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Mi Psicóloga perversa

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Cuando pensé que el psicoanálisis no era el camino para vencer mi ansiedad, las cosas toman un rumbo inesperado.

No sé si alguno de los lectores hizo terapia alguna vez, resulta que se crea una particular relación con el psicólogo/ga, uno de alguna manera es blanco fácil para cualquier cosa, algo que ver con que uno está sensible, ha abierto el alma en contar la vida y esas cosas, el terapeuta ya nos conoce muy bien, y crea alguna dependencia, patologías colaterales diría. Hice terapia en otras oportunidades, esta vez necesitaba resolver algunas cosas personales, que tienen que ver con mi matrimonio, mezclado con cosas del trabajo. El médico dijo estrés, lo que te dicen cuando no saben que decirte. Yo tengo treinta y ocho, cerca de la crisis de los cuarenta, quizás se adelantó un poco.

Lo cierto es que había empezado terapia con una psicóloga hacía ya 5 o seis sesiones, ella era cincuentona, muy bonita pero ya se le notaba un digno pasar de los años, lindas arruguitas, cuerpo muy bien, nunca se ponía ropa ajustada ni sugestiva, ojos claros y mirada firme, pelo largo con rulos. Casi siempre llegaba quince minutos tarde a la sesión, con el pelo húmedo de recién bañada y arreglada, lo que impregnaba de perfume la sala y te desconcentra de todo intento por encontrarse con uno mismo, nos saludábamos siempre con un beso, y no lo puedo evitar, siempre en ese momento, estando lo más cerca que puedo de su mejilla, respiro hondo tratando de llevarme todo su perfume, hasta ese momento no sabía que tan fetichista era yo, casi ni sabía que era el fetichismo, pero luego lo supe, para eso estaba ahí, para conocerme… así funciona la terapia.

Ese día llegó tarde como de costumbre, yo ya estaba un poco cansado de todo esto, no sabía si me estaba haciendo bien, estaba dispuesto a ser 100% sincero y cortar de una vez por todas con esta farsa. Nos saludamos, me hizo sentar en el sillón, hablamos las cosas de siempre, el calor, la economía, etc. Yo tenía poca paciencia y comenzamos.

—Contame cómo estás hoy

—Bien… bah, no tanto… cansado… si, no puedo sostener esto

(cara de preocupación)

—Está bien, dijimos que iba a ser lento, pero hoy veo que vamos a barajar y dar de nuevo, contame, que pasa ¿hoy que es diferente a otros días?

—Mirá, ya no sé qué está bien y que está mal, …. Ya sabés que pienso todo el tiempo en mujeres, que me quiero coger toda mujer que se me cruza, que les miro el culo antes que a los ojos.

—Cierto, dijimos que es normal, los hombres son así, no hay nada de malo en eso

—Bueno, pasa que ahora mismo no la estoy viendo como a mi psicóloga…

(Creo que la tomó por sorpresa, quedó algo perpleja, pero como si hubiera tomado aire, reflexionó lo suficiente para seguir)

—…Decime, ¿siempre fue así o particularmente hoy?

—No lo sé, creo que, desde el primer día, ya no puedo seguir mintiéndole, no me serviría a mí ni a usted.

—Al contrario, lo que estás diciendo es sincero, lo mejor que podés hacer por vos, te va a hacer bien. Ahora, me dijiste que no me ves como psicóloga… ¿cómo me ves?

—Me da mucha vergüenza no sé…

—De eso se trata, que puedas decirlo, anímate, ¿cómo me ves?

—Bueno... está bien, todo el tiempo la imagino … (sabía que era un camino de ida, temía no poder regresar) la imagino haciéndome sexo oral… a veces desnuda, a veces vestida, imagino haciéndole el amor en este mismo sillón —las palabras me salieron bien tímidas.

—Buen comienzo —dijo, sacándose los anteojos y mirándome a los ojos— ¿ahora mismo estás pensando en la posibilidad de hacerme el amor?

—Ahora mismo.

—Bueno…  sabes que yo no podría hacerlo no? Soy una profesional y estamos en el ámbito de una terapia, pero no quiero que te quedes allí, habla todo lo que quieras, yo te escucho.

—Como profesional, ¿usted se habrá dado cuenta que tengo una erección en este mismo momento no?

—Sí, me parece... dime y haz lo que quieras, tengo que saber en qué estás pensando.

Desde el sillón donde estaba me comencé a frotar la pija por encima del jean, noté que no lo tomó como algo que estuviera mal –ni bien- la miré a los ojos y continué mi relato.

—En este instante, quisiera que se suba la falda por encima de la rodilla y comience a tocarse lentamente, usted me calienta mucho... míreme

—…

Desabroché mi pantalón, lo bajé lo suficiente para que mi pija pudiera salir, vi que me miraba, no decía nada, no daba señal alguna de gusto o disgusto, solo miraba, agarré mi pija con mi mano y comencé a sobarla. ¡Me estaba haciendo la paja frente a mi psicóloga!!! Al principio lentamente, como mostrándole en detalle mi pija, el frenillo tenso y húmedo, mis huevos, me tocaba y me daba placer, realmente placer, comencé a gemir. Ella continuaba mirándome, solo mirando, creo que alcancé a ver un leve suspiro. Estábamos frente a frente, ella en su silla y yo en el sillón.

—No sabe las ganas que tengo de que me la chupe, que me pase esa lengua por la cabeza, aquí —dije mostrándole— que me haga la paja con la mano, y me la chupe mirándome a los ojos, como quisiera que se porte como una puta, como la puta de mi mujer.

Recién alcanzó a acusar recibo de lo que pasaba delante de ella, se llevó una mano, primero a la rodilla, y comenzó a subirla por la pierna, eso me puso a mil, mi corazón latía de nervios, ansiedad, excitación. Se reclinó hacia atrás de la silla y abrió sus piernas, lo que le dio espacio a sus dos manos que se frotaran entre las piernas hasta llegar a su concha por sobre su bombacha. Los dos nos mirábamos a los ojos, comenzamos a fluir como espejos, retroalimentando la excitación a medida que nos tocábamos

Yo aumenté el ritmo de mi masturbación y continué hablando.

—Imagínese la cantidad de leche que tiene esta pija para usted, se cómo hacerla salir en el momento justo. ¿Le gustaría probarla? No doy más de las ganas de cogerla, agarrarla del pelo y darle de atrás en el escritorio, ¿no le gustaría?

—Haré todo lo que corresponda en el ámbito de una terapia, pero coger no es prudente, no es una alternativa al menos hoy —mientras decía esto su respiración era profunda, casi susurrando, ya había atravesado el límite de la bombacha y estaba jugando con sus labios superiores

—Entonces le gusta, dígame que le gustaría que la cojan como a una puta, si te gusta puta.

—Si me gusta (ya eran gemidos) me gusta, quiero que me cojan acá mismo, quiero que me sigas diciendo puta.

Enseguida me acerqué y me arrodillé para chuparle esa hermosa concha recortada mientras yo seguía mi juego, recibí una tremenda cachetada que no me esperaba, y me empujó con sus pies hacia atrás haciéndome caer de espaldas

—Estamos en terapia, te recuerdo —dijo.

Y abrió su camisa para meterse la mano bajo el corpiño para pellizcar un pezón muy duro y oscuro. Se sacó la falda, así que estaba hermosa, un cuerpo perfecto para su edad, algo de celulitis, las tetas bien firmes y duras de excitación, con la camisa aun puesta era muy sugestiva y sexy.

Ya habíamos roto todos los límites excepto el de la penetración, pero teníamos declarada licencia para hacer todo menos coger, o todo lo que tenga que ver con tocarnos, yo continué masturbándome, pero desde el piso ya estaba lo suficientemente cerca para ver en primera plana como se estimulaba el clítoris, abría sus piernas para que yo la vea bien, mientras me decía todo tipo de groserías.

—Así te gustaría tocarme? ¿Te gusta mi concha, puto? ¿Querés cogerme eh? Soy una señora, atrevido —en momentos entrecortaba la voz, pero seguía— mmmm ahhhh ¡quiero tu pija!!

Yo me la seguía frotando, me paré y seguí haciéndolo a la altura de su cara, ella no se perdía detalle y continuaba en lo suyo,

—Haceme acabar pendejo, estoy muy caliente, ¡soy tu puta!  tu puta!! 

Pensé en agarrarla y tirarla al sillón de una vez por todas, pero seguí así, excitándola con cochinadas.

—¿dónde te gusta la leche? ¿querés en la cara? ¿en la boca?

—Ahhha aaahhhh mmmm aaaahhhhhh aaahh —estaba teniendo un terrible orgasmo auto infligido, yo no pude más y supe que era el momento.

—¡Abra la boca si no quiere tener que limpiar todo el consultorio!

—Siiii dame, dame toda, toda tu leche asiiii.

Sin tocarla en ningún momento, ella acercó su abierta boca buscando la bendición, y comencé a acabar, el primer chorro fue a los labios superiores, luego todos adentro de su boca, mientras ella saboreaba y decía «mmmm ¡sí!», algunas gotas finales fueron a la alfombra, a nadie pareció importarle, a mí se me nublaba la vista, jamás me había hecho una paja delante de otra persona, nunca iba a imaginar esta situación. Me senté en el sillón exhausto, ella se limpió con un kleenex el esperma que quedaba en sus labios, se puso sus anteojos, me volvió a mirar a los ojos

—jueves que viene a la misma hora, veo que hay progreso en la terapia, lo importante es que no se malentienda la relación paciente-terapeuta, como dijimos, es un proceso largo, espero que esté usted de acuerdo.

…Salí de allí con la esperanza y la convicción de que todo saldría bien, las cosas iban a mejorar, después de todo la terapia me estaba haciendo bien.

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