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Mi oficina, mis normas

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Cállate la boca y ábrela despacito– dijo Adam susurrando, aunque con un toque de autoridad. Obedecí. 

Él, sin miramiento ninguno, introdujo su gran miembro entre mis labios hasta sacarme una arcada. Me encantó. 

Cada vez que su aparato abandonaba mi garganta salía cubierto de una mezcla deliciosa de mi saliba y sus jugos preseminales. El hilo pegajoso que colgaba desde mi labio inferior hasta la punta de su glande era lo único que nos unía; cuando me apartaba sujetandome la cara para ver la expresión de viciosa que ponía. 

Lo cierto es que la situación me había mojado desde que entramos por la puerta de la oficina. La pequeña venganza de Adam (hacerlo sobre la mesa del compañero que le caía gordo)  me había gustado desde el primer momento, pero él plus de erotismo fueron las cuatro palabras que dijo cuando comencé a desnudarme: mi oficina, mis órdenes

Automáticamente las braguitas de encaje negras que llevaba bajo la falda se empaparon y los pezones se me endurecieron bajo el sujetador a juego. 

Adam comenzó un bombeo fuerte, que me sacó más de una lágrima y a él, más de un gemido, pronto agarró mi pelo con una mano y apoyó la otra en la pared, quedando yo en medio, de rodillas y recibiendo pollazo tras pollazo hasta el fondo de mi garganta. Su miembro empezó a palpitar y las embestidas frenaron, mientras su leche se derramaba a chorros llenando mi boca y desbordando por mi comisura. 

 Trágatelo todo  y límpiame, si lo haces bien te daré un premio– dijo antes de sacar la polla enrojecida de mi boca. Yo, por supuesto tragué con ganas y pase mi lengua a lo largo de su falo absorbiendo cada gota de leche que me había dado. Él, sonrió y me agarró de las caderas con ganas, me subío a la mesa de su compañero y comenzó a besar y a morder mi cuello. Sabía perfectamente que eso me ponía a mil y comenzó a bajar. Sin quitarme las bragas (que a esa altura estaban más que mojadas) me abrió las piernas y empezó a frotarme el clitoris sobre ellas, mordisqueando el interior de mis muslos, las apartó y dio el primer lenguetazo desde mi ano hasta mi clitoris, arrastrando toda mi humedad. 

Joder, estás perrisima. No sé si es que te pone hacer maldades o simplemente tienes ganas de polla... – Adam me quitó las bragas y empezó a comerme el coño con ganas, sacandome más de un orgasmo y más de un chillido que no se privó de castigar con manotazos en el coño y en la cara. Pronto vio como empezaba a llegar al clímax y puso una mano tapándome la boca, mientras la otra penetraba mi coño con cuatro dedos a la vez y lamía mi clitoris con vehemencia. Un grito ahogado es todo lo que pude hacer mientras me corría a chorros en su mano. 

Contastándote a lo de antes, ambas cosas me ponen cachondisima– contesté en cuanto pude recuperarme. Eso pareció encenderle aún más. Los 15 minutos que se había pasado dándome placer le sirvieron para reponer fuerzas y sangre en la polla, lo cual, hizo que ésta se irguiese apuntandome directamente a mi. 

Sabes lo que va a pasar ahora? 

 No –contesté yo con un tono inocente. Sabía que mi manera de hablar le ponía aún mas y el pálpito que dio su polla al oírme me lo confirmo –me lo podría exicar? 

 Pues verás... Hay alguien de aquí que no me cae nada bien y eso me cabrea. Tu ahora mismo te encuentras en el lugar equivocado, en el momento equivocado porque voy a descargar toda mi rabia sobre ti. 

Pero yo no he hecho nada – dije mientras me metía el índice en la boca con sutileza.

Eso me da igual. Una de dos, o te azoto o te rebiento a pollazos. Tu decides...– dudé un momento chupando mi dedo y haciéndome la tonta– o si no te decides te daré un poco de las dos cosas... – continué con mi papel– bien, ya has decidido putita te partiré y azotaré, que parece que tienes ganas... 

Adam me puso a cuatro patas apoyandome sobre la mesa y me ordenó que no me moviese. Me dio unos diez azotes que me dejaron con las nalgas rojas y un poco doloridas. Al momento le vi traer su ordenador, ponerlo en frente mio y encender la cámara. "Quiero ver la cara de guarra viciosa que pones mientras te parto" eso me puso más mojada aún, un líquido trasparentoso salía de mis labios y recorría mi pierna hasta la mesa de su compañero. 

Joder, así me gusta, ensucialo todo – Adam cogió parte de los jugos y se restregó el glande con una mano, mientras me bajaba de la mesa con la otra y me apoyaba el torso en ella – saluda a la cámara

No me dio tiempo ni a sonreír cuando metió su polla hasta el fondo de mi coño y sacó  todos mis líquidos, cayendo un poco al suelo. Comenzó un vaivén frenético mientras yo no podía parar de gritar "hmmmm si joder, sigue asiiiii aghhhhh, párteme en dos, vamosaaghhh" y de gemir hasta que no pudo más. Yo me había corrido un par de veces y era más maleable que nunca. Me agarró del pelo y sin sacarme la polla me empujó contra la pared, quedando de perfil a la cámara. Puso una mano en mi cuello y otra en mi pelo y tiró obligándome a arquear la espalda. 

Me encanta abrirte ese coñito cerrado y me encanta que me bañes la polla cada vez que te corres ¿quieres que te llene de leche yo a ti?– susurró a mi oido, lo cual me dio un gran orgasmo 

Claro que si, la quiero por dentro y por fuera– respondí. Tras eso, Adam inició un mete-saca bestial mientras gemía en mi oído y apretaba mi cuello. Tras varios segundos sentí  un chorro caliente en mi coño y seguidamente su polla saliendo con rapidez y descargando nuevamente en mi culo enrojecido y mi espalda. Mi coño no paraba de palpitar con mi último orgasmo.

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