie, aun me sentía molesto con todos, caminar entre los pasillos me hacía sentir raro, una sensación que me miraban diferente, pero no tiene por qué importarme, como dice Alberto, lo importante es que tú te sientas bien, y claro que lo estoy.

-¡Hey Edu! –Escuché la voz de Luke-

-Mira que no tengo tiempo para tus jodederas Luke –Casi no lo miré-

-No, como crees ¿Vas a practicar tan temprano?

-Sí, ahora que no hay nadie más –Mientras decía esto empecé a caminar hacia el gimnasio, Luke me seguía-.

-Mira Eduardo, quiero ofrecerte una disculpa –Parecía honesto- Lo que pasa es que a veces se me pasa lo idiota, y pues tu sabes que en compañía de Austin todo se vuelve pura tontería…

-Eso lo sé, no te preocupes, por mi todo está bien –Quería algo de privacidad ahora, estábamos a punto de llegar al gimnasio cuando la amiguita de Carlos se aparece-.

-Oye Eduardo –Dios mío, esta gente deberás que jode la vida-

-¿Ahora qué? –La miré furioso-.

-Sabes algo –Me miró feo- No me gusta tu actitud conmigo, desde ayer te estas como queriendo pasar de weon-.

-¿Ehhh? ¿Qué es eso? –Estaba confundido-.

-Olvídalo –Suspiró- Pero te aviso para que le digas a Carlos que mañana no podré ir a la biblioteca, tenemos práctica de minerales y saldremos hoy, además no está en su habitación y no contesta el celular.

-Sí, yo le digo niña –Sonreí. Mirándola bien, parecía hasta simpática-

-Más te vale –Y se alejó a paso rápido-

-Cabrón que suerte –Balbuceó Luke-

-¿De qué hablas?

-Ella es Michelle… – A este chico se le caía la baba-.

-¡Reacciona! Que el hilo de baba casi llega al suelo –Comencé a reír-

………………………

No practiqué nada, le había pedido a Luke que me dejara solo, pero no pude encestar ni una sola, me frustré y tiré el balón a la jodida, no sabía por qué me sentía así de molesto, había algo que me estaba comiendo por dentro, pero lo peor es que no encontraba el problema.

Entré a la habitación, me recosté sobre la litera, me encanta ese olor, el olor de Carlos está impregnado en la sabanas, en todo el cuarto, me daba la bienvenida y me hacia sonreír siempre que me encontraba allí.

-¿Tan pronto de regreso? –Escuché que se abrió la puerta, supuse que era él-.

-Si… -Muy inusual del chico, siempre me dice una de sus ocurrencias- ¿Pasa algo osito?

-Nada –Parecía desorbitado. Me levanté de la cama y me dirigí hacia él-

-No pues, hasta en China saben que eres la peor persona para mentir sobre este mundo –Sonreí y acaricié su mejilla-

-Tampoco soy tan malo –Trató de sonreír pero el brillo de sus ojos estaba apagado-.

-¿El osito quiere abrazos y besos? –Él me miró, sus ojos estaban cristalinos, asintió. Besé su frente y lo abracé, el comenzó a sollozar -No seas tonto Carlitos, no llores, no te quiero ver llorar. Si lloras no te hago mimos donde te gustan esta noche –Él empezó a reír torpemente-

Estuvimos así por un rato, supuse que tal vez un maldito le había dicho algo discriminante en los pasillos, pero luego descarte esta suposición por que él me aseguraba que nunca tomaba en cuenta ese tipo de comentarios. Ambos nos sentamos en el sofá, recostó su cabeza en mis piernas y comencé a jugar con su cabello.

-A ver mi bebé llorón, dime, ¿Qué te paso? –Lentamente pasaba mi mano por su pelo-.

-Es que A-Alberto se enojó conmigo –Se abrazó a mi pierna-.

-¿Estás seguro que fue Alberto? –Que pregunta tan mas tonta, pero no entendía, él se había portado de lo mejor con nosotros, dudo que haya sido por su causa que Carlos estuviera así-.

-Es que estaba molesto, no sé por qué –Suspiró- Me regañó

-A ver Carlos –Hice que me mirara- ¿Qué te dijo?

-Es que por un error casi me estrello contra una pared, y bueno, mi viejo se enojó y así… -Le costaba hablar-

-¿Pero te dijo algo malo? ¿Te ofendió? –Carlos no dijo nada- Si lo hizo ahora mismo voy a reclamarle –Traté de pararme del sofá pero él me lo impidió-.

-No vayas, estoy seguro que se le pasará, sabía que reaccionarias así –Acariciaba mi pierna- Eres un bruto –Sonrió levemente-.

-Bien, pero no te prometo nada –Devolví la sonrisa- Ahora quiero que te vayas a dar un baño, para que durmamos, que el día de hoy fue largo –Bostecé-

Carlos se paró del sofá y se fue al baño, tenía que relajarse un poco, así que decidí que lo mejor era mandarlo solo y despejara un poco la mente. Me quedé acostado en el sofá, miraba el ventilador girar, no pensaba en nada, pero muchas cosas me preocupaban, aun no logro descifrar que podrá ser.

-¿Ya está listo mi osito? –Lo miré secarse con la toalla, sólo vestía un bóxer suelto-

-Si –Secaba todo su cuerpo- Me iré a la cama, no tengo ganas de estudiar ahora –Me parecía perfecto. Yo me metí al baño para también darme una ducha-.

Me tarde unos minutos, la noche era fría, me estaba secando y al salir del baño pude ver a Carlos de espaldas en la diminuta litera donde ambos dormíamos, me doy cuenta de que se ve incomoda, pero es bastante agradable para nosotros, hay poco espacio, pero siempre dormimos abrazados y pegaditos, con la piernas entrelazadas y con un edredón que nos cubre.

-Ahora si –Y me eché a la cama, siempre dormíamos así, yo para el lado de la pared- ¿Te sientes mejor? –Susurré en su oído mientras lo abrazaba, estaba calientito-

-Sí, estoy mejor –Se acurrucó en mí, pero el espejo que estaba frente a nosotros me mostraba su rostro triste-

-Estas suavecito –Tallé mi barba cerrada que había dejado crecer en las ultimas semanas en su cuello, parecía hacerle cosquillas- Quiero verte sonreír, me encanta verte sonreír.

-Gracias Eduardo.

-No tienes nada de que agradecer, ya te lo he dicho mi tonto osito –Empecé a besarlo-

-Me haces cosquillas –Y comenzó a reír, pero parecía cansado, lo notaba en su voz-

-¿Cómo te fue el día de hoy? –Recorrí su cintura, Carlos no respondía- Tierra llamando a mi suave osito –Reí, pero él aún seguía callado-

-… Estoy triste… -Su cara reflejada en el espejo no mentía-.

-Carlos, necesito que me digas –Sabía que era el tema de Alberto- ¿Él te dijo algo más? –Sus ojos estaban perdidos-.

-Sabes… -Parece que el chico no se daba cuenta de que podía ver sus expresiones gracias-

-¿Qué es lo que sé? –Coloqué mi cabeza encima de la de él, nuestras mejillas se juntaron-.

-Me siento mal –Mi Carlitos se quebró- Nunca estuve acostumbrado a que otros me regalaran cosas, nunca –Hizo una pausa- Pero luego aparecen tú y Alberto, pareciese que la vida me cambiara en cuestión de días –Empezó a lagrimar-.

-No pienses en cosas que ya pasaron, no te atormentes –Pero Carlos me ignoró-

-La única ropa que usaba era la que desechaba el hombre que vivía con mi madre –Sollozo- Con la que vine aquí, con cosas que no valían nada para nadie y ahora, con ustedes nada me hace falta, y se los agradezco, pero me duele, me duele mucho saber que lo hacen por lastima…

-¿Lastima? –Me separé de él, lo puse boca arriba, crucé mis piernas y me senté junto a el- Jamás he hecho nada por lastima, todo lo que hago por ti lo hago de corazón –Llevé mi dedo a su mejilla y comencé a limpiar tus lagrimas- Carlos, ¿Alberto te dijo eso?

-En verdad no es mi intención, hago lo que puedo por ser independiente, porque sé que tengo que valerme por mi mismo, eso trato de hacer, a pesar de que siempre aparece algo que me hace de una forma tropezar, la jodida lastima de los demás, por ser becado, por tener a mi madre, por ser latino… -Confeso entre lágrimas, yo estaba furioso-.

-¿Ese maldito te dijo algo? –Me refería a Alberto. Carlos también se sentó sobre la cama-

-Es que soy torpe para las cosas nuevas… -No me gustaba que se dijera así- Tal vez no tuvo un buen día, y estaba muy molesto, al final, me regaño –Hizo una larga pausa, no podía hablar mucho- Me dijo que sólo estaba gastando su tiempo, y me di cuenta de que tiene razón, gasta mucho en mí, su tiempo, su dinero, y le doy responsabilidades que no le corresponden a él –Cuando Carlos explica esto, no podía evitar llorar-.

-Tengo que hablar con él… -Pero el chico me argumentó que no, que no quería problemas ni mucho menos-.

Me deje convencer, me dio rabia, mucha rabia, ¿Ese tipo quien mierda se cree? Entiendo que tal vez hay días que no son buenos, días que no son favorecedores para nadie, incluso yo los tengo, pero vamos, no tenía por qué desquitarse con Carlos. Lo siento mucho, pero tendré que hacer caso omiso a la petición de Carlitos, tendré que hablar con él mañana mismo.

-Tienes que dormir –Volvimos a la pose inicial, yo estaba tras él, su mirada aun lucia perdida, lo tranquilicé jugando con su cabello, abrazándome a su cuerpo- Vamos, te tranquilizare, te vez cansado –Besé su mejilla-

Como todas las noches, baje su ropa interior, tenía una forma de hacerlo dormir, algo que nunca fallaba. Al tenerlo completamente desnudo a mi lado, baje lentamente por su espalda hasta llegar a sus nalgas, cautelosamente fui introduciendo mi dedo entre ellas, debía acariciarlo para que pudiera conciliar el sueño, y lejos de molestarme, me encanta.

Cuando sintió el primero roce con su entrada, se estremeció, pegándose más a mi cuerpo y abriendo ligeramente las piernas, permitiendo así posicionarme mejor tras él, quedando de cucharita. Fui presionando, nunca lo penetraba, solamente acariciaba su entrada hasta que se quedara dormido.

Mi dedo se dedicaba a rozar su ano, subía y bajaba por todo el camino de vellos que me llevaba hasta sus testículos, los cuales tocaba con las yemas de los dedos, eran suaves, blandos y me hacían cosquillas. Con mi uña acariciaba su perineo, hacia pequeños círculos en este para regresar de nuevo a su entrada.

Sentir los vellos que tenía su anillo alrededor era muy placentero, muy suave. Estuve así por unos minutos y cuando volví a ver el espejo me di cuenta de que ya dormía como un angelito, hecho bolita, así que solo lo abrace. Fuerte, muy fuerte. Mis genitales se encontraron con sus glúteos, me encanta sentir su calor así.

-Te ves muy inocente durmiendo –Dije a su oído –Te amo tonto- susurré, él se movió un poco. Besé su oreja y su mejilla y me quedé dormido tras los pocos segundos-.

……………………………

Alberto:

Eran altas horas de la noche, acostumbraba a dormirme tarde, pero ahora necesitaba descansar, únicamente cerrar los ojos por unas horas, no pedía mucho, sólo eso, pero Edel estaba con sus estupideces, buscando errores en los proyectos de los alumnos, los cuales según él, yo causaba.

-¿Entonces yo tengo la culpa? –Lo miré enojado, pero él no contesto-

-Mira, este no dividir en subtemas –Me mostraba un trabajo-

Se dedicó a revisar cada proyecto despacio, letra por letra, tenía un diccionario al lado, podría no saber mi idioma, pero con el diccionario buscaba la palabra y corregía los supuestos errores, para él una falta de ortografía en un alumno era una centésima menos en mi calificación.

-¿Es mi culpa? –Pregunté de nuevo, pero tampoco respondió-

-Mira esto –Y me dio una hoja-

-Aquí no estar bien en estructura, no fundamentos –Empezó a señalar con su dedo la hoja que tenía en mis manos-.

Noté una cercanía entre ambos, Edel pasó su mano tras mi cuerpo para apoyarla en el cabezal del sofá, una parte de su pecho chocaba con mi hombro, nuestras piernas estaban muy juntas y sentía el cálido aliento que emanaba su boca cerca de mi mejilla.

-El cuadro sinóptico no estar acoplado –Empezó a indicarme-

Edel recargo su barbilla en mi hombro mientras seguía señalando los detalles del ensayo que tenía en mis manos, lo sentía muy cerca de mí, muy pegado a mi cuerpo, me era imposible concentrarme estaba tan cerca. Hice lo mejor que pude, él había dejado de hablar, ahora yo tenía que decir algo.

-Entonces lo que tratas de decirme es que –Estaba nervioso, el alemán estaba apoyado en mi hombro, viendo directamente a mi cara, lo miré de reojo, seguir hablando pero no podía evitar el tartamudear- Según tu… S-se tiene que… ¿Tengo algo en mi cara? –Dije sin regresar a verlo, porque si lo hacía estaríamos frente a frente-

-No, ¿Pasar algo? –Escuché su voz en mi oído, era suave y agradable-

-Olvídalo –Traté de retomar lo que estaba diciendo pero Edel no me lo permitió-

-Quiero que decir a los alumnos que hacer todo trabajo de nuevo –Se separó de mí y me arrebató la hoja de las manos-

-¿Qué? –Me sorprendí- Pero este es el trabajo semanal, lo elaboran en clases, perderíamos mucho tiempo –Traté de defenderme-

-Entonces cambiar curso, problema es tuyo, esto no servir –Gruñía- Ahora querer dormir –Se levantó del sofá y apago la luz, me dejó con la palabra en la boca-

…………………….

Abrí mis ojos por la mañana, había mucha claridad, miré el reloj, pasaban de las 7 de la mañana, de tanto desvelarnos anoche ni escuché la alarma. Dormí en mi habitación, el Edel se quedó en la sala.

-Buenas –Me sonrió el alemán cuando me asomé por la puerta de mi dormitorio, se me había hecho tarde, eran más de las 7:30, estaba apurado, pero Edel parecía no tener ninguna preocupación-.

-Vamos tarde al trabajo –Le dije mientras amarraba mi cortaba, el Edel solo sonrió-.

-No, hoy no trabajar nosotros –Me quedé en mi lugar, el nudo de la corbata me había salido todo mal-

-¿Que dices? –No podía amarrar la corbata, me estaba estresando, de tan sólo pensar que tenía que pasar otro día de muchos con este sujeto-

-Olvidar decirte, Hernández decirme ayer que hoy revisáramos método nuevo que traigo -¿Si lo ahorcaba allí sería posible que me metieran a la cárcel? No podía creer que me lo diga ahora, y yo que me levanté todo preocupado por que la alarma no se activó, corriendo de un lado para otro, él muy cómodo, incluso se preparó un café sin mi permiso-.

-Me hubieses avisado… -Lo miré resignado y me volví a mi cuarto para quitarme la ropa de trabajo. No entendía que me pasaba, sentía que me explotaba la cabeza, sentía que de un momento a otro saldría corriendo-.

Durante la mañana no hicimos casi nada, no entendía entonces por qué el motivo de no ir a la escuela, si él estuvo metido en el computador buscando no sé qué cosa, ni cruzó palabra conmigo, abría y cerraba pestañas en el navegador, estuve sentado en el sofá, tratando de averiguar cómo me podría librar de las garras de este demonio.

-Veamos desempeño ayer –Por fin se había sentado en el sofá junto con muchas cosas que recién había impreso-.

-Bien, me interesa mucho saber cómo me está yendo –Puse mis codos sobre mis rodillas y entrelacé mis dedos, lo miré atento-.

-Veo –Comenzó a hojear su libreta de notas- No querer ser mala persona pero estas haciendo mal mucho -¿¡Qué?! Pero por lo menos pensé que me iba a mentir, que tal vez se trataba de una mala broma lo que vi en la cafetería, quería creerlo, pero ahora que lo escucho de su boca, me queda más que claro-.

-¿Eh? –Lo mire confundido- Podrías ser más específico, porque no te entiendo-.

Me empezó a argumentar que no estaba haciendo las cosas de la manera correcta, que los alumnos contaban con muchas comodidades, no debía ser así, tenía que ser más estricto, menos pasivo y controlar la clase. Lo demás me pareció parte de una gran estupidez, soy una persona que me encanta lo que hago, y el solamente estaba buscando errores donde no los hay, pero tranquilo Alberto, déjalo, no puede llegar muy lejos.

-¿Claro? –De nuevo no despegaba de mí su par de ojos azules-.

-Si –Lo miré de forma amenazante- Me queda muy claro Sr. Edel –Sonreí sarcásticamente-

A lo largo de lo que quedaba de la tarde, estuve perdido entre tanto documento y distintos planes de estudio que mi dolor de cabeza lejos de desaparecer por las pastillas que me tomé, se hizo aún más notorio. Estaba exhausto, tuve que pedir comida a domicilio, que el alemán no quería que perdiéramos ningún detalle, y sé que si le desobedecía era capaz de bajarme de 7 a 0.

-Me parece que 8 ser el mejor –Él también parecía cansado-.

-¡Si! ¡El ocho por el amor de Dios! –Me encontraba desesperado, aquel hombre me llevaba al punto límite de mi cordura, con menos de 50 horas juntos ya casi me mandaban a un manicomio.

Tomé de nuevo el documento, el Alemán comenzó a explicarme, no tan cerca como la otra vez, pero sí hizo contacto físico, puso sus manos sobre mi hombro y comenzó a dar un leve masaje mientras repasábamos los puntos claves. No sé si lo haría de forma intencional o involuntaria, pero lo hacía muy bien.

-Sí, ocho ser mejor –Y empezó a guardar todos los documentos, dejando sólo el plan de estudio seleccionado-

-Oye Edel, ¿No tienes hambre? –Traté de romper el hielo, aún estaba desconcertado con sus acciones- Yo estoy que me muero por comer algo –Me paré del sillón y llamé a la pizzería-.

Parece que por fin concordábamos en algo, aceptó. Terminó de guardar todos los documentos, se me dibujó una sonrisa en el rostro, yo moría de cansancio, parece que el día había terminado. A cenar y a dormir, ese era mi plan.

-No gustarme mucho comida así –Edel miro con asco la pizza-.

-Pues come aire, yo muero de hambre –Empecé a morder como si hubiera estado en una isla por más de 5 meses-.

-Irme a dormir al sofá de nuevo –Cuando dijo esto apago la luz, dejándome en penumbras, yo volví a encenderla-.

-No puedo comer en la oscuridad –Me llevé otro pedazo de pizza a la boca-.

-Tener que apagar luz, ¡Darme en la cara! –La luz de la cocina alumbraba parte de la sala, y según él era imposible dormir-.

-Te recuerdo que estas en mi casa –Me empecé a comportar grosero, tenía que jugar con la misma piedra con la que él estaba jugando desde ya un buen rato-.

-De mi depender futuro –Me miró molesto- ¡Apaga luz! –Ahora me ordenaba en mi propia casa, no iba a soportar una majadería de ese tipo-.

-Te recuerdo que estas en mi casa, y de todas formas, me estas evaluando como se te da la gana ¡¿Piensas que eso es justo!? –Estaba que ardía, tenía que sacar todo el coraje que llevaba dentro-.

-Tu no hacer las cosas bien –Él también se comenzó a molestar- No das nivel para nada –Me miró amenazando-.

-No te quieras pasar Edel, respétame porque yo te he faltado al respeto –El alemán se hecho a reír-.

-¡Acusarme de asesino! ¿Qué más querer? –Se acercó a mí-

-¡Dios! Eres un burro ¡Sigues con eso! ¡Ya te pedí disculpas! Olvídalo –Apreté mis puños, dejé la pizza sobre la mesa y me paré de la silla-.

-Te dije ya, no ser buen docente, ser incapaz –Y me dio un ligero empujón en el hombro, se acercaba aún más-.

-No me gusta pelear Edel, pero si me buscan me encuentran –Y devolví el empujón pero lo di en su pecho-.

-Tu necesitar de mi –Edel dio la vuelta de regreso a la sala, este alemán me había arruinado la cena-

-Dímelo a la cara –Lo tomé del brazo, le di una fuerte vuelta, lo arrebate de la cintura y quedó frente a mí, mirando mis ojos directamente y con nuestros cuerpos uno contra el otro, presionados-.

Edel me miraba, era un poco más bajo que yo, analizaba mi cara, sentía como sus piernas se aguadaban, las mías estaban igual si no es que peor, estaba tan cerca de mí, podía sentir todo su cuerpo pegado al mío, era fuerte. Mis manos por alguna razón lo tenían sostenido de la cintura, no lo dejaba escapar.

-¿Así que soy patético? –Hice más presión, noté una leve ruborización en su cara- ¿Te parezco poca cosa para trabajar contigo? –Subí mi brazo a su espalda y por reflejo se pegó más a mi pecho-.

-…………. –Solo escuché su respiración agitada, empezó a sudar levemente, no dejaba de verme-

-Ser todo eso y más –Y se separó de mí, me miró indignado, no lo entendía, no soy un idiota para no darme cuenta, o tal vez solo estaba provocándome. Se dio la vuelta y se fue a la sala.

……………………………..

Sábado por la mañana, entre Edel y yo había como una pequeña chispa de distanciamiento debido a lo de ayer, estaba seguro, muy seguro que fue por que como termino nuestra discusión, también estaba algo desconcertado, y preocupado.

Dejamos el sobre ocho elegido como guía, empezamos a analizarlo más a fondo, me pareció el mejor de los diez porque actúa de forma independiente al profesor y los alumnos, de una manera esto nos beneficiaria a ambos.

-Este es, creo ser algo favorable para tu forma de enseñar –Edel no me miraba solo hojeaba los papeles-

-Es la primera vez que trabajaré de una forma así, y me parece muy buena –Le sonreí-

-Sólo esperar que esta vez lo puedas hacer bien –Me miró, pero mi sonrisa se apagó-.

-Como tú digas –Lo ignoré, no caería en su juego de nuevo-

-Dame la clase a mí –Me ordenó- Quiero ver si entender todo bien, anda –Me apresuraba. Me puse al frente, elegí un tema al azar y me basé en el método-.

Empecé a explicar las cosas como eran, elegí un tema de dificultad intermedia, lo conocía y me parecía perfecto. Procedí a explicar las ramas que lo conformaban, los pro, los contra, y la información que conocía. Todo parecía bien por los primero minutos, pero mi amigo el alemán empezó a mover la boca y a dejar salir palabras sueltas.

-No –Lo repitió como nueve veces en tan sólo cinco minutos. Lo ignoré- No me gusta –Salió de su boca después, lo miré enfadado pero seguí todos modos –Sabes, tener que cambiar sistema, tu no quedar a altura de este –Dijo despreocupado-

-Por favor, dime a que estás jugando conmigo –Me crucé de brazos-

-No, buscar otro así que ayudar –Sacó de nuevo el montón de papeles y los puso sobre la mesa-

-Pero ya teníamos este, dime que hago mal, no me dices, me atacas –Empecé a molestarme de nuevo, este alemán sea como fuera lo lograba- ¡Te estoy hablando! –Y se hacía de oído sordos-.

-Vamos, ayudarme a analizar algo que si puedas controlar –Me había ido por algo de agua a la cocina, pero Edel me estaba tallando por toda la cara que según para él no era una persona capaz. Yo demostraba que sí lo era, pero él trataba de estancarme, me enojé y me dirigí hacia la sala, estaba a punto de gritarle que se largara, que se abandonaría la oportunidad, que se jodiera-.

-Edel, te puedes meter tu lista de cotejo y tu dichoso proyecto por…. –Y escuché que alguien tocaba la puerta, los golpes venían acompañados con la voz de Eduardo-.

-Alberto, soy Eduardo –Tocó la puerta de nuevo, Edel me sonrió, sabía que estaba a punto de decirle sus cosas pero lo salvó la campana-.

-Espera un momento –Abrí la puerta- Si dime

-Alberto, te agradezco por todo lo que has hecho por mí y por Carlos ¡Pero no se vale que lo hayas tratado como una jodida basura! –Me quedé helado, Eduardo venia furioso y casi me comía con la mirada-.

-¿Qué dices Eduardo? –De golpe se me bajo toda la furia que traía, no entendía las palabras de Eduardo, él entro al departamento como es típico en él, directo al grano-.

-No te hagas –Miró a Edel y no le importó nada- Cuando te fuiste a darle las clases de manejo le dijiste de cosas, el mismo me lo dijo ¡Tu más que nadie sabe que él se toma las cosas muy a pecho, es sensible! –Me golpeaba con su dedo sobre el pecho-.

-Eduardo, pero no te entiendo, yo no he hablado con Carlos desde antier –Ahora que me acuerdo, no le avisé que no tendíamos practica el Viernes-

-Perdón por la expresión, pero no podrás ser más idiota, no te acuerdas de “Estoy desperdiciando mi tiempo” y toda esa mierda que salió de tu boca –Dijo irónico- Es por eso mismo que estoy aquí, porque te estuve esperando en la escuela pero no te apareciste. No sabes lo que me cuesta anímalo, ya le he dicho que no se tome las cosas de esa manera, pero no me dejaras mentir, esto que hiciste fue una mamada –Fruncí el ceño, vaya que ahora que me acuerdo, quiero pensar que no es verdad-.

Si me pongo a pensar, recuerdo como tomé las suaves manos de mi peque y la puse sobre el volante mientras le rugía al oído, gritándole que no lo hacía bien, que me hacía perder el tiempo.

-No es que yo no… -Trate de defenderme pero Eduardo no me dejaba-

-Alberto, me cuesta mucho creerlo, pareces otro y a mi lástima porque no me gusta verlo así, me lastima mucho, y veo que a ti ni te raspa la mano –Sus gestos eran de desagrado- Lo conoces, sabes por lo que ha pasado –Sus verdades me dolían-.

Recordé cuando Carlos me dijo algo que me partió el corazón: “Mira, este es mi reproductor de música –Sonreía- Me ha costado mucho conseguirlo, sé que no tiene marca ni nada, pero tuve que limpiar la casa de mi vecina casi un mes para poder comprarlo –Su dentadura blanca hacia resplandecer su hermoso rostro, resaltaba el brillo en sus ojos”.

-¿Dónde está el? –No podía siquiera mantener la mirada-

-Está en la feria –Me dijo con tono sarcástico –No te hagas, está en el cuarto, deprimido.

-Necesito verlo –Tomé las llaves del auto, pero Eduardo me detuvo-

-No Alberto, mejor piensa las cosas, trata de calmarte y de analizar antes de meter la pata ¿¡No te Acuerdas!? ¡Tú eras quien me decía que por mis actos podría lastimar a los demás! Y si lo hice, pero no lo volveré a hacer, ahora te digo en tu cara ¡Tú lo lastimaste! –Empujó mi hombro-

-No pensaba en ese momento… -Pero por más que tratara Eduardo no se callaba-

-¡¿Qué te parecería que yo te gritara en la cara?! –Se acercó más y levantó aún más la voz, haciendo que su cara se pusiera colorada-

-Tienes razón, lo siento –Bajé la cabeza, aunque él estuviese gritándome, no le quitaba la razón de la boca, sea como sea, estaba diciendo la verdad-

-No quiero que le vuelva a dar clases de manejo, seré yo quien le pague a alguien profesional, no a un patán como usted, ¿Qué te paso? –Ni yo mismo sabia, podía echar la culpa a Edel, pero eso no me ayudaría en nada-

Voltee a ver, Edel se mantenía al margen de toda la situación pero tenía los ojos más abiertos y más grandes que dos sartenes para freír huevo. No pude evitar que las palabras de Eduardo me hicieran sentir ahogado, pero le estaba poniendo más importancia a algo material que al amor que le tengo a Carlos. Mi mirada estaba perdida,  entré en mi cuando el celular de Eduardo empezó a sonar. Contestó.

-Carlos –Me miró- Ya voy para allá, que hay una fila muy larga en el supermercado –Me di cuenta de que Carlos no sabía nada de lo que había pasado- ¿¡Qué estás diciendo?! –Eduardo parecía asustado- ¡Mierda! Ahora voy, entretenlo un poco –Colgó el teléfono y dio la vuelta para salir-.

-¿Está todo bien Eduardo?

-Sí, solo un pequeño problema –Salió corriendo-.

………………………………

Carlos:

Era sábado por la mañana, traté de amanecer como si nada hubiese pasado, pero parece que Eduardo tiene un sensor que le indica cuando no me encuentro bien, o tal vez puede ser lo que todo mundo dice, que no soy bueno para mentir, que cosa más gastada.

Me dijo que quería que le prepara una comida mexicana, como el bistec que le hice la vez pasada, no lo negué, supongo que lo hacía para mantenerme ocupado y tiene razón, mantener la mente ocupada y no pensar en cosas, ahora que lo medito, creo que exageré un poco la situación, gracias a Dios Eduardo no hablará con Alberto.

-¿Es todo lo que necesitas del súper? –Tenía la lista en las manos y la repasaba-

-Sí, eso es todo –Sonreí y se le di la nota de papel-

-Bueno, espero que las “Quisadillas” queden ricas –No sabía cómo pronunciar la palabra-.

-No seas tonto –Comencé a reír- Se dice quesadillas…

-Como sea, en México dicen “Te quiero coger” ¿O me equivoco? –Sonrió picarón-

-Ya –Me sonrojé- Mejor ve al súper que tengo que apresurarme tonto –Antes de irse me dio un suave beso en los labios, más bien, un pico, como muchos le llaman-.

En el refrigerador había algo de verdura, así que comencé a desinfectarla y prepararla para la comida, para cuando llegue Eduardo con todo lo demás. Tenía mis manos llena de tomate, digamos que no soy muy bueno para la cocina, que aunque me encanta, siempre salgo todo manchado, todo sea por hacerle el capricho a Eduardo, que tiene días pidiendo que le haga unas quesadillas, aunque no sé ni como supo de su existencia.

Escuché que alguien tocaba la puerta, pensé que era él, vaya que si voló al supermercado, no tenía ni media hora que se había ido y ya estaba de regreso, lavé mis manos y me dirigí a la puerta. Para mi sorpresa, no era él quien estaba tocando.

-Buenas tardes –Dijo un hombre alto, ojos de color verde y entre unos 50 años de edad- ¿No esta Eduardo? –Depositó su atención en mí y me regalo una sonrisa, no puede ser, se parece mucho con él-

-No está, ¿Quién lo busca? –Espero que no sea quien me imaginaba, sólo espero que no, échame la mano esta vez Dios-.

-Tú debes de ser Carlos, de antemano quiero agradecerte lo mucho que has ayudado a mi hijo –Gracias suerte, muchas gracias ¡El padre de Eduardo!-.

-A-ahhh –Me puse nervioso- Entonces usted es su padre –Tragué saliva-

-Si, en efecto, soy Sebastián, el padre de Eduardo –Me sonrió- ¿No me invitas a pasar? –Que tonto soy, de los nervios se me olvidó por completo decir que pasara-.

-S-sí, claro –Abrí la puerta por completo, me dio mucha pena, el cuarto era un desorden-

-Como te decía –Se sentó en el sofá, parecía no importarle, era un hombre muy simpático- Te quiero agradecer mucho por el apoyo que le has dado a mi hijo, me ha sorprendido con sus calificaciones –En su mirada y gestos pude notar ilusión- Me alegro que se haya encontrado contigo.

-No hay de que, Eduardo es muy buena persona –Traté de sonreir-

-Es lo menos que puede hacer ¿De dónde eres? –Me miró curioso, llegué a incomodarme un poco, estaba siento un poco directo con sus preguntas-

-Yo me crie en Louisana, pero nací en México –También tomé asiento-

-¿México? Es un país hermoso, de hecho, lo hemos visitado varias veces...

-No lo conocí mucho, casi nunca salí de mi pueblo, pero me puedo identificar por mi acento –Mantenía la conversación, parece que tiene buena referencia de mi país, yo que pensé que todo era malo-

-Donde nosotros hemos ido, nos ha parecido fenomenal –Continúo-

-Me lo imagino –Estuve un rato en silencio, no encontraba como seguir la conversación-

-Aun no me la creo muchacho –Frunció el ceño- Eduardo parece otro –Sonrió- Quiero lo mejor para él y estoy muy feliz que esté poniendo de su parte para su carrera –Lo miré con atención, me parecía muy sincero- Desde hace años que hemos tratado de hacerle ver que la vida no sólo era libertinaje, se tiene que sufrir para merecer y vaya que castigarlo si funcionó –Empezó a reír, se notaba su alegría-.

-Vamos muy bien –Expliqué- Al principio si era algo testarudo, pero algo que creo es parte de su personalidad, es que siempre quiere hacer su voluntad –Y cuando digo siempre, es que es siempre- Nos pasa mucho cuando vamos a estudiar, le cuesta mucho concentrarse.

-Ufff, desde niño –Se echó a reír-

-Si me disculpa –Me puse de pie- Le hablaré al celular –El asintió y me dirigí al baño. Me aseguré de hablar lo más bajo posible, Eduardo se alteró y me dijo que llegaba en un momento, alterné calmarme, salí del baño y me senté de nuevo en el sofá, estaba en silencio, parecía que mi lengua había sido comida por ratones.

- A ver, dime, ¿Qué método usas con él? –Me quedé frio, había rompido el hielo de la conversación, pero mi mente estaba helada-

-¿Método? –El afirmó con la cabeza- Bueno –Vamos Carlos piensa- Siempre trato de que no haya distracciones y más que nada que cuando sea hora de estudiar se dedique solo a eso –Sonreí nervioso- A veces uso palabras que el entienda mejor –Eso ultimo lo inventé, pero no encontraba que decir-

-Puede ser un poquito despistado, me sorprende que a ti te haga caso, no es por ofender, pero de que es un cabeza dura, lo es –Sebastián tenía mucha razón, de que se le mete algo en la cabeza no hay quien se lo saque-

-No ha sido tan testarudo –Dije entre risas-

-Tal vez y tenga su nidito de amor en algún lado, la única vez que se mantuvo quieto fue hace 2 años, con su primera y única novia oficial –El padre de Eduardo sacaba sus deducciones- Por casualidad no sabes de alguien, ya sabes, ¿Algún amorío? –Me miró atento-

¿Ahora que le iba a responder? Él conoce a su hijo, incluso sabe el motivo de su comportamiento. Me mira fijo, está esperando una respuesta, eres muy malo mintiendo y él se dio cuenta con lo que le acababa de decir. Vamos mente, piensa, piensa. Nadie te va a sacar de esto, ¡Deje de mirarme! No sé qué hacer.

-Llegué –Escuché una voz que provenía de la puerta, era Eduardo, parecía cansando y que había corrido como nunca.

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(9,60)