Confesiones de un perdedor sin pareja volumen 2: María Fernanda

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Déjame contarte la historia de cuando perdí una oportunidad con María Fernanda, la gordita folladora de mis sueños.

De nuevo estoy aquí escribiendo, me tomo la libertad de compartir contigo vivencias y fantasías de mi vida. Hoy, me gustaría comentarte acerca de esta chica llamada María Fernanda. Como siempre, te menciono que todo lo que vas a leer a continuación es real, ella existe y la historia que te escribo me sucedió años atrás.

Fue en mi primera semana de universidad que la conocí, esta chica rellenita o “gordibuena” como dirían algunos. Pelo negro, alta, muy femenina y de aspecto amigable, muy extrovertida y como buena chica gorda, con dos tetas dignas de admirar. No creas que te hablo de una obesa, te hablo de una chica gordita, con curvas y una sonrisa preciosa que simplemente me cautivaba pero yo como siempre no decía nada y me dejaba llevar por mi seria personalidad de intelectual.

Cada vez que la veía no podía evitar observar su escote, que tetas blancas se asomaban por ahí, me las imaginaba humedecidas por mi saliva, lo que quería era tomarlas y morderlas, acariciar sus pezones a punta de lengüetazos y ella sentía algo por mí, yo le gustaba.

Es muy extraño, siempre he sentido que tengo cierta atracción a las chicas rellenitas, y no me molesta por que la verdad es que me encantan. Con el pasar de los meses, María Fernanda y yo chateábamos cada vez más seguido, yo por mi parte no le daba a conocer mis intenciones de forma directa porque simplemente no es mi forma de ser. Hasta aquel día en el que estábamos chateando y surgió una oportunidad de hacerle aquella propuesta indecorosa de una tarde salvaje en mi casa, solo ella y yo.

A ella le gustó la idea, o al menos le llamó la atención al principio. Así que nos tratamos de poner de acuerdo y yo hacía todo lo posible por convencerla para que dijera que sí.

―Pasaremos un buen rato ya lo verás,  pero quiero que me guíes para poder complacerte en todo de la manera en la que te sientas más a gusto. A ti como te gusta el sexo?   lento y despacio o agresivo? ―Le preguntaba yo por chat.

―Me gusta despacio. Y a ti, como te gusta? ―Me preguntó.

―Ya tendrás la oportunidad de descubrirlo.

―Lo que no quiero es quedar  embarazada, ese es mi miedo.

―Pero me voy a proteger, no vamos a hacer nada sin un condón.

―No sé, siempre suelen pasar cosas, me da cierta inseguridad.

―Y si lo hacemos oral? Además puedo utilizar mis dedos, así si te animarías.

―Está bien. Que quieres que me ponga? Quieres que lleve ropa interior especial?

―Trae lo que tú quieras.  Pero dime, que haremos al final, es decir, cuando yo eyacule?

―Me lo tragaré. Tú no te preocupes.

Recuerdo estar muy emocionado por esto, de hecho contaba los días para sentir la boca de esta gordita alrededor de mi glande succionando y a su lengua juguetear en mi punta, la imaginaba mamando mientras me acariciaba los testículos de manera delicada con sus largas uñas rosa, esa era solamente una parte de mi fantasía sexual con ella, pensé que todo iba muy bien hasta que un día antes de vernos en mi casa, recibí un mensaje de texto de ella:

“Me vas a matar, perdóname no puedo hacerlo”

Al leer semejante cosa me desmotivé muchísimo, ya la había visto desnuda por fotografías, la gordita que me quería follar tenía un par de nalgas dignas de ser mordidas y una vulva a la que tendría que abrir con mis dedos para exponer su clítoris y labios, pechos que si bien es cierto no eran como imaginaba, pero siempre eran dignos de ser acariciados no solo por mis manos ni por mi lengua sino que también por la punta de mi verga, era preciosa y la quería follar, pero me había cancelado.

Esto provocó que me sentara en frente de mi computador y viera las fotos que tenía de ella, como de costumbre me saqué la tranca y la comencé a sobar despacio pensando en lo que pudo haber sido aquella tarde.

Yo frotando mi verga en medio de sus pechos, ella presionándolos contra mi hombría y escupiendo mi glande para humedecerlo y lubricarlo para así mejorar la sensación. Me imaginaba pellizcando esos pezones marrones mientras esos pechos me masturbaban y mi punta sentía su lengua levemente. Quería comerla toda, simplemente  la quería acostar en mi cama para que sintiera como mi lengua recorría desde sus nalgas hasta sus labios gruesos.

Tenía el tatuaje de una guitarra en la pelvis, ansiaba tocarla para que produjera la sensual música de sus gemidos al sentir como mi lengua penetraba su orificio y recorría su interior de arriba hacia abajo.

Ansiaba tenerla, ansiaba penetrarla, que tomara de mi jugo mientras admiraba mi expresión al llegar al clímax. Yo quería todo eso.

Esa noche, me masturbé 3 veces pensando en ella al ver sus fotografías. Me había dejado caliente, pero años después, se me haría realidad una fantasía que tenía con ella.

Y es que en 2013 nos contactamos otra vez por cuestiones del destino. Ella siempre se había caracterizado por ser muy dependiente a los hombres, por lo que era común encontrarla con una nueva pareja a cada momento. Ella solo pensaba en el noviazgo y en la compañía que el mismo garantizaba, no quería estar sola. Pero mi interés no era el  de tener una relación, yo solo quería enmendar aquello que había pasado entre los 2 y finalmente quitarme las ganas de darle placer.

Cuando nos encontramos, yo le propuse tener una relación, ella y yo, con el objetivo de hacer el amor y poder quitarme ese morbo que me había invadido. Ella accedió.

Entonces conversábamos todos los días por mensajes  de texto, y yo recibía sus fotos en baños públicos mostrándome sus dotes. Ella estaba más gorda, pero no me importaba, yo la quería sentir sobre mí, quería tener sus jugos sobre mi herramienta y admirar su expresión de placer al sentir la penetración de mi miembro en su tibia y húmeda cueva de amor.

Yo le mandaba mis fotos también, pues me ponía muy caliente, y recuerdo recibir respuestas como “bebé, que rico pene” o “lo quiero todo para mí”, hasta que llegó esa noche donde ya no pude más y le sugerí ir a Skype. Yo quería ciber sexo con María Fernanda y lo quería en ese instante.

Fue cuando ella se conectó, yo la estaba esperando, no nos habíamos visto en años y sería la primera vez mediante una webcam y para tener ciber sexo, ella se sorprendió al iniciar la video llamada pues no me había visto en años y lo primero que me escribió fue: “De verdad eres tu, no lo puedo creer” mientras notaba el asombro en su cara.

Yo, ya estaba en boxers en aquel momento,  María Fernanda ya podía ver mi pito semi erecto marcado en mi ropa interior. Ella, solamente usaba un camisón como ropa de dormir, me dijo que no tenía nada debajo.

―Puedo ver? ―Le pregunté.

Ella entonces se puso de pie frente a su cámara y se quitó el camisón gris que vestía dejando así ver sus hermosos pechos para mí, estaba completamente desnuda. En verdad la hallaba preciosa.

-Estás hermosa Fernanda.

―Te lo agradezco ―Me respondió

―Quieres ver lo que tengo ? ―Le dije

Ella entonces asentó con su cabeza y mordiendo su labio inferior se quedó mirando su cámara, yo simplemente baje mi bóxer estando erecto para mostrarle como me tenía de caliente.

Luego me acomodé, puse la cámara entre mis piernas, estábamos completamente desnudos los 2.

―La tienes grande. Me vas a penetrar rico. ―Me escribió.

―Metete el dedo bebé, mastúrbate para mí.

Fernanda enfocó su cámara hacia su cama y se fue a poner cómoda, adoptó una posición en donde mantenía sus piernas regordetas en el aire mientras me dejaba ver la joya que tenía entre las mismas. Era Fernanda, tocando su guitarra para mí.

Metía y sacaba su dedo de su vagina dejándome ver su sonrisa perfecta y lamiendo su propio dedo repetía la misma acción mientras yo, no paraba de lubricar mi pene con mi propia saliva, me masturbaba tan rápido que mis testículos se elevaban de forma brusca cada vez que jalaba mi pene. 

―Quieres que me ponga de cuatro? ―Me preguntó.

Fue cuando lo hizo así y me mostró ese gran culo redondo, se masturbaba por debajo mientras dejaba ver su ano cerrado, yo estaba a punto de venirme. Entonces le pedí que se acercara a la cámara porque ya iba a terminar, Fernanda se acercó yo me puse de rodillas ante mi cámara para que ella apreciara mejor el momento de la eyaculación, quería que toda mi leche fuera para ella.

Al sentir que estaba a punto, le pregunté que a donde le gustaría recibir mi carga caliente, ella me contesto “en los pechos”, fue cuando le dije que los acercara a su cámara y que los juntara para mí, así lo hizo y descargué una cantidad de semen considerable, siempre ha sido así, siempre suelo dar bastante al terminar el acto sexual.

―Wow, te sale mucha pero veo que lo controlas muy bien, cuantos disparos fueron? ―preguntó.

Esa fue la primera y última vez, habiendo cumplido mi cometido por lo menos virtualmente, corté con ella y no volví a saber nada.

Investigando un poco te puedo comentar que María Fernanda ahora ha subido más de peso, supongo que son sus genes, como siempre tiene una pareja, ella no puede estar sola, tiene una dependencia extraña y una obsesión por el matrimonio que espanta a cualquier hombre, siempre me quise disculpar ya que sé que me aproveché, pero ella nunca me dio la oportunidad de hacerlo.

Esta ha sido otra experiencia más que he decidido compartir contigo, disculpa si me extendí más de la cuenta, pero la pasión se apodera de mí al recordar a aquella gordita hermosa a la que un día le gusté.

 

Gracias por leer mi relato, hasta la próxima.

Atte: D.J. Bertozzi

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