Dominación

Quien juega con fuego, se acaba quemando

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RESUMEN

Decidi con mi mujer volver a hacer brotar la llama de la pasion despues de viente años juntos. Lo que no me esperaba era las consecuencias de aquello

―¡Vamos puta¡, mueve tu culo ¡muévelo¡.... así….. quiero follarte… vamos puta, se que te gusta…..

No, quien dice estas palabras no soy yo. Es mi mujer mientras me está metiendo una zanahoria por el culo.

¿Como se ha llegado a esta situación?. Bueno, por decirlo de alguna manera, es como cuando quieres hacer un pequeño fuego para calentarte, y acabas pegandole fuego al bosque.

Veran, el caso, es que mi mujer y yo ya estamos en la cuarentena, y más de veinte años juntos. Se podrán imaginar entonces que nuestra vida sexual, después de tanto tiempo, el trabajo, los niños y demás avatares de la vida, pues es más bien escasa monotona y aburrida.

Y no es que mi mujer no me guste. Esta bastante buena, aunque ella no lo crea, con un buen par de tetas que atraen las miradas de los hombres. Pero el caso es que ella no se siente demasiado atractiva. Tiene demasiados complejos.

Una noche me decidí a abordar el tema con ella. Total no tenía nada que perder.

¿Cariño?

―¿Que?

―¿estás satisfecha en la cama conmigo?

―¿a cuento de qué viene eso ahora?

―tu contesta

―Si, claro, supongo

―¿supones?

―bueno, ya no somos precisamente unos jovencitos, y supongo que la pasión se pierde. No tenemos veinte años.

―Pero, ¿a ti te apetece follar cuando lo hacemos?

―hombre, la última vez que follamos fue hace cuatro meses, y tampoco fue para tirar cohetes. Tu te corriste enseguida y yo me quedé a dos velas. Entenderás que después de aquello tampoco apetezca demasiado repetir.

―Si,  por supuesto, tienes razón. Pero bueno, podemos mejorar, nunca es tarde para aprender. Podemos recuperar otra vez la pasión.

―¿De verdad? ¿tu crees?¿ me estas diciendo que ahora me vas a hacer lo que no has hecho en tu vida? ja ja…

―Oye, si lo se no te digo nada. Yo tan solo quería mejorar nuestra vida sexual

―Venga tonto, no te enfades, ¿que propones? ¿me vas a traer un negro con una polla enorme que me haga gozar como tu no lo has hecho?

―Venga, joder, tomatelo en serio. Si no funciona pues nada, pero al menos podiamos intentarlo.

―Bueno, vale, venga, ¿que es lo que propones?

―Mira, habia pensado que, podriamos hacer un juego

―¿que juego?

―Cada noche, podiamos sacar cada uno una carta, y  el que saque la mas alta le pide al otro que haga algo.

―¿Eso es todo?, pues vaya mierda de juego

―Pues propón tu algo a ver que se te ocurre

―Vale, mira, sacamos cada uno una carta, y el que saque la mas alta decide lo que se ha de hacer, pero, ha de ser algo que no hayamos hecho nunca y el otro no podrá negarse a hacerlo.

―¿Y si se niega?

―Pues recibirá veinte azotazos en el culo cada noche, así  hasta que acepte, ¿que te parece?

―Me parece bien, ¿cuando empezamos?

―Joder, que tonto eres a veces, ¡pues esta noche¡, ¿anda tienes por ahí una baraja?

―Si aquí en el cajón de la mesita tengo una. Venga, escoge una carta.

―A ver, trae aca. Un seis.

―Ahora me toca a mí. Vamos a ver. ¡Un siete¡

No me lo podía creer. Podría pedirle a mi mujer que hiciera lo que yo quisiera.  Pero tendría que ser cauteloso, no fuera a pedirle algo que la molestara y diera por terminado el juego.

―Bien, ¿que vas a pedirme?

―Quiero, que me hagas una paja

―Pero tu eres gilipollas. Estoy harta de hacerte pajas. Desde novios te he hecho miles pajas. Pideme algo que nunca te haya hecho.

―Bueno, pues entonces, hazme una mamadita.

―Tambien te he hecho un monton de mamadas. Joder pideme algo distinto o terminamos el juego.

―Esta bien, esta bien, entonces quiero, que me hagas una mamada, luego correrme en tu boca, y que te tragues el semen- dije yo  timidamente esperando la respuesta iracunda de mi mujer

―De acuerdo, me parece bien. Eso es algo que no hemos hecho- dijo ella decididamente

―Entonces, ¿aceptas?

―Deja de decir tonterias y trae para aca esa polla…

Ana, mi mujer,  decididamente me bajo el pantalon del pijama, y mi polla salto como un resorte. Aunque no la tengo demasiado grande, estaba tremendamente dura y erecta. Mi mujer no pudo evitar un gesto de aprobación.

―Vaya, vaya. Hacia tiempo que no veía esto tan en forma. Que dura la tienes cariño- me  decia ella mientras la cogia y la acariciaba

Sin pensarlo demasiado se la echo a la boca. Ana siempre fue muy buena chupandola, y ahora no iba a ser menos.

―Joder Ana, joder, que bien lo haces…...aaaahhh¡

―Pues venga, que estoy deseando tragarme esa deliciosa leche de polla que tienes….

―aaahh….siii….siii…. me voy a correrr…. me corrooo…. aaahhhh

No tardé  ni un minuto en correrme en la boca de mi mujer. Ana, se mantuvo firme. Agarrando fuertemente mi polla se tragó toda la leche que salia de ella. Cuando hubo terminado separo su boca de mi pene y con la lengua terminó de rebañar las ultimas gotas de semen que salian de la punta.

―¿Que tal te ha parecido?¿he pasado la prueba?

―De miedo, cariño, has estado de miedo. La chupas de maravilla. Me ha encantado

―Pero sigues siendo un pichafloja. Te has vuelto a correr enseguida. Así no hay quien disfrute en condiciones.

―Lo siento cielo, pero era ya demasiado tiempo y no he podido aguantar.

―Pues entonces quiero la revancha

―¿Como dices?

―Que quiero la revancha. Otra partida. Volvamos a sacar cartas.

Volvimos a sacar cartas. Esta vez ella un ocho y yo un tres.

―Bien, bien, ahora me toca a mí. Me apetece leer

―¿leer?

―Si, me voy a recostar sobre las almohadas, me pondré mis gafas de lectura, cogere un libro y me pondré a leer….

―¿y yo?

―…. me quitaré el pantalón del pijama y las bragas, dejaré  mi coño al descubierto, y tu me lo estarás comiendo durante quince minutos, mientras yo estoy tranquilamente leyendo mi libro.

Dicho y hecho. Se quitó el pantalón del pijama y las bragas. Se recostó sobre las almohadas, se colocó sus gafas de lectura y se puso a leer su  libro, mientras abría bien las piernas para que yo pudiera meter mi cabeza entre ellas.

―Vamos, ¿a que esperas?, puedes empezar a comérmelo cuando quieras. Quince minutos.

Meti mi cabeza entre sus piernas. Ana tiene un coño peludito. Nunca se lo depila. Y estaba completamente empapado y muy abierto. La muy guarra estaba excitada de verdad.

Se lo fui comiendo lo mejor que pude. Me encanta el sabor a coño, mezclado con el vello pubico. Pero Ana, salvo algún que otro espasmo, seguía leyendo sin inmutarse, aunque su coño permanecía tremendamente húmedo y abierto.

―Bien, han pasado los quince minutos, y, como era de esperar no has sido capaz de hacer que me corra, como de costumbre.

―Pero, ¿es que no te ha gustado?

―Venga querido. Eres voluntarioso, pero tu técnica deja mucho que desear.

―Vaya, pues, lo siento

―Que lo sientes, ¡que lo sientes¡, ya estoy harta de tus excusas. Admitámoslo, ¡no sabes follar¡¡eres una mierda en la cama ¡

―Yo, te prometo, que trataré de mejorar- no sabía que decir y estaba empezando a asustarme

― ¡¿mejorar?¡, como, ¿viendo porno y haciéndote pajas en internet?, no me jodas. Tú lo que necesitas es alguien que te enseñe lo que es follar de verdad. ¡Desnúdate¡

― ¿Cómo dices?

―¡que te desnudes coño¡, ¡es que estas sordo¡

Vi a Ana verdaderamente enfadada, como fuera de sí. Estaba empezando a asustarme de verdad, pero le hice caso. Me desnude tal y como me dijo ella. Me sentí indefenso con mi cuerpo desnudo ante mi mujer. Ella me miraba de arriba abajo, con aires de superioridad y los brazos apoyados en su cintura. Yo permanecí simplemente callado esperando la próxima bronca.

―Mírate, ¿y tú dices que eres un hombre? ¡vaya mierda de tío! Vamos, ponte a cuatro patas sobre la cama! Y ni se te ocurra replicarme.

Obedecí sin decir palabra. No me da rubor confesar que estaba asustado. Mi mujer parecía haberse vuelto loca. Me subí sobre la cama y me puse a cuatro patas. Entonces mi mujer abandono la habitación para volver al poco tiempo con una zanahoria bastante grande y un pequeño bote en la mano.

―¿para qué quieres eso? ¿qué vas a hacer?

―¡¡cállate¡¡, ya va siendo hora de que alguien te enseñe lo que es follar de verdad

Ana se puso detrás de mí, de rodillas, frente a mi culo y lo acarició.

―Siii…. mira que culo. Que fantástico. Me gusta tu culo. ¿Sabes? un culo como este en la cárcel iba a tener muchas pollas que querrían ser sus amigas.

―¿qué quieres hacer? - dije con miedo

―¡que te calles hostia¡- dijo ella dándome un fuerte azote en el culo-  Tienes un bonito culo. Tienes culo de puta. Dan ganas de follárselo. ¿sabes lo que eres?

―¿una mierda de tío?

―Aparte de eso

―¿el qué?

―Eres mi puta… y yo a mis putas me las follo por el culo.

Note una presión en mi ano. Ana estaba introduciendo la zanahoria por él. Sin duda debía de haber utilizado algún tipo de lubricante, porque gracias a eso y a la forma de la zanahoria, esta estaba entrando bastante fácilmente.

―Ana, no, no me hagas eso…aaahhh

―¡cállate¡... eres mío, y hago contigo lo que quiero…. ¿entiendes puta?... sé que te va a gustar… esta noche quieras o no te voy a follar, así que será mejor que te relajes y disfrutes

La zanahoria iba entrando cada vez más y más. Me estaba haciendo un buen boquete en el culo y yo aguantaba el dolor como podía.

Pero Ana parecía estar fuera de sí. Se la veía completamente excitada. Con una mano introducía la zanahoria en mi culo, y con la otra agarraba mis caderas.

Al poco tiempo el dolor se fue haciendo más soportable, y ya se empezaba a mezclar con una excitación que también yo empezaba a sentir. No me lo podía creer, pero aquello me estaba empezando a gustar. Ana me lo tuvo que notar, porque cada vez estaba más relajado y ella se sintió como si acabara de domar a un caballo salvaje.

―¿Ves puta, lo ves?, sabía que te acabaría gustando. Todas las putas sois iguales. Decís que no, cuando en realidad lo estáis deseando. ¿te está gustando, verdad cariño?

―si - dije yo tímidamente

―lo sabía, sabía que te gustaría. Admitámoslo, esta relación funciona mucho mejor cuando yo hago de macho, ¿no te parece amor?

―si….aaahhh...aaahhh

―Te dije que te enseñaría lo que era follar de verdad… ¡vamos puta! mueve tu culo…. quiero ver como mueves ese culo para mi….

―asi….asiii….aaahhh….aaahh..

―Siiiii….. como me calientas…. dime ¿quieres que te folle?, ¿quieres que te la meta por el culo?

―siii….aahhhh

―pues pídemelo….pídemelooooo...aaaggg

―¡fóllameee¡¡...... ¡¡fóllame¡¡...- decía yo completamente excitado mientras Ana iba aumentando el ritmo de las embestidas metiendo la zanahoria todo lo que podía

―¿te gusta cómo follo?¡¡.....¡¡¿te gusta cómo follo?¡¡

―siii….siii….¡me gusta¡....aahhhh

―siiii…. putaaaaa…..aaaaaahhhhhh

Y diciendo esto Ana cayó desplomada junto a mí en la cama.

―¿qué ocurre?- pregunte yo inocentemente, aún a cuatro patas y con la zanahoria metida en mi culo.

―Pues que me he corrido, imbécil.

Yo también caí rendido en la cama y traté de sacarme la dichosa zanahoria de mi culo.

―¿qué vas a hacer?

―pues sacarme la zanahoria del culo

―¿quién te ha dado permiso para hacer algo así?

―Bueno, yo suponía…

―suponer no es lo tuyo cariño. Déjate esa zanahoria ahí toda la noche. Y por la mañana ya veremos si te la saco

La miré durante un rato sin decir palabra. No paraba de jadear. Parecía otra. Totalmente satisfecha.

Después de un rato, y de que hubiéramos recuperado el aliento, me decidí a hablarle.

―¿y ahora, que?- le pregunté.

―Cariño, te voy a ser sincera. Después de veinte años juntos, te puedo decir que nunca había disfrutado del sexo tanto como en esta noche, lo cual me lleva a una conclusión.

―¿cual?

―Para que esta relación funciones tengo que ser yo la que lleve los pantalones y decida por los dos. Por lo tanto, ahora soy yo la que se dice cuando y como se folla en esta casa, y tu obedecerás sin rechistar, ¿de acuerdo?

―De acuerdo

―Te follaré cuando quiera. Serás mi puta y cumplirás todas mis órdenes. Te convertiré en mi juguete sexual y me aprovecharé de ti todo lo que quiera. Tu no serás nadie, tan solo te limitaras a hacer lo que yo te diga. Si algún día me apetece que me folles por el coño lo harás, pero si otro día me apetece entregarte a veinte negros para que te follen por el culo también lo harás, ¿entendido?

―Entendido

―Cariño…

―¿que?

―¡¡¡Te quiero¡¡¡¡

Y diciendo esto Ana, mi mujer, me dio un gran beso con lengua mientras yo trataba de no hacer movimientos bruscos para impedir que la zanahoria se saliera de mi ensanchado y dolorido culo.

 

cornelius1@outlook.es

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