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Tardes Calientes

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Todas las tardes teníamos una cita por Skype, era delicioso hablar con él y terminar desnudos masturbándonos juntos. El deseo que ambos sentimos es cada vez más insaciable...

Y ahí estábamos llenos de deseo, calientes, excitados.

Él me decía palabras que hacían mojarme de una:

— ¿Qué harás con toda esta verga adentro mamacita?

Yo no hacía más que retorcer mi cuerpo de placer al imaginar que mis dedos eran su verga y la estaba clavando toda en mí, ¡era delirante!!!

Mi cara reflejaba el placer que sentía, con los ojos y la boca entreabiertos soltaba gemidos que solo él podía arrancarme.

— ¡Qué rico ver tu cara! ¡Dame más gemidos hermosa! Me decía él con su delicioso acento extranjero.

Mis bellos labios rojos deseaban tanto poder tener esa verga enfrente, darle una deliciosa mamada quería saborear su textura.

Llenarla de mi saliva y darle placer al recorrerla dulcemente con mi lengua, apretarla entre mis labios, quería comérmela toda,

Chuparla hasta que explotara en mi garganta.

Todas las tardes teníamos una cita por Skype, era delicioso hablar con él y terminar desnudos masturbándonos juntos.

El deseo que ambos sentimos es cada vez más insaciable.

— Quítate la blusa amor, imagina que son mis manos las que buscan tu desnudez...

Obedecí, enfoqué la cámara para que viera como me deshacía de la prenda.

Mis pezones estaban duros y yo excitadísima, me saque el sujetador para que mi amante viera mis senos.

Se veían grandes y redondos, mis pezones pequeños y rosados hacían q el espectáculo fuera delicioso cuando los pellizcaba con mis dedos y los humedecía con un poco de mi saliva.

— ¡así mamacita! ¡Aprieta más fuerte! Imagina que es mi boca la que se aferra a esas deliciosas tetas siente como mis labios succionan...

Yo hipnotizada seguía tocándome hasta dejar mi piel enrojecida, sus ojos me deseaban.

Él me veía de una forma perversa y grosera que me encantaba.

Le gustaba ver mis tetas mientras halaba de esa rica verga y a mí me encantaba ver el placer y morbo que expresaba su rostro.

— ¡hazme venir hermosa! ¡Sorpréndeme! Esta vergota es toda tuya y mira como esta de dura para ti... Me decía.

Yo sentía derretirme viéndolo, oyéndolo...

Me levante de la silla y me saque los jeans.

Me mostré casi desnuda ante él, solo tenía puesto mi bóxer de encaje negro que dejaba ver la mitad de mis nalgas.

Él me veía como si yo fuese un platillo delicioso y él muriera de hambre y eso me excitaba mucho.

— Me tienes súper caliente papacito. Le dije.

— ¿De verdad ricura? ¡No te creo! Muéstrame... Me dijo él.

Mis jugos ya escurrían sobre mis muslos me quite el bóxer, me senté con las piernas muy abiertas y enfoque la cámara a mi vagina.

Se veía todo con detalle, mis labios mayores hinchados, mi clítoris erecto y mi agujerito rosado bien mojado, caliente y estrecho.

— ¿Vez? Me tienes súper mojada.

— ¡Qué rica estas! Mastúrbate. Me ordenó.

Comencé tocando mi clítoris acariciándolo en círculos gimiendo muy duro por el placer que esto me causaba.

Él estaba gimiendo, con la mirada clavada en mi sexo jugoso y jadeando por la excitación.

— Métete los deditos. Me dijo.

Con la mano derecha seguía estimulando mi clítoris y con los dedos índice y medio de la mano izquierda me di a la tarea de penetrarme.

Era delicioso sentir como se hundían mis dos dedos abriéndose paso,

Cerraba los ojos para imaginar que era su verga clavándose en mí la que me provocaba ese placer inmenso yo gritaba pidiendo más, más rápido, gemía retorciéndome en esa silla.

Estaba sudando y mi largo cabello se pegaba a mi cuerpo.

Termine con una serie de orgasmos deliciosos entre gemidos escandalosos ahogados por mi falta de aire.

Las piernas me temblaban, sentía las contracciones de la maravillosa hazaña tan fuertes que cuando vi a la pantalla me dio la impresión de ver mi sexo palpitando y escurriendo,

Era muy rico ver mi reflejo, ahí desnuda, con las piernas abiertas sudando e irradiando placer en mi cara tierna y mi cuerpo perverso.

Cuando mis ojos se enfocaron a la imagen de mi hombre él estaba perplejo y con la boca abierta literalmente.

— ¿Qué pasa amor? Pregunté.

— Estás deliciosa, quisiera lamer esa rajita tomarme toda tu miel, que rico ver tu cuerpo rindiéndose al placer, que delicia que eso lo provoque yo. Me dijo.

— Ahora te toca a ti papacito, muéstrame tu cara de placer.

Él seguía en mi pantalla desnudo halando rítmicamente su delicioso miembro.

Comencé a hablarle:

— Amor fóllame rico! Ensártame tu verga, ¿quieres que me ponga en cuatro como perra en celo ansiosa de verga?... Él se excitó más.

Podía oír su agitada respiración. Me puse en cuatro frente a al pc dejando mi intimidad expuesta.

— ¡Dame duro! Le gritaba mientras la cámara enfocaba mi sexo y mis nalgas moviéndose rico para él.

— ¡Rómpeme el culo! Quiero sentirte bien adentro de mí... Seguí recitando mientras mis dedos acariciaban mi ano y mi vagina resbalando bien rico gracias a mi humedad.

Su cara era puro éxtasis, el sudor le escurría por la frente y mojaba sus labios yo seguía moviéndome de adelante hacia atrás contrayendo mi sexo y mi ano para colaborarle en su paja a mi hombre.

Oí un gemido ronco y ahogado era el descargando su lechita a deliciosos chorros con la respiración acelerada,

Yo me senté cómodamente a observar el delicioso espectáculo.

— Ojalá fuera mi boca quien recibiera tu lechita amor, que rico verte.
Él me sonrió.

— ¡Eres una delicia mujer! Tienes que ser mía, ¡más mía! ¡estuvo delicioso!, me haces venir muy rico muñequita, estuviste espectacular.

Mi sonrisa es tan obvia delatando todo lo que siento por él q no hace falta decir más.

Ese hombre provoca en mí los deseos más lascivos.

Es capaz de desencadenar orgasmos deliciosos con solo mencionar las ganas que tiene de hacerme suya.

Me hipnotiza su deliciosa forma de llenar mis días antes solitarios y me excita lo clandestino de nuestra relación.

Qué triste que esté tan lejos.

De lo contrario él disfrutaría de lo que mi esposo cambia por su absorbente trabajo.

Aranisse

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