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¡Ay que me corro, papá, ay que me corro!

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Caridad, una joven morena, de ojos claros y delgadita. Estaba en su cama apoyada con la espalda en la cabecera. Tenía el teléfono móvil en la mano y escribió:

-Hola, Robert. ¿Dónde estás?

Recibió la respuesta al momento.

-Estoy de aquella manera sobre la cama. ¿Y tú?

Caridad sintió curiosidad y le preguntó:

-¿Estás desnudo?

-Sí. ¿Dónde estás tú?

-También estoy en cama, pero yo estoy en tanga y camiseta.

-Manda una foto.

Se quitó una foto mostrando el tanga, la camiseta y su bella cara sonriendo y le escribió:

-¿Me mandarás tú una?

Robert, a quien había conocido la noche anterior en un pub, le mandó una foto de su polla.

Caridad al verla se le iluminó la cara.

-Es enorme. Pensaré en ti. ¿Y sabes lo que haré?

-Me lo imagino. Manda una foto de tu chichi.

Apartó el tanga, le quitó una foto a su coño y se la envió.

-No me cansaría de comerlo.

-Ni yo de mamar tu verga.

-¿Me mandas una foto de tus tetas?

Subió la camiseta, le quito una foto a sus tetas medianas con areolas marrones y generosos pezones y se la envió.

-¡Qué ricas! Me entraron unas ganas locas de follar. ¿Quieres que vaya a verte?

-Ven. Mientras no llegas me haré una paja.

A los quince minutos entraba el padre de Caridad por la puerta de su habitación, en pelotas y con la verga en la mano. Encontró a su hija desnuda, con las piernas abiertas, los ojos cerrados, el coño corrido y respirando con dificultad. Le quitó varias fotos y después le dijo:

-Ya estoy aquí

Caridad abrió los ojos y al ver a su padre en pelotas se tapó con una sábana azul que tenía a su lado y le dijo:

-¡Fuera de aquí, papá!

-Me has dicho que viniese y aquí estoy. Ahora quiero ver cómo te tocas y cómo te corres de nuevo.

Caridad puso cara de pocos amigos

-¿De qué mierda hablas? ¡Fuera de mi habitación, degenerado!

Le enseñó en el móvil las fotos de su coño y de sus tetas. Caridad le preguntó:

-¡¿Qué haces tú con el teléfono de Robert?!

-Se le cayó en el pub. Yo estaba en una esquina mirándoos y...

Caridad se tapó los ojos con una mano.

-¡Fuera, fuera! ¡¡No quiero verte delante!! ¡Tú no debías estar aquí, debías estar trabajando!

-Soy el jefe...

-¡Eres un mal nacido!

-¿Mal nacido? A ver si dice eso tu madre cuando vea tus fotos colgadas en una página de guarras.

-Tú no le harías eso a tu hija.

-Si te comportas, no.

-Mamá ya me advirtió. Me dijo que ya tenía diecinueve años y que debía ser muy cuidadosa con mi intimidad, pero nunca imaginé que andabas tú detrás de esas palabras.

-Si te dijo eso debió ser porque te oímos cuando te masturbas.

-Eso no es cierto.

-Sí que lo es y me pongo tan cachondo que la folló a ella pensando en ti.

Caridad mirando cómo su padre jugaba con la verga, le dijo:

-¡Cerdo! Mejor que te vayas o seré yo la que le diga a mamá lo que intentaste conmigo, sal de mi cuarto.

-¿Le dirás también cómo te encontré al entrar en tu habitación?

Le enseñó las fotos que le había sacado. Caridad vio que la tenía pillada por los pelos del coño.

-Desgraciado chantajista. ¿Qué quieres que haga?

-Tócate otra vez y córrete para mí.

-No me puedo creer que vaya a hacer esto.

Caridad se destapó, puso un cojín debajo de la cabeza, flexionó las rodillas, abrió las piernas, cerró los ojos, echó una mano a una teta y otra al coño y se magreó y se masturbó. Mateo la grabó con el teléfono móvil de Robert. Al ratito le dijo:

-¡Qué buena estás, Caridad!

Caridad con los ojos cerrados le dijo:

-Ya no me hables más mientras me toco.

-Si supieras lo cachondo que estoy...

Caridad abrió los ojos y vio que la estaba grabando.

-¡Apaga eso!

-Después de correrte lo apago. Quiero grabarte para masturbarme cuando esté a solas.

Caridad ya estaba caliente.

-No me puedo creer que esté masturbando con mi padre grabándome.

Se estaba masturbando despacito, pero después de ver de nuevo la polla erecta de su padre y de saber que la estaba grabando aumentó la velocidad de sus dedos sobre el clítoris. Oyendo cómo gemía le dijo su padre.

-Mira que dura la tengo.

-No voy a mirar más para tu verga, papá.

-No te puedes imaginar el morbo que da.

-Puedo, puedo.

-¿Qué has dicho?

A Caridad se le había escapado lo del morbo, pero lo arregló.

-Que no puedo, que no puedo creer que esté haciendo esto.

-¿Puedo rozar mi verga con tu chichi?

-¡No! No te acerques a mí.

-La tengo cómo un obús.

Caridad abrió los ojos, vio cómo una gota de aguadilla caía de la verga tiesa, sus dedos volaron sobre el clítoris y exclamó:

-¡Oh Dios mío, me corro!

Se corrió gimiendo y retorciéndose cómo una serpiente

Al acabar le dijo:

-Apaga eso.

Dejó de grabar y le dijo.

-¿Me ayudas a correrme?

-No me apetece coger la verga de mi padre.

Mateo fue junto a su hija y con la polla apuntando al frente se puso al lado de la cama.

-Mastúrbame.

-¿Qué será lo siguiente, papá?

-Lo que toque, dale, coño.

Caridad le cogió la verga con su mano derecha

-No me puedo creer que vaya a hacer esto.

Mojó la palma de la mano y los dedos con los jugos de la corrida que tenía en su coño y se la meneó.

Pasado un tiempo le dijo el padre:

-Métela en la boca.

Caridad no estaba por la labor.

-Estás bromeando

-¿Te parece que bromeó? Recuerda lo de los mensajes y lo de las fotos.

-¡Eres un desgraciado! No puedo dejar que esto llegue más lejos. No voy a meter tu verga en mi boca.

Mateo la cogió por la nuca, y le acercó la polla a la boca.

-Chupa.

-No la voy a meter en mi boca.

-Te gustó al verla.

-Pensé que era la de Robert.

Se la frotó en los labios hasta que abrió la boca, luego Caridad cogió la polla y dijo:

-No me puedo creer que vaya a hacer esto.

Caridad le hizo una mamada de aquella manera. Al rato le dijo Mateo:

-Decías que no te cansarías de mamarla y no sabe hacerlo.

-A Robert, no a ti.

-Di que no sabes, reconócelo.

Caridad se cansó de oír a su padre.

-¡¿Qué no sé?! Te voy a enseñar cómo se mama una verga.

Cogió la verga con la mano derecha, metió el glande en la boca y se la mamó mientras lo masturbaba, luego la quitó de la boca, le lamió y chupó los huevos... Subió lamiendo el talle y luego volvió a chupar la polla a tiempo que lo masturbaba. Mateo le dijo:

-Esto ya está mejor

Dejó de mamarla, le masturbó el glande y mirándolo a los ojos le dijo:

-Córrete en mis tetas.

-Aún la tengo lejos.

Siguió mamando, pero Mateo no se corría.

-Ya me estoy cansando de mamar. Tú te hiciste una paja antes de venir a mi habitación, si no fuera así ya te hubieras corrido.

-Así es, sabes, creo que sería mejor si la metes en el coño.

-No puedo creer que me chantajees por todo. ¿Qué será lo siguiente, meterla en mi culo?

-¿La prefieres en el culo?

-¡¡No!! No voy a darte mi coño ni mi culo.

La empujó hacia atrás. Caridad al verlo venir con la polla tiesa flexionó las rodillas y cerró las piernas. Mateo puso sus manos sobre las rodillas y trató de abrirlas.

-No te voy a dar mi coño, eres mi padre, cabronazo.

-A buenas horas te das cuenta.

Mateo le lamió una rodilla, lamió la otra al tiempo que le acariciaba las piernas, después lamió sus pies y luego lamió de abajo a arriba entre sus piernas cerradas. Puso de nuevo las manos en sus rodillas. Caridad las abrió un poquito, Mateo puso su cabeza entre las manos y Caridad dijo:

-No me puedo creer que te vaya a dejar comer mi coño.

Se abrió de piernas y dejó que su padre bajase lamiendo el interior de sus muslos y que luego lamiese su coño... Lo lamió de abajo a arriba con la lengua plana unas veinte veces.

-¡Hostia puta! Vas a hacer que me corra.

Lamió su clítoris de la misma manera, pero cada vez más aprisa.

-Joder, joder, joder. ¡No pares, no pares, no pares! Me voy a correr. ¡¡Oh!! ¡¡¡Me corro!!!

Caridad se corrió en la boca de su padre.

Mateo siguió lamiendo el coño corrido después de descargar su hija. Al rato, Caridad, cachonda cómo una perra, le dijo:

-Nunca creí que te lo diría.

Mateo paro de lamer para preguntarle:

-¿Lo qué?

-Mete tu verga en mi coño.

Mateó se la puso en la entrada del coño y después le metió hasta el fondo sus gordos 20 centímetros de carne dura. Al tenerla toda dentro, dijo Caridad:

-¡Oh, dios mío! No me puedo creer que tenga la verga de mi padre dentro de mi coño.

-Ni yo que te entrara tan ajustada.

Mateo la folló a un ritmo medio. Poco después Caridad se echó las manos a las tetas y magreándolas, le dijo:

-No puedo creer que esté disfrutando tanto No puedo creer que me guste tanto. Lo peor de todo eso es que eres tú quien me está haciendo gozar cómo nunca me habían hecho gozar antes.

La folló más aprisa,

-Así, así, así. Me voy a correr, papá, oh, dios mío, me corro, me corro. ¡¡Me corro!!

Caridad agarró la colcha y le metió un bocado. Su pelvis se elevó y su cuerpo hizo un puente mientras sus gemidos de loca inundaban la habitación.

Mateo bajo el ritmo, pero no paró de follarla. Al rato le dijo ella:

-No puedo seguir así, no puedo seguir follando y mirándote a la cara, papá, cógeme por detrás.

Mateo no le hizo caso. Siguió metiendo y sacando.

Poco después le dijo Caridad:

-Para ya, dame la vuelta y cógeme en la posición del perrito.

-Ponte cómo quieras, pero quiero grabarte de nuevo.

-Graba, pervertido.

Se puso en la posición del perrito y su padre grabó dándole caña de nuevo. Al rato le dijo:

-Oh dios mío, es tan desagradable que disfrute tanto follando contigo.

-Me voy a correr y lo voy a hacer dentro de ti.

-No te corras aún, papá, corrámonos juntos.

Poco después, Mateo, vio temblar el pequeño, redondito y duro culo de su hija. Sintió cómo su coño apretaba su polla. Vio en la pantalla del teléfono móvil cómo el ojete se abría y se cerraba. Sintió cómo el coño le bañaba la polla y oyó cómo su hija decía:

-¡Córrete conmigo, papá!

Se corrieron juntos. Al acabar y pasarle la calentura, le dijo Caridad:

-Apártate que me voy a dar una ducha, y deja de grabar de una jodida vez.

Caridad se fue al cuarto de baño contoneando las caderas y moviendo de un lado al otro sus duras nalgas. Lo hacía aposta, provocaba a su padre, pero a Mateo se le había bajado la verga

La ducha tenía cristales y Caridad no había cerrado la puerta del cuarto de baño. Vio de reojo cómo su padre la volvía a grabar. Cerró los ojos y le montó el show enjabonado sus tetas su coño y su culo, amasando las tetas, masturbando el coño y el culo a la vez. Acabó poniendo la alcachofa en frente del coño y con los finos chorros a presión sobre su clítoris y un dedo dentro de culo, exclamó:

-¡Oh Dios mío, me corro!

A acabar de correrse y cerrar el agua Mateo se acercó a la ducha y le dijo:

-Buena paja la que te acabas de hacer.

Caridad haciéndose la sorprendida, le dijo:

-¡Pervertido!

-Sal y hazme una paja a mí.

Abrió la cristalera y salió de la ducha. Llegó junto a su padre y le preguntó:

-¿Cuánto tiempo va a durar el chantaje?

-El que haga falta. Coge mis huevos con una mano y mastúrbame con la otra.

Caridad le cogió los huevos y la verga y comenzó a masturbar a su padre. Unos cinco minutos más tarde, le dijo:

-Se me está cansando la mano.

Mateo le pasó la mano por el coño…

-Pues estás muy mojada.

-Cómo que me acabo de correr, pervertido.

-Volvamos para la cama, tenemos pendiente algo.

-El culo no te lo voy a dar.

-¿Ni a comer?

-¡Qué desagradable eres!

En cama se puso a cuatro patas sin que su padre le mandase, y le dijo:

-No me creo que te esté dando el culo.

Mateo le hizo una comida de culo que le dejó el coño goteando. Caridad se había puesto perra de nuevo, por eso le dijo a su padre:

-La punta, méteme la punta.

Se la acercó ojete, se la frotó y se la metió.

-Es la más gorda que entró en mi culo y me siento muy llena.

Le folló el culo despacito, metiendo y sacando la punta.

Al rato le dijo:

-Más, mete un poco más.

La metió hasta la mitad y después la folló metiendo y sacando los diez centímetros.

Algo después le dijo Caridad:

-Toda, papá, métemela toda.

Se la clavó hasta el fondo y la siguió follando.

-Dios, se siente tan bien. Necesitaba una polla, pero no tenía que ser la tuya.

-¿Te gusta por el culo?

-Más que por el coño. Mis orgasmos más intensos fueron todos anales

La cogió por caderas y le dio duró. Tiempo después le dijo:

-¡Ay que me corro, papá, ay que me corro!

¡Y cómo se corrió! Comenzó temblando y acabó orinando y sacudiéndose sobre la cama. Parecía que estaba teniendo un ataque epiléptico.

Cuando su cuerpo recuperó la calma, le dijo Mateo:

-En mi vida había visto a una mujer correrse con tanta fuerza.

Caridad no le contestó, había perdido el conocimiento y dormía plácidamente. Mateo mirando para el coño de su hija la meneó y se corrió sobre sus nalgas.

Ya anocheciera cuando volvió Mateo a la habitación de su hija. Él estaba en bata de casa y traía un spray en la mano derecha, Caridad tenía puesta una camiseta corta de color blanco y unas bragas azules. Al verlo, le dijo:

-¡¿Qué quieres ahora, papá?

-Venía a disculparme.

-Y lo quieres hacer dándome un masaje.

-Sí.

-¿No es un truco para volver a meter tu verga dentro de mí?

-¡No!

-Ok, a ver si haces algo bien.

Caridad se echó boca abajo sobre la cama.

-Te voy a subir un poco la camiseta.

-Sube.

Le subió la camiseta, le echó aceite en la espalda y comenzó a masajearle costillas y espalda mientras hablaban.

-Si viene mamá y nos encuentra así nos mata, papá..

-Es excitante saber que nos podría descubrir.

-Y peligroso. ¿No te estarás empalmando?

-No.

-Si yo fuera un chico ya estarías empalmado.

Le dio una palmada en el culo. Caridad rompió a reír Mateo le dijo:

-Sabes que no me gustan los chicos.

Bajó un poco sus bragas y masajeó sus nalgas.

-No vayas más lejos de ahí.

-No lo haré.

Subió masajeado su espalda, después masajeó espalda y nalgas luego masajeó el muslo derecho de su pierna, el izquierdo... Caridad le dijo:

-Te estás portando muy bien, papá. ¿Cómo te puedes aguantar?

-Es que eres mi hija, si fueras otra chica...

-¿Qué le harías?

Metió su mano dentro de las bragas, le masajeó las nalgas y le bajó las bragas.

-¡¿Qué haces?!

-Me estorbaba.

Masajeó sus nalgas y alrededor del coño, subió masajeando su espalda, bajó y siguió dando masajes a las nalgas, nalgas que al separarlas mostraban su ojete abierto. Le quitó las bragas para masajear sus piernas.

-Estás mejor sin ellas.

-Cómo tú digas

Luego le pasó el dedo pulgar por el corte del coño. Caridad moviendo el culo ligeramente le dijo

-¿Por qué te dejo hacer esto?

-Porque lo disfrutas.

Caridad comenzó a gemir y a mover en culo de abajo a arriba y de arriba a abajo.

-Sí, lo disfruto, lo disfruto mucho, pero es tan raro que te permita tocarme...

-¿Quieres que pare?

-Termina el masaje.

Mateo metió la mitad de un dedo pulgar dentro de su culo y después la mitad del otro dedo pulgar dentro de la vagina, Caridad moviendo el culo de abajo a arriba, de arriba a abajo y alrededor, le dijo:

-Vas a hacer que me corra, papá.

-Eso pretendo.

Segundos después se corrió diciendo:

-¡Me corro, papá!

Al acabar de correrse se dio la vuelta y le dijo:

-Hazme correr otra vez.

Mateo le metió dos dedos dentro del coño empapado. Acaricio su punto G cada vez con más rapidez hasta que Caridad gimiendo levantando la pelvis, dijo:

-¡¡Me viene otra vez!!

Al acabar le metió la verga.

-¡Sabía que me la volverías a meter!

-Solo un poquito y ya me corro.

El poquito ya duraba diez minutos cundo Caridad entre gemidos le dijo a su padre:

-Me vas a hacer correr de nuevo.

Le dio la vuelta, la puso a cuatro patas, le separó las nalgas con las dos manos y le metió la punta de la lengua dentro del ojete.

-¡Qué gusto!

Metió y sacó la lengua en el ojete más de una docena de veces y después dejó la punta de la lengua en la entrada. Caridad movió su culo de delante hacia atrás y de atrás hacia delante para que su lengua entrase y saliese del culo.

-No me creo que esté haciendo esto.

-Goza y calla.

Al poco comenzó a gemir.

-Me gusta mucho, mucho, mucho.

Mateó le cogió una mano y se la llevó al coño mojado. Caridad comenzó a masturbarse. En nada le dijo:

-Me voy a correr, papá.

Se dio la vuelta, se abrió de piernas, le cogió la cabeza a su padre y se la llevó al coño.

-Estoy a punto, come.

Y tanto que estaba, ni diez segundos tardo en correrse en la boca de su padre.

Después de correrse, le dijo Mateo:

-¿Y ahora qué te gustaría, hija?

-Me gustaría que volvieras a tu habitación, que me mandes las fotos y los videos a mi móvil y que los borres en el de Robert.

-¿Sin correrme?

-Sin correrte. Puedes pasar videos y fotos a tu móvil y masturbarte con ellos. Eso si quieres volver a follar conmigo.

Mateo se le dibujó una sonrisa en la cara, y aunque su verga lloró dos lágrimas de aguadilla, él sabía lo que le convenía.

-Tú mandas, hija, tú mandas.

Mateo fue a su habitación pasó los videos y las fotos a su móvil y al de su hija y estampó el teléfono móvil de Robert contra el piso.

Al llegarle a Caridad las fotos y los videos puso aquel en que se estaba masturbando y mientras su mano derecha se metía dentro del pantalón del pijama, dijo:

-¡Qué buena estoy! ¡¡Papá, ven!!

Quique

(9,40)