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Deméter

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Amigo, como decirte... te hará desaparecer.

La primera vez que visité a Regina estaba muy nervioso, un amigo mío me la había recomendado;

-Amigo tienes que ir a verla, de verdad, esa mina cambió mi mundo, me sacó toda la mierda que andaba trayendo conmigo, me liberó de tantas cosas. Viejo ve a verla, en verdad te hará bien.

Hablaba de ella como si fuera Deepack Chopra, Carla Bruni, Osho, Carl Jung, y la jodida O.M.S. todo junto, personificado en una escort que por la módica suma de 100.000 pesos podía liberarte de todos tus males.

La verdad estaba bastante escéptico al respecto, pero también sabía que parte de ese escepticismo derivaba del miedo y la inseguridad insoportables que me aquejaban y que me impedían acercarme a cualquier persona del sexo opuesto e intentar entablar ningún tipo de conversación sostenible.

Cuando abrió la puerta estaba a punto de darme la vuelta y salir de allí, me sentía absolutamente estúpido. “En qué carajo estuve pensando al ir allá, otro polvo fallido con una puta no iba a cambiar mi realidad cotidiana, algo saldría mal, como siempre, me pondría nervioso, no podría hacerlo y acabaría aún más frustrado y patético y con 100.000 pesos menos en el bolsillo...”

Me sonrió muy normal y me invitó a pasar, ya no había vuelta atrás.

Vestía una bata blanca, su pelo era moreno y largo, algo enredado.

Yo ingresé al departamento. Me dio un beso en la mejilla, se giró mirándome de reojo y caminó por el pasillo.

Yo me quedé allí de pie como un idiota sintiendo el cosquilleo de una gota de sudor resbalar desde mi frente hacia la cara.

Entonces se volvió...

-Yapo, ven para acá no te quedes ahí plantado, voy a tratarte tan bien como mereces corazón.

Volvió, me tomó de la mano y me llevó hasta la habitación, era un espacio grande pero oscuro, iluminado por velas.

- ¿Quieres tomar algo? ¿Bebida, una cerveza... agua? ¿No??

- No gracias- balbuceé

Mi garganta estaba seca en realidad.

-Hace calor allá afuera parece, mira cómo estas sudando. Ven vamos a darte una ducha.

Entra al baño y sacate la ropita mi amor, ahora voy yo a ayudarte.

Obedecí sin rechistar, al entrar al baño y mirarme en el espejo me di cuenta que mi camisa estaba empapada. Una aureola amarillenta se dibujaba bajo cada axila, me sentía tan avergonzado...

Antes de salir de casa me había puesto esa camisa blanca nueva, me había afeitado y puesto casi un bote de antitranspirante y colonia, aun así, no había funcionado y una fuerte mezcla de aromas inconcebibles emanaba de mi cuerpo. No había arreglo posible para esta masa supurante de carne, estar allí era como meter a un hipopótamo a correr en un hipódromo...

Arrugué la camisa y la enrollé en los pantalones, y entonces me di cuenta de que la plata estaba en el bolsillo del pantalón y que seguramente me pediría que le pagara antes de comenzar y que sería mejor sacarlo ahora del bolsillo para no complicar las cosas más tarde. Desenrollé el pantalón y fui a sacar la billetera del bolsillo, pero el cierre se trabó con la hebilla del cinturón, se abrió el monedero y un estruendo de monedas cayendo, entrechocando y rodando por el suelo llamó la atención de Regina que abrió la puerta del baño.

- ¿Qué pasó chico, estás bien?

Imaginé la foto; yo de espaldas con un primer plano en aumento de calzón blanco y raja sudada, recogiendo monedas de 10 pesos del suelo. Era como una alcancía con las piezas por separado, chancho, raja y monedas poniéndose de acuerdo en el orden en que serían presentadas.

No podía ir peor la cosa. En materia de situaciones vergonzosas en mi vida, la realidad siempre había superado con creces lo que mis peores temores eran capaces de esbozar.

En esa posición giré la cabeza y la vi llevarse la mano a la boca, los ojos como platos.

Comenzó a reír.

- Jajajaja, disculpa, no me lo esperaba.

Entonces me pasó una toalla, separó la mano de su boca y me dirigió una sonrisa eterna.

No puedo describir la paz que aquella sonrisa reconciliadora me transmitió en ese momento.

- Vamos, metete en la ducha.

Entré y prendí el agua, estaba tibia, se sentía bien. Se abrió la cortina y entro Regina.

Sentir su cuerpo era muy agradable, su piel era suave. El agua tibia resbalaba entre nuestros cuerpos.

Luego se separó, puso jabón en sus manos y comenzó a recorrer mi cuerpo, desde el cuello hasta las rodillas. Me enjabonó completo mientras yo la miraba.

Debía tener unos 32, los pechos y una leve barriga dibujaban vestigios de maternidad, el modo en que me tocaba, la forma cariñosa de hablarme... todo resultaba maternal.

Pero de algún modo no me resultó extraño, era todo muy natural y consiguió que me relajara.

Al salir de la ducha ya estaba más calmado y me sentía como más seguro, incluso un pensamiento osado y estúpido pasó por mi cabeza,

“No es tan linda, tiene una cara agradable pero no es la chica espectacular de la que me habían hablado. Al menos no tiene la apariencia de una escort de revista playboy que son las que uno podría pensar que cobrarían 100.000 por una hora.”

Era una mujer sencilla, de ojos oscuros y pelo descuidado, muy natural. Pensé que su trato debía de ser excelente, debía de tener algún tipo de habilidad para hacer que los tipos como yo se sintieran cómodos, y al parecer estaba funcionando.

Pasamos de nuevo a la habitación y nos sentamos en la cama, ella comenzó la conversa;

- Cuéntame, que haces, a que te dedicas

- Bueno, -dije– Trabajo en edición de audio, en publicidad principalmente.

-Ah, mira que entretenido.

-Sí, supongo... en realidad es bastante monótono, y también más complicado de lo que parece. Trabajo con varios programas....

Comencé a darle detalles sin sentido y al cabo de un rato terminé confesando que lo que en realidad yo quería era ser baterista.

- ¿Y entonces por qué no lo eres? -preguntó.

En ese momento pensé si ella siempre quiso ser prostituta.

Entonces ella soltó una carcajada y yo tuve la sensación de que había escuchado mis pensamientos, no sé por qué lo supe, e intenté cambiar abruptamente de tema.

Dije algo sobre la proyección de la edición del audio en el mundo actual...

Me miró sonriendo y me preguntó;

-¿Por qué estás aquí?

- Bueno un amigo me pasó el dato...

-Nicolás, eso ya lo sé – Repuso – Te pregunto por qué viniste.

Me pareció extraño que lo supiera. ¿Nico le habló de mí?

- Llevas aquí más de media hora y no me tocaste el culo ni me chupaste los pezones, ¿tal vez no te gustan? No sé qué pasa que no te decides. ¿O viniste aquí a ducharte?

Entonces me acerqué bruscamente entreabrí los labios dirigiéndome a sus tetas y de imprevisto me dio una tremenda bofetada que me volvió la cara del revés.

La mejilla me ardía, podía sentir cómo se hinchaba, roja y palpitante.

- ¡Oye qué te pasa! -Grité- ¡¿Estás loca, maldita puta?!

-Ah eso es lo que piensas en realidad eh, ¿soy una maldita puta? ¡Dilo!

Me agarró de las pelotas y me miró achicando los ojos durante un segundo.

Luego bajó y me aplicó el oral más salvaje y brutal que había experimentado en mi corta vida sexual.

Succionaba mi pene y estrujaba mis pelotas hinchadas por desuso como si las estuviera exprimiendo.

Donde mierda me había ido a meter, el Nico me la había jugado. Seguro que debía estar cagándose de la risa pensando lo que me esperaba.

Nunca había tenido una erección como esa, ella daba la impresión de TRAGAR literalmente aquella verga que no parecía la mía, estaba a punto de estallar cuando un dedo ágil como una culebra se introdujo en mi ano aferrándose como una ganzúa, no pude reaccionar, una sacudida eléctrica recorrió mi cuerpo que se movía y descoyuntaba como si tuviera vida propia, ajeno a cualquier control que quisiera tener sobre él.

Perdí también el control de mis pensamientos y de algún modo la consciencia. Me asaltaban visiones. Mi alma se escurría junto a ese dedo, colándose desde el escroto hacia el orto y de ahí hacia el interior, mi cuerpo entero estaba lleno de semen reprimido, incomprendido y desperdiciado, cargado de rechazo y de odio, fluía por las venas, por mi cerebro, oprimía el corazón y sonaba como un silbido en el pecho, era cargado pesadamente por los glóbulos de la sangre densa y luego succionado por una fuerza mayor hacia un cuello de botella donde se comprimía hasta estallar y ser lanzado por litros hacia el universo infinito, la matriz original.

Cuando recuperé el control de mi cuerpo y abrí los ojos, la vi caminar hacia el baño, era una visión borrosa. Intenté ponerme en pie, mis extremidades estaban entumecidas, di un par de pasos, resbalé y caí al suelo. Una materia viscosa cubría el piso de la habitación, una cantidad desmesurada, ridículamente inverosímil. Conseguí levantarme y seguirla al baño, estaba casi aterrado.

Ella salía de la ducha, estaba hermosa, me miraba y sonreía como si nada de aquello hubiera pasado, y por un momento comencé a dudar; si lo pensabas, era ridículo...

Puso un pie en la alfombra y riendo se apoyó en mi hombro para salir de la tina.

Luego me abrazó y una oleada de paz recorrió mi cuerpo.

- Ahora vas a tener que ducharte solito, ¿ok? Ya no necesitas ayuda con eso.

Al salir de la ducha me sentía ligero y animado. Desenrosqué la camisa y los pantalones y me puse la ropa de nuevo, estaba arrugada y sucia además de algo mojada por el vapor, pero eso ya no me importaba.

Salí a la habitación y por un momento me pareció ver algo reptar y esconderse tras las cortinas.

Regina me llamó desde el otro lado de la pieza, lucía increíble, radiante.

-Ven aquí, quiero decirte algo. Los ojos más hermosos son los que hacen bello lo que ven, lo leí no sé dónde, quiero que sepas que esto se aplica hacia afuera y hacia adentro, también para ti mismo. Practícalo.

Y entonces volvió de nuevo aquella sonrisa eterna. ...se giró y caminó con sus pies descalzos por la habitación hacia el pasillo. El suelo estaba limpio, tal vez algunos charquitos de agua, debí haberlo imaginado todo. ¿Qué carajo pasó?

Se despidió en la puerta con un besito y me dijo;

-No vuelvas hasta dentro de 2 semanas.

−−−−−−−−−−−

Salí de allí aturdido, no sabía si echar a correr y no parar hasta llegar a Siberia o dar gracias al cielo por haber sido liberado.

En menos de una hora había sido bañado como un bebé, abofeteado y violado sin compasión.

Caminé rápido hasta el estudio, me encerré en mi cubículo y no hablé con nadie en toda la tarde.

Lo peor de todo es que me sentía increíble. ¿A quién carajo podía contarle lo que acababa de sucederme? ¿Tenía acaso una idea precisa de que había ocurrido allá?

Comencé a pensar que tal vez en el fondo era un reprimido sexual y que el peso de lo que me enseñaron, lo que es considerado normal había hecho mella en mi impidiéndome realizar un camino de autodescubrimiento. Tal vez en el fondo deseaba ser vejado, o tal vez necesitaba soltar mi rabia para alcanzar el clímax, ¿Sería masoquista? Y ese dedo... ¡¡¡¿Sería GAY?!!!

No no no, todos los cuestionamientos que me estaba haciendo, éstos si eran producto de la convención social y el concepto impuesto de normalidad. Lo que sucedió es que me pilló desprevenido y cortó el flujo de mis pensamientos para poder sacarme de encima los años de rechazo.

El pensamiento era la clave, siempre me jugaba en contra.

Y eso que me dijo... lo de los ojos que hacen hermoso lo que ven... dijo que se aplicaba también para mí mismo. Claro, eso es lo que lo echa todo a perder, la forma en que me veo a mí mismo. Aunque es fácil decirlo. El rechazo genera rechazo y al final llega un punto en que uno no sabe que fue primero, el huevo o la gallina. De algún modo quería decir que para bien o para mal lo merecía, pero soy yo quien decide si es para bien o para mal...

¡¿Pero acaso me estoy volviendo loco?! Todo lo que sucedió es que fui para allá, pagué por un servicio y me dejaron seco, nada más que eso...

Al día siguiente me levanté fresco como una rosa. Prendí el ventilador por costumbre y entonces me di cuenta de que no tenía calor en realidad, ni siquiera estaba sudando al salir de la cama. Me preparé una tostada y un café y puse un poco de jazz con Buddy Rich a la batería. Hacía mucho que no desayunaba, todas las mañanas me levantaba tarde, siempre me quedaba dormido y tenía que salir de la casa perdiendo el culo hasta el trabajo. Pero esa mañana no, desayuné tranquilo escuchando Transition, casi el disco entero. Los toques de batería se colaban en mis oídos con una precisión increíble, el Hi-hat se deslizaba serpenteando entre mis brazos, el bombo acompasaba al milímetro con mis pulsaciones.

Ese día en el estudio tuvimos problemas con el orden de grabación. Teníamos 2 bandas y un espacio de tiempo relativamente corto para registrar al menos 2 temas de cada. Los integrantes de la primera banda venían enojados, haciendo llamadas con el celular y discutiendo entre ellos. Faltaba uno, esto era algo habitual, pero en el caso de estos giles era demasiado habitual. La semana pasada habíamos tenido la misma escenita; llamadas, gritos y mala onda, al final el que faltaba era el baterista y llegó cuando apenas les quedaban 20 m. Se empeñaron en grabar el tema de todos modos y la cosa no acababa nunca. El idiota estaba jalado hasta las cejas. Se adelantaba o perdía el ritmo, le pegaba a la batería sin control y olvidaba las estrofas. No se cómo mierda podía olvidar una estructura tan sencilla. Tuvieron que repetir 5 veces sin lograr terminar ni una de ellas. Y más encima el tipo se creía un rockstar, entraba y salía de la sala y volvía a entrar sorbiéndose los mocos y riéndose de todos. El resto de los cabros ya no sabían qué hacer. Les dije que grabaran en pistas y que cuando se calmara el rockstar lo grabábamos separado, que de hecho la calidad de sonido sería mejor. Y el amigo me mandó a la cresta; que si la sintonía, que si el flujo, que si la plata a fin de cuentas...

El estudio es pequeño, nos falta equipo, no trabajamos con bandas emergentes, mas bien con bandas sumergidas, nunca hay plata para nada y la mayoría de las grabaciones son pésimas. Las bandas son pésimas. Es feo que yo lo diga, pero es la verdad.

En cualquier caso, la grabación de bandas apenas se sostiene, de no ser por los encargos de publicidad habríamos tenido que cerrar hace tiempo.

Ni siquiera consulté, los hice salir a todos de la sala, a discutir a la calle. Separé la pista de voz y dejé bajo y guitarra, me senté a la batería y grabé esa maldita pista, incluso introduje un par de cambios que cuadraban en la estructura simple, monótona y repetitiva del tema. De una.

Cuando salí a buscarlos estaban fumando en la entrada, se acercó el bajista diciendo que iban a tener que suspender la grabación.

Le dije que solo faltaba volver a grabar la voz de ese tema.

- Pero eso ya estaba, falta la batería

-No, la batería ya está, falta la voz. Tuve que sacar la pista de voz por el ruido ambiental, ya les dije que era mejor por pistas separadas...

Grabaron la voz mal que bien en la media hora restante y les puse la grabación completa con mi pista de batería. Faltaba depurar todo y regular el volumen de cada instrumento.

No lo podían creer, se daban abrazos, chocaban las manos... Yo no podía creer que estuvieran celebrando esa grabación penca.

De camino a casa pensé que aquello había sido como una señal, los astros me estaban hablando, tenía que volver a tocar.

Recordé la corta y abrupta conversación con Regina, retomando me di cuenta de que el punto de inflexión de esa conversa había sido cuando le dije que hubiera querido dedicarme a la percusión y ella me dijo que por qué no lo había hecho.

Durante la semana me dediqué a armar de nuevo mi batería, recopilar las piezas faltantes y conseguirme sordinas para atenuar el ruido.

Comencé a tocar en la mañana, ejercicios de calentamiento principalmente y en las tardes al llegar a casa.

Me dediqué a sacar el mayor número de encargos posibles de publicidad para juntar lucas para cubrir los gastos de reparación y renovación de mi equipo.

De pronto me sentía lleno de energía.

Fueron pasando los días y cada vez me sentía más ansioso, quería que pasaran rápido esas dos semanas para ir a ver a Regina.

Y llegó el día.

La llamé en la mañana, no podía esperar más.

- Hola... soy yo, Miguel...

- Migueeeeeeel, Migueeeeeel, a ver dame más pistas....

- El que rompió el chanchito en tu baño...

- Jajajaja, si sabía tonto. Cuéntame.

- ¿Estás libre ahora? ¿Puedo ir a visitarte? Tengo la mañana libre... (mentira)

- Pero hoy es lunes, dijimos 2 semanas, tu viniste un miércoles.

- Yapue! No me hagas sufrir más, hazme un huequito... quiero decir...

- Jajajaja... ya, está bien, vente en una hora y media.

Estaba feliz como un pendejo, me di una buena ducha, me afeité, limpieza profunda de oídos, cepillé mis dientes, me rocié entero de desodorante incluyendo partes bajas, me hizo reacción, el glande me escocía y se me puso rojo como un tomate, volví a lavármelo con agua fría, me corté las uñas y saqué los restitos negros bajo ellas, after shave... todo el kit e baño al completo sobre mí. Evité la camisa blanca y me puse algo más cómodo, planifiqué cada detalle.

Salí con tiempo suficiente y tomé el metro, iba bastante lleno, me apreté como pude al centro del pasillo. Tenía una sensación en la guata como niño al despertar en navidad antes de los regalos, ese mismo cosquilleo. Y entonces un fulminante pedo, sonoro, grotesco, cayó como truenos y centellas en mitad del vagón. Podía sentir el peso de las miradas como una plancha acero de 20 toneladas sobre mí.

Inexplicablemente y a pesar de que el tren estaba repleto, la masa humana comenzó a apretarse dejando un paso libre que aproveché para llegar hasta la puerta, me bajé y caminé las 2 estaciones restantes hasta Pedro de Valdivia. Milagrosamente el baño de antitranspirante parecía haber funcionado, no estaba sudando, eso era bueno.

Sonó el celular, respondí

- Miguel! ¿Cómo estás viejo?

- Mal

- Ya, oye estuvimos hablando con los chiquillos... queremos grabar el resto de los temas contigo a la batería.

-¿Qué?

- No aguantamos más al Piter, lo vamos a sacar de la banda.

- Entiendo. Van a tener que encontrar otro baterista.

- Queremos que seas tu

- No

- Como que no??

- Que No

- Por qué no??

- Porque apestan, son muy malos, todos.

- Será csm, el weón sincero... ¿Oíste lo que dijo? “Será que le llueven ofertas al culiao” se oye de fondo la voz de otro.

Colgué.

No podía ni quería pensar en ninguna otra cosa en el mundo más que en la mujer que me esperaba.

Llegué al portal, llamé, “soy Miguel”, pasé y toqué la puerta a la derecha. Esperé unos minutos. Se abrió. Y apareció la mujer más hermosa que jamás haya visto; ojos negros, pelo largo desordenado y una sonrisa eterna que se convirtió en carcajada cuando otro tremendo pedo bajó desde mi guata derrapando como un bólido. Riiiiing-sonrisa eterna-prrrrrrffffffff!!

Quería que la tierra me tragara, tenía que salir de allí, iría a peor, lo que prometía ser una de las mejores experiencias de mi vida entraría al álbum gigantográfico de recuerdos vergonzosos y humillantes de mi vida.

-Regina -dije- creo que no me siento bien, tal vez debería volver en otro momento... tal vez el miércoles...

Me tomó del codo y me tiró hacia adentro.

-Ven pasa, no seas tonto.

Me acompaño hasta el living y nos sentamos en el sofá. Me pareció extraño que no me llevara a la pieza. Me sacó un jugo y se sentó a mi lado.

- Sabes... -Me dijo- ¡Te ves bien, estas como mas fibrado!

Me agarró del brazo y apretó.

- Siiii... has estado haciendo ejercicio??

- Si, no, bueno he estado tocando... Recuperé mi batería, he estado practicando.

- A sí? Qué bueno...¿Y cómo fue eso?

Le conté lo sucedido con la grabación y cómo pensé que había sido como una especie de señal.

- Claro que lo fue, fue una señal. Cuando uno está en proceso de cambio debe estar receptivo a las señales entiendes... no son las cosas que suceden en sí mismas, sino el sentido que tú les das.

Esas señales hablan de ti.

- ¿Estoy en un proceso de cambio?

- ¿Todavía no te has dado cuenta?

Me agarró de nuevo del brazo.

-Mira estos bíceps!! jajajaja

Los dos nos reímos.

Y con la risa otro tremendo pedo me sobresaltó.

- Disculpa... en verdad no me siento bien, tengo la guata revuelta, tal vez debería...

- ¿La guata revuelta? Vaya manera de llamarlo.

- Aires.

- ¿Aires? Jajaja ¿Cómo Buenos Aires?

- Pero malos, Malos Aires...

- Pedos, dilo, me tiré un pedo.

Me pareció estúpido y raro, pero lo dije.

- Mira parece que se te achicó la boca. Tienes que decirlo con convicción, seguro de ti mismo. ¡Vamos!

- ¡Me tiré un pedo!

- ¡Eso es! ¡Muy bien! Ahora tiene que sonar sensual

- ¿Qué? Tirarse un pedo no tiene nada de sensual, es lo más anti sexual que se me ocurre, nunca podría sonar sensual...

Entonces me miró fijamente, sus párpados tomaron cierta inclinación, se tapó los labios carnosos con dos dedos y susurró; me tiré un pedo.

Tuve una erección instantánea.

- Ok está bien, lo lograste... pero yo no tengo tus ojos, no tengo tu boca, tu eres sensual, no lo que dices.

-Exacto da igual lo que digas, pero tampoco son mis ojos ni mi boca, es lo que transmiten, es una cuestión de actitud. Tienes que proyectar esa energía. Piensa en la palabra más anti sexual que se te ocurra, cargate de energía sensual y transmítemela.

Inspiré profundamente, la miré con la mayor intensidad de que era capaz y con voz firme y varonil pronuncié: PAÑALESSSS....

Me miró levantando las cejas por unos segundos y dijo:

-Eso fue absolutamente arrebatador. Mira, mis pezones están de punta. Y mirate, tienes la tremenda verga. Déjame verla.

Era cierto.

Me bajó los pantalones y comenzó a besarla.

- ¡Vaya, está reluciente!

Esta vez comenzó de forma delicada, recorriendo mi pene con la lengua desde los huevos hasta el glande, jugando con la puntita en el frenillo y luego alrededor, con la boca entreabierta resbalando desde la punta hasta la base y otra vez hasta la punta para introducirla en la boca húmeda y caliente...

-PPRRRRFFFFFF

Me miró se apuntó los ojos con dos dedos y luego señaló hacia los míos.

- Mírame -dijo– ¡Actitud! Concentra tu energía y desecha cualquier otro pensamiento.

Restregó mi verga por su cara y por el cuello. Me miró

-Ahora tú debes darme placer.

Se incorporó y se sentó en el brazo del sofá elevando y abriendo las piernas.

Comienza en la parte interna del muslo, cerca, suave.

Me acerqué al muslo y lamí hasta la ingle. Rodee hacia la parte superior del clítoris.

-Despacio.

De a poco fui alcanzando la parte superior de los labios alternando movimientos lentos y otros más rápidos.

-Eso es, Ahhh, ahora quiero que me metas los dedos en la boca, no ese no, ese...

Comenzó a chupar mi dedo índice y el anular, con mucha saliva. Pensé que me correría en ese instante.

- Ahora métemelos, pero despacio, primero uno y luego el otro... Ah sí... más profundo... OHHH. Arquéalos hacia arriba, así... y sacúdeme. dame Dame DAMEEE

Se sentía cada vez más húmedo hasta el punto en que tenía la sensación de estar chapoteando dentro de aquella vagina. Ella se retorcía de placer. ¡Era maravilloso!

Me miró con los ojos enormes, negros en su totalidad, su cuello estaba hinchado.

-Ahora! ¡Quiero que me penetres ahora!

¡Lo hice sin pensar, la embestí hasta el fondo!

PRRRRRRRRRRFFFFFFFF

Pensé que estaba pedando de nuevo, pero no fui yo, fue ella, su vagina, soltó un tremendo pedo.

Me sonrió. Seguí dándole.

Ella alzó sus piernas casi hasta la altura de sus orejas. Era una contorsionista talentosa.

Yo comencé a caer en vertical sobre ella, saliendo por completo y sumergiéndome de nuevo de golpe hasta el fondo.

No podía creer lo que hacía con mi verga, nunca antes de ella la había sentido así.

Tomé impulso y otro tremendo pedo me sobrevino. Fue a más. No podía parar, sentí que me vaciaría por completo como un globo ascendiendo hasta la estratosfera.

Un chiflido proveniente de algún punto del sofá comenzó a acompañar el movimiento, pensé que serían los muelles, pero luego lo vi, había un patito de goma entre los cojines. “Qué mierda hacía ahí”

Intenté alcanzarlo con el brazo, no alcancé. Lo dejé sonar libremente ChiiiiChiiiiChiiii, PRRRRFFFFF, ChiiiiiChiiii

Y su vagina se pedorreaba a cada embestida, podía sentir el aire a presión palpitando en las húmedas paredes contra los laterales de mi verga.

Era una sinfonía envolvente. Una cacofonía delirante de aromas indescifrables.

Los 2 cabalgamos como salvajes en un desenfrenado allegro interminable de trombones y tubas enloquecidas.

“¡POR QUE NO CIERRAN LA COCHINA VENTANA, DEGENERADOS!!” “Mariano, ¡llama a carabineros!”

Era cierto, la ventana estaba abierta, toda la comunidad estaba escuchando el concierto, pero no me importó. Estaba en la cresta del clímax.

No podía aguantar más, iba a correrme, no podía contenerlo, la miré, me miró.

- Ahora papá, dámelo todo, no puedo más.

Entonces los dos nos fundimos en un largo, apasionado y atronador pedo que nos envolvió en un manto irrespirable de éxtasis. Oh ah UUUUUUU.... PRRRRRFFFFFPRRRRRRRFFFFFF. Chi.

Todo quedó en silencio.

Tras la ducha volvimos al living, me sacó otro jugo. Tenía una especie de don para normalizar cualquier situación. Seguimos conversando durante un ratito. Dios, se veía tan hermosa con el pelo negro ondulado cayendo por las mejillas hacia el interior de la bata.

Le comenté de la llamada que había recibido hace un instante.

- ¿Por qué no aceptas? ¿En verdad son tan malos?

- Si, pero no es eso. La verdad es que no puedo tocar en público.

- Amiguito, acabas de hacerlo. Tremendo concierto que dimos a todo el vecindario.

Los dos reímos con ganas, en mi caso era casi una risa nerviosa, liberadora. Ella solo reía despreocupada.

- No, creo que no lo haré, además sería como el papá del grupo, son todos pendejos, no sabría qué hacer en esa guardería.

- Anda no seas tonto, ¿qué es lo peor que puede pasar?

-...

Conversamos un poco más y luego me acompañó a la puerta.

- Recuerda, 2 semanas.

Se despidió y me dio un beso, fue a cerrar la puerta, pero la abrió de golpe nuevamente.

- Ah, una cosa más; Nada de masturbarse

-¿Qué?

-Nada de masturbación, no puedes tocarte ahí abajo. Si tienes la oportunidad de hacerlo con alguna chica adelante, pero no puedes tocarte.

Sonrió y cerró la puerta.

Me quedé plantado con cara de idiota. Me sentía débil, me temblaban las piernas.

Giré a la izquierda y tomé la puerta por el pomo, se sentía pesada.

Al salir me choqué de frente contra una muralla de pectorales de concreto, un tipo grande con un cuello enorme y cabeza de frente cuadrada. No se apartó tuve que escurrirme por el lado.

“Debe ser vecino” pensé. “Seguro que lo escuchó todo, tal vez trabaja de noche y lo despertamos, por favor que no diga nada, que no me siga”

Miré de reojo hacia atrás, se había dado la vuelta y me observaba como una estatua de bronce.

Salí de allá tan rápido como pude.

2 semanas más en la crisálida.

−−−−−−−−−

Parte 3

- Miguel! ¿Has estado alimentándote bien, te ves más flaco?

- Déjalo Feli, está bien. Tu siempre con lo mismo, Criaste a un gordo.

- Si, pero míralo, está pálido, tiene la cara chupada.

- Estoy bien, es solo que estoy comiendo menos y haciendo ejercicio, volví a tocar la batería. Estoy con una banda. No sabía si aceptar, pero supongo que no se pierde nada con probar. Mamá te dije que no me sirvieras más, no tengo hambre.

- El tiempo, eso se pierde. Qué tonterías, ya no eres un niño, pero a veces lo pareces...

- Pero ¿cómo que no tienes hambre, te sientes bien?

- Ya, no empecemos.

- Te lo dije, tenías que haber estudiado ingeniería como tu hermano. ¿Qué pasa si no te llegan esos encargos? No tienes nada seguro. ¿Estas cotizando previsiones? Tienes casi 40 y no tienes nada cotizado, tienes que pensar en el futuro.

- Déjalo, no lo presiones tanto.

-Debería haberlo presionado más.

Tendrías que haber escuchado a ese profesor tuyo cuando te dijo que no tenías dedos para el piano.

- Es la batería papá

- Lo mismo, ya me entiendes.

- Además le hice caso, dejé el pro jazz y estudié técnico de sonido.

- Ingeniería Miguel, mira cómo le va a tu hermano.

- ¿Siempre que venga va a ser igual? Y luego se extrañan de que no venga a verlos...

- Te dije José... no lo presiones tanto.... y bueno, ¿cuándo vas a encontrar una chica?...

Cada comida en casa de los viejos era la misma cantinela. Caminé por parque Bustamante de camino hacia casa. Sonó el celular.

- Miguel -dijo una voz ronca y débil- Soy Nico.

- Nico, ¿estás bien? Oye te llamé para agradecerte el dato, pero no contestabas. Regina es una locura amigo... Hola?

- Miguel, tienes que dejar de verla.

- ¿Qué? ¿Por qué? Es lo único bueno que me ha pasado en mucho tiempo.

- Hazme caso amigo, te convertirá en un fantasma.

- ¿De qué estás hablando? Estoy mejor que nunca. Renovó mis energías. Estoy tocando de nuevo. El viernes tenemos concierto con la banda del Keko... y he estado poniéndome en forma, bajé 9 Kg.

- ¿Ya empezaste a bajar peso? Tienes que dejarla ahora. Escuchame, así es como empieza, comienzas sintiéndote mejor y luego... No voy a hablar más, pensaras que estoy loco... Deja de verla Miguel, solo te diré eso, deja de verla.

Colgó.

Volví a llamarlo, pero no respondió.

Empote, eso fue lo que pensé. Mi amigo estaba empotado hasta las cachas. Y en el mal sentido. Ese es el término que él mismo utilizaba. “ten cuidado no te empotes demasiado, no quieres sentir celos. Cuando empiezas a querer exclusividad estás perdido”

El Nico tenía toda una serie de reglas y consejos aprendidos en sus años en las pistas que intentó transmitirme sin éxito. Algún tiempo atrás comenzamos a salir, le acompañé a algunos clubes y otros lares del circuito, pero nunca resultaba para mí. Regina fue su último intento.

El concierto con los cabros comenzó siendo un desastre. Apenas teníamos espacio. Comenzábamos 2hs tarde viendo pasar un desfile de grupos que sonaban increíblemente mal. La calidad del sonido era pésima, todo se acoplaba. La batería que tenían en el local se caía a pedazos. Una mezcla de vergüenza propia y ajena se apoderó de mí. Qué demonios estaba haciendo allí. Intenté no pensar. Seguí tomando cerveza, pero no ayudaba. Fui al baño y me encerré por un momento. Me miré en el espejo (lo que quedaba de él). Aún estaba guatón, comenzaba a perder pelo, la camisa abotonada por dentro del pantalón... era evidente que estaba fuera de lugar, pero allá estaba.

Me enjuagué las manos y me lavé la cara. Deja los pensamientos. “Poco te importó el concierto del otro día con Regina jajaja, no te veían entonces y ahora tampoco te verán”. No más pensamientos. Acción. Metí la cabeza bajo la llave. El agua fría empapaba todo mi pelo y me corría por las sienes y al incorporarme chorreaba por el pecho y por la espalda, me saqué la camisa de los pantalones y la desabroché. Salí del baño, crucé la barra del bar, le quité al Keko los lentes de sol “si no los veo, ellos tampoco a mi” agarré una cerveza y me dirigí a la batería que acababa de quedar libre.

-Hey, mis lentes! ¡todavía no nos toca!!

-Estoy chato de esperar, ¡no me cabe más chela en la guata! Además, estos giles ni se enteran del orden en que están tocando. ¡Démosle! ¡Ahora!

Cuatro horas más tarde figuraba atracando con una chiquilla que no debía tener más de 20 y que me venía buscando desde después del concierto.

Había más gente rondando por allá, pero nos ganamos un sofá oscuro y comenzamos a darle.

Era el momento de reclamar mi ración. Debía cobrarme 20 años de rechazo con efecto retroactivo.

Estaba on fire, una semana de abstinencia había hecho mella. La besé en el cuello y en los hombros, chupé con alborozo aquellos púberes pezones piramidales y esa flor pequeña, casi escuálida. Introduje mis dedos, primero uno y luego el otro, despacio, los arqueé hacia arriba y la vi retorcerse de placer.

- ¡Ay, si! ¡Qué locuraaaaa!! -gritó

Temí correrme antes de empezar. Apliqué condón. No era bueno con eso, primero lo puse al revés y no se deslizaba, luego le di la vuelta y se formó un globo de aire. Al final lo conseguí y con paciencia y saliva, el elefante se la metió a la hormiga. Tuve que bajar las revoluciones y hacerlo con cuidado, cada cierto tiempo ella me echaba para atrás con las manos y tenía que comenzar de nuevo más despacio. Poco a poco fui ganando el ritmo y ella se relajó. Pero entonces comencé a escuchar un chiflido, me resultaba familiar, chiiii chiiii chiiii. No podía ser. “¿¿Acaso no podré mantener una maldita relación sexual normal??” Comencé a dar manotazos a los cojines.

-Oye qué te pasa! ¿Qué estai haciendo? ¿Wn que te pasa? ¿Qué buscai?

Ahí estaba, entre el reposabrazos y el cojín, el patito de goma. “No podía ser, ¡que chucha hacía ahí!”.

- Lo ves? ¿Lo estás viendo?

-Si wn, es un patito, y qué. Tiralo por ahí. Ya no pares.

Lo aventé de un zarpazo y seguí a lo que estaba. Pero el chiflido seguía sonando en mi cabeza.

Al día siguiente me desperté temprano, estaba en mi casa y aquella chiquilla estaba al lado en mi cama.

La miré detenidamente; su pelo estaba teñido de rojo, rapado casi hasta la mitad de la cabeza, y los largos mechones le tapaban la cara y corrían por la almohada. Su cuello era delgado y frágil. Un tatoo bajaba desde el cuello hacia el hombro. Debía de pesar no más de 45 kg. Apenas había reparado en todos estos detalles.

Entonces comencé a pensar: ”¿Y luego qué? ¿Qué va a pasar cuando se despierte? ¿De qué vamos a hablar? Debo tener como 20 años más que ella.”

Me levanté y fui al baño, mi boca sabía a mil muertos, me cepillé los dientes. Hice del 2, tiré de la cadena, me miré de nuevo al espejo y salí de nuevo a la pieza.

La chiquilla estaba vistiéndose; mallas negras, botas negras y una camiseta con el cuello rasgado. Los tatuajes y los piercings.

- Ya Miguelito, me marcho, tengo que estar en casa para el desayuno.

Me dio un beso en la mejilla y me dejó de pie en mitad de la pieza despegándome los calzoncillos del trasero.

Mi dilema se disipó en segundos. Pero otro dilema me asaltó.

Busqué el celular en la mesita, luego en la chaqueta y los pantalones, entre las sábanas. Apareció en el piso. Lo agarré, contactos, Nico, llamar, un tono, dos tonos, tres... ocho. Lo intenté de nuevo; nada.

No podía dejar de querer estar con Regina, sería empote lo del Nico, ¿o realmente sucedía algo raro con ella? ¿Era empote lo mío? No podría nunca entregarme como lo hacía con ella.

Intenté olvidar el asunto. Durante la siguiente semana me centré en mejorar los temas de la banda intenté varios cambios de ritmo más marcados. Al principio los cabros se perdían, sobretodo el bajista, pero al final lo lograron. No cachaban mucho la intención, pero al sonar todo junto tomaba sentido.

Retomé también con mis ejercicios técnicos e incluso estuve pensando en reenganchar con el jazz.

Dedicaba mis 6 horas diarias. La ansiedad me mantenía activo. En las noches avanzaba con los encargos de publicidad, pero estaba perdiendo oportunidades, aunque tampoco me importaba demasiado.

Llegó el miércoles y me debatía entre llamar o no a Regina, al final agarré el teléfono y marqué. No respondió, agoté los tonos de la llamada. “Ya, está claro; no debes ir, no debes verla más. Si este es el empote del que hablaba siempre el Nico, estás en un punto de no retorno. Salvate ahora.

Entonces mi celular vibró, whatsap;

zzzzzz-zzzzzz zzzzz-zzzzz

R: Hola corazón, ¿vas a venir a verme?

Yo: Estoy en camino

¡Ducha, ropa limpia, metro, riiiiing!

- ¿Me has echado de menos?

- Ni te lo imaginas.

Cuando pasamos a la pieza al principio me costó ver. Las persianas estaban bajadas y la luz tenue de unas pocas velas alumbraba apenas la habitación.

Nos sentamos al borde de la cama apoyándonos en los cojines.

- ¿Cómo te fue en estos días?

- Ha sido raro, me están sucediendo cosas extrañas-reí nervioso.

- Jajaja, tienes que relajarte, déjate llevar.

- A veces me siento como que no fuera yo...disculpa si entré algo intenso... jajaja

- Miguel, te diré una cosa; las personas no son, van siendo.

- ¿Qué quiere decir eso?

- Que somos seres cambiantes, y eso es bueno, no estamos obligados a ser siempre la misma persona, podemos cambiar lo que no nos gusta, aunque a veces pensemos que no, porque tenemos una imagen de nosotros mismos con límites definidos y anquilosados. Uno se acostumbra a ser uno y los demás también se acostumbran a verte de un modo, pero no tienes por qué ponérselo fácil, no tienes por qué creerles...

- Vaya! ¿Eres una especie de Gurú?

- Jajaja, ni te lo imaginas.

Los dos reímos. Le conté del concierto y cómo no creí que pudiera hacerlo y que era gracioso que me hubiera dicho aquello porque sin darme cuenta es exactamente lo que hice, no les creí, fui otra persona.

- No fuiste otra persona, solo te atreviste a hacer algo diferente y obtuviste un resultado diferente.

Por un momento dudaba si contarle lo de la chica que acabó en mi casa tras el concierto, era estúpido, no era como que tuviera una relación con ella, con Regina quiero decir. ¿Por qué habría de ponerse celosa? Era un pensamiento estúpido, lo sé, pero me hizo dudar un instante.

- ¿Tengo que ponerme celosa? -preguntó- Seguro que estaba lleno de chicas allá...

Era como si lo supiera, constantemente adelantaba su discurso sobre el cambio, a mi historia. Siempre un paso por delante; resultados diferentes... Era imposible mentir.

Le dije lo de la chica y aproveché de contarle del patito de goma y cuán inverosímil me había parecido aquello. Quería ver su reacción. ¿Qué posibilidades había?

Ella rio con ganas. Me pareció atisbar un destello de luz en sus ojos.

Aquellos ojos negros, podía perderme en ellos como en la oscuridad de una noche sin luna

-Ahora quiero que me enseñes lo que has aprendido -dijo sacándome la camisa.

Me besó, me mordió, me engulló y me escupió. El sexo oral que disfruté en aquellos días serían de los momentos más gloriosos que haya vivido y viviré.

Quería penetrarla, estar dentro de ella.

Me frenó con las manos.

-Aún no -Me dijo- hoy haremos algo especial y tendrás que prepararme primero.

Me agarró de la cabeza, me hizo recorrer sus pechos, me parecieron montañas gigantes, los mechones de su pelo descendían como ríos enloquecidos hasta el valle, me hizo rodar por largas dunas, me mostró un oasis me dio de beber de manantiales de vida con la lujuria del sediento.

Podía sentir sus muslos en mis mejillas, mi boca estaba empapada, mojé mis dedos. Introduje primero el anular y el corazón. Quería tanto penetrarla. Luego el meñique y el índice y finalmente el pulgar primero con los dedos en cuña, finalmente cerré el puño. Podía sentir cómo su vagina se estiraba y adoptaba la forma de mi mano, dentro todo era húmedo y suave.

Una excitación primitiva me invadía.

La miré, el cuello hinchado, los ojos en llamas.

- Quiero tenerte dentro, ven.

Sentí deslizarse mi codo y posteriormente el hombro, mis brazos eran serpientes con miles de vértebras que se contorsionaban y se enroscaban al interior del óvulo. Introduje mi cabeza, gané impulso con los pies y sentí mi pecho resbalar, mis caderas, mis piernas, fui absorbido por completo hacia el interior del útero. Me enrosqué en posición fetal y me sentí suspendido en el universo infinito, ingrávido. Permanecí inmóvil por un instante, luego comencé a escuchar un sonido rítmico. ¿Eran acaso mis propios latidos? Se convirtió en un sonido vivo, orgánico. Comencé a sentir aquella superficie resbalosa que me mantenía suspendido de algún modo, era como arcilla, pero también sentía un leve cosquilleo como el micelio desarrollándose, raíces... Podía percibir el aroma de la tierra y de las hojas muertas, la materia en descomposición transformándose en materia viva.

Intenté respirar y aquella materia viva se deslizó por mi tráquea inundando mis pulmones. Quise toser, vomitar, pero aquella cosa viscosa sencillamente salió como había entrado y se introdujo de nuevo, me fundí con ella. Era mi nuevo ambiente.

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