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Mis vacaciones en el planeta Barlovento

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Mes de julio de año 2050.  Sábado por la mañana.

Dentro de quince días comienzo las vacaciones estivales y se me plantea un dilema: que no sé dónde disfrutarlas. El Mundo lo tengo tan visto y pateado, que no me seduce pasarlas en ninguna parte del mismo. Hoy, se puede ir desde España a Australia en 30 minutos; pero ahora es invierno allí, y aunque Melbourne y Sídney son ciudades encantadoras, no me apetece volver, ya que tengo algunos recuerdos que siguen aturdiendo mi mente.

Las tres Américas me aburren, y aunque en el “Centella Bus” te plantas en Nueva York, Buenos Aires, México o en Montreal en 15 minutos, todos los fines de semana voy en busca de las emociones que ya no las encuentro como antaño las hallaba.

Y la verdad, el Extremo y Medio Oriente siguen igual que hace 50 años. Eso de que mis compañeras de viaje tengan que ir con velo o con el burka, no me maravilla nada (y menos a ellas). Y eso que en el “Meteoro bus” te plantas en Bagdad o Irak en diez minutos. Pero no.

Sin solventar donde ir este mes de agosto, suena el teléfono de la mesilla de noche.

-Ringggg …. Ringgggg…. Rinnnnggg

-Diga.

-Hola Félix. Soy Fernando.

-¡Y qué cullons quieres tú, a esta hora tan temprana!

-Coño Félix, qué son ya las doce de la mañana.

-¡Hosti tú! Es verdad.  Dime, Fernando.

-Que Jesús y yo, hemos acordado ¡por fin! Dónde pasar las vacaciones ¿Te acuerdas que el otro día hablamos del tema?

-¡Qué si me acuerdo! El tema que me tiene jodido; llevo todo el día dando vueltas a ver a donde ir y no lo sé ¿A dónde vais, vosotros?

-A Barlovento.

-¡Coño! ¿Al Planeta donde siempre sopla el viento? ¡Qué guay! ¡Y yo qué!

-Tranki Tronko. Qué te hemos reservado un pasaje; y gracias a las influencias de Jesús con la Cía. de viajes siderales “Aéreo Espacial” hemos conseguido los tres últimos que quedaban.

-¿Pero… vamos a ir “sin titis”?

-¡Titis! No hombre no, no hacen falta. Ir a Barlovento con “terrícolas” es como ir a vendimiar y llevar uvas de postre.

-¿Y están buenas las “Barloventeñas”?

-Bueno…

-¿Qué pasa tío? Te noto con dudas.

-Verás colega. Es que resulta que en Barlovento sólo existe un sexo…

-¡No jodas, tío! ¿Y cómo trajinan?

-No les supone ningún problema. Lo tienen solucionado.

-¿Cómo macho, no lo  pillo?

-Pues… Que son machos y hembras en un mismo cuerpo.

-Sigo sin pillarlo. Eso no puede ser, es imposible.

-¡Joder! qué torpe eres Félix. En la Tierra, sabemos que no, pero los barloventeños tienen “el mástil y las velas” juntos. Bueno, separados para situarlos según de que parte venga el viento.

-Pues sigo sin pillarlo, tío

-Sí hombre, sí. Los barloventeños sitúan las velas y el mástil según sopla el viento. Si avienta de levante, izan las velas para que se puedan “ventilar al instante”; y si bufa de “poniente”, “pliegan las velas y elevan el mástil” para que directamente (de recto) cesen las ventoleras. ¿Comprendes, Felisin Barderas?

No lo tenía muy claro; pero cuando llegué a Barlovento, sentí el aire y el viento Barloventeño por todos los poros y agujeros de mi cuerpo, que me hicieron pasar unas vacaciones de ensueño… Y mis mejores momentos…

Sólo puede decir que fueron las vacaciones más apasionantes de mi vida, hasta el punto de que estoy preparando los papeles para ir a vivir a Barlovento.

Me he enamorado de un ente Barloventeño que se parece a Sharon Stone por delante, y al George Clonney por detrás. Y por él, mi vida empeño.

 

Cuando me sopla debajo

escucho las campanas,

y el repicar del badajo.

Y cuando me sopla encima,

se me derrama todo el cuajo

y corazón y alma me trina.

(8,27)