Algo real (Primera parte)

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Algo real (Primera parte)

RESUMEN

Lo que empieza siendo una relación por mail materializada en un encuentro de amantes termina siendo un curioso triángulo de pasión y celos con la hermana del hombre que a su vez se hace amante de la mujer.

En primer lugar deseo expresar que todo cuanto voy a narrar es verdad, aunque a veces he deseado que no lo fuera, pero he cambiado nombres para que los inocentes no se perjudiquen y para que los culpables puedan disfrutarlo plenamente. Como yo lo he hecho al escribirlo.

Hasta hace dos años mi vida de mujer podría haberse presentado como un ejemplo de las aspiraciones de muchas de mis congéneres y en cierta medida he sido y aun soy, para quienes no conocen mi verdadera historia reciente, una mujer envidiable. Y ello con razones aparentemente bien sobradas.

No soy especialmente agraciada físicamente, ni de cuerpo ni de cara, ni soy del tipo por el cual los hombres pudieran enloquecer, es decir soy una mujer común, como la mayoría de las que leen estos relatos que no han de ser sin duda todas enloquecedoramente bellas. Pero sí soy una mujer real. Lo puedo demostrar, puedo enviar a quien me lo solicite a la dirección que daré al final, fotografías mías en diferentes lugares, en eso no tengo problemas, De mi físico rescato mis pechos. Mis senos son bien formados, jóvenes, resistentes, firmes de pezones "hermosos y seductores" como me lo dice Julio que los ha disfrutado a voluntad. Psicológicamente soy una mujer de carácter más bien duro, que trata de ser amable, creo que soy inteligente, pero no brillante.

Escribo a esta sección porque creo que aquí existe un grupo, no todo, que podría entender lo que me pasa. Eso me dará la sensación de compartir con alguien lo que estoy viviendo, porque así de cara a cara no me atrevo a compartirlo con nadie. En mi familia se morirían y en mi trabajo daría por tierra con todo mi prestigio. Soy jefa de un departamento de personal en una empresa importante de la capital de un país latinoamericano.

Bien.-

Todo comenzó una tarde de diciembre de 1998. Estaba en mi oficina luego de un día arduo de trabajo y por vez primera me atreví a entrar con mi PC en uno de esos correos donde se ofrece amistad y oportunidades para interactuar. Así fue que hice contacto con Julio, un hombre de aproximadamente cincuenta años, de un país vecino que me pareció confiable.

Todos nuestros primeros mensajes eran muy formales y muy simpáticos y la verdad es que yo me hice en cierta medida dependiente de esos mensajes.

Así transcurrieron algunas semanas y la comunicación se tornó cada vez más comprometida, más bien íntima, con detalles que ya no eran simplemente simpáticos sino francamente audaces.

La comunicación con Julio me había sacado drásticamente de mis esquemas y yo me desconocía a mí misma porque hablábamos como si fuéramos más que amigos, como si fuéramos amantes, nos besábamos, nos acariciábamos y nos decíamos cosas de alcoba, hasta que llegó un momento en que decidimos conocernos. Julio me había dicho que él era casado, pero a mí ya no me importaba nada.

Quedamos de juntarnos en un lugar neutral y ambos debimos viajar cada uno tres horas en avión para encontrarnos en la capital de otro país. No estaríamos en el mismo hotel sino que nos juntaríamos en un bar para conocernos y saber si en realidad nos gustábamos físicamente. Habíamos intercambiado fotografías pero esto era diferente. Yo estaba quebrando todos mis esquemas familiares y culturales para mi medio. Yo era virgen y estaba dispuesta a entregar eso, pero luchando hasta el final aunque no más fuese como un saludo a la bandera.

Nos encontramos en el loby de mi hotel, me gustó desde que lo vi, bebimos un par de cócteles en el bar y mientras hablábamos yo sabía que había perdido la pelea, pues no escuchaba lo que él me decía, solamente quería arrastrarlo hasta mi pieza y besarlo por todas partes. Yo me estremecía bajo mi ropa y sentía húmedo todo lo que era posible que se me humedeciera. Entonces él me dijo que estaba registrado en el mismo hotel en el piso superior al mío pero igual fuimos a mi cuarto.

Me desnudé yo misma y lo desnudé a él y me entregué de la forma más desenvuelta que puedan imaginarse. Hice todo lo que había escuchado, pensado y leído durante años y no supe en que momento me penetró porque me estaba quemando entera como una bestia, como una yegua como una puta, pónganle Uds. el adjetivo que más les guste, porque ese será el adecuado, y no hacía ni dos horas que lo había conocido de cuerpo presente cuando me revolcaba en la cama con él como una amante consumada y yo estaba feliz de hacerlo.

El sexo llegó a mí como un torrente y se apoderó de mi cuerpo y de mi mente en forma absoluta. Yo no quería salir de esa cama por ningún motivo y quería que ese hombre real, de carne y huesos que latía junto conmigo, me enseñara todo lo que él sabía y que se diese cuenta que yo sería una hembra suya, sin ningún tipo de renunciamientos, ni pudores, porque se me habían terminado todos en ese mismo momento.

Pasamos tres días y tres noches maravillosos. Solamente salíamos de la cama para cenar y para recomponernos un poco y empezar de nuevo. De vuelta a mi país, en el avión, dormí el vuelo completo y las huellas de la pasión en mis intimidades de mujer me ocasionaban dolores rítmicos que recibía con placer inusitado porque me parecía volver a sentir a Julio dentro de mí.

A los diez días, ya reincorporada de nuevo a mi mundo, a mi familia y a mi trabajo, de pronto me sentí como una mujer indigna y sucia, amante de un hombre casado y sin respeto por ninguno de los principios que habían orientado mi vida. Fiel a este pensamiento y renegando de todo lo vivido con Julio, le escribí diciéndole que todo terminaba.

Julio no me contestó, pero ese fin de semana para mí fue un infierno. Mi mente parecía estar tranquila con mi decisión, pero mi cuerpo durante las noches no hacía sino desearlo y un insomnio quemante me mantenía latiendo hasta el amanecer. El lunes en la mañana a primera hora le envié un e mail pidiéndole que me perdonara y que quería verlo cuanto antes.

Tres semanas después, Julio voló a mi ciudad a verme. Lo esperé en el aeropuerto invadida por un deseo incontrolable y me abracé a él con mi cuerpo pegado al suyo, como para permitirle que sintiera mi pasión a través de mi ropa. En el bar del aeropuerto bebimos un par de cócteles y yo lo abrazaba y lo besaba con impudicia, sin importarme nada.

Yo no podía pasar la noche con él, porque no habría sabido que decir a mis padres en mi casa, pero el día prácticamente completo lo pasaba yo en su hotel, más bien dicho en su cama, haciendo el amor en todas las formas que él deseara, entregándole todos mis conductos y bebiendo con mi boca todos su jugos, así como él bebió los míos, de modo que luego de esos días ya el sexo en todas su formas no tenía secretos para mí y yo estaba fascinada y endemoniada. Me gustaba emplear palabras soeces en los momentos culminantes, y hasta le pedí que me golpeara en la cara porque eso me producía un placer sumo y orgasmos repetitivos y me sentía más suya como nunca pensé que me sentiría de alguien.

Cuando lo despedí en el aeropuerto por primera vez lloré, sin que él se diera cuenta, porque yo quería seguir unida a ese hombre al que pensaba que amaba con toda el alma, el dueño de mi cuerpo y de mis deseos, por el cual yo todo dejaría, para entregarme solamente a los placeres que él me daba.

Después de esos días nuestros mensajes solamente tenían un tema, nuestra intimidad, nos dedicábamos a contarnos lo que estábamos sintiendo, como nos deseábamos y él me instó a masturbarme pensando en él, hablando con él, para que yo no acumulara tanta tensión física en mi cuerpo y pudiera hacer mi trabajo con tranquilidad. Él me decía que también lo hacía y tuvimos algunas sesiones maravillosas esperando el tiempo en que pudiéramos volver a vernos.

Pero otra vez, una tarde en que él me envió un mensaje particularmente íntimo, mi antigua forma de ser me traicionó y de pronto me sentí terriblemente "sucia". Sucia de escribirme con él de la forma que nos escribíamos y se lo dije y dejé de escribirle durante diez días.

Ya a los cuatro estaba arrepentida, porque el deseo era superior a todas mis convicciones, sin embargo no me atrevía a pedirle perdón otra vez porque él me había dicho que no tenía paciencia con mis famosas fugas.

Estaba sufriendo realmente, cuando recibí un amoroso mensaje de él y todo el amor y la pasión me volvió de nuevo con más fuerzas que antes. Julio me contó entonces cosas de su infancia y de su adolescencia y de sus inicios en el sexo y todo eso me encendía mucho y todo llegó a su culminación cuando él me dijo que me contaría un secreto y el secreto era que él había tenido sexo con una hermana suya.

A mí la confesión, en lugar de espantarme, me excitó más aún.

Encontré que eso era como de novela prohibida y le pedí que por favor me contara con detalles y él me fue contando en reiterados mensajes, que yo leía acariciándome por todas partes y ardiendo de pasión, como fue que esos amores con su hermana se habían realizado.

Semanas después de eso, en que mis noches transcurrían imaginando esos amores súper prohibidos recibí un e mail en el cual me decía que su hermana, que se llamada Celia, estaba ocasionalmente en su casa y que si yo quería me podría comunicar con ella vía a mail

A mí la situación de poder escribirme unas frases con ella me excitó sobremanera porque eso me demostraba que Julio decía la verdad y que al parecer nada tenía que ocultar al respecto y no temía de modo alguno una reacción negativa de mi parte.

Nos comunicamos sin problemas con Celia y ella me confirmó todo lo que Julio me había contado y ambas mujeres nos entendimos muy bien por cuanto Celia parecía descansar de su secreto al contarme sus amores con su hermano que era mi amante.

Celia era una mujer seductora, alegre, sin problemas y hasta divertida. Era unos años mayor que yo pero físicamente se conservaba muy bien, de acuerdo a las fotografías que ella me envió. Julio facilitó nuestra comunicación porque, al parecer, también parecía aliviado de que alguien compartiera su secreto.

La verdad es, que nuestra comunicación con Celia, fue adquiriendo un carácter muy íntimo, sobre todo cuando hablábamos de la relación mía y de ella con Julio e intercambiamos secretos de mujer acerca de cómo Julio le había hecho el amor a ella y a mí. En estas confesiones no había celos, porque de todas maneras Celia era su hermana y estaba claro que ella aceptaba que yo era quien tenía la preferencia en el corazón de Julio.

Sin embargo mi relación con ella tomó un giro inesperado. De pronto yo me vi pensando noche a noche en las relaciones de Julio y su hermana y en mis imágenes era el cuerpo de Celia el que más me excitaba, hasta que una noche, en un mensaje, le dije que yo estaba excitada sexualmente con ella a lo que me contestó que a ella le pasaba lo mismo. Esa noche nos dijimos que nos deseábamos, que nos amábamos y queríamos ser amantes.

Conocedoras las dos de las artes del amor, enseñadas por el mismo hombre, fue fácil intercambiar los mensajes eróticos más encendidos, que si alguno o alguna de Uds. quieren conocer yo se los puedo enviar si me lo piden en forma personal a la dirección que daré al final

Noche a noche, durante más de un mes, realizamos con Celia, un intercambio de mensajes ardientes en que las dos nos masturbamos intensamente. Durante el día yo mantenía mi comunicación habitual con Julio. La relación con Celia llegó a tal punto de tensión erótica que un día nos dijimos francamente que queríamos encontrarnos físicamente y fue así como nos pusimos de acuerdo para encontrarnos en un pueblo fronterizo entre ambos países y yo viajé cuatro horas en bus para encontrarme con ella, que a su vez había viajado tres horas en avión Durante ese viaje mi excitación sexual por una mujer fue tan intensa que como pude debí cambiar mi ropa íntima porque estaba demasiado mojada.

Ella era en realidad una mujer, hermosa de un físico muy atractivo y debo confesar que me cautivó desde el primer momento.

Nos registramos como hermanas en una habitación doble de la elegante Hostería y apenas llegamos a la habitación nos arrojamos una en los brazos de la otra y nos besamos con pasión mientras nos reíamos casi sin hablar.

No hubo ningún tipo de preámbulos, ni siquiera pasamos el pestillo de la habitación, cuando yo buscaba bajo su blusa sus pechos pronunciados y ella levantaba mi falda para recorrer mis nalgas bajo mis bragas. A los pocos momentos estábamos abrazadas desnudas sobre la cama y nos buscábamos de todas las formas, pues queríamos que ni un centímetro de nuestra piel quedara sin ser reconocida y tratábamos de comprobar ahora sobre nuestros respectivos cuerpos, que era una verdad maravillosa todo lo que nos habíamos escrito por mail.

Tengo que confesar que jamás imaginé que una relación física con una mujer resultara tan embriagadora y agradable Su cuerpo me parecía de una suavidad cautivadora, sus curvas sus vellos, sus humedades. Sus pezones me enloquecían y ella experimentaba conmigo las mismas sensaciones arrebatadoras. Nos dijimos que nos amábamos, que jamás nos separaríamos, que iríamos juntas a todas partes, que seríamos únicamente la una de la otra.

Tuvimos repetidos orgasmos que nos describíamos la una a la otra con lujo de detalles, lo que nos encendía aún más de lo ya estábamos y de ese modo volvíamos a caer en el vértigo del deseo que nos mantuvo unidas lo que quedaba de la noche.

Al día siguiente, ya un poco más serenas, salimos a recorrer el centro comercial de la ciudad y nos detuvimos para almorzar en un restaurante de lujo. Nos mirábamos en los espejos y nos encontrábamos mutuamente hermosas, nos tomábamos de la mano, nos tocábamos bajo la mesa y en el tocador nos besamos como locas y debimos contenernos para no hacernos el amor en ese lugar.

Ya en la Hostería a medianoche y en medio de risas que llenaban la habitación nos hicimos mutuas demostraciones de masturbación, intercambiamos secretos acerca de cómo nos producíamos placeres especiales en diversas zonas, para luego buscarnos la una a la otra. Cuando el cansancio nos rendía nos abrazábamos y en voz baja nos contábamos cosas y establecíamos diferencias acerca de cómo ambas habíamos hecho el amor con Julio, sin que se produjera entre nosotras la menor situación de celos porque a ambas lo único que nos importaba era la relación entre nosotras dos. Fueron días maravillosos y cuando tuvimos que separarnos, para regresar a cada una de nuestras ciudades nos despedimos llorando y jurando que haríamos lo imposible para volver a estar juntas cuanto antes.

De vuelta a mi mundo y a mi trabajo me sentí que estaba engañando a Julio sin haber dejado de quererlo. La verdad era que mi situación resultaba ser algo que nunca había imaginado pues estaba enamorada y era amante de un hombre y de una mujer, los cuales además de eso eran hermanos y ellos amantes entre sí. Yo no sé cómo podría llamarse esto y el nombre era lo que menos me interesaba, únicamente me importaba lo que yo estaba viviendo y eso me parecía maravilloso.

Solamente que yo quería que Julio lo supiera, quería ponerlo al tanto de nuestros amores con su hermana, porque me sentía mal ocultándole lo que pasaba entre nosotras.

Al final acordamos con Celia que sería ella quien lo pondría al corriente de nuestros amores encendidos y enseguida yo únicamente se lo confirmaría. Acordamos además que Celia lo plantearía desde el punto de vista de que ambas nos sentíamos amantes suyas y que lo nuestro no era sino una proyección erótica de nuestro amor por él. Yo lo encontré genial y se lo confirmé a Julio en un mail posterior- Julio no me contestó de inmediato ni tampoco se había comunicado con Celia hasta que un día nos planteó directamente la posibilidad de que nos encontráramos los tres.

Celia y yo estábamos algo temerosas de este encuentro por cuanto ambas temíamos que el encanto de nuestra relación pudiera de algún modo romperse, con la intervención del macho posesivo y que pudiera establecerse una relación de celos en cualquiera dirección. No obstante lo anterior conversamos vía e mail con Celia que al mismo tiempo un encuentro entre los tres podría ser una experiencia extraordinaria, que podríamos disfrutar al máximo y con esta idea nos fuimos motivando noche a noche en nuestros mensajes hasta que llegó un momento en que ajustamos una fecha para el encuentro el que se realizó hace unas semanas en la capital del país donde ellos viven.

Cuando llegué al aeropuerto ellos me estaban esperando y al verlos a los dos juntos una sensación muy particular me invadió. Me sentí de inmediato en un ambiente en que me parecía ser mutuamente requerida por un hombre y una mujer, lo que me producía una sensación extraña en ciertas partes de mi cuerpo.

Habíamos reservado dos habitaciones contiguas y yo y Julio aparecimos como un matrimonio, sin embargo nunca ocupamos la otra habitación los dos días y las dos noches que allí estuvimos.

Julio se desenvolvía con una naturalidad extraordinaria acariciándonos tiernamente a una y a otra sin privarse de ningún tipo de caricias y durante la cena nuestra conversación fue francamente erótica referida a la experiencia de Julio con cada una de nosotras y en ningún momento se habló de las experiencias sexuales entre nosotras las dos mujeres. Julio nunca tocó el tema y nosotras tampoco.

Cuando llegamos a la habitación las dos mujeres nos desnudamos con prisa y nos metimos a la cama mientras Julio se desnudaba. En rápidas caricias pudimos darnos cuenta que tanto Celia como yo estábamos totalmente lubricadas y nuestros pezones dilatados y duros. Julio entró en la cama y de inmediato me penetró con una facilidad extraordinaria mientras besaba apasionadamente a Celia. Luego cambiaba para penetrar a Celia mientras me besaba a mí. Esta práctica nos encendió mucho a las dos mujeres que comenzamos a acariciarnos mutuamente mientras Julio nos penetraba. Estas caricias se fueron haciendo más intensas hasta que en un momento de elevada pasión Celia le dijo a Julio que nos dejara solas.

En un comienzo Julio pareció sorprenderse, pero en seguida se levantó de la cama y pudo contemplar como nosotras dos nos hacíamos el amor con las diversas variantes que habíamos descubierto en nuestras sesiones previas. Yo percibía que el hecho que Julio nos observara me producía un efecto agregado de excitación y de esa manera me entregaba a Celia con ardor y me daba cuenta que ella me requería con pasión inusitada. Luego creo, que ambas dejamos de preocuparnos de Julio y nos entregamos la una a la otra como no lo habíamos hecho, buscándonos orgasmos prolongados y violentos. Cuando llegó el cansancio vimos que Julio estada de pie junto a la cama y nos apuntaba con su miembro dilatado en su mano bañándolo con su semen de modo que lucía reluciente al masaje que se proporcionaba...

Fueron dos noches inolvidables durante las cuales viví algo que jamás había imaginado posible en la realidad, sino únicamente en el cine erótico, y de alguna forma sentí que ahora era una mujer definitivamente diferente

Cuando regresé a mi ciudad, de esto hace solamente dos semanas, me sentí francamente diferente, más mujer, más hembra, más segura y más hermosa. Estaba dispuesta a conservar lo que tenía y así se lo hice saber a Celia y a Julio por medio del correo electrónico. Julio me contó que se había separado de su mujer y esa noticia nos llenó de alegría a Celia y a mí porque vislumbramos algo que nos parecía maravilloso, pero ninguna de las dos se atrevió a decirlo

Hace una semana, el sábado en la mañana, de pronto, me asaltó la duda en el sentido de sí Julio y Celia estarían juntos haciendo el amor sin que yo lo supiera. De inmediato me puse en contacto con Celia y se lo pregunté directamente. Ella me contestó que hacía meses que no tenía contacto con Julio y que los dos días que pasamos juntos era la única vez que se había acostado con él en los últimos cinco años. Eso me tranquilizó pero sólo temporalmente.

En las noches me he torturado con unos celos que racionalmente entiendo que son totalmente ridículos puesto que todo lo estamos compartiendo, sin embargo no he podido luchar contra eso y le he manifestado a Julio que no deseo seguir la relación con él al mismo tiempo que he enfriado a propósito mi relación con Celia.

Esto me ha traído como consecuencia que en las noches duermo muy poco, que despierto empapada en sudor con una excitación plena de las imágenes de lo vivido y me masturbo casi hasta producirme daño. No me atrevo a plantear mi problema a nadie porque nadie lo entendería. La verdad es que estoy asustada de vivir lo que he vivido, pero nadie me obligó a eso y realmente he sido feliz. Hace diez días que no me he escrito con ninguno de los dos, ni contesto sus mensajes, pero aunque mi mente apunta a alejarme de ellos mi cuerpo reclama a Celia con una intensidad que no puedo gobernar y de alguna manera percibo que Julio controla mi conducta a la distancia.

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