Putito para todos 01 Mi vecino curioso

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Esta mañana de sábado estaba cansado de estudiar, era muy costoso para mi si no me ayudaba mi hermano o mi padre, enseguida me distraía y como ellos decían siempre -soñaba mirando al aire-, podía escuchar la máquina de cortar el césped en el jardín y a mi padre Roberto hablando con el jardinero, mi hermano Joky estaría estudiando como yo y deseaba que me ayudara para que papá estuviera contento de mis resultados.

Me levanté estirando mi cuerpo y fui a la puerta, la abrí y miré hacia el lado del pasillo donde se encontraba la habitación de mi hermano, la puerta estaba cerrada.  Cogí del baño una crema para el cuerpo y volví a mi escritorio, donde el portátil me mostraba un video porno gay, un muchacho más o menos de mi edad y de cuerpo delicado era penetrado por un individuo mucho mayor que él con una impresionante verga.

El chico dejaba salir por su boca gemidos de placer que no parecían verdaderos porque no movía su boca. Me excitaba mirando la escena y en unos segundo me había quitado mi pijama y estaba de pié acariciando mi cuerpo.

No perdía un detalle de la tremenda verga que entraba y salía del culo del chaval y la fuerza que imprimía a sus caderas el follador para entrar en él hasta el fondo.

Pellizcaba mis tetillas y me mordía los labios deseando estar ocupando  el lugar del chico, que ahora sí, abría mucho su boca, para pedir a su amante que le follara sin piedad.

Subí un pie al asiento y abrí mis piernas para acceder con mi mano a mis nalgas, acaricié su redondez con mi mano comprobando su dureza y llegué con los dedos a la entrada de mi ano.

Cerré los ojos, soñando que mis dedos eran la punta de la verga de aquel tipo que la enterraba en el culo del muchacho y suspiré, mejor y más erótico que lo hacía él con un suspiro de verdadero placer.

Me puse un poco de la crema que había cogido en el baño en mi mano y acaricié suavemente la entrada de mi culo para irlo dilatando. Tenía mi polla goteando de precum, totalmente excitado y no quería tocarla para no correrme muy rápido.

En un momento en que ya tenía dos de mis dedos dándome placer y follando con ellos mi culo miré por mi ventana que estaba abierta con las cortinas corridas, supe que en la ventana de la casa de enfrente alguien me observaba.

Quedé momentáneamente parado y baje el pie de la silla para ir hacia la ventana, entonces noté el movimiento de las cortinas de la ventana de enfrente.

El que fuera, yo sabía que era Tomás y en él pensaba, quedaba oculto a mi mirada, pero las veía moverse y sabía que por alguna rendija me miraba, seguramente las había cerrado a causa de que la habitación de Joaquín, mi hermano, estaba situada al lado de la mía y podría verle si se asomaba.

El saberme espiado produjo que mi polla volviera a ponerse a tono y recuperara la dureza que hacía unos momentos tenía.

Ya no me importaba lo que sucedía en la pantalla del portátil, coloqué la silla enfrente de la ventana para ofrecerle la mejor vista de mi cuerpo a Tomás, sería él quien estuviera detrás de la cortina ya que esa era su habitación y quien sabía que me observaba, separé mis nalgas para que viera el detalle de mis dedos penetrándome.

Me sentía temblar por el morbo de saber que mi vecino, amigo de mi hermano, estuviera seguramente masturbándose excitado por mi impúdico acto.

Miraba fijamente su ventana, como las cortinas se movían con suavidad como si un viento las meciera y luego se movieron un momento más agitadas hasta que dejaron de oscilar.

Eyaculé violentamente pensando que él también lo terminaba de hacer y mi semen salpicó el suelo a mí alrededor.

Limpié todo y el remordimiento y temor comenzaron a inquietarme.

Podría decirle a mi hermano lo que había visto, luego desechaba el pensamiento, él también lo había disfrutado, pero mi miedo no remitía, Joky sería capaz de golpearme y lo que sería peor enfadarse y eso me daba miedo.

Eran nuestros vecinos de siempre, o yo así lo recordaba, Tomás era amigo de mi hermano y de su misma edad, y su hermano Jesús tenía un año más que yo, o sea quince.

Sus padres Antonio y Carmen no se llevaban muy bien y todos pensaban que terminarían separados. Desde que murió mamá nos había tratado como si fuéramos su familia y no era raro que estuvieran en nuestra casa o nosotros en la suya

Tomás siempre me había tratado bien y nunca le había notado algo raro hasta hace unos meses. Celebrábamos el cumpleaños de su hermano y estábamos en la piscina, tuve que subir a mi habitación para cambiarme el bañador mojado y él me siguió.

Recogí mi bañador seco del armario y fui al baño para cambiarme, cuando volví estaba mirando por la ventana, observando la suya que cae enfrente.

-¿Qué haces? ¿No conoces tu ventana?  -le dije bromeando y dirigiéndome a la puerta para bajar.

-A veces te veo desnudo por la ventana.  –me volví para mirarle sorprendido.

-¿Ahora me espías?  -se acercó y me sujetó del brazo.

-Me gustas Ángel.  –creo que los ojos se me salían por el asombro, no me dio tiempo para reaccionar y me encerró entre sus brazos elevándome para besar mis labios.

No sé lo que pudo sucederme en ese momento, Tomás me lleva cuatro años de diferencia, es mucho más alto y fuerte que yo, pudo haber sido un beso robado a la fuerza, pero no sería cierto, me encantó el calor de sus labios, su aliento y en lugar de separar nuestras bocas respondí a su beso.

Es el momento de decir que me gustan los chicos y las muchachas no llaman mi atención salvo como amigas y que tanto la familia de Tomás como la mía saben sobre mis gustos que no oculto, todos ellos seguramente lo saben desde hace tiempo, pero yo se lo confirmé cuando cumplí trece años y Joky me sorprendió haciéndole una paja a su amigo Jorge y aprendiendo a chupar vergas.

Nunca había pensado que a Tomás le fueran los chicos, en realidad estoy rodeado de hombres excepto Carmen su madre, y todos ellos me tratan con delicadeza, casi como si en mi vieran una chica, siempre ha sido así de lo que puedo recordar.

Puedo decir sin equivocarme que todos me adoran, no sé si por ser el pequeñín o porque tengo un carácter amable, entregado y cariñoso y he sido el juguete de todos, al que han llevado en sus brazos o tenido en sus rodillas montando a caballitos.

Tomás es igual a su padre, de piel morena, pelo negro, de cuerpo grande pero muy bien proporcionado por el deporte que practica con  Joky. Su padre al ser mayor es mas grueso y fuerte tirando a gordito, tiene un gran bigote que me encanta cuando me besa y me hace cosquillas en mi nariz.

El beso duró unos segundos, me separó con brusquedad cuando escuchó los pasos que se acercaban por el pasillo y mi hermano se presentó de improviso delante de nosotros.

Aunque ellos me vean raro y tenga dificultades con mis estudios, no soy tonto y me doy cuenta de que Tomás me dice que le gusto, pero no quiere que lo sepan los demás, ya he tenido alguna otra pequeña aventurilla con chicos del colegio y personas mayores y siempre sucede lo mismo.

El primer hombre que me manifestó sentir algo por mi fue con don Francisco, sacerdote de nuestra parroquia, no paso nada creo yo, entonces era muy pequeño, se conformaba con acariciarme y darme besos.

En aquel momento tenía algo más de diez años y había hecho la primera comunión, iba muy retrasado en el colegio pero admitieron que la hiciera con los chicos de mi edad. Carmen es de misa todos dos domingos y colabora con la iglesia. Todos los sábados teníamos que confesarnos para poder ir limpios de alma a la comunión de los domingos.

En la parroquia teníamos otro sacerdote, don Miguel, algo mayor que don Francisco y más serio, los niños le estorbábamos, totalmente lo contrario que al otro sacerdote.

Todos preferíamos confesarnos con el alegre y extrovertido don Francisco. Un sábado cualquiera hacíamos cola para ir llegando hasta el confesionario y Joky me sujetaba de los hombros, mi hermano cuidaba de mí y yo iba delante de él hasta que me tocó mi turno.

Apoyé mi pecho en el borde de la puerta inclinándome y el sacerdote cubrió mi espalda con la cortinilla quedando medio cuerpo dentro del confesionario, tocándose nuestras mejillas en un íntimo y fraternal abrazo.

Sentía que don Francisco me quería mucho y me gustaba su olor a loción del afeitado, se emocionaba y comenzaba a besarme en las mejillas hasta que llegaba a mis labios un poco nervioso.

-Bésame tú también hijo, como Jesús besaba a sus discípulos.  –yo lo hacía, me gustaba besarle y el olor de su cálido aliento me excitaba mi pequeño pitilín, tampoco sabía lo que eso significaba en aquellos días, pero sentía que mi penecito se me ponía tieso y movía mi culito nervioso fuera del confesionario frotando mis piernas.

Le contaba todo lo que me sucedía durante la semana, él me iba preguntando, de una confesión y otra se sabía toda mi vida, entonces él empezaba a sugerirme las respuestas que deseaba oír, ya he dicho que hacer ciertas cosas me supone mucho esfuerzo, ¡si ellos supieran cuanto!, pero no soy tonto como alguno me dice. Joky me acaricia diciéndome que tienen envidia, pero sigamos con la confesión, a veces se me va la cabeza de tanto pensar.

Don Francisco me preguntaba si los amigos de mi hermano seguían molestándome, Lorenzo y Jorge son algunos de sus amigos y a veces se metían conmigo, sobre todo en los baños del colegio donde querían jugar, para enseñarme cosas decían y me agarraban del culo cuando no había alguien delante.

Todo eso le interesaba mucho a don Francisco y quería que se lo contara con todo detalle, era tanto su interés que a veces, como no sucedía nada, me lo tenía que inventar.

Me preguntaba si me enseñaban su pene, si mi respuesta era negativa parecía que se molestaba y para que no fuera así, le afirmaba todas sus preguntas para tenerle contento y que siguiera besándome tan rico como lo hacía.

-¿Te ha enseñado Jorge su pito?  

-Sí padre.  -era mi contestación.

-¿Se lo has tocado?   

-Sí padre.  -volvía a responder.

A veces no era cierto, pero yo sabía que debía decir siempre que sí.

De esta manera, me llevaba  a afirmarle que se la había lamido o chupado como él decía sugerente y no era verdad siempre.  Mi confesión resultaba muy larga pero no me importaba, me encontraba muy bien abrazado y sintiéndome querido por un hombre tan importante como era don Francisco.

El mejor momento era al final, antes de darme su bendición, había un instante en que su cuerpo se llenaba de tensión y su mano se movía frenética debajo de su sotana, emitía suspiros de placer muy qued en mi oreja y era lo máximo, porque en ese momento metía su lengua en mi boca, y eso me gustaba un montón.

Yo sabía que se estaba masturbando, todo eso ya me lo había enseñado Jorge y Lorenzo, pero no era algo malo y a veces me pedían que les ayudara a sacar su leche tocando sus pollas o besándoselas antes de meterlas en mi boca como ellos me pedían.

Ese sábado, a la salida de la iglesia, mi hermano me preguntó si don Francisco me besaba durante la confesión.

-Oye Ángel, ¿don Francisco te besa cuando te estás confesando?  -mi reacción fue guardar silencio, luego la curiosidad me hizo hablar y yo siempre le decía todo a mi hermano.

-Sí me besa, me dice que me quiere mucho, ¿pero por qué lo preguntas?

-No sé, tarda mucho contigo y estás moviendo continuamente tu culo, también a mi me besaba y a mis amigos cuando éramos más pequeños.  –me llevé una enorme desilusión, pensaba que era solamente yo el destinatario de sus besos.

-Si está más tiempo conmigo será porque me quiere más.  – Joky, aunque cuatro años mayor que yo, tampoco sabía mucho de esas cosas en aquellos momentos.

-Dice Lorenzo que como tú tienes cara de chica y eres tan bonito le gustas más, pero que es un cura maricón que se masturba mientras os besa en el confesionario.  –me sorprendió que Lorenzo pensara eso del sacerdote que se preocupaba tanto por él y lo que pudiera hacer conmigo en los baños del colegio para salvarlo y que no fuera al infierno.

Sobre todo no entendía que si pensaban mal de don Francisco, muchos de ellos le prefirieran para confesarse, podían ir donde el otro sacerdote.

Con el tiempo mi hermano comenzó a quejarse de que no quería ir tanto a la iglesia y Carmen y papá nos obligaban, todo cambió una mañana de domingo en que la primera misa la hacía don Miguel.

Yo esperaba con los demás niños la segunda misa que oficiaba don Francisco, era la misa de jóvenes, llegó a la sala donde recibíamos catecismo y me pidió que le siguiera para ser su monaguillo en esa misa. Era un privilegio ser elegido para esa función y todos nos esforzábamos en ser seleccionado para lo que debíamos hacer méritos. Me había tocado a mí y me sentía contento y orgulloso.

Le seguí hasta la sacristía y abrió el armario donde estaban las ropas que me encantaba ponerme. A pesar de mi larga cabellera rubia hasta los hombros, con rulos que a veces me tapaban el rostro y mis rasgos femeninos, como decía mi hermano, yo no me sentía una niña. Era un chico que me veía en los grandes espejos de la sacristía muy guapo vestido de rojo y blanco.

Don Francisco me ayudaba a ponerme la ropa de ceremonia y cuando me vio con ella vestido se emocionó como le sucedía otras veces, me abrazó mientras me decía lo guapo que estaba vestido así y que parecía un angelito del cielo, que mi nombre era muy acertado.

Emocionado se dejó llevar por su cariño, estábamos solos, los chicos esperaban en las salas de la catequesis y los mayores seguían la misa oficiada por el otro sacerdote.

¿Quién iba a pensar que Carmen abandonaría la misa para ir a la sacristía? Nadie.

Encontró a su amado vecinito vestido como un ángel, al que adoraba su sacerdote preferido y era besado dulcemente en la boca, sentado en un alto arcón y abrazado tiernamente.

Se enfadó y hablaba de mala manera al sacerdote faltando a su deber de buena cristiana, me obligó a quitarme mi bonito ropaje y a que saliera para quedarse ella sola con el cura.

Me prohibió volver a confesarme con él, a partir de ahora serían unas aburridas confesiones con el tieso don Miguel que ni me besaba ni nada.

En misa nos mirábamos y veía la tristeza en su mirada, yo también estaba triste, nunca alguien me había besado con el cariño que él lo hacía aunque todos los hombres que me rodeaban me querían y besaban, muchas veces  escondidas.

Tendríamos que esperar algunos años hasta que, por un inesperado incidente, volvería a demostrarme lo mucho que me quería, pero yo ya no era aquel niño inocente aunque algunas cosas no sabía valorarlas ni las entendía totalmente, sabía lo que le interesaba y era lo que yo quería en aquel momento.

Volvemos a ese instante de mi historia en que mi hermano casi me sorprende besándome con Tomás.

A partir de aquel día vigilaba su ventana, cuando veía moverse las cortinas sabía que Tomás estaba detrás de ellas y comencé a exhibirme para él, avanzando un poco más cada día hasta llegar a masturbarme o mostrarle como me follaba el culo, tocaba lascivamente mi cuerpo y me penetraba con mis dedos hasta provocar su orgasmo y el mío, todo eso lo había aprendido muy bien, tenía una facilidad increíble.

Aprendía nuevas formas de acariciar mis nalgas y mi cuerpo para que su disfrute fuera mayor, me azotaba con mi mano las nalgas hasta que adquirían un tono rosa de porcelana, las movía sensualmente abriéndolas para que llegara a ver el fruncido más oscuro de mi ano.

De momento lo nuestro no fue a más, al día siguiente de nuestro beso estaba tumbado en mi cama soñando o ido en mis pensamientos, se abrió la puerta y entró mi hermano, como hacía otras veces se tumbó a mi lado.

Actuaba de forma diferente a como hacía otras veces que me cogía ente sus fuertes brazos, para hacerme cosquillas o luchar en una desigual pelea que siempre terminaba ganando yo porque se dejaba vencer.

Se quedó quieto mirando al techo y respiraba agitado.

-¿Qué hacías con Tomás en tu habitación?  -no veía motivo para ocultarle la verdad, siempre se lo contaba todo si me preguntaba.

-Me estaba dando un beso, dice que le gusto.  –le miro distraído, se está arrascando el bulto de su entrepierna, me gusta mi hermano, más que Tomás u otros chicos y es más guapo que él.

-¿Te gustó que te besara?  -lo pensé unos segundos.

-Me gustaban las cosquillas que me hacía con su lengua en el paladar, parecían los besos de don Francisco cuando me confesaba con él.

-¿Te gustaría que yo te besara así, como lo hace Tomás?  -me giro y me le quedo mirando.

-Claro que sí, tú eres mi hermano, si quieres besarme puedes hacerlo.

No esperaba que fuera tan rápido y en unos segundos me ahogaba besando mis labios y metiendo su lengua en mi boca, no recordaba muy bien como me sabía la lengua de don Francisco, ni siquiera la de Tomás era capaz de recordarla, pero la de mi hermano no quería que la sacara ahora que buceaba en mi boca, lamiéndome todo por dentro y dándome mucho, mucho gusto.

-Me gusta Joky, tus besos son más lindos que los de cualquiera que me ha besado.  –dejó de besarme para mirarme a los ojos.

-Ángel, eres tan inocente y tan guapo. Hermanito pareces una niña, me gustaría follarte si tu quieres, ¿sabes lo que es eso?  -ya que me lo preguntaba debía decirle la verdad.

-Sé lo que es y como se hace, lo he visto hacer en internet muchas veces.  –se me queda mirando y vuelve a besar mis labios con mucha ternura.

-¿Te lo han hecho ya?  ¿Te ha metido alguien la verga por el culo?  -como siempre tengo que decirle la verdad.

-No, quiero que me lo hagas tú el primero.  –volvió a besarme  por todo el rostro mientras no paraba de decir.

-Pequeño, pequeño, hermanito adorado. –la puerta permanecía abierta, como casi siempre lo estaba.  Estábamos abrazados muy juntos y prietos, notaba el bulto de su polla en mi tripa cuando sonaron unos golpes  muy suaves en la madera.

-Chicos, Carmen y su familia nos esperan para comer, iros preparando.  –papá nos miraba desde la puerta y a Joky no le importó volvió a posar sus labios sobre los míos antes de levantarse de la cama.

-Lávate Ángel hoy habrá muchos acontecimientos.  –llegó a la puerta donde estaba papá y éste  le cogió del hombro sacándole al pasillo.

-Esperemos que no te equivoques y al final no sea peor.  –le decía papá en voz baja quizá para que yo no les escuchara.

-Si no se lo damos aquí lo buscará fuera y será peor, es lo que su cuerpo le pide desde hace tiempo, si tú no te atreves déjame a mí.  –continuaron hablando pero yo estaba ya en el baño jugando a hacer gárgaras con el agua para enjuagarme la boca.

Carmen tenía la mesa preparada con una buena comida de las que a mí me gustan, de todo un poco, cuando llegamos me lancé a los brazos de Antonio su marido y le bese toda la cara, hasta el bigote para reir por las cosquillas que sentía, parecía preocupado pero al sentirme sobre sus piernas sonrió y acarició los rizos de mi pelo.

Cuando crucé mi mirada con la de Tomás me hizo un gesto de saludo con la cabeza y luego comencé a jugar con su hermano Jesús. Estaba entretenido moviendo mis fichas y vigilando para Jesús no me hiciera alguna trampa.

-No llegamos a más y esto se acabó Roberto, es lo mejor que podemos hacer.  –Carmen le hablaba a mi padre y los mayores escuchaban excepto Jesús y yo que estábamos en el juego.

-Antonio puede quedarse aquí y nosotros nos vamos donde mis padres, total no viven tan lejos y puede ver a los chicos cuando quiera.  –hablaban de cosas de mayores que yo no comprendía muy bien y además el juego me interesaba más.

-¿Vosotros qué vais a hacer con el pobre chico?, siento tanto dejarle ahora. -Carmen les hablaba a mi padre y hermano.

-Tenemos que meterle a estudiar en un centro preparado para él aunque a Joaquín no le guste, es lo mejor para el chico, no podemos estar pendientes de él todos los minutos del día.

Por fin nos despedimos después de pasar mucho tiempo comiendo y jugando.

Faltaba un mes para que nos dieran las vacaciones y ahora Joky pasaba más tiempo conmigo, jugando y durmiendo en mi cama, siempre me hacía muchas preguntas, como si me estuviera confesando con él, me besaba y me calmaba pero no llegaba a cumplir lo que dijo que quería hacer conmigo, follarme.

Yo lo deseaba cada vez más y sus besos me venían excitando hasta un estado de irrefrenable deseo que me obligaba a masturbarme en el baño varias veces al día y mirar con más deseo a sus amigos y mis compañeros.

Pasaron un par de semanas y Carmen con Tomás y Jesús se mudaron de casa, no estaba muy lejos y Tomás venía a ver a su padre todos los días. Antonio compró dos cachorros preciosos Labrador, blancos y muy alegres que jugaban siempre en su jardín y a los que yo miraba desde mi ventana.

Me enamoraba la alegría y vitalidad de los cachorros y deseaba jugar con ellos o que papá me los comprara para mí aunque solo fuera uno.

Antonio venía muchas a veces a casa, a hablar con papá y tomar una cerveza y fumar sentados en el jardín y entonces venía con sus cachorros.

Jugaba hasta terminar rendido con los perritos y terminaba sobre las rodillas de uno de los dos hombres sudando y respirando agitado. Cuando estaba sobre las rodillas de Antonio o papá, me movía buscando el contacto de sus vergas al principio dormidas y que lentamente con mis roces despertaban.

Me gustaba sentirlas como iban cogiendo consistencia bajo mis nalgas mientras ellos acariciaban mi cintura, mis caderas o metían sus manos bajo mi camisa para notar mi cálida y suave piel en sus manos.

Papá no decía nada y dejaba que Antonio me mimara cuando no lo hacía él, ahora todo el cariño que había en las casas recaía sobre mí y yo me sentía contento.

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