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La cacería

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  • Una de mis fantasías sexuales se iba a cumplir para mi desgracia. Iba a ser cazado como un animal salvaje por mis dos compañeras de trabajo más deseadas.

    Desde pequeño siempre me ha atraído el mundo de la dominación femenina, he incluso jugaba de niño con una prima a ser atado como un animal y ser sacrificado. Me excitaba ya a temprana edad eso de estar en manos de una mujer, indefenso y a merced de su voluntad.

    Ya de adulto me excitaba viendo a cualquier mujer imaginándomela como una ama.

    Me llamo Luis y tengo 38 años. Desde hace más de 15 años trabajo en una gran ciudad en un almacén de distribución. Allí trabajan conmigo varias mujeres en mi sección y otras tantas en otras secciones.

    Siempre me he sentido atraído por una en concreto, Jezabel.

    Tiene mi misma edad y ambos estamos solteros y aunque tonteamos y quedamos a salir habitualmente muy a menudo nunca hemos tenido nada entre nosotros, mal que me pese.

    Jezabel es una de esas mujeres que, sin ser un bellezón, tiene algo de lo que te quedas prendado, no sé decir qué pero hay algo en esa mujer que me atrae sobremanera. Medirá sobre 1.65 de altura y tiene algún kilito de más pero muy bien puesto, ojos negros, pelo moreno con media melena por encima de los hombros, labios carnosos y nariz respingona con un culito respingón y gracioso.

    Quizás lo que más me atrae de ella sea su personalidad, ya que es de carácter fuerte, una Aries de pura raza... sabe imponer sus ideas y llevarte a su terreno en cualquier discusión que entables con ella pero también un lado tierno...una mezcla de caracteres que me la hace una mujer interesante.

    En mis fantasías la imaginaba vestida de cuero de los pies a la cabeza, botas altas de tacón imposible, látigo en mano azotando a un pobre diablo sin compasión... y ese diablo soñaba ser yo.

    Como era habitual, una tarde, terminando de trabajar, Jezabel se acercó hasta donde yo estaba para hacer planes para el domingo;

    -Hola Luis, ¿cómo vas? Me gustaría invitarte este domingo a la finca que mi amiga Rebeca tiene en el monte. Vamos a ir unos cuantos amigos y amigas a hacer un picnic ¿qué me dices? ¿Me acompañas para que no me aburra?

    -Bueno, la idea no me atrae mucho pero con tal de tomar un poco de aire puro me apunto.

    -Bien, me alegro de que vengas. Mañana a las 6 de la mañana paso por tu casa a recogerte.

    Poco me imaginaba yo lo que me esperaba en la finca de Rebeca...

    A las 6 en punto escucho el claxon del coche de Jezabel justo debajo de mi ventana, cojo un poco de ropa y bajo las escaleras hacia la calle. En el coche esta Jezabel y se ha traído con ella a Rebeca.

    Rebeca es un bellezón que también trabaja con nosotros en el mismo almacén pero en diferente departamento, con la cual también mantengo una buena amistad. Aunque es española tiene rasgos faciales asiáticos que le dan un toque exótico, en el trabajo comentamos a menudo el gran parecido que tiene con la actriz Catherine Zeta Jones. Más alta que Jezabel, de 29 años, 175 de altura, unas curvas de infarto, pelo castaño claro que le llega casi hasta su redondo y firme trasero.

    No menos firmes son sus grandes pechos y de ojos castaños también. Sus labios perfectos y una pequeña cintura que hace que sus caderas se acentúen aún más. De firmes y fuertes piernas contorneadas a base de horas de ejercicio pero sin marcar músculo. De carácter más templado que Jezabel quizás por eso nunca me ha atraído a pesar de ser una autentica monada, ya que la he visto siempre una mujer muy sencilla, tierna y cariñosa incapaz de hacerle daño a una mosca y, como he dicho, me gustan las mujeres de personalidad fuerte.

    -Buenos días señoritas.

    -Hola Luis, echa el macuto que llevas al maletero y siéntate en el asiento de atrás, ponte cómodo.

    Salimos de la ciudad por la carretera que conduce al campo. Jezabel conducía y Rebeca le indicaba el camino a seguir. Mientras ellas cuchicheaban en voz baja de sus cosas yo me entretenía viendo el paisaje. Me excitaba ver a esas dos mujeres en la parte de adelante conduciendo y yo atrás.

    Ambas vestían ropa informal, pantalones vaqueros, camisas y calzado deportivo.

    Tras una hora de camino por fin llegamos a la finca de Rebeca. Una gran puerta de hierro marcaba la entrada a la finca y una pared de piedra de unos tres metros de altura coronada con alambre de espino cercaban toda la propiedad. Rebeca bajo del coche con las llaves para abrir la puerta. Una vez más pude ver la escultural silueta de Rebeca, enfundada en esos pantalones vaqueros ceñidísimos y con la camisa, también entallada, con los botones de arriba abiertos dibujando el perfil de sus pechos.

    Al agacharse para abrir el candado, dándole la espalda al coche, sus pantalones luchaban por no romperse a la altura del culo de lo apretada que iba ese día.

    "vaya con Rebeca, como va vestida hoy con lo modosita que es..." pensé yo.

    Una vez quitado el candado volvió a subir al coche echándome una mirada entre picara, burlona y una pizca de desprecio.

    Seguimos por un caminito de tierra de unos cinco kilómetros hasta llegar a un caserón al final del camino. Durante todo el viaje Jezabel y Rebeca habían ido hablando de sus cosas, unas veces en tono normal y otras en voz baja. Yo no me había percatado pero lo cierto es que durante todo el trayecto me habían ignorado, como si no existiese y además el saludo de por la mañana había sido frio pero no le di mayor importancia.

    -Por fin llagamos.- dijo Rebeca – ya tenía ganas.

    -Luis, saca lo del maletero y una bolsa con el almuerzo que va también por el maletero- ordeno Jezabel.

    Sin dilación hice lo que me mando Jezabel. Ni que decir tiene como me gustaba recibir órdenes de ella aunque fueran cosas tan insignificantes como estas. Con las bolsas me dirigí al caserón. Ya Rebeca había abierto la gran puerta de acceso a la vivienda y ellas dos estaban dentro abriendo los ventanales de madera. Ya dentro del caserón el salón estaba decorado a la antigua. Parecía de principios de siglo a juzgar por el mobiliario. Trofeos de caza decoraban las paredes y antiguas escopetas de cazas estaban expuestas encima de la gran chimenea.

    Jezabel desapareció por una puerta lateral que conducía a la cocina a preparar el almuerzo y Rebeca estaba en el salón poniendo la mesa.

    -A juzgar por la decoración a tu familia le gusta la caza. No sabía que te gustase cazar.-le dije a Rebeca.

    -No es que no me guste la caza, que la he practicado algunas veces, pero la considero aburrida.- dijo Rebeca -no le veo el encanto a matar animalitos más pequeños que tú que no pueden defenderse, si al fin y al cabo tuvieran tu tamaño bueno pero así...

    En esas estábamos cuando entro Jezabel llevando una bandeja con unos bocadillos u tres cervezas.

    -Bueno, vamos a desayunar que el día va a ser largo. Luis, ese es tu bocata y ésta tu cerveza, Rebeca, eso es lo tuyo. ¿Lo tienes ya todo preparado para la cacería, Rebeca?- dijo Jezabel

    -Sí, ya está todo listo. Cuando quieras subimos a mi habitación y nos ponemos otra ropa más apropiada para ir de caza. Para cazar la clase de bicho que anda por aquí tenemos que ponernos una indumentaria más a tono con la situación jajaja. Arriba tienes todavía tu ropa desde la última cacería. -le contesto Rebeca.

    Yo ya había dado cuenta de mi bocadillo y apuraba el último trago de cerveza de la botella.

    -¿Cuándo llegan tus amigos los cazadores, Rebeca? Ya deberían de estar aquí.- dije sin levantarme de la silla en donde estaba sentado

    -No vendrá nadie más.- dijo secamente Rebeca en un tono de voz que nunca había escuchado en ella.

    Levante la mirada al escuchar la respuesta sorprendido más por el tono de su voz que por el hecho de estar solos. La cabeza empezó a darme vueltas y la vista se me nublaba. Lo último que vi antes de caer al suelo sin sentido fue a Rebeca y Jezabel de pie enfrente de mí con los brazos en jarras mirándome atentamente. En su cara se dibujaba una sonrisa maliciosa...

    No sé el tiempo que estuve dormido. Me despertó una fuerte patada que recibí en un costado. Poco a poco iba recuperando la conciencia pero la cabeza me dolía a rabiar. Estaba desnudo, tirado en el suelo. Unas botas de cuero negro altísimas, con tacón, fueron lo primero que vieron mis ojos al despertar. Poco a poco fui levantando la cabeza y mirando hacia arriba. Las botas llegaban hasta medio muslo en donde se adivinaban unas piernas firmes y bien contorneadas enfundadas en unos pantalones de montar color marrón claro ceñidísimos que dibujaban el sexo de una mujer con todo detalle. Una camisa azul entallada arrancaba poco más arriba del monte de venus y estaba ceñida a la cintura de esa diosa por un cinturón ancho elástico, haciendo las veces de hebilla una franja de cuero negro con cordones. Los grandes pechos de esa mujer no me dejaban ver su cara desde el suelo, ya que aún permanecía tumbado, medio aturdido y dolorido por la fuerte patada recibida en las costillas.

    Al fondo del salón escuche una voz familiar, era Jezabel.

    -¿Ya nos hemos despertado de la siesta perro?

    Entonces la vi. Iba vestida de la misma manera que la mujer que me propino el puntapié.

    Espléndida, radiante, toda una domina. Una amazona de los pies a la cabeza. Los pantalones tan ajustados dibujaban sus labios vaginales. Se insinuaban bien. La de veces que me había imaginado estar dentro de ellos, disfrutando de ellos.

    Se acercó a mí, caminando despacio, haciéndose admirar, gustándose, saboreando mi estupefacción. Me quede inmóvil, atónito. Se situó justo delante de mí. Mi miembro, ante la visión de su sexo aunque tapado por esos finos y ajustados pantalones, empezó a crecer. Creo que nunca había estado tan erecto y duro como lo estaba ahora por la visión de esa diosa, mi diosa, Jezabel.

    Intente incorporarme para, al menos, ponerme de rodillas ante ella. Ansiaba besar todo su cuerpo empezando por sus botas, siguiendo por sus apretados muslos hasta llegar a poder besar su deseado sexo... tocar sus pequeños pero duros pechos y perderme entre sus carnosos labios en la inmensidad de sus ojos negros.

    ¡¡¡Maldición!!! Algo me impide incorporarme. No puede ser, me han puesto una argolla al cuello la cual está sujeta al suelo por una corta cadena por lo cual no puedo levantarme del suelo. ¡¡¡No puedo besar el sexo de mi diosa!!! Ni adorarla

    -Mira a este imbécil, ¡¡¡se ha empalmado jajaja!!! Si supiera lo que le espera verías que pronto se le bajaba la erección jajaja

    Conocía esa voz, era Rebeca. Ella había sido la que me había despertado de un patadón, pero ¿cómo era posible que una mujer que no era capaz de matar una mosca me hablase con ese desprecio? Más aun... ¿de dónde había sacado el alma para propinar tal patadón con la violencia que lo había hecho?

    En algún sueño erótico con Jezabel me la podía imaginar casi así... pero no de la dulce Rebeca.

    Mientras que me quedaba mirando a Rebeca sorprendido por el cambio de personalidad un tremendo golpe en mis genitales proveniente de Jezabel hizo que me retorciera de dolor en el suelo. Seguía atado por el cuello al suelo por lo que no podía hacer nada por huir de allí. Me tape con las manos mis doloridos huevos pero un nuevo puntapié de Rebeca en donde mi espalda pierde su nombre hizo que las quitara lo cual aprovechó para hacerme una nueva caricia en mis partes.

    -A ver si te enteras y se te baja la erección estúpido. Aquí las únicas que tiene derecho a disfrutar somos nosotras. Creo que ya habrás caído en la cuenta de que lo de la cacería es una mentira. Bueno, una mentira a medias. Sí hay cacería, pero la presa vas a ser tú.

    -¿Cómo dices, Jezabel? ¿Cómo que la presa voy a ser yo? Creo que la broma ya ha ido un poco lejos...

    En el fondo estaba excitadísimo. Alguna que otra vez había tenido fantasías eróticas con algo parecido, pero la situación era real. Tenía una mezcla de miedo y excitación. Dos mujeres de bandera, una de ellas siempre la había deseado y estaba presente en la mayoría de mis fantasías sexuales de dominación, pretendían darme caza. Y para que fuera más humillante me habían desnudado completamente, solo me habían dejado el calzado.

    -Veo que sigues sin comprender, perro. Te vamos a cazar de verdad. Te vamos a dar muerte.

    Llevaremos mini cámaras de alta resolución encima para grabarlo todo imbécil. Pertenecemos desde hace años a una organización secreta de snuff. Cuando algún cliente paga la enorme cantidad de dinero que pedimos por un video snuff o gore organizamos una cacería en mi finca con algún incauto como tú, estúpido. Nosotras lo pasamos bomba dando muerte a un hombre y ganamos una fortuna jajaja- dijo Rebeca.

    Desde luego que se me bajó la erección. Me quede helado. ¡¡¡ Estas dos diosas me iban a matar y grabarían en video mi muerte...!!! Que fuerte. Como cuando era pequeño y jugaba a eso con mi prima...

    -Pero en el curro saben que estamos aquí, que me he venido con vosotras a la finca de Rebeca, si no vuelvo el lunes sospecharan, lo denunciarán a la policía... investigaran mi desaparición!!!

    Nunca como ahora echaba de menos estar solo en este mundo, sin familia cercana que se extrañasen si desaparecía.

    -estúpido perro, ¿acaso te has mosqueado de los últimos cuatro o cinco traslados fulminantes que ha habido en la empresa?? Olvidas que Rebeca trabaja en el departamento de personal por lo cual tiene acceso a todo el papeleo necesario para simular tu traslado al otro lado del mundo... nadie se mosqueara cuando no vallas el lunes a trabajar.

    Una nueva patada propinada por Rebeca en mis costillas me hizo darme cuenta que la cosa iba en serio. Con tanta violencia me la dio que caí de nuevo boca abajo sin respiración. Note que tras el patadón Rebeca se alejaba hacia el fondo del salón.

    Jezabel colocó una de sus botas bajo mi cara.

    -Lámelas, déjalas bien limpias. Hasta arriba!!!

    -Vete a la mierda Jezabel!! Me vais a matar igual, no me humillare ante vosotras, no os daré la satisfacción!!!

    Un tremendo golpe rasgo la piel de mi espalda, casi pierdo el conocimiento. Rebeca, cuando se había ido al fondo del salón, había cogido un látigo y con él me descargo un tremendo latigazo.

    Un ardor insoportable castigaba mi espalda y comenzaba a brotar un poco de sangre debido al latigazo. Antes de poder recuperarme del primero recibí un segundo latigazo por parte nuevamente de Rebeca. Alce lo que pude la mirada para verme venir los golpes.

    Estaba bellísima.

    Su melena alborotada tapaba parcialmente su cara y sus ojos desprendían un brillo terrorífico, un gesto de furia dibujaba su cara. Con las piernas abiertas, los pezones de sus grandes pechos luchando por escaparse de la prisión de su ceñida camisa, el brazo izquierdo en la cadera y el derecho empuñando el látigo se preparaba para descargar en mí otro nuevo latigazo que no tardó en llegar.

    -Sí que te vas a humillar ante nosotras jajaja ya lo creo que sí!!! Dijo Jezabel - Te vamos a dar caza y muerte igual, pero de ti dependerá el grado de ensañamiento y crueldad con el que lo hagamos. Si nos complaces y lo haces bien te prometemos una muerte rápida y poco cruel pero si sigues en rebeldía morirás entre crueles tormentos.

    Mientras esto me decía Jezabel un nuevo latigazo propinado por Rebeca recibía de nuevo mi espalda. Cada vez los propinaba con más crueldad, más violentos y con más fuerza. Mis dos diosas me tenías a su merced. Aunque tenía las manos libres no podía protegerme de los tremendos latigazos de Rebeca. Se notaba que estaba disfrutando con mi dolor. Poco a poco me estaban sometiendo, total iba a morir igual, pero si me ahorraba sufrimiento... Rebeca se acercó a mí y dejo un poco más larga la cadena que me unía al suelo de manera que me pudiera poner al menos de rodillas.

    -Te lo diré solo una vez más, humíllate ante Jezabel. Límpiale las botas con la lengua No me obligues a sacarte la piel a tiras con mi látigo

    -Ahh y a partir de ahora nos llamaras ama Jezabel y ama Rebeca – añadió Jezabel.

    No tenía otra alternativa. No me quedaba otra que someterme a sus deseos. Sabía que no saldría de allí con vida pero quería que me hicieran sufrir lo menos posible. Empecé a lamerle las botas a Jezabel, "por los menos las llevaba limpias" pensé. Desde la puntera poco a poco fui subiendo por sus botas hasta llegar al final de la caña de las botas. Por lo visto estaba complacida con mi conducta porque no decía nada. Al ponerme de rodillas mi cara quedó a la altura de su coño, me quede parado. Tenía unas ganas tremendas de besar su sexo. Comérmelo aunque llevase esos finos pantalones de montar. Aunque no se le veía podía intuirse fácilmente sus labios vaginales, su rajita tantas veces deseada por mí quedaba dibujada por los pantalones y la tenía ahora donde siempre había querido tenerla, a la altura de mi boca. Aunque la situación no era la que tantas veces había soñado. Ya me daba igual si la ofendía, peor castigo que la muerte no hay y mis dos amas iban a matarme así que metí mi cabeza entre sus apretados muslos y mi lengua luchaba por llegar a su coño aunque los pantalones me lo impedían, pero daba igual, tan finos eran que podía sentir el sexo de Jezabel con mi lengua. Empecé a lamer como un loco. Al principio Jezabel se quedó como perpleja por mi conducta, ya esperaba otro latigazo por parte de Rebeca pero éste no llegó, por lo cual yo seguí a lo mío.

    Una patada en mis huevos me hizo dar de nuevo con mis huesos en el suelo. Jezabel puso su bota en mi cuello y lo pisaba si piedad, la respiración me faltaba.

    -Maldito perro!!! Pero tú que te has creído, ¿qué puedes hacer algo que no te haya ordenado??? Te voy a matar antes de tiempo bastardo!!!

    -Vamos vamos Jezabel, déjalo que te lo vas a cargar antes de tiempo... dijo Rebeca.

    -Tienes razón. Este cabrón se va a enterar. Átale las manos a la espalda, átalo al suelo por un pie y quítale la argolla del cuello.

    Al mismo tiempo que Jezabel retiraba de mi cuello su bota y podía tomar un poco de aire Rebeca me propinaba una patada en las costillas que me volvía a dejar de nuevo sin aire. Tal y como estaba, boca abajo, Rebeca se sentó a horcajadas sobre mi dolorida espalda y ató mis manos fuertemente con una cuerda. Sentía el calor de su coño sobre mi piel y el aliento de su boca en mi cogote. Creo que estaba Rebeca cachondisima ya que restregó su sexo varias veces por mi espalda mientras me ataba y después de atado se restregó su conejito con mis manos que estaban atadas a mi espalda al tiempo que se acercaba a mi oído;

    -Voy a matarte como a un perro que eres, me perteneces. No sé qué va a hacerte ahora ama Jezabel pero después serás mío... mi placer no es masturbarme contigo, mi placer es verte morir, hacerte sufrir, ver cómo me imploras que ponga fin a tu mierda de vida...

    Tenía su coño encima de mis manos, no podía moverlas, pero Rebeca no hacia más que restregar su rajita y moverse sobre mis manos como si estuviera follando. Estaba húmeda, muy húmeda. Me estaba volviendo a empalmar. Suerte que estaba boca abajo y no podían ver mi erección...

    En esas que llega Jezabel con una silla y un trozo de cuerda que llevaba anudada con un nudo corredizo. Sin quitarse las botas se bajó el pantalón hasta donde éstas se lo permitían y se sentó en la silla. No llevaba braguitas, como ya me había dado cuanta al ser tan fino el pantalón. Llevaba su coñito rasurado y solo tenía una diminuta tirilla de pelo a lo largo del monte de venus.

    -Hijo de perra!!! No querías comerme el coño??? Pues ven aquí que lo vas a hacer.

    No me lo podía creer. Mi diosa más deseada, antes de acabar con mi vida, iba a cumplir mi sueño de estar dentro de su rajita... Pero me mosqueaba esa cuerda con nudo de horca que llevaba en sus manos mi ama Jezabel.

    -Ven aquí imbécil!!! Rápido empieza...

    Sin más dilación me apresure a cumplir su orden. Mi lengua iba derecha hacia su objetivo cuando la cuerda que mi diosa llevaba en sus manos se anudó fuertemente en mi cuello. Una nueva maldad de estas dos mujeres para conmigo estaban preparando.

    -Como veo que quieres chupármelo me voy a asegurar que me lo hagas bien y que tu lengua llegue a lo más profundo de mi sexo. Te vamos a estrangular mientras que me lo comes para que saques la lengua bien fuera de tu boca cuando te falte el aire. Rebeca, coge el extremo de la cuerda y aprieta el nudo sobre la garganta de este cabrón mientras me lo come.

    Ya sabía yo que había truco, otra tortura más. Rebeca se situó a mi espalda mientras yo estaba de rodillas con la cabeza entre las piernas de ama Jezabel. Rebeca apoyó su rodilla sobre mi espalda para tirar con más fuerza del nudo corredizo que se cerraba alrededor de mi cuello mientras ama Jezabel apretaba mi cabeza contra su sexo tirándome del pelo. Casi sin aire mi lengua se perdía en el interior del sexo de mi diosa. Yo desde luego no estaba disfrutando de la comida pero mi ama Jezabel gemía de gusto y sus fluidos vaginales empapaban mi cara. Rebeca estaba apretando tanto el nudo sobre mi cuello que ya empezaba a marearme por la falta de aire. Mi diosa seguía con su placer, creo yo que más por el hecho de tenerme muriendo estrangulado entre sus piernas que por la comida en sí.

    Caí al suelo casi desmayado, Rebeca se había apiadado de mí y había soltado el nudo a tiempo antes de ahogarme del todo... o quizás no había tal compasión y quería darse el gusto de cazarme antes de matarme.

    Jezabel estaba casi en éxtasis. Me habían dado tiempo de recuperar el aliento. Para no enfadar más a mis cazadoras decidí quedarme quieto en el suelo sin hacer nada.

    -Ya está bien de rodeos, vamos al grano. Como dirían los toreros, hay que entrar a matar ya. Dijo Rebeca.

    Al instante me desató las manos y cogiéndome del pelo me arrastró hasta la puerta del salón que daba a la calle.

    -Empieza a correr hijo de perra... corre!!!

    Había empezado e recobrar mi dignidad, me negaba a darles el placer de ser cazado como a un animal salvaje. Me encontraba de pie, en la explanada que había frente a la puerta del caserón, completamente desnudo, dolorido por los latigazos de ama Rebeca, hiciese lo que hiciese me iban a matar de igual forma, como a un perro...

    Unos cascos de caballo resonaron a mi espalda, me gire justo al tiempo que un nuevo latigazo rasgaba mi espalda y hacia que cayese al suelo. No podía ser... mi diosa Jezabel montando un brioso corcel blanco era la que me había propinado tal latigazo... Se la veía encima de aquel caballo poderosa, se sentía fuerte encima de aquel animal... que bella estaba dominando con las riendas a aquel caballo.

    -Si no quieres que te arranque la piel a tiras a latigazos empieza a correr todo lo que puedas perro, te estas ganando que no tengamos compasión de ti y alarguemos tu tormento bastardo!!!

    No había terminado ama Jezabel de pronunciar estas palabras cuando descargo sobre mi otro tremendo latigazo. No tenía otra opción más que echar a correr y rezar porque mis dos diosas acabasen pronto conmigo y de la forma menos dolorosa. Pensé que si intentaba correr hasta la puerta de acceso a la finca alguien podría pasar antes de que me diesen caza y me prestase ayuda.

    Eran casi cinco kilómetros de camino, pero no se me ocurría ninguna otra opción.

    Comencé a correr como un loco por el camino. Un disparo resonó en la distancia y casi al mismo instante note el impacto de un proyectil en mi pierna derecha que me hizo caer al suelo. Estaba herido, por fortuna el proyectil era de pequeño calibre ya que la herida no era muy grande aunque dolorosa. Me incorpore y aunque con dificultad podía seguir corriendo. La pierna me dolía y sangraba, tenía que llegar como fuera al final del camino. Un segundo disparo rompió el silencio del lugar aunque en esta ocasión no me alcanzó. No me lo creía, estaba siendo cazado como una alimaña, me sentía acorralado, sin salida.

    Un tercer disparo. Me acertaron en la misma pierna, ya no puedo correr. Me giro a ver que cazadora era la que me estaba disparando... Jezabel! Su figura se recortaba en el horizonte con el fusil todavía humeante entre sus manos. Estaba tremendamente sexy con el arma entre sus manos. Caminaba hacia mi sin prisa, con paso firme, sabiendo que había cobrado a su pieza, que no podía escapar... ya solo faltaba rematarme y colgar el trofeo en la pared.

    Me negaba a dejarme matar. Me incorpore y como pude empecé a correr arrastrando le pierna herida. Un trote de caballo se acercaba a mi desde el otro lado del camino. La diosa Rebeca montaba en esta ocasión el caballo blanco que anteriormente cabalgaba ama Jezabel. Corría hacia mí, sentía el resuello del animal a mi espalda, un fustazo cruzó mi espalda y me hizo caer, me rehice como pude y corrí en dirección a donde estaba ama Jezabel. En mi desesperación ya ni me acordaba de que ella venia en esa dirección. Cuando la vi estaba apuntándome con el fusil y un nuevo balazo impactó en mi cuerpo, en esta ocasión en el muslo de la pierna izquierda. Caí al suelo, ahora sí que ya la huida era imposible, no podía ya ni caminar. Jezabel se acercaba a mí sin prisa, contorneándose ante mí para que pudiera ver su voluptuosa y sexy figura. Se acercaba a su presa, orgullosa del trofeo cobrado andaba hacia mí, estaba aterrorizado. Nunca la imagen de la muerte se representó tan bella, en vez de guadaña llevaba un fusil.

    Llegó hasta mí, estaba indefenso, a su merced. Estaba preparado para recibir el tiro de gracia que acabase con mi sufrimiento. Aquella mujer a la que tanto había deseado me había cazado como a un animal y se disponía a darme muerte.

    Pero no, no sería tan fácil para mí. Estaba tendido en el suelo, boca arriba para contemplar a mi diosa, ella me observaba, me estaba examinando de arriba abajo. Levantó su pierna y comenzó a pisarme la herida del muslo. Intentaba cogerle la bota para aliviar la presión de su pierna sobre mi herida, pero no tenía fuerzas.

    -Sufre cabrón, ya te dije que si no te portabas bien te haríamos sufrir antes de matarte, ¿duele verdad?

    Ama Jezabel pisaba cada vez con más fuerza mi herida, el dolor era insoportable pero ver a mi diosa de pie ante mí, con las piernas abierta y todo su sexo insinuándose bajo aquellos pantalones... los pezones de sus pechos luchando por escaparse de dentro de la camisa... estaba excitadísima de verme retorcerme de dolor bajo su bota, comenzó a tocarse su rajita al mismo tiempo que pisaba cada vez más fuerte mis heridas... que visión más maravillosa... mi diosa masturbándose al tiempo que me da muerte...

    En esas que llegó Rebeca, llevando un revolver en su mano derecha, "ya va a acabar todo, me dijo que seria ella la que me matara, me disparará un tiro en la cabeza y pondrán fin a su video gore"

    Un disparo sonó, no me dio en la cabeza. La muy sádica me disparó en la rodilla destrozándomela.

    -Hijo de perra, prueba a correr ahora si puedes!!!

    Dicho esto ama Rebeca descargo un nuevo disparo en la otra rodilla

    -Piedad, piedad mis amas, no torturarme más, matadme por favor matadme ya por favor, acabad con mi vida de una vez por todas, acabad con mi sufrimiento!!!

    -Ya te dijimos que no nos dieras guerra que sería peor para ti. Esto aún no ha acabado.

    Rebeca se agachó y cogiendo mis brazos por encima de mi cabeza me ató las manos fuertemente con una cuerda larga que llegaba hasta su caballo. Se levantó y se montó en el animal atando el otro extremo de la cuerda a la silla de su montura.

    -¿No querías llegar hasta la puerta del final del camino? Pues yo te llevaré hasta allí.

    De un tremendo fustazo el animal comenzó a trotar lentamente mientras que yo era arrastrado por el suelo atado por las manos al caballo.

    Dios que bella y sexy estaba Rebeca montando a caballo, su lisa y larga melena castaña ondeando al viento, su estilizado cuerpo acompasando el movimiento con el del caballo, su culito respingón rebotando encima de la silla de montar... me hubiera cambiado por el caballo sin lugar a dudas.

    Pero pronto se me quitaron las ganas de admirar a esa belleza, me estaba arrastrando sin piedad por un camino de piedras, mi piel se estaba haciendo jirones... Piedad, piedad, mátame ya ama Rebeca, piedad...

    Esa mujer que era todo bondad y dulzura no sentía el más minino remordimiento de lo que me estaba haciendo, era cruel. Miraba de vez en cuando hacia atrás y se reía escandalosamente de verme suplicarle clemencia...

    El caballo por fin paró, no sé el tiempo que me estuvo arrastrando por el camino. Mi cuerpo estaba completamente lleno de heridas y cubierto por la sangre. Me había arrastrado lentamente para que no perdiera el conocimiento. Ama Jezabel estaba de pie al lado de mi maltrecho cuerpo.

    -Bien, Rebeca, ya es hora. Ya tenemos suficiente metraje para el video y además me apetece darle muerte de una ver a este cabrón.

    Rebeca descabalgo de su corcel. Yo ya no podía ni pedir clemencia, no me quedaban fuerzas ni para suplicar, estaba completamente exhausto. De su caballo cogió una cuerda que le entregó a Jezabel, esta se agachó sobre mí y me volteó poniéndome boca abajo. Cogió mis manos y las llevo a mi espalda atándolas fuertemente y posó su húmedo sexo sobre mis manos restregándose sobre ellas al tiempo que se echaba sobre mí y me susurraba al oído;

    -Bien, bien, tu tiempo ya ha acabado miserable, sé que siempre te he gustado, tú también a mí, pero tarde o temprano hubiera terminado por matarte... es una necesidad, como el sexo... ya has visto que matar a un hombre nos pone más que echar un polvo.

    Después me ató los pies y pasó la cuerda por entre mis muñecas y tiró de ella hasta que flexionando las piernas mis manos tocaban mis pies y ató mis manos a mis pies.

    Como un animal salvaje estaba atado, dispuesto para ser sacrificado. En un último acto de crueldad ambas se fotografiaron de pie junto a mí poniendo una de sus botas sobre mi cuerpo, pisándome, como en señal de victoria.

    -Bien, es el final. Como te prometí voy a ser yo la que acabe con tu miserable vida – dijo Rebeca. Se agacho junto a mí a la altura de la cabeza, pudiéndole comprobar su gran excitación por el momento, ya que tenía húmedos sus pantalones en la zona de su sexo, me cogió del pelo con su mano izquierda y tiró todo lo que pudo de mi cabeza hacia atrás, casi me la arranca. En su mano derecha llevaba un gran cuchillo de cazador que pasó por mi cuello de lado a lado cortándome la yugular. Con desprecio empujó mi cabeza contra el suelo al tiempo que se ponía de pie. Mis dos torturadoras estaban junto a mí de pie. En mi último acto de sumisión hacia mis diosas bese sus negras botas de cuero con devoción.

    Mi cuerpo comenzaba a sufrir convulsiones por estar desangrándome poco a poco, mi vida se escapaba en forma de sangre por mi cuello degollado.

    Esa mujer sensible, amable, tierna, dulce... me había matado, me había degollado después de torturarme y darme caza como a un animal, no me lo podía creer...

    Allí junto a mí estaban esas dos sádicas y crueles mujeres. Ambas se estaban tocando su sexo por encima de los pantalones, regocijándose de mi agonía, lo estaban disfrutando, se estaban corriendo viéndome morir, sus pantalones estaban húmedos por la zona de su sexo...

    Esa es mi última visión, la vista se me nubla, una última convulsión, un escalofrió recorre mi cuerpo... mi corazón deja de latir.

    Abro los ojos, estoy en el asiento de atrás de un coche, enfrente del coche una gran puerta de hierro y una pared de piedra coronada por alambre de espino...

    FIN

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