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Oficio

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Fue a Casa de la señora Malva, para darle las gracias por haberlo contactado para el empleo. Tocó el timbre un par de veces y esperó.  Salió ella vestida con un ajustado traje negro.  

-¡Hola! tardé en salir porque hablaba por teléfono, pasa, te estaba esperando- dijo con voz amable.

Cuando ingresó notó un mueble de cuero color rojo, una alfombra en el piso de piel de leopardo y un ramo de claveles sobre una mesa de madera antigua. Malva le dirigió una mirada picara, y el sonrío. Empezó la charla:

-Vengo por la labor.

- Espera y te diré.

De inmediato para no quedar ansioso por el trabajo del cual aun no sabía, comentó:

 -Tiene una bella decoración.

-Gracias.

-¡Ah! veo que le gustan los felinos.

-¡Ay gracias!- ella expresó con voz infantil.

Obediente preguntó con cierta curiosidad:

-¿Por qué tiene esa alfombra?

-Bueno, porque va con mi personalidad.

Él quedó en silencio y ella lo miró: – bueno, es hora del trabajo para el cuál te llamé- expresó de forma seca.

-Usted me dice que será-  contestó y le devolvió una sonrisa como para romper el hielo. 

De inmediato Malva se le acercó muy lento y soltó una risa frenética. Él se asustó. Ella hizo brotar de sus labios palabras que lo hechizaron. Lo llevó de la mano hasta el mueble y lo sentó. Cerró sus ojos. Le pasó sus manos sobre su piel, sus dedos por la boca y lo pintó. Luego lo vistió con una falda blonde corta de colores, una blusa atigrada, le calzó en sus pies unos tacones negros y una apretada ropa interior femenina. Aplaudió y lo despertó del encanto.

-¡Que hermosa estás!- pronunció.

Él se miró sorprendido. Malva lo inquirió con voz matrona:

-Quiero que bailes.

Enseguida se puso de pie. Sonó la canción de Madonna «Justif My Love».   Ella disfrutó de cómo movía él su cuerpo bajo la influencia de las melodías, entonces dijo:

 - Quiero que des una vuelta para ver cómo te queda la falda.

De pronto cuando fue a obedecerla sintió una nalgada. Una risa perversa resonó en las paredes. Malva lo tomó de la cintura. Le besó su espalda, le acarició el pompis con malicia. Subió la falda y comenzó a jugar con su cola. Ella desde atrás le tocó su erección, lo apretó hasta que él expulsó sus rosas.

Obediente respiró. La mujer carcajeó. En ese instante sonó el celular de Malva. De forma rápida ella colocó el altavoz.  Él escuchó:

-Ya tengo los billetes de alta denominación.

-Bien, venga que él tiene unas suaves nalgas, sé que te gustará.

-Ok.

Colgó la llamada. Lo miró y dijo:

-Comenzó la labor. 

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