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Viaje de placer en el Caribe

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Llegó mi marido a casa anunciándome que tenía que viajar por negocios a Repúbica Dominicana.  Tenía que realizar algunas gestiones en distintos puntos del pais que le llevarían tres o cuatro días, pensaba que podía acompañarle y aprovechando el viaje, alargar la estancia para disfrutar los dos de unos día de descanso.

Programado el viaje, tomamos un vuelo para disfrutar de unos diez dias de evasión , era como un viaje de novios no previsto, que me hacía mucha ilusión, deseosa de disfrutar de mi marido y abierta a cualquier aventura que pusiera surgir, contando con el anonimato de estar en un pais desconocido.

Nos alojamos en un hotel de una cadena internacional, de esos que cuentan con todos los servicios y no es necesario salir del hotel para divertirse, aunque ese no era el plan que llevaba en mente.

Llegamos a medis mañana al aeropuerto de Las Américas y entre cubrir el trayecto al hotel, pasar  por recepción y deshacer las maletas, se había hecho la hora de comer.  Despues de una siesta, para recuperarnos del viaje,  ya avanzada la tarde nos arreglamos para salir a dar una vuelta por la Ciudad. Volvimos al Hotel para cenar, tomamos una copa en el pub del Hotel y nos fuimos a dormir.

Nos levantamos tarde, ya recuperados del largo viaje, y pasamos la mañana en la piscina tomando  zumos y bañándonos.  Por la tarde recorrimos algunas calles de la Ciudad Colonial, visitando algunos monumentos de interés.  Estaba atardeciendo y un taxista nos llevó a un restaurante que él mismo nos recomendó.  Le psedimos volviera a recogernos a las dos horas despues de la cena.

El taxista nos esperaba y le pedimos nos acercara a una discoteca de ambiente.  Nos dijo que la mas moderna y  animada  era Praia y nos llevó hasta allí.  Era un local con instalaciones modernas y se veía buen ambiente al entrar. La clientela parecía de buen nivel por su forma de vestir, la mayoría entre trienta  o cuarenta años.  Ocupamos una mesa y pedimos  ron a las rocas, simplemente ron con cubitos de hielo y limón caribeño, pero que ya la habíamos probado en el Hotel y entraba rico. El ritmo de la música caribeña hacía mover el cuerpo sin querer.  Varias parejas bailaban de forma rítmica y sensual, había muchachas hermosas, de cuerpos esculturales, lo mismo que sus acompañantes, jóvenes huapos con cuerpos  musculados que verlos bailar ya era un espectáculo.  Intenté imitar aquellos bailes moviéndome con sensualidad y como mejor podía llevar el ritmo, pero  mi marido no es precisamente buen bailarín y no eramos precisamente una buena pareja de baile.  Nico pronto se cansó y me pidió regresar a la mesa, donde las copas de ron le atraían mas que el baile y su mujer.

Hacía rato que un chico de unos  treinta años, alto, guapo, mulato me miraba con insistencia, yo le mantenía la mirada y acabó por acercarse, dijo llamarse Julio César y creyendo que Nico era mi padre, le pidió permiso para invitarme a bailar.  Acepté gustosa  y le saqwué de su error presentándole a mi marido.  Aque chico bailaba como un profesional y era fácil seguirle los pasos y mas despues de atender alguna instrucción que me dio de como debía hacerlo.  Intenté moverme son sensualidad y sentía el roce del muchacho en mi cuerpo.  El baile iba excitándome a cada paso y el chico estaba como un tren, realmente apetecible.

Descansamos un rato y nos sirvieron otras copas. Mi marido ya debía llevar unas cuantas porque empezaba a hablar de forma atropellada y sin vocalizar bien, pero me interesaba siguiera tomando y me dejara disfrutar de la noche.  Estaría bailando como dos horas toda clase de ritmos, aquel muchacho me enseñaba pasos desconocidos que aprendía aplicada, estaba disfrutando y me felicitaba de haber encontrado al acompañante ideal para disfrutar de la velada.  El chico se pegaba lo que podía a mi cuerpo, notaba  sus manos como me recorrían todo mi cuerpo, en algunos movimientos sentía su bulto en mi cola con movimientos sensuales, notaba su pierna entre las mias mientras mi sexo rozaba su muslo moviéndome cadenciosamente. Por momentos mi calentura iba en aumento y notaba mi sexo húmedo, en parte por el sudor y sobre todo por los flujos que manaba debido a mi excitación.  El chico lamió de mi cara una gota de sudor y yo le correspondí dándole la boca para que me besara y metiera su lengua.  Seguimos bailando pero mas que bailar nos tocábamos con deseo, juntando nuestros cuerpos en movimientos casi pornográficos, moviéndonos y rozándonos de forma sensual en una escena de apareamiento sin sexo, que mas parecía de cortejo animal en la que la hembra exteriorizaba su deseo de ser poseida.

Cuando volvimos a la mesaempapados de lujuria, deseo y cansancio, mi marido estaba  medio dormido por los efectos del ron que había tomado, asi que le pedí al muchacho me acompañara al hotel para ayudarme a llevar a mi marido.   Lo hizo encantado y llegamos en taxi al hotel.  Entró apoyado entre los dos para evitar  andar haciendo eses y caerse.  El recpcionista puso pegas en que Julio César subiera  a la habitación, a pesar de mi insistencia en que subía a ayudarme, argumentaba  órdenes de dirección de no permitir el acceso de nativos a las habitaciones.  Saqué del bolso unos dolares que puse encima del mostrador y subimos en el ascensor.

Ya en la habitación, acostamos a mi marido en una de las camas y nosotros nos desnudamos con prisas para acostarnos y disfrutar de nuestros cuerpo.  Nos besamos, acariciamos, recorrimos cada centímetro de piel, lamimos nuestros sexos, disfrutamos de sensaciones excitándonos al máximo. Recorrí su verga oscura y deliciosa que iba creciendo al sentir  mi lengua, la mamé con fruición y eél me comía la vagina y mordisqueba  mi clítoris haciéndome temblar de placer, cuando ya nuestro deseo incontrolado nos venció, me penetró tumbada boca arriba, con mis piernas en sus hombros para hacer que su penetración fuera profunda, sentía quella polla deliciosa disfrutarme con deseo animal, con sus manos en mis nalgas me atraía hacia él para poseerme  con fuerza y yo  disfrutaba como una hembra necesitada de sexo, mientras  me  llegaban orgasmos y gemía de placer.  La sacó de mi sexo, me puso en posición de perrita y arrastrando flujos sobre mi ano con sus dedos, me penetró enculándome de una embestida y se corrió llenandome de semen.

Dormimos abrazados con el sonido de los ronquidos de mi marido de fondo y al amanecer tuvo que aplacar su verga, clavándola en mi sexo todavía mojado de los restos de fluídos y semen que habían sido conservados sin lavar durante la noche. Me poseyó todavía adormilada y sentí placer al notar discurrir su chorro de leche caliente inundando mi interior. Me dio un beso y dejóanotado su móvil.  "Mami, llámame para darte mas placer", susurró al despedirse.

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